Vistas de página en total

martes, 18 de diciembre de 2012

Capio es un verbo latino

     Entre los infinitos enjuagues de privatización de servicios públicos fundamentales llevados a cabo  por Esperanza Aguirre, el caso del Hospital de Collado Villalba roza lo delictivo.
            A pesar de estar terminado, por razones exclusivamente políticas - cuadrar los presupuestos de la Comunidad de Madrid y ajustar el déficit que Esperanza nos ocultó-, permanecerá cerrado en 2013.
            Pero la empresa privada, Capio, que accedió por convenio a la explotación de dicho servicio público cobrará de las arcas de la Comunidad casi un millón de euros mensuales, IVA incluido.
            La gestión es, desde luego, ejemplar. 
            La Comunidad no presta un servicio que se consideró prioritario en su momento para una población de más de 100.000 habitantes , tras declarar la obra "de interés general" para acelerar los trámites. Pero los paga religiosamente, porque así lo estableció en su convenio de explotación con el capital privado. Y los convenios están para cumplirlos. Salvo - por citar uno sólo- el de los tres millones largos de funcionarios que  teníamos establecido en nuestro convenio laboral la distribución de nuestro salario  en catorce pagas anuales, a los que se nos ha detraído una por decreto, de momento.             Seguramente, porque el incumplimiento de este convenio era imprescindible para garantizar  inmoralidades como la de Collado Villalba.
            Que la privatización de los servicios públicos ahorra costes es la gran mentira que argumentan desde las esferas de poder del Partido Popular. He ahí la muestra.
            Seguramente el convenio será legal. Hasta ahí podíamos llegar. Pero hace tiempo que lo legal y lo justo o  lo legítimo amenazan divorcio agresivo en esta plutocracia corrompida en la que ha degenerado nuestro sistema democrático.  
            Quien no desmiente el acierto con que escogieron su nombre es esa empresa beneficiaria, "Capio".
            Podría ser casualidad, pero más parece broma de mal gusto. CAPIO es la primera persona del presente de un verbo latino que significa "yo tomo, yo cojo, yo me apropio, yo capturo, yo me adueño..." No puede ser más cierto. Se apropian de  casi un millón de euros mensuales de las arcas de la Comunidad de Madrid sin mover un clavo. 
            La raíz de ese verbo comporta un significado estrechamente vinculado con el uso de fuerza y de violencia: capturar, cautivo, en nuestra lengua, dan buena prueba de ello.
            Pero ahora se estila una violencia subterránea, que pasa desapercibida durante mucho tiempo a los ojos incautos. Se denomina corrupción. Y se origina cuando los intereses del capital y del poder político coinciden en la búsqueda del enriquecimiento personal y del mantenimiento del poder esquilmando las arcas públicas. Mirad alrededor. Tenéis cientos de ejemplos; cientos de nombres de implicados circulan por los medios de comunicación.
            El procedimiento es bien sencillo. El capitalismo clientelar se garantiza el favor del poder político en el acceso a los servicios públicos y comparte beneficios. Habitualmente, de la forma más burda, es el cargo político el perceptor del beneficio corruptor. Pero ése es un procedimiento de palurdos, de provincianos ambiciosos y torpes aunque les fabriquen los trajes a medida. Esos, aunque más tarde de los deseable, suelen caer en manos de la justicia.  
            La forma aristocrática es algo más elegante y rebuscada. Dos eslabones de la misma cadena se aúnan para consagrar esa unión contra natura. 
            De una parte, se coloca en puestos de relevancia del organigrama empresarial a ex altos cargos políticos  de cualquier partido que, además de obtener salarios desmesurados, a veces por la simple figuración en los organigramas, para garantizar su fidelidad, son el puente fiable por el que circula el apoyo del poder político y, en dirección contraria, el porcentaje que engrosa los recursos del partido para pagar sus nóminas, sus campañas o los favores debidos. 
   De otra parte están los vínculos, mucho más estrechos y poderosos, relacionados con la consanguinidad o el parentesco. Se contrata para puestos de relevancia, en el oscuro cajón de los asesores, a familiares  próximos  a quienes ostentan el poder personal y se les ata por medio de potentes lazos económicos. Este no suele fallar. Y no es de uso exclusivo para el dominio de los partidos políticos. Se usa, igualmente para otras instituciones de poder verdadero, sea este visible o esté oculto. Obsérvense las ocupaciones de algunos miembros de la familia real, por poner un sólo ejemplo.
   Así que resulta legítimo emboscarse en la suspicacia. Legítimo y necesario.
            Capio ya domina los centros médicos privatizados de la Comunidad de Valencia, de inmaculada trayectoria corrupta en la última década. Y empieza a dominar los de Madrid, obteniendo beneficios, incluso un año antes de prestar servicios. 
            Yo ya no creo en casualidades.
            Un día, cuando ya sea tarde para evitar expolios, quizá afloren a la luz en el caso del hospital de Collado Villalba esos vínculos contra natura con los que el actual gobierno y sus cómplices históricos están desmontando de forma acelerada este país.  
            Ojalá, si ese día llega, tengamos aún redaños para recuperar lo que perdimos. Y, redaños para poner ante el juez a los que esquilman nuestros derechos y nuestros bolsillos en su exclusivo beneficio.



No hay comentarios:

Publicar un comentario