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lunes, 23 de julio de 2012

Si había algún plan, sólo produce ruina


(30-05-2012)
Habría algún programa en la cabeza del PP. Sin duda alguna. Menos Estado, que sepamos.
Al calor de la crisis, desmontar vía presupuestos la mayor parte de los servicios públicos o minimizarlos; liberalizar el mercado de trabajo, lo que traducido viene a significar dejar a los trabajadores por cuenta ajena y sus derechos a merced de la voluntad del empresario; modificar el modelo autonómico ; minimizar la influencia de la oposición mediante el control de los medios de comunicación públicos, o mediante su ninguneo  amparándose en la mayoría absoluta; fraguar una amnistía fiscal para los defraudadores de gran calado , gente afín a la ideología -¿o habría que decir intereses?- conservadora;  y modificar algunas leyes molestas para la conferencia episcopal y el sector más rancio de nuestra sociedad.
¡Y todos contentos!
La desconfianza de los mercados cesaría en cuanto Mariano Rajoy tomase posesión de la Moncloa, a la cabeza de un gobierno como dios manda. Pero la prima de riesgo bordea durante semanas límites de catástrofe y la Bolsa conoce las peores caídas de su historia.
Las reformas liberalizadoras - las más feroces de cuanto hayan dispuesto gobiernos democráticos en las últimas décadas- producirían sus efectos inmediatos. Pero el paro crece y no dejará de hacerlo durante toda esta legislatura. Y en pocos meses de gestión este gobierno ha recibido más muestras de rechazo que ningún otro en la historia de la democracia reciente, por una buena parte de la ciudadanía.
El Partido Popular se caracteriza, según doctrina defendida por sus voceros, por su buena gestión en cualquier lugar donde gobierna. Pero son sus comunidades  -Madrid y Valencia, y no Andalucía curiosamente, amenazada hasta límites insoportables por el ministro Montoro durante la campaña previa a las elecciones en esta Comunidad- las que han provocado una subida inesperada en el déficit del 2012 por la ocultación de su propio déficit en miles de millones.
Bankia - no olvidemos el control político del Partido Popular en esta institución y la encarnizada lucha por su control en el seno del partido- era anteayer un modelo exportable de gestión financiera. Pero  hoy precisa 24.000 millones de euros del dinero público para tapar sus agujeros , mientras  arrastra al sistema financiero español a una intervención europea.
Mientras, la sensación de la ciudadanía intranquila es que nadie gobierna ; se desparraman ocurrencias. Pero eso no es gobernar. Y es cada día más difícil culpar a Zapatero. Entre otras cosas porque la memoria del pueblo es de corto recorrido. Y porque la mayoría absoluta que el pueblo les otorgó estaba fundamentada en una cierta -e injustificada- esperanza de mejora.
Allá el pueblo con su fe de carbonero.
Rajoy se multiplica en inútiles besamanos por las cancillerías de media Europa mendigando que el BCE compre deuda española. De paso pone una vela a dios y otra al diablo, es decir, una vela a Merkel y otra, a Hollande.
Se dice que ocupa el escaso tiempo libre en intentar comprender por qué sus reformas empeoran la situación del país. Pero lo que sabemos con certeza de este hombre de estado - como dios manda- es que se ha vuelto más esquivo que nunca: esquiva al Parlamento, esquiva a la oposición, esquiva a los medios de comunicación  y con ello evita dar explicaciones al pueblo que lo votó, y se rumorea que también esquiva a sus ministros. Queda Soraya, admonitoria, envarada, tensa, sola, transmitiendo los viejos "mantras" que a nadie tranquilizan.
¡Y los ministros!  Los más osados, repartiendo ocurrencias para ocupar espacio en los periódicos, para dar sensación de actividad. De los demás, nada sabemos. Son oscuros, invisibles, como si no fueran necesarios. Es decir, un gobierno como dios manda que hará los que hay que hacer.
El de Justicia pontifica sobre la verdadera condición de la mujer-mujer, paridora de hijos, establece una justicia de dos velocidades, según las disponibilidad de efectivo del litigante y establece tasas que , de hecho, limitan el acceso de una buena parte de la población a la justicia. Justamente lo que establece la Constitución. Mientras el Consejo Superior del Poder Judicial sufre una hemorragia de desprestigio sin precedentes, sin que el ministro tenga opinión y sin que nadie se vaya, avergonzado, a su casa.
La Ministra de Trabajo da una vuelta de tuerca leonina a las condiciones del trabajador, por si el Decreto inicial no había dejado satisfecho al empresario.
El Ministro de Interior autoriza una marcha de  radicales de ultraderecha el día en que las dos aficiones más radicalmente nacionalistas, encendidas de paso por la señora Aguirre, se dan cita en Madrid. Todo un acierto. ¿Os es que era una amenazador elemento disuasorio para los portadores de ikurriñas y senyeras, producto de una calculada estrategia?
El de Economía se cobra facturas personales pendientes con el gobernador del Banco de España, desprestigiando de forma escandalosa a la Institución y encomienda la evaluación del sistema financiero español a dos compañías privadas, "contaminadas" por intereses comerciales. Como soltar un oso en un colmenar. Las consecuencias según muchos expertos serán catastróficas. Ninguna otra medida sería más dañina. ¿Lo que dios manda? Guindos es un pirómano. Falta saber si por incompetencia o por intereses inconfesables. Conviene repasar su currículum y comprobar su pasado más reciente.
¿Y el de Educación? Es un hombre-récord. Ningún ministro conocido ha logrado en menos tiempo peor valoración y más enemigos en su ámbito que este brillante- según dicen-, soberbio, imprudente y narcisista tertuliano. Espero que tarde en dimitir. Provoca cada día una cascada de agravios. Ayudará mucho a desbancar a la derecha del poder. Él y Beteta son dos bombas retardadas de autodestrucción masiva.

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