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jueves, 24 de enero de 2013

Tagentópolis

     Quizá nos escandalice la confirmación cotidiana de la corrupción que nos cerca y nos invade desde cualquier rincón de la vida pública. Será que reflexionamos poco sobre lo que nos rodea. El neoliberalismo  triunfante en los tiempos presentes como credo económico es la clueca que empolla nidadas de corrupción cada vez más invasivas y  más dañinas para el sistema democrático. ¿Qué otra cosa se puede esperar de un sistema cuyo único principio es el enriquecimiento personal sin importar los medios? La corrupción no es sino un instrumento más para cumplir sus objetivos y satisfacer sus intereses.
    Venimos denunciando , una y mil veces, que el cuarto poder, el capital que no acepta la regulación de la sociedad civil, controla al poder político, lo somete o lo compra, porque el poder político legitimado con los votos ciudadanos resulta fundamental en su proceso de dominio de nuestras vidas y de nuestra economía.
   ¿El caso Bárcenas que sacude los cimientos del país nos coge por sorpresa? Aportará quizás aspectos novedosos; pero sorpresa, no. La corrupción política no es sino un exponente más de la capacidad contaminante del capitalismo insaciable. También, para qué negarlo, de la decadencia del sistema de valores  democráticos, de la escasa salud de las instituciones, y de la degeneración interna de los partidos políticos históricos, hoy invadidos por gente logrera, oportunista, inmoral, que ha hecho de la representación política y de la administración del poder que delegamos en ellos un instrumento para el enriquecimiento personal y una ocasión para el delito continuado.
     El título de este escrito tampoco es novedoso, sin embargo aclararé su significado para aquellos que sólo tengan una vaga referencia de lo que en su día supuso.
   El término Tagentópolis - ciudad del soborno- se acuñó en Italia durante un largo y demoledor proceso que el fiscal del Estado Antonio di Pietro emprendió en 1992 contra la mayor parte de los partidos políticos históricos y responsables del gobierno de la nación. Investigó a miles de personas, políticos en activo y empresarios, que habían tejido una espesa red de clientelismo y corrupción para saquear al estado en beneficio propio. Las consecuencias fueron tremendamente perjudiciales para los partidos dominantes, sobre todo para la Democracia Cristiana - prácticamente desapareció- y el Partido Socialista Italiano, que casi no logró representación en la siguientes elecciones generales. No podemos decir que aquel proceso fuera regenerativo para el sistema democrático italiano en absoluto. Aparecieron la Liga Norte y Berlusconi, capaces de prostituir el sistema político hasta niveles desconocidos. 
   Pero ellos son cuestión del pueblo italiano que debe responder ante su propia historia de a quién otorga su voto soberano. Nosotros no estamos en condiciones de hacer juicios de valor sobre aquella tagentópolis. Tenemos la nuestra y, por lo que empezamos a comprobar, de dimensiones extraordinarias.
  El caso Bárcenas y la basura que iremos recibiendo en los próximos días con cuentagotas - hoy es un ex consejero de Esperanza Aguirre, López Viejo, el que salta a las páginas de los periódicos por cuentas opacas en Suiza- no tiene una intención depuradora; es exclusivamente una guerra descarnada por el poder en el Partido Popular.
   La cúpula del partido está nerviosa. Tiene motivos, pero las medidas arbitradas son irrisorias. Una auditoría interna, externa o mediopensionista, no aclarará sino que los libros oficiales reflejan cuentas impecables del partido. Faltaría más. Un gesto de la cínica Cospedal a la galería, un trabajo inútil cuyos resultados previsibles no rebajarán ni un ápice la tensión de una organización que se sabe sometida , con razones fundadas y declaraciones de militantes y ex militantes, a la sospecha de haber llevado a cabo desde su propia tesorería actuaciones al margen de la ley, como el enriquecimiento ilícito de altos cargos con fondos no declarados, producto seguramente de la prevaricación, el clientelismo y la corrupción, y el consiguiente fraude fiscal .
   Yo podría aventurar ahora mismo el resultado de esas auditorias y ahorrarle a Cospedal  el simulacro.
    El juez Ruz , que sustituyó a Garzón en la investigación del caso "Gürtel", le ha encontrado al ex tesorero del PP una cuenta escondida en Suiza con veintidós millones de euros de procedencia difícilmente justificable. A partir de ahí, El Mundo , asesorado por una voz en la sombra que conoce las interioridades del Partido Popular, ha orientado su ventilador intencionado en dirección a la inmundicia.
    En mi opinión es un jaque a Rajoy y a su equipo de gobierno. Y en el momento más inoportuno de la legislatura, porque las encuestas de opinión colocan al PP en su momento más bajo desde las generales de noviembre de 2011 y otorgan a Rajoy el rechazo de tres de cada cuatro ciudadanos en edad de votar. Esperanza Aguirre, esa heroína liberal, ya se ha apresurado a manifestar que con esta perspectiva no se le puede permitir acabar la legislatura. Viejas cuentas pendientes y facturas por cobrar.
   Esperanza está dotada de un egocentrismo a prueba de terremotos y de una ambición sin límites. Ella no tiene disciplina de partido, ni  sentido de estado, sino un individualismo acendrado e inútil para la gestión de la cosa pública. Tengo por cierto que Aguirre pretende no jubilarse sin haber sido presidenta de un gobierno nacional. Y sospecho que está jugando su partida. La derecha más acendrada, la más inmovilista, la más dura, la apoyará sin duda. Y con ella, la derecha populista, la que solicita discursos agresivos, comportamientos autoritarios y maneras chulescas como marcas de identidad.
    Si esta situación no afectara a la credibilidad del país en la esfera internacional , seria gratificante ver a las fieras disputándose en público, en una guerra sin cuartel, subterránea y despiadada, el control del poder en un partido con incierto futuro.
 
 
    




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