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lunes, 10 de septiembre de 2012

El monstruo muestra síntomas de esquizofrenia


      Me rodea la oscuridad más absoluta. Como metáfora de incomprensión, digo. Endesa aún no me ha cortado la luz. Llevo años intentando comprender qué ven los gestores de esta crisis que yo no puedo ver. Me refiero al último objetivo. Que les está produciendo beneficios es evidente; pero, ¿hasta cuándo?
            Después de Grecia, le ha tocado a Portugal. Las medidas que ha establecido el gobierno de derechas portugués para ajustarse al cumplimiento de las condiciones impuestas por la “troika” afectarán a todos los perceptores de una nómina, a la clase obrera en general. Los salarios menores de mil euros al mes deberán entregar a los prestamistas europeos una nómina mensual al año. Es decir, trabajarán doce meses y cobrarán sólo once mensualidades. Los trabajadores que superen los mil euros al mes, deberán hacer entrega a los prestamistas europeos de dos nóminas. Trabajarán doce meses al año y percibirán diez mensualidades de haberes. A todos ellos ya les han quitado la paga extraordinaria. Ya veis quién paga la crisis financiera en cualquier parte. No enumeraré la pérdida de servicios públicos que ya han experimentado. Bastantes más que nosotros.
            Están pelando las barbas de los vecinos. Conviene poner agua a calentar para remojar las propias.
            Ni en Grecia, ni en Portugal, ni en España, ni en ninguno de los países más afectados por la crisis, la imposición de estas medidas está dando resultado alguno. En todos disminuye el consumo interno – no podía ser de otra manera- crece el paro, se produce el hundimiento masivo de los soportes económicos de la sociedad, disminuye la capacidad recaudatoria de los estados y sube la demanda de costes sociales provocada por la crisis. Cada nueva medida que establecen los gobiernos no hace sino poner de manifiesto que cumplir con los requisitos de control de déficit y pago de obligaciones contraídas es una empresa imposible. Y cada nueva medida aleja mucho más a los países de los objetivos. Crece la deuda y disminuye la capacidad productiva, la capacidad de generar recursos para hacerle frente. Y de paso, deteriora la confianza ciudadana en el propio sistema democrático.
            Aprovechando el furor mediático de la visita de Merkel, De Guindos usó su minuto de protagonismo para afirmar que estas medidas las aplicó Alemania hace diez años y hoy es el motor de Europa; vino a decir el hombre que en diez años ese será nuestro destino. Es increíble que lo crea. Es ministro de Economía, ¡joder! Algo sabrá de esto. Sabemos que miente. En 2002 Alemania sufrió su propia burbuja tecnológica. Sus exportaciones, el motor de su economía - ya sabemos que los alemanes ahorran mucho y gastan poco-, cayeron en picado. Y tomó medidas, desde luego. Algunas parecidas.            
          Lo que De Guindos pasa por alto, creyéndonos simples y desmemoriados, es que Alemania impuso al BCE una devaluación inmediata del euro y una inundación con moneda a bajísimo interés  del resto de los países europeos para fomentar el consumo,  es decir, para animarnos a generar nuestras propias burbujas. 
            Y que se sepa, no es el caso. No es una crisis de exportación de un país. Es una crisis de Europa. Por otro lado, aunque parezca increíble, nuestras exportaciones funcionan de forma extraordinaria. El problema es el consumo interno. El problema es el paro que afecta ya a una buena parte de la población activa europea,  casi el 12% según datos de los últimos meses.
            Toda Europa tiene, en mayor o menor medida ese problema ya. La mayor parte del mundo empieza a contagiarse con nuestro mal.
            De ahí la oscuridad que me rodea.
            ¿Qué quiere el capitalismo, en realidad? ¿Resulta un monstruo esquizofrénico?
            De una parte el capitalismo de inversión, los especuladores mundiales que juegan con cualquier necesidad humana para multiplicar sus beneficios, representados por la “troika” defensora del integrismo alemán, imponen medidas que  históricamente, y ellos lo saben, han fracasado estrepitosamente. Fracasaron en la crisis del 29 y su fracaso animó los rescoldos de las heridas que dejó la Primera Guerra Mundial en Europa hasta convertirla en un incendio devastador que arrasó  setenta millones de vidas humanas; han fracasado en América Latina cuando el FMI se las impuso en la década de los 80 del siglo pasado; igualmente, impuestas por el FMI, fracasaron en Asia en los últimos años del siglo XX; y ahora, como podemos comprobar en nuestra propia carne, están fracasando en Europa.
            Con la extensión de estas políticas, llegará un día en que los países se declararán en quiebra y serán incapaces de afrontar la deuda ¿Qué harán, entonces , para recuperar sus inversiones? ¿Invadirnos? ¿Pasarnos por las armas?
            De otra parte, el capitalismo que produce bienes y servicios, el que basa su beneficio en la venta de los mismos, contempla cómo las medidas establecidas por sus compañeros de viaje están empobreciendo su mercado. Baja el consumo en todo el mundo, salvo el de los productos de lujo. Bajan sus beneficios de forma alarmante. Están siendo arrastrados a una situación temible por la pobreza creciente de la población europea. Para la gran empresa todo lo que no se traduzca en crecimiento es un fracaso. El fracaso les alcanza de lleno. 
            A esa esquizofrenia, me refiero.
            Cualquier ser humano sensato acepta que hay que pagar las deudas.
            Cualquier ser humano sensato sabe que la mejor forma de hacerlo es prolongar los plazos de devolución, disminuir los intereses y permitir que los deudores generen recursos que les permitan devolver el préstamo. 
        Ahora, todas las medidas están encaminadas a devolver deuda e intereses insensatos en plazos imposibles.  Y esas exigencias no permiten a los estados generar empleo, consumo interno, y mejorar las condiciones para que su población pague impuestos en vez de consumir los recursos escasos. 
            Así será imposible. 
            El monstruo esquizofrénico cava su tumba al lado de la nuestra.
           
            

2 comentarios:

  1. ¡Que gran verdad Don Antonio!

    Pero de verdad nos creemos que los que nos dirigen, si, esos que sus ganancias y privilegios aun no saben que es la crisis, quieren acabar con ella?

    ¿Como voy a terminar con lo que me da de comer?
    Si aun no han visto disminuir sus ingresos ni privilegios, mientras el resto de la poblacion se le hace imposible acceder a articulos de cierto lujo e incluso articulos de primera necesidad, su nivel de riqueza se hace aun mayor.

    Politicos y grandes empresarios cada vez mas ricos mientras el pueblo sentado en el sofá se va muriendo poco a poco.


    Alberto Santana.
    Ex-alumno IES PINO MONTANO

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  2. Seguramente los ciega la ambición. Seguramente les falta humanidad. Y la humanidad consiste en reconocerte en los demás. Saber que uno solo no es, ni siquiera, posible. Que lo que nos garantiza el futuro como especie es mantener la conciencia colectiva y solidaria. Eso , a grandes rasgos, lo proporciona la cultura.

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