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viernes, 21 de diciembre de 2012

¿El fin del mundo no era hoy?

    La interpretación catastrofista del calendario maya ha acabado por no cumplirse, afortunadamente para todos nosotros. Ya lo sabíamos. La parte sorprendentemente científica de esa predicción, sí. Sobre estas fechas, entre hoy y el día 26 de este mes de diciembre, se producirá una rara alineación de astros que tardará trescientos noventa y cinco años  en producirse de nuevo.
     Los mayas eran capaces de calcular estos complejos movimientos dentro del sistema solar y su calendario contempla estos acontecimientos. Así que no dejaron escrito que se acabara el mundo, sino este ciclo reiterativo de ajustes en los movimientos astrales que empezarán de nuevo por estos días para reproducir esa rara coincidencia dentro de cuatrocientos años o casi.
    Quizá para la cultura de los mayas cada uno de estos ciclos signifique algo así como una primavera celeste por la que el mundo se renueva. Lo desconozco. Pero ninguna primavera viene precedida de una destrucción de la naturaleza para rejuvenecerla luegoEl ciclo natural no destruye, reconstruye o renueva reciclando.
         Cuestión de interpretacionesSiempre  habrá quien pretenda sacar conclusiones catastrofistas de cualquier situación ambigua para arrimar el ascua del temor reverencial a su interesada sardina.
          Quienes cultivan en el interior de la mente humana ese temor irracional esperan siempre dividendossean estos beneficios económicos o cesión de alguna forma de poder que les permita acceder a los privilegios pretendidos
       Cualquier chamán, desde la Antigüedad hasta esta misma hora en que yo escribo, solicita de los demás el reconocimiento de su estatus superior, de su proximidad a la divinidad que lo ha escogido, que lo ha puesto entre nosotros, para que nos guíe hasta algún paraíso que nos aguarda tras la muerte, si cumplimos sus requerimientos.
                La única fuerza de la fe, de cualquier fe, radica en nuestro miedo a la nada, en nuestro deseo de perdurar tras la muerte, en nuestra esperanza irracional en que eso sea posibleLa única fuerza de cualquier fe es nuestro miedo.
         Así que, resuelta - en mi opinión humilde - la cuestión de las previsiones sobre el fin del mundo, conviene establecer que, de todas formas, por un procedimiento más lento pero no por ello menos catastróficosí hay un mundo que se acaba poco a poco y de forma irreversible, según todos los datos de que yo dispongo. El Estado democrático en este país está siendo liquidado, desaparece ante nuestros ojos de forma irremediable. 
    Rajoy gobierna por decreto ley, rehúye el control del Parlamento - por otro lado, inútil-, avienta sus culpas emboscado en la  penumbra gris  y orientando la justificada cólera ciudadana en dirección a sus ministros, y culpa a la herencia recibida o se reconoce rehén de Europa para justificar sus medidas miserables.
     Ojalá, como en el calendario maya, ahora empiece un ciclo renovador que nos devuelva lo que perdimos. Y no me refiero tan solo a los derechos conculcados. Me refiero también a la dignidad y a la conciencia colectiva. Nadie vendrá a ayudarnos. Somos nosotros. Todos nosotros. Me agotan las quejas cuando vienen acompañadas de la parálisis colectivaLa renovación es un trabajo arduo, febril, agotador pero da frutos prodigiosos. 
     Ya es hora.


  

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