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sábado, 4 de agosto de 2012

Lo mejor para España

         Rajoy asegura, una vez más, que hará lo que sea mejor para España y los españoles.
         ¡La muerte nos coja confesados! Lleva siete meses haciendo lo mejor y estamos con casi seis millones de desempleados, con un récord abrumador de pequeñas y medianas empresas desaparecidas en combate, con los servicios públicos al borde la extinción, con los trabajadores públicos saqueados y criminalizados, con la ruina amenazando a infinidad de familias, con los comedores de caridad desbordados, con las pensiones saqueadas en las farmacias, con las instituciones más desprestigiadas de Europa...
          En fin, duele seguir.
         El hombre se manifiesta autocomplaciente y orgulloso de las medidas que ha tomado hasta ahora, con su inefable gobierno. Puede que el batallón de adoctrinadores oficiales que acaba de desembarcar en TVE desde Telemadrid, donde aprendieron el oficio a las órdenes de Esperanza Aguirre, nos  repita  que estas medidas, como el ricino de la infancia, son amargas y desagradables, pero son una inversión en felicidad para  un futuro. Lejano, desde luego. No veremos los resultados a corto plazo, nos avisa. Y tan lejano.
         La realidad es que el gobierno del Partido Popular nos ha ido conduciendo al rescate desde el primer día de la legislatura. De la mano del BCE, del FMI y de la señora Merkel.
         Tomará la decisión cuando conozca las condiciones. Aún quiere hacernos creer que tiene capacidad de decisión. Estamos en el corredor de la muerte hace ya muchos meses. Él lo sabe; nosotros los sabemos; la Europa insolidaria y rica se frota las manos satisfecha.
            El horizonte es bien oscuro. Mirad en dirección a Grecia. Es un país deshecho. Mirad a Portugal; los servidores públicos del Servicio de Salud en el país vecino cobran cuatro euros por hora trabajada y dieciséis de las principales ciudades portuguesas  – el 18 de julio fue titular  en toda la prensa portuguesa- han debido cerrar los servicios de urgencia hospitalaria por falta de recursos para mantenerlos.
          Los rescates son terribles. Y sus consecuencias demasiado duraderas. El que nos tienen diseñado nos hipotecará demasiado futuro. Se llevará por delante, al menos, un tercio de los presupuestos generales del Estado durante quince o veinte años. No podríamos recuperarnos nunca. Perderíamos, sobre todo, nuestra capacidad de investigación, de desarrollo, de crecimiento como pueblo. Y, en consecuencia, seguiríamos estando colonizados el resto de nuestra vida.
          Rajoy asume que tomará la decisión que más convenga, porque tiene un mandato por cuatro años.
          Se confunde. El pueblo le otorgó la mayoría  para sacarnos de la crisis, porque él afirmó que sabía lo que había que hacer para lograrlo. 
           No lo apoderó para convertir a este país en una colonia europea dentro del continente. 
           Las consecuencias del rescate deben ser conocidas por el pueblo, con claridad meridiana. Y el pueblo debe pronunciarse sobre la cuestión. Tan importante es, que supone, en realidad, entregar nuestra soberanía y dejar sin contenido nuestra constitución. El gobierno no puede tomar esa decisión en nuestro nombre.  No está legitimado. No puede diseñar el resto de mi vida.  
            Y, cuando tenga el mandato popular, que actúe en consecuencia. Y, luego, salvo que estuviera en su programa oculto conducirnos a esta ruina duradera, debe dimitir y convocar elecciones anticipadas.
            Es lo que haría un equipo de gobierno con dignidad, un concepto de significado poco conocido entre sus filas, al parecer.
        



   

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