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viernes, 27 de julio de 2012

Si yo fuera de izquierdas (II)


Hubo una vez en Europa una derecha democristiana, humanista, con conciencia social, que hizo posible, trabajando codo con codo con los partidos socialdemócratas, el proyecto de una Europa unida y capaz de afrontar los problemas de la globalidad con posibilidades de éxito. La Europa de los ciudadanos la llamábamos.
Esa derecha ha sido carcomida en sus entrañas. Se ha transformado en la derecha  fundamentalista y asilvestrada que todos conocemos, la que afirma sin rubor que Keynes está muerto. Y sin rigor. Con el servil empeño de convertir  sus políticas de tolerancia infinita con los mercados, el capitalismo especulativo desprovisto de máscara alguna, en el único camino posible para la economía del futuro. Es decir, para la ruina de la mayoría; para la anulación efectiva de los sistemas democráticos; para la suplantación de la soberanía de los pueblos; para llevar al paroxismo la distribución desigual de los recursos; para la condena de la mayor parte de la humanidad a condiciones de vida lamentables, con el único objetivo de que los ricos sean cada vez más ricos. 
Esa derecha deshumanizada, cuyo único código de valores es el dinero, tuvo su padre y su madre. Ningún asesino en serie se produce por partenogénesis. Y actuaron por encargo. Ronald Reagan y Margaret Thatcher engendraron al dragón que sobrevuela nuestras vidas. Fue una relación sin el adorno imposible de la pasión. Fue casi sexo de laboratorio, programado, para generar un hijo deforme, voraz, irracional, cínico, sin conciencia de culpa. Demoledor, también. Ha socavado los cimientos de Europa antes  de que  tuviéramos tiempo de terminar de diseñarla.
De esa derecha no podemos esperar sino los frutos visibles que hoy padecemos. Y a medio plazo, la desaparición de la Unión Europea, con consecuencias devastadoras para la mayor parte de sus integrantes.
Si yo fuera de izquierdas, de esa socialdemocracia con cuya aportación imprescindible fue posible la esperanza de una Europa humanista, solidaria, eficaz, equilibradora de las desigualdades, si yo fuera de esa izquierda y aún creyera que la Europa de hoy es un problema, pero que en ella reside la esperanza de un futuro mejor, estaría convocando a los partidos hermanos a un congreso europeo, para tratar de rediseñar la Europa del futuro, de diseñar programas políticos comunes con medidas razonables y justas para recuperar la economía y el empleo, con reformas fiscales realistas y ajustadas a los principios de equidad y progresividad, con medidas disuasorias para la especulación desaforada que destruye el futuro de millones de personas, con un código ético innegociable para los responsables de ejecutar esos programas.
Si yo fuera de izquierdas tendría hoy un objetivo prioritario: recuperar la confianza de la ciudadanía con propuestas comunes y esperanzadoras y desbancar a la derecha de cualquier parlamento de Europa. A partir de ahí, nos cabría alimentar alguna esperanza en el futuro. De otro modo, la ruina.

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