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domingo, 30 de septiembre de 2012

Quo vadis, Europa?

          Si de algo anda sobrada Europa es de capacidad de análisis de sus propios errores. Son siglos de humanismo, minoritario si queréis, pero transformador, potente como la gubia o el cincel de un escultor para convertir la madera burda, la piedra amorfa o el metal en algo reconocible y dotado con las características inconfundibles de la obra de arte.
            A los que no hemos aprendido tanto de la humanidad, a pesar del tiempo que llevamos transitando por la vida, nos queda su magisterio y su buen juicio; lo tomamos prestado para explicarnos este tiempo que nos toca vivir. Ellos, con su palabra, reposada y certera, dan la forma exacta a nuestra desazón,  a nuestra inquietud, a nuestra indignación justificada.
           Lamentablemente, quienes gobiernan nuestras vidas no han debido leerlos. 
          Hoy dicen que Europa, la Europa solidaria que deseamos, se queda sin tiempo. La crisis ha desnudado a un continente sin recursos colectivos. La fractura Norte –Sur es cada día más evidente. La Unión Monetaria, la única unión de la que disponemos, lejos de equilibrar las desigualdades, las acrecienta cada día. La gestión mercantilista que se hace de las consecuencias de la crisis está poniendo en peligro, incluso, los sistemas democráticos de algunos países, las posibilidades de desarrollo acordes a la propia constitución europea, y  hasta la supervivencia de las personas en condiciones dignas.
            Alguno de estos referentes europeos pone en duda la propia legitimidad de la UE. ¿De qué nos sirve ahora la pertenencia a este Club del euro? No hay un plan colectivo razonable para solucionar la situación social y económica. Y cada vez que nos pareció posible que la razón de ser de las instituciones comunes – el buen gobierno- y el sentido común alumbraran algún plan, intereses locales lo han convertido en imposible.
            La gran señalada es Alemania. Frena al BCE continuamente. Sus inversores sacan beneficio de la situación económica del Sur. Los intereses nacionalistas, teñidos del populismo que florece en situaciones difíciles, se anteponen a cualquier propuesta colectiva. La deuda del sur , nuestra ruina, acrecienta su riqueza.
        Se atrincheran en un maniqueísmo insultante y falso. El Sur es perezoso, irresponsable, incapaz de hacer frente a sus obligaciones. Detrás de estas acusaciones sin fundamento si nos referimos a los pueblos del Sur, la intención de la Europa rica es marcar la línea entre el desarrollo y la pobreza, restablecer una frontera impermeable a la solidaridad de los pueblos. Antes la eliminaron para inundarnos con sus excedentes financieros e industriales.     
       Somos un país predestinado. El casino de Europa, que ya ha dejado diseñado Esperanza Aguirre. El cálido jardín de los jubilados ricos europeos.  El patio distante de la zona noble donde la  juventud políglota de esa Europa ejemplar se inicia en los excesos y se juega la vida saltando desde el balcón a la piscina. Wert les garantiza mano de obra poco cualificada para limpiar y hacer las camas. La Cuba europea de los años indignos de Batista. Quién sabe si también seremos el burdel del sur. La miseria te garantiza los papeles menos deseables del reparto. 
            Estos maniqueos del Norte rico han enterrado en el olvido a sus propios humanistas, los que alguna vez pusieron ante los ojos de sus contemporáneos el espejo donde cada país, sin excepción alguna, tuvo la oportunidad de mirar su rostro monstruoso y deforme. Deberían desempolvarlos de los estantes donde los tienen olvidados.
        O prestar atención a los que hoy le preguntan “¿Quo vadis, Europa?” O a los que vaticinan que nuestro destino europeo es, simplemente, diluirnos en el agua cenagosa de la ruina.
   No hay un solo pueblo de Europa que pueda dar lecciones morales a otro. Desgraciadamente. En caso contrario, podríamos emigrar a esa Utopía. ¡En masa!

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