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lunes, 8 de julio de 2013

Cuatro horas con Bárcenas




Humorbrenes.blogspot.com

   
            Yo no compraría el diario El Mundo ni por prescripción facultativa. Ayer, no obstante, lo compré. 
            Supongo que, como yo, mucha gente lo haría de forma excepcional. Ayer, El Mundo, la peor inversión de Berlusconi en una cabecera de periódico que acumula pérdidas millonarias, seguramente duplicó sus ventas. Por fin Bárcenas, conocedor sin duda de que le estaban preparando alojamiento en Soto del Real, establecía una maniobra defensiva.
            Pedro J. Ramírez es un intrigante compulsivo, pero cuenta la verdad, sin duda alguna. No toda la verdad, desde luego. Cuatro horas de entrevista con un hombre, seguramente desesperado, dan mucho juego. El director de El Mundo administrará ahora los tiempos para ir desgranando poco a poco el resto de las confidencias de Bárcenas. Será bueno para las ventas del diario y Pedro J. gozará con su juego preferido.
            Que ha habido pacto es evidente. Bárcenas ha solicitado aparecer como un hombre de partido. Su única culpa ha sido cumplir órdenes de instancias superiores sin entrar en valoraciones morales. 
            En realidad, salvo detalles de sus relaciones personales con la cúpula del Partido durante los últimos tiempos, sólo hay un aspecto verdaderamente novedoso en la entrevista: el reconocimiento de Bárcenas de que la única ilegalidad que él ha cometido ha sido a instancias de María Dolores de Cospedal. Cobró por encargo del PP de Castilla-La Mancha una comisión de doscientos mil euros a una empresa constructora a cambio de la adjudicación de una contrata municipal. O sea, la impoluta Cospedal no tiene las manos tan limpias. ¿Quién las tendrá? 
            Bárcenas reconoce los hechos, la financiación ilegal del Partido Popular desde hace, al menos, veinte años. Él sólo ha sido un continuador de un sistema que encontró en perfecto funcionamiento. Y lo ha hecho por fidelidad. Es su partido. No necesitábamos esta confirmación. Lo sabemos desde el caso Naseiro. Lo ha puesto blanco sobre negro la  trama soberbia y descarada de la "Gürtel". Sus papeles, los papeles comprometedores cuya autoría reconoce en la entrevista, no son sino la confirmación definitiva con nombres y apellidos. 
            La corrupción institucional contamina inevitablemente a las personas, a los administradores y a los cómplices de la trama. La complicidad tiene su precio y la abundancia de dinero ilegitimo impulsa a la generosidad consigo mismo de cada uno de los bandidos y salteadores de contratos públicos. Eso no lo dice Bárcenas, pero lo sabemos todos.
            Bárcenas afirma que los sobresueldos en B, incluso a ministros, han sido un procedimiento habitual durante todos estos años. Y que no era solo Camps el único que recibía vestuario de lujo de una trama delincuente. También Rajoy, al parecer, lo hizo. Y parece que con su sobre en B, el actual presidente de gobierno recibía también, como un detalle personal, una caja de habanos traídos directamente desde alguna isla comunista.
            Ahora sabemos que Arenas no abandonó sus responsabilidades en Andalucía por frustración, tras cuatro intentos fallidos de presidir esta Autonomía. Él es gran mediador, el pacificador de Rajoy. Rajoy lo necesitaba cerca para lidiar con Bárcenas y las consecuencias de su imputación.
            Parece que Bárcenas, que ha pactado con la cúpula dirigente muchos aspectos derivados de todo este entramado de corrupción, ha conducido en dirección prohibida en la decisión de conceder esta entrevista al director de El Mundo. La consecuencia inmediata es que sus abogados, es de suponer que gente afín al PP que lleva defendiéndolo varios años desde que fue vinculado a la trama Gürtel, han renunciado a su defensa hoy mismo. Aducen pérdida de confianza o discrepancias profesionales, la figura habitual de cortesía cuando el encausado y su defensa no siguen los mismos derroteros de estrategia  en el proceso.
            La conclusión más dolorosa de todo este montón de basura que se remueve es que nuestro sistema democrático ha sido corrompido por los propios partidos políticos. El silencio de las empresas sobre estos procedimientos, -ha sido raro el caso de denuncia, como el del Restaurante La Raza en Sevilla, quizá porque las condiciones le parecieron inaceptables-, habla a las claras de que el cobro de comisiones es práctica habitual del poder político para las concesiones en los concursos públicos. Y no pagan las empresas, desde luego. Es una falacia. Pagamos nosotros. Cada comisión pagada se incluye en la factura como un sobreprecio necesario y pactado. La financiación irregular de los partidos y los sobresueldos de quienes llegan a la política para buscar el enriquecimiento personal burlando las leyes y la confianza ciudadana, sale, como todo lo demás, de los impuestos que pagamos quienes pagamos impuestos También, justo es decirlo, habrá pagado Europa, porque muchas obras públicas se han afrontado con dinero de la cooperación europea al desarrollo. 
            Ya ni llama la atención el silencio de los políticos implicados por Bárcenas durante la entrevista con Pedro J. Ramírez. Nadie se toma la molestia de reaccionar desmintiendo sus afirmaciones. Si yo fuera Cospedal, habría reaccionado hoy con la virulencia que merece la acusación de Bárcenas, como un crótalo al que pisan la cola. Lejos de ello, Cospedal ha convocado a la dirección del partido. La necesidad de establecer nuevas líneas estratégicas ante lo publicado por El Mundo, sin reacciones ante la opinión pública, tiene una doble lectura. Lo que dice Bárcenas es la Biblia y los ha cogido por sorpresa.
            Y si hablan, resulta aún más indignante. En el Partido Popular, fuera de micrófonos, hay quien reprocha al Ministerio de Justicia y al Ministerio del Interior que no hayan controlado mediante la Fiscalía el asunto antes de alcanzar esta deriva peligrosa. O sea, que la Fiscalía General del Estado es un instrumento del Gobierno. Me lo temía.
            La verdad es que no me complace reflexionar sobre estas cosas. Preferiría hablar sólo de mis diferencias políticas con ellos. La corrupción de unos y otros nos deja indefensos, descreídos, y quién sabe si distanciados definitivamente de la cosa pública por desconfianza. No habría consecuencia más peligrosa para nosotros, porque aceptaríamos como inevitable la corrupción y el deterioro institucional. Habríamos perdido la esperanza y entregaríamos nuestro futuro a quienes acuden a  la política para robarnos lisa y llanamente. 
            Honestamente, creo que la solución la tienen las propias bases de los partidos. O los partidos limpian a tiempo sus interiores contaminados o habrán muerto. Ya no es cuestión de respeto institucional a los dirigentes, o de fidelidad, o de clientelismo, o de obediencia debida para ascender en la pirámide del poder. Se trata sencillamente de la supervivencia. Eso está en juego. 
            O habrá que inventar una democracia diferente.

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