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domingo, 16 de diciembre de 2012

Año nuevo, año mágico.

     En los últimos tiempos no hay año que se precie que no tenga su etiqueta definitiva. A la cabeza de esa adjetivación altisonante se ha colocado el 2012, la profecía maya, y el profetizado fin del mundo. Grandioso, sin duda. Difícil de superar.
   No obstante, Rajoy y su gobierno tienen recursos para superar , incluso, lo que parece insuperable.
   El 2013 será el año de la recuperación económica de España. Los brotes verdes serán un bosque frondoso. En el 2014, Europa volverá a ser el paraíso terrenal. Acostumbrados a mentir, las dimensiones de las mentiras han perdido importancia. "Son estúpidos",- se dirán.  "Nos lo han demostrado ya con creces. Todo cuela en sus cabezas de primates. Todo vale". 
   El fin del mundo que anunciaban los mayas resulta más creíble.
   La Historia y los expertos confirman que una crisis de deuda tiene tendencia a prolongarse durante una década y a dejar secuelas mucho más duraderas en las sociedades afectadas, cicatrices profundas y desigualdades insoportables.
   Recientemente Intermón, una ONG que trabaja para la personas desfavorecidas de la tierra, ha denunciado que con las actuales políticas la crisis se prolongará, al menos, hasta el 2018 y que, para entonces, el 40% de la población española integrará la oscura y dolorosa nómina de las personas excluidas; que las diferencias entre pobres y ricos en este país estarán próximas a los países subdesarrollados.
    Creo bastante más las previsiones de los expertos y de las organizaciones independientes. No es una actitud que justifique mis posturas políticas. Ojalá pudiera creer las del gobierno. Pero mienten; una vez más nos mienten a sabiendas. No han dicho ni una sola verdad desde que comenzaron la campaña previa a las elecciones de noviembre del año pasado. Aprovechan la crisis para aplicar medidas ideológicas que este país lamentará durante mucho tiempo. Y algunas de esas medidas son impuestas, pero ellos las comparten.
    Creo más en las previsiones de los expertos y en la de las organizaciones independientes porque coinciden con mi propia observación.
    Y, por lo que se refiere a la soberanía nacional, está casi todo demostrado. 
     Rajoy ha reconocido a los líderes de los dos sindicatos mayoritarios que no solicita el rescate porque Merkel no considera que sea el momento oportuno. Rajoy podía irse a casa. Ya Merkel dirigirá la política española por email. No soy , en absoluto, partidario de un rescate. Conocemos las consecuencias que han tenido para países próximos como Grecia y Portugal. Pero soy menos partidario de que el gobierno de mi país se pliegue a las exigencias de Merkel, como monaguillos del capital alemán. ¡¡ Claro que a Merkel le parece un momento inoportuno!! El capitalismo especulativo alemán, más de cinco billones de euros en depósito en sus bancos, no quiere ni por asomo la intervención del BCE en la deuda del Sur. Obtienen de nuestra miseria unos intereses desmesurados, literalmente criminales para nuestra supervivencia como estado independiente y soberano.
  Así que o reconocemos la validez del título preliminar de la Constitución que establece que la soberanía nacional reside en la voluntad del  pueblo español y que de ahí emanan los poderes del Estado, o lo cambiamos para darle una redacción más acorde con la realidad , algo así como que la soberanía de este país emana - por ser correcto- de la voluntad de Merkel, o de donde sea que esta señora guarde sus intereses políticos y los intereses económicos de la clase a la que sirve y que la sustenta en el poder .
    Mientras, los voceros mediáticos del poder bendicen a dios porque , al menos, esta crisis la gestiona el PP. Asquea leer a gente que anteponen el odio al contrincante político a la razón y a la propia subsistencia. Quizá se sientan protegidos de ese futuro de exclusión que nos aventura el pensamiento independiente de medio mundo. Guardaré silencio sobre ellos. Sólo me inspiran asco, deseos inevitables de liberar ese asco con insultos. Maldita la hora en que nacieron sin conciencia. No olvidaré sus nombres, por si un día me necesitan. Les cerraré mi puerta y les diré por qué con desprecio infinito.
      

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