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lunes, 23 de julio de 2012

Si callamos, todos seremos cómplices


(29-04-2012)
Si guardamos silencio, si miramos en otra dirección cuando otros seres humanos más desvalidos son privados de los derechos que, como personas,  les corresponden, seremos cómplices.
¿Por qué esta afirmación ambigua?  Intentaré concretarla.
A veces conviene repasar documentos que casi todos citamos alguna vez y , probablemente,  no hayamos leído jamás. Sumergirnos en su clarividente sencillez nos haría mejores. Hoy he leído una vez más la Declaración Universal de los Derechos Humanos que aprobó y proclamó la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. La Segunda Guerra Mundial había dejado tras sí terribles secuelas para la raza humana. Había llegado la hora de declarar nuestra humanidad solidaria y universal.
En su artículo 2 establece lo siguiente:
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona
En su artículo 25 establece:
Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
La reforma sanitaria del Partido Popular atenta diametralmente contra esta Declaración. Probablemente, también contra nuestra propia Constitución, contra muchos Estatutos de las Comunidades Autónomas que tienen reconocido el derecho universal a la atención sanitaria de todas las personas, y  , sobre todo, contra la propia humanidad. Cuando entre en vigor en septiembre, dejará  sin protección sanitaria a muchos extranjeros irregulares que están entre nosotros. Desde que se conocieron las medidas afloran a los medios de comunicación testimonios desgarradores de algunas de estas personas, condenadas a morir, si dejamos de prestarle asistencia sanitaria.
Y si callamos, seremos cómplices de esta atentado brutal contra el derecho universal de las personas a la salud. Será como encerrarlos en un enorme campo de concentración, sin barreras ni alambradas. Y no hará falta gasearlos. Bastará con dejarlos que mueran solos ante nuestros ojos.
Y habremos aceptado que el Estado es como una Sociedad Anónima en la que únicamente importa la cuenta de resultados de los más favorecidos. Y ahora toca pagar los intereses abusivos del capitalismo especulativo.
¿De verdad es esto lo único que cabe hacer…? No seré cómplice. No seáis cómplices. Las mayorías absolutas no legitiman los atentados contra los Derechos Humanos. Y si  los llevan a cabo, las deslegitimadas son esas mayorías.

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