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miércoles, 2 de enero de 2013

¿Algo se mueve...?

    Rubalcaba ha convocado un congreso de la izquierda europea para este mes de enero. El objetivo es establecer estrategias comunes en todos los países de la Unión.
     El 27 de julio del 2012 en la entrada "Si yo fuera de izquierdas II" , aunque esté feo citarse uno mismo, yo proponía exactamente lo que sigue: “Si yo fuera de izquierdas, de esa socialdemocracia con cuya aportación imprescindible fue posible la esperanza de una Europa humanista, solidaria, eficaz, equilibradora de las desigualdades, si yo fuera de esa izquierda y aún creyera que la Europa de hoy es un problema, pero que en ella reside la esperanza de un futuro mejor, estaría convocando a los partidos hermanos a un congreso europeo, para tratar de rediseñar la Europa del futuro, de diseñar programas políticos comunes con medidas razonables y justas para recuperar la economía y el empleo, con reformas fiscales realistas y ajustadas a los principios de equidad y progresividad, con medidas disuasorias para la especulación desaforada que destruye el futuro de millones de personas, con un código ético innegociable para los responsables de ejecutar esos programas”
      Me reconozco europeísta. No se trata de un convencimiento ideológico. Reconozco que se trata solo de una postura práctica. En la coyuntura actual, con un enemigo poderoso entroncado en todas las instituciones que administran alguna forma de poder en la tierra, cualquier país en solitario carece de fuerza para modificarla. Se necesita la fuerza que da el número, sea éste el número de productores, de consumidores, de volumen en la creación de riquezas, de fuerza colectiva, en suma. Y Europa la tiene. 
    También se ha explicado muchas veces. Europa, la Europa reciente, sin duda debería ser el referente universal para la convivencia humana. No es así. El nacionalismo, errores de diseño que no hay ninguna prisa en corregir y políticas erróneas en el tratamiento de la crisis económica nos han convertido en una comunidad escasamente relevante, por desgracia.
      Y como nada sucede por azar, nada se logra manteniéndose a la espera de los acontecimientos que protagonizan los demás, bueno es que algo se mueva, que alguien inicie ese viaje , difícil por demás, hacia otra parte. La meta que hoy nos proponen resulta inaceptable. La Europa miserable que hoy contemplamos no es la Europa a la que un día lejano nos entregamos confiados en un futuro más justo y más equilibrado. Aquella era la Europa de los pueblos y ésta es la Europa de los intereses del capitalismo exacerbado.
       Prefiero el movimiento a la inacción. Pero, a mis años, no soy un iluso.
       Algunas preguntas se me ocurren. 
    ¿Por qué esta convocatoria se ha hecho de rogar? 
    ¿Por qué se hace ahora de forma tan precipitada? ¿Tiene la izquierda europea sus ponencias dispuestas? La verdad es que tras varios años de medidas contraproducentes para la recuperación económica y para la propia sociedad, la izquierda europea ha brillado por su silencio confuso, cómplice o culpable ¡ Tanto da!
  ¿Está verdaderamente interesada la izquierda europea en secundar esta propuesta o se trata solamente de una maniobra de Rubalcaba, acuciado por las voces críticas dentro de su partido? 
  ¿Será un congreso abierto a la izquierda europea en general o sólo a los nominales partidos socialistas? En este caso, sería una pena. La recuperación de una Europa más solidaria con sus ciudadanos precisará de mucha fuerza y mucha unión de todo el espectro de la izquierda, porque los daños han sido ya cuantiosos y el enemigo es fuerte y tiene cómplices demasiado poderosos.
  Inevitablemente me viene a la cabeza una imagen de la infancia campesina. Cuando el tiempo era recio y los rebaños se sentían acuciados por la lluvia, el viento o las heladas, apretaban las filas. El rebaño simulaba un gigantesco cuerpo único, cuerpos unidos estrechamente, cabezas bajo el vientre del vecino, mucho más capaz de protegerse con el calor de cada uno puesto al servicio del común. Eso toca.
  El tiempo, supongo, me dará respuesta a estas preguntas.Hoy, sin embrago, acaricio la semilla entre mis dedos; la estoy sembrando; ojalá germine en esa esperanza que tanto necesito.
     

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