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lunes, 23 de julio de 2012

¡Os toca pelear!


(10-06-2012)
Acabo de despedir a una promoción de bachillerato. Nada nuevo; nuestro centro lleva treinta y cinco años sacando promociones de bachilleres.
Celebramos el acto de rigor. Lo organizaron ellos. Una cena en un restaurante popular, con buena parte del profesorado que ha participado en su proceso formativo. Fue emotivo.
En el brindis, en nombre del profesorado, les dije que les veía un hermoso brillo de esperanza en las miradas, de gente enamorada de la vida. Les dije también que estábamos despidiendo a una generación honesta, trabajadora, bien preparada, que porta una enorme floración de esperanza por granar; una generación que  ha hecho fácil  y agradable el trabajo al profesorado. Gente que merece un futuro razonablemente feliz, porque buscar una felicidad razonable es la obligación de los seres humanos de cualquier condición.
Les dije que durante varios años juntos habían recibido conocimientos específicos relacionados con las asignaturas que han estudiado, pero también un amplio abanico de actitudes frente a la vida, de valores, de creencias y convicciones, y que, con todo ello, el sistema educativo ha colaborado con la edad y con las familias para ayudarles a ser personas más útiles para la sociedad y para sí mismos.
Les dije que habrían oído decir al profesorado muchas veces que la formación facilita las cosas en la vida, que cabía la posibilidad de que las circunstancias actuales les llevaran a desconfiar de ese mensaje, pero que sigue siendo una verdad incuestionable, porque la formación, el conocimiento y los valores son un tesoro en cualquier circunstancia.
Les dije que las generaciones anteriores han procurado mejorar el mundo, porque es una constante de los seres humanos; que, a pesar de ese esfuerzo permanente, el mundo que van a encontrar cuando les toque tomar decisiones no será el mejor de los posibles; pero que  es ley de vida y les corresponde a ellos mantener el esfuerzo por hacerlo mejor en el futuro. Y que en democracia lo más eficaz es la fuerza del voto para cambiar las leyes, cuando no se adecúan a  la defensa de nuestros derechos.
Les desee un futuro largo y  feliz. Y les dije: “Os queremos”. Y os juro que era cierto.
Puede que alguna de esas personas jóvenes a los que hemos estado animando y preparando para los estudios universitarios, mañana mismo nos detenga en la calle, nos mire de hito en hito, y nos reproche nuestro afán. “No previsteis - puede que nos diga- que somos hijos e hijas de familias humildes; no nos dijisteis que la matrículas de la Universidad se iban a encarecer de un modo prohibitivo para nuestras familias acosadas por la crisis; no nos dijisteis a tiempo que las condiciones para lograr becas se iban a endurecer de esta manera…”
No sé si algunos de los docentes que se han pasado seis años animándolos a estudiar, a alcanzar el nivel de formación más alto que pudieran, se verán impelidos a pedirles perdón. Yo, desde luego, no. Seguiré animando a las generaciones venideras. No puedo aceptar para ellos un futuro mediocre, si pueden aspirar a uno mejor. Les diré que las leyes se cambian con el voto. Y que ahora les toca pelear por sus derechos, tal como seguramente nos habrán oído decir cientos de veces.  Les diré: “¡Os toca pelear! No aceptéis mentiras en los programas políticos.   Ahora os toca descubrir que las lecciones de Historia que aprendisteis no eran un tostón insoportable, sino un aprendizaje  para la vida".

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