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jueves, 4 de julio de 2013

Sin corazón y sin redaños


Cumbre de Berlín ( Foto J.Eisele . AFP)

        Frau Merkel está en campaña. Y la Europa vergonzante que administra nuestras vidas le hace el juego. Ayer la orca alemana, mamífero marino depredador de sus propios congéneres, esta destructora de Europa, invadió las portadas de todos los grandes periódicos europeos para solicitarnos paciencia con sus medidas hasta que ella nos convierta en países competitivos de verdad. Aprovechó para recriminar a los ricos  que no hayan arrimado el hombro en los malos momentos. Los acusó de insolidarios. 
            Su intervención de ayer viene a confirmar dos evidencias. 
            La primera es que, a pesar de sus airadas protestas frente a quienes lo vienen denunciando, es Alemania quien dicta las verdaderas normas del juego; y ella lo reconoció de forma explícita. Es Alemania la que controla las instituciones europeas, como el BCE, el Consejo General y los Parlamentos Europeos a los que minimiza o sustituye mediante las amenazas económicas. Es Alemania la que empobrece el continente y desvirtúa los sistemas democráticos anteponiendo los intereses del capital a los derechos humanos.
            La segunda es que el capital se rige por un credo religioso, alguna biblia, algún decálogo nacido en algún monte sagrado. Debe ser generoso con los pobres, caritativo. Nada tienen que decir los Estados y su obligación de regular las relaciones económicas, la justicia social, el sistema impositivo que equilibre las desigualdades sociales. El capital va bien servido con el rapapolvo de Frau Merkel. "Insolidarios, que sois muy insolidarios".
            Y si hay padres de familia alemanes necesitados de compatibilizar tres "minijobs" para sacar adelante a la familia, eso debe ser competitividad; de eso no habla biblia alguna; eso es así porque el capital resulta insolidario. El estado Alemán ya hizo su parte, porque Alemania aguanta la crisis todavía. Y al capital no hay que establecerle normas; resulta suficiente con los buenos consejos y las leves reprimendas. Antes bien, hay que proporcionarle una autopista, privarlo de ataduras incómodas, facilitarle la acumulación desmedida de beneficios injustificables, porque eso es aumentar la riqueza, el PIB, la renta per cápita, las hermosas estadísticas que nos salvan los muebles en los momentos de necesidad ante los electores, aunque la pobreza se enrosque en los tobillos de un número creciente de ciudadanos europeos, como una serpiente venenosa.
            Algunos expertos ven señales de que Alemania rectifica. A regañadientes, aunque Ángela Merkel, de campaña, se atribuya el mérito de las iniciativas. Las medidas para el empleo juvenil, -miserables e insignificantes, una burda treta del capitalismo europeo para calmar las aguas revueltas del Sur esquilmado-, han sido propuestas en ocasiones anteriores y vetadas, precisamente, por Frau Merkel.
            Ahora la Europa del Sur tiene una agitación social que la convierte en peligrosa para la estabilidad de la Europa rica, y Frau Merkel, condescendiente, acepta la propuesta de destinar seis mil millones a combatir el paro juvenil. Por cada uno de estos euros, Europa ha destinado ya doscientos mil euros a recuperar el sistema financiero europeo. Uno a doscientos mil da una clara idea de la proporcionalidad de los valores que imperan en la Europa Merkeliana. Rescata bancos, el instrumento principal del capitalismo especulativo, y hunde a seres humanos en el pozo de la miseria. Seis mil millones para combatir el paro juvenil en Europa. De risa. Sólo en intereses de nuestra deuda - la deuda de la gran banca española que pagamos entre todos- España debe abonar en 2013 la insignificante cantidad de treinta y nueve mil millones de euros. Pero Rajoy enarbola como la bandera de un vencedor los mil seiscientos millones que dedicará a rebajar prestaciones sociales de las empresas que contraten jóvenes españoles en paro. ¡Hasta que se agoten, claro! Todo un éxito político que nos sacará de la ruina. 
            Frau Merkel está en campaña. A algunos engañará. Para eso se organizan las campañas.
            Hay un plan, desde luego. La Europa política al servicio del capital ha decidido que toca bombardearnos con señales de esperanza. Sólo que la mentira de las buenas nuevas tiene las patas cortas. En España, por no  realizar un viaje más largo en estos tiempos de escasez, suenan campanas de esperanza que manda repicar a sus voceros  un gobierno cercado por la certeza de la corrupción, desde casi sus orígenes, en sus procedimientos de financiación. Casi ciento treinta mil personas menos en las listas del paro. ¡Albricias! ¡Son las medidas del gobierno que, por fin dan sus frutos! Lástima que cotejando las listas de altas en la Seguridad Social del mismo periodo, solo se han producido unas treinta mil altas, es decir, treinta mil empleos verdaderos, como suele suceder cada año por el empleo estacional en la temporada alta del turismo veraniego. Más vale mandar al campanero que se ahorre el esfuerzo. La mentira y la manipulación como soporte de un gobierno es, además de una falta de respeto a la ciudadanía, un recurso que priva de la legitimidad de ejercicio, una razón de peso para exigir a un gobierno que se vaya.
            En la foto que acompaña, el mensaje, yo creo que intencionado del reportero gráfico, no puede ser más pertinente; Merkel ubica al coro de figurantes en su foto de campaña. Sólo que esos figurantes son los representantes de todos los gobiernos democráticos de la Unión Europea. 
            Uno siente vergüenza inevitablemente ante esta Europa sin corazón y sin redaños. Es una Europa envejecida, hipócrita, insensible, parasitada por los intereses económicos de una minoría.  Es una Europa sin respeto a los principios legales, a los derechos humanos, a las Constituciones democráticas que los pueblos se otorgaron. Es una Europa falsa, de cartón piedra; un decorado político artificial tras el que se esconde una manada de ladrones manejando los hilos, empujando hacia sus bolsillos los réditos de la Comunidad Humana, La Unión Europea, que más riqueza produce en el mundo. Al tiempo, nos arrebatan los derechos tan duramente conquistados. 
            Merkel está de campaña por Europa. Pide paciencia, competitividad, y un poco de caridad a los más ricos, mientras ella se niega a dotar los presupuestos europeos para los Bancos de Alimento. 
            A esta Europa yo la repudio. No es la Europa que un día me llenaba de esperanzas y cuya Constitución aprobé con mi voto. Creo sinceramente que estaríamos mejor solos, administrando y corrigiendo nuestra  situación en lo que sea posible todavía, sin esta lamentable compañía.

    
    

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