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viernes, 4 de enero de 2013

Inquisición

   Hay un tipo deplorable que ha llegado a obispo. En realidad, hay muchos tipos deplorables que alcanzan cotas de poder importante en el seno de la Iglesia católica. Se llama Demetrio Fernández, y es obispo de Córdoba. Y la Constitución del 78 no le establece obligaciones. Está por encima de las leyes humanas, porque es un hombre de dios.
    ¡Cuánta soberbia encerrada en una pastoral! 
   Antes de ser obispo de Córdoba, cuenta su biografía que se doctoró en Teología Dogmática. Es como doctorarse en el manejo de la niebla como elemento de construcción. O como lograr un doctorado en la naturaleza del Unicornio, de Pegaso, de las hadas del bosque, o de los Cíclopes, por poner ejemplos equiparables.
    Un dogma, entre otras cosas, es una verdad indemostrable que ha de asumirse como fundamento de una fe. Eso será aceptable para quien haya sido premiado con esa fe, un don de dios, según la doctrina católica que ellos se esfuerzan en negar con cada intervención. 
    A mí, personalmente, ningún dogma me obliga, porque no he sido agraciado con fe de ningún tipo. Y en la Constitución del 78 que rige nuestra convivencia no he leído que esté obligado a regirme por dogma alguno. La sociedad civil a la que pertenezco, y en cuyo seno vivo, respeta absolutamente, por ahora, mi libertad de conciencia y cualquier fe a la que yo me pudiera adscribir, si esta , a su vez, respeta los márgenes de la propia Constitución y los derechos humanos.
    Eso debe hacer una Constitución que se precie, establecer márgenes  responsables de convivencia y de respeto. 
    Pero este tipo deplorable no ha debido leerla. Sé que esa Constitución nos otorga libertad de expresión, pero también nos reclama respeto a los valores ajenos. Parece que los dogmas, tan inconsistentes, legitiman para insultar a los demás. Porque este individuo deplorable me ha insultado. A mí y a miles de personas. 
     En las escuelas y en los colegios de Secundaria, afirma sin empacho, incitamos a los jóvenes a la fornicación. Las familias deben saber que no envían a su descendencia a la escuela, sino a delegaciones intemporales de Sodoma y Gomorra.
     En las escuelas les hacemos un daño irreparable a los niños. Al parecer existen programas específicos en los proyectos escolares destinados a enseñarles a elegir su propio sexo y a cambiarlo, y a potenciar el feminismo, que rompe con dios y con la naturaleza, tal como dios la ha hecho. Todo ello atenta contra la familia tradicional que es un invento divino para el bien del hombre. Y la familia humana, tal como dios la ha pensado, es la única familia reconocible, diga lo que diga el Parlamento.
     En los colegios atentamos contra la familia porque enseñamos que puede haber otras formas de familia. No solo matamos la inocencia infantil. Somos Herodes redivivos, impulsores del aborto y asesinos de niños.
     Dice la biografía de Demetrio Fernández que fue miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, un eufemismo moderno bajo el que se esconde el más antiguo y exacto, la  Inquisición, el tribunal más manchado de sangre que jamás haya existido en este mundo. Y en el nombre de Dios.
    Pues eso. Son cosas del oficio. Perseguir a los demás en nombre de una fe. Integrismo, sin más. Sólo nos salva de su violencia potencial el hecho incuestionable de que quemar a otros es delito. De otro modo, habríamos de soportar juicios sumarios en las televisiones amigas, en horas de máxima audiencia, y ajusticiamientos en la hoguera.
    Y aun dice que la iglesia católica es odiada y perseguida. La Iglesia persecutoria se siente perseguida.
    Yo le daría la razón sin preocupación alguna al viejo inquisidor obsesionado. El próximo gobierno de izquierdas debe denunciar el concordato, al día siguiente de su constitución . Que cada católico financie los servicios que precise con su propio bolsillo. Que el lujo y el boato episcopal los financie la grey, la familia cristiana.
   La cara pública de la Iglesia Católica en España degenera a pasos agigantados. Está logrando que una buena parte de la sociedad civil indiferente que ha convivido con ella sin excesivas dificultades se plantee la conveniencia de defenderse de su permanente e injustificada agresión.  Sabemos cómo. Viven de nuestros impuestos, sin pagar ni uno de ellos. Gente como este viejo enfermizo, obsesionado con la fornicación y enemigo de la independencia femenina, hacen posible que de la indiferencia vaya naciendo la hostilidad que se merecen.
      Le ofrezco la mía sin compromiso por su parte.
  

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