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lunes, 23 de julio de 2012

La Tasa Tobin


(14-05-2012)
En una entrevista publicada por El País (14-05) Elio di Rupo, primer ministro de Bélgica menciona, y es la primera vez que he leído la cifra en un medio de comunicación, que las transacciones  financieras en Europa mueven cada año 450 billones de euros. Sí, es como si el PIB de la Unión Europea, unos 15 billones de euros,  se moviera al completo treinta veces al año  por las Bolsas, dedicado a  la compraventa de acciones y de divisas, y a  las operaciones bancarias.  El dinero es verdaderamente inquieto. No se trata sólo de dinero europeo. El capital no tiene bandera ni nacionalidad.  Como nos explicaría cualquier economista, es el mismo  dinero que se mueve una y otra vez. Y eso significa inversiones a muy corto plazo, compra-venta rápida, especulación en suma, búsqueda de beneficios rápidos por el encarecimiento del producto en muy corto espacio de tiempo. El capitalismo especulativo no genera ni un solo beneficio en forma de puesto de trabajo. Encarece, por ejemplo, la deuda soberana de los estados. Muchos analistas confirman que el comportamiento histérico de la Bolsa, por sus cambios radicales y  convulsos, a veces en muy cortos intervalos de tiempo, se debe a maniobras orquestadas para comprar  a bajo precio acciones que se revalorizan mágicamente a la mañana siguiente. Agosto de 2011 fue una muestra palpable de este comportamiento, para un observador lego como yo. Luego perdí el interés en observarlo
Lo curioso  e inmoral es que todo este flujo, esta riada de dinero, trabajando en pos de su beneficio y en contra de los intereses  de la mayor parte de la Humanidad, no paga impuestos.
Si hablamos de Europa, los especuladores tienen vía libre para desestabilizar las economías europeas, especular con nuestras necesidades  y reducirnos las conquistas sociales de siglos de lucha por la igualdad ante la Ley. Si hablamos del mundo, las consecuencias son mucho más terribles, porque se traduce en malnutrición, problemas de salud, analfabetismo...
El economista norteamericano James Tobin, premio nobel de Economía en 1981, llegó a la conclusión de que la excesiva movilidad del capital privado a nivel internacional provoca dificultades a los estados y trae consigo repercusiones muy negativas en el empleo, la producción y la inflación. Es decir, el hombre profetizó la situación actual con exactitud.
Para corregir estas deficiencias y “enfriar “ los mercados propuso la creación de un impuesto – la denominada Tasa Tobin- que gravara especialmente los movimientos especulativos, las inversiones a muy corto plazo , cuya intención es manipular la economía real para obtener beneficios artificiales y rápidos.
El liberalismo más radical se ha opuesto sistemáticamente. Entienden que es un exceso de intervencionismo de los estados, una interferencia en el libre mercado. En el seno de la Comunidad Europea el enemigo principal es Londres. La mayor parte de las transacciones financieras de Europa se realizan allí.
Tobin proponía un impuesto leve, el 0,5%. Yo, por ejemplo, pago el 27% de mis ingresos como Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.
Calculad , si no os produce vértigo, lo que supondría el 0,5% de 450 billones de euros que se mueven libremente por nuestras economías como el zorro que selecciona a la gallina más apetitosa del corral.  Calculad, incluso, a cuánto ascendería el 0,1% de ese río de dinero. Y ahora calculad cuánto costaría que el 11% de la población activa europea, - los 25.000.000 de parados que, además de no gozar de un derecho establecido en las Constituciones, no producen, consumen recursos en protección a los desempleados y ralentizan la recuperación económica europea ya que su capacidad de consumo es escasa- tuvieran pleno empleo en programas públicos de Investigación, actividades medioambientales, mejora de servicios públicos, obras públicas, energías renovables…
El 0,1% de esa ingente cantidad de dinero circulante supondría 450.000 millones de euros. No es tanto, aunque la cantidad nos abrume. Se han dedicado ya 800.000 millones a sanear a la Banca de sus graves deslices. Y precisará inyecciones multimillonarias frecuentes todavía  durante mucho tiempo. Si alguna vez se aprueba esta Tasa, sabed que irá a sanear la Banca, lo único que importa la derecha europea.
Esa cantidad –el 0,1% de impuesto sobre las transacciones financieras-  bastaría para que en Europa hubiera  casi pleno empleo. Para que los 25 millones de parados europeos desde mañana mismo estuvieran produciendo beneficios indudables a sus países y sus economías. Sirviendo de motor de la recuperación que precisamos. La que tanto parece perseguir nuestra clase política, recortando servicios y derechos.
Pero no seamos ilusos. La estimación más creíble de lo que podría recaudarse realmente, si se impone la Tasa Tobin, rondaría los 55.000 millones de euros. No está tampoco mal, en los tiempos que corren.
La opinión dominante es que la tasa Tobin es un instrumento sumamente válido de control de la actividad especulativa basada en instrumentos financieros  de alto riesgo y alta volatilidad. La crisis que soportamos ha sido provocada por las inversiones de alto riesgo a largo plazo, financiadas con deuda a corto plazo. Y esta experiencia parece demostrar que la tasa Tobin podría ser en un instrumento estabilizador para evitar crisis económicas futuras y ayudarnos a salir de esta, además de generar recursos absolutamente necesarios.
Quizá la edad me ha vuelto obtuso, porque estoy convencido de que la crisis está, en gran medida, artificialmente sostenida para desmotar los logros sociales de Europa.  La Tasa Tobin no es una locura en absoluto. Hay muchas voces, incluso de la derecha económica, que defienden su imposición. ¿Qué esperan los gobiernos europeos para regularla? ¿No quieren o no pueden?
Si no quieren, no nos sirven porque son instrumento de quienes nos esquilman y desvirtúan los derechos que establecen las Constituciones democráticas. Hay que repudiarlos y mandarlos a casa.
Si no pueden, es que son rehenes de esos poderes dañinos. Y hay que repudiarlos y mandarlos a casa, porque su ética está en entredicho. No son  los gestores del estado que queremos, el que defiende y garantiza la igualdad efectiva ante la Ley, el que se esfuerza por garantizar los derechos y el bienestar de sus conciudadanos.
Es preferible atentar contra los logros de la ciudanía y sus derechos, antes que gravar mínimamente la actividad financiera. Y nos dirán que se toman las únicas medidas posibles. Y que la culpa es nuestra porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Hay que mandarlos a casa y regenerar nuestras democracias cuanto antes.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha establecido cálculos  abrumadores: con el 10% de lo recaudado con la aplicación de una  Tasa Tobin a nivel mundial sería posible proporcionar asistencia sanitaria a toda la población del planeta, suprimir todas las formas graves de malnutrición, y garantizar el acceso al agua potable para toda la población mundial. Con sólo el 3% de la cantidad recaudada se garantizaría la alfabetización de toda la población mundial y su acceso a la educación primaria.
¡Minucias como se ve, objetivos intrascendentes, si se considera el derecho inalienable del capital a circular libremente por el mundo con sus actividad especulativa, sin pagar impuestos!
Hay que mandarlos a casa. Hay que cambiar las reglas. Merecemos un mundo más justo que el que ellos nos ofrecen. El beneficio desmesurado de unos no puede estar sustentado en la miseria y el sufrimiento de la mayoría

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