Páginas vistas en total

lunes, 13 de agosto de 2012

Decentes o indecentes


            Lo he vuelto a oír. En la barbería. En un debate espontáneo sobre el sentido del voto. He vuelto a oír que da igual votar a la derecha que a la izquierda.
            En los años 60 del siglo pasado Daniel Bell lo afirmó con contundencia. Según él en occidente el capitalismo había triunfado y había impuesto sobre la sociedad el pensamiento único, “podéis jugar a la democracia de partidos, podéis establecer en vuestras constituciones la teórica igualdad ante la ley, pero nos concederéis la desigualdad económica y la economía de mercado como verdaderos instrumentos de gobierno”.
            Probablemente le costó años de estudio y de observación establecer esa conclusión. Mucho antes de que fuera realidad en todos los países de occidente.
            Hoy el pueblo que no ha leído un solo libro de sociología constata esa conclusión del sabio americano con el propio pellejo. Percibe en su experiencia cotidiana, casi siempre dolorosa y casi siempre resignada, que hoy nos gobierna el capital  y que el parlamento es una burda pantomima de sí mismo.
            Esa teoría es especialmente alimentada por la derecha. Las ideologías son como los fusilados de las cunetas cuya identidad  pretendió recuperar la ley de la memoria histórica. Incómodas. “Las ideologías han muerto”, -nos dirán- “ Ya no tiene sentido hablar de ideologías”. Se refieren, desde luego a las "otras" ideologías. Porque la suya tiene una salud de hierro, el mismo hierro con el que han fabricado los barrotes de  la celda en la que han encerrado nuestra esperanza de una vida decente y razonable. 
             Desarmarnos de esperanza y de principios morales para  defendernos. Eso quieren. Y de consolidar el derrotismo en el que nos han sumido, la conciencia de la inevitabilidad de las medidas con las que nos despojan de derechos duramente conquistados, lo habrán conseguido.
            ¿Han muerto las ideologías?

            La ideología no es otra cosa que una respuesta simple, pero de consecuencias muy complejas, a una pregunta simple ¿El ser humano debe estar al servicio del enriquecimiento selectivo de una minoría o la producción de riqueza debe estar  encaminada a mejorar las condiciones de vida de la humanidad en su conjunto?        
            ¿La misma cosa?  De la respuesta derivarán la ética, los valores dominantes de una sociedad, y las leyes. Responded y ya habréis escogido una entre dos ideologías muy diferentes. Y tendréis ante vosotros caminos absolutamente divergentes en cuanto  a la orientación de vuestra vida. Y una visión del ser humano instrumental o solidaria. Es decir, seréis decentes o indecentes. Humanos o inhumanos.
              De momento sabemos quién domina. Y sentimos en la piel las consecuencias.


No hay comentarios:

Publicar un comentario