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lunes, 23 de julio de 2012

El último bastión


(5-07-2012)
El 23 de febrero de 1981, en plena sesión de investidura como Jefe de Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, el Parlamento español fue tomado por las armas. El gobierno en pleno y todos los representantes electos del pueblo se convirtieron en rehenes de un sector del franquismo incapaz de asumir que la soberanía reside en la nación y no en generales corruptos y embrutecidos por el ejercicio del poder dictatorial.
Aquel día supimos de la existencia de los Secretarios de Estado. Con prontitud se organizó un gobierno provisional integrado por todas las personas que ostentaban dicho cargo con la intención manifiesta de mantener la legalidad vigente y defender la organización política que el pueblo había elegido. Fue estimulante saber que la democracia, demasiado joven todavía, había desarrollado recursos suficientes para afrontar una situación de extraordinaria gravedad. Desconozco hasta qué punto la resistencia civil de los Secretarios de Estado colaboró en el desmontaje de la intentona fascista reverdecida en los patios cuarteleros, pero considero que el "gobierno Laína" - el más corto de la historia de España, porque sólo ejerció catorce horas-  fue determinante en el mantenimiento del actual ordenamiento constitucional.
Hoy viene a cuento hacer memoria de aquellos acontecimientos. La Organización Profesional de Inspectores de Hacienda se niega a aplicar las recomendaciones del ministro Montoro para dulcificar las condiciones de a amnistía fiscal que han solicitado los delincuentes defraudadores. Aplicarán la Ley.
Ahora también estamos soportando un golpe de estado, lento, permanente, urdido con descarnada habilidad de cirujano. Si no se puede devaluar la moneda, devaluamos los derechos, devaluamos el Estado, devaluamos la Constitución, devaluamos la Ley. Un capitalismo insaciable, irracional y delictivo campa a sus anchas por España y por Europa, con el beneplácito de gobiernos cómplices.
Y el último bastión defensivo es la propia sociedad civil. En demasiadas ocasiones en los últimos meses el último bastión, aunque no sea su función específica, lo representan los funcionarios públicos, perseguidos, laminados, desprestigiados y empobrecidos.
Conocemos la ley. La aplicamos. Llegado el caso, obligamos a los demás a observar su cumplimiento. Incluso, a los ministros que la desprecian.
Hoy los Inspectores de Hacienda se han negado a conculcar un principio fundamental de la democracia, la igualdad efectiva ante la ley.
Buscaré en la alacena una botella de cava olvidada de la última nochevieja. Sé que hay una por ahí. La meteré en el congelador el tiempo necesario y brindaré por ellos, en silencio, con un brillo de esperanza en la mirada. Porque este país vale bastante más que todos sus gobiernos. Porque la sociedad civil encontrará la manera de recuperar para nuestros hijos lo que nos están arrebatando. Porque sólo tienen el poder que queramos otorgarles.

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