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lunes, 23 de julio de 2012

Madame FMI


(16-06-2012)
Papisa de los mercados, sibila de falsedades liberales embutida en traje sastre, que oculta su visión deshumanizada de los seres humanos tras  una elegancia sin emoción como corresponde a un ser sin alma, con las entrañas de basalto y el corazón de piedra pómez. No ha ascendido, que se sepa,  desde su interior oscuro y , quizá, desconocido para ella misma ni una sola sonrisa hasta la boca delgada, dominadora, sin memoria ya del último beso verdadero que dejó en la piel de otra persona.
No se ha comprobado que, como a Escila, le haya florecido entre las ingles una jauría de perros rabiosos y feroces, pero se presiente a esa jauría aullando en algún rincón de su cerebro  cuando destila sus remedios infalibles para salir del oscuro laberinto  donde sus cómplices nos han ido encerrando poco a poco.
Impone las medidas que le dictan los muñidores de nuestra ruina con la autoridad indiscutible de  una  reina madre  autoritaria y altiva: subir IVA, subir impuestos especiales, privatizar, pagar los rescates de la banca con el salario de los funcionarios… Austeridad para los más necesitados. Pobreza de diseño. Veneno ideológico revestido de ciencia indiscutible.
Ni ella ni nadie ha oído hablar en el FMI de la Tasa Tobin,  de los paraísos fiscales,  de las SICAVs, del fraude fiscal y su amnistía. Desconocen las insoportables diferencias entre los trabajadores de las diferentes regiones de este planeta esquilmado, que ella y sus cómplices están utilizando para arrebatarnos los derechos que nos ha costado siglos conquistar.
Habría que tomar de nuevo esa Bastilla, investigar el catálogo de iniquidades que debe tener en sus archivos, airear sus sótanos horrendos impregnados con la pegajosa podredumbre de la complicidad en tantas injusticias,  enjuiciar a sus inquilinos por crímenes de lesa humanidad, y, al fin, condenarlos, sin otra posesión que sus dos manos, a buscarse el sustento en los cubos de basura donde el pueblo griego sobrevive a sus dictados inhumanos.
En momentos así pienso que debería existir algún dios. Quizá existiera, también, el infierno que merecen.

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