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martes, 4 de junio de 2013

¿Qué hacemos con quien no cumple la función por la que le pagamos....?

       
     Voceros paniaguados de la derecha económica y política llevan deslizando hace ya tiempo una extraña forma de solidaridad obrera con la empresa que enuncian de dos formas diferentes, aunque sean una misma cosa: trabajar gratuitamente durante el periodo vacacional o renunciar a las vacaciones anuales pagadas. Ambas medidas mejorarían mucho la situación de la empresa española. Este mensaje  no puede resultarnos extraño. Los voceros de la indecencia cobran por introducir en el debate general intoxicaciones como ésta. No me cabe duda de que muchas empresas españolas están sufriendo pérdidas considerables; pero, jamás he oído a los intoxicadores que otra forma de resultar competitivos es que las empresas renuncien a una buena parte de sus beneficios, por ejemplo. 
            Tampoco he oído solicitar a esos catequistas del capitalismo rabioso que las empresas abandonen la práctica generalizada de la economía sumergida, que coticen por todos sus trabajadores inmersos en las contabilidades B, cuyo salario comparten con el sistema de compensación al desempleo. Así podríamos evitarnos el doloroso debate sobre la viabilidad del sistema de pensiones. 
            No los oigo decir que las grandes empresas españolas tienen en las paraísos fiscales, lejos de la mano de Hacienda, el equivalente a la mitad del producto interior bruto anual de este país. Evitan con ello los impuestos, generan paro, deuda pública, y carencias en servicios imprescindibles a sus conciudadanos.
            No he oído a los intoxicadores pronunciarse jamás sobre este crimen, salvo para justificarlo porque los impuestos de este país son excesivos.
            Pero por eso cobran. Es su oficio.
            Sin embrago, lo de Linde clama al cielo. A Linde, el gobernador del Banco de España, sintiéndose autorizado por su función eminente, le entró la vocación de asesor laboralista de forma repentina y, en su informe anual, recomienda que los trabajadores españoles acepten trabajar por salarios inferiores al salario mínimo establecido por la ley. Eso nos hará competitivos. 
            Y trabajar sin salario, aun más, supongo yo. 
            Pero en el informe anual del Banco de España, tan inclinado a meterse en terrenos que en absoluto le conciernen, se echan en falta datos, respuestas a cuestiones que sí son de su exclusiva incumbencia.
            Por ejemplo, ¿por qué los veinte mil millones que el gobierno avala mediante el ICO, Instituto de Crédito Oficial, -y ahí sí ha cumplido un cometido imprescindible para aminorar el impacto de la crisis- para la pequeña y mediana empresa no están ya produciendo efectos positivos? ¿Por qué la banca privada considera que la garantía del Estado es insuficiente para este crédito, cuando compra deuda pública a manos llenas, siendo  el mismo Estado quien la avala? ¿Podría ser que el interés que el Estado tiene establecido para esos créditos está muy por debajo a los intereses especulativos de la deuda pública? 
            ¿Por qué Linde no aborda en su informe esta lacerante situación? Parece claro que sin crédito asequible a la pequeña y a la mediana empresa - unida a otras medidas imprescindibles-  la crisis se eternizará en este país.
            Linde tampoco afronta  en su informe una cuestión primordial que es competencia exclusiva del Banco de España. Si el Banco Central Europeo, cumpliendo también su función en este caso, pone a disposición de la banca privada ingentes cantidades de dinero a un interés del 0,5% para que fluya el dinero a intereses asequibles y se recuperen las economías nacionales, ¿por qué los intereses de los préstamos bancarios rozan el 9%?
            No abundaré en cuestiones que podrían cansaros. Sólo las traigo a colación  para fundamentar la indignidad que hoy me tortura. 
            Dos verdades la configuran hoy. 
            La Banca  llevada por su ambición irresponsable generó esta crisis. Las locuras privadas de sus gestores se han convertido en deuda pública, que es tanto como decir deuda compartida por cada uno de nosotros. No contenta con ello, la Banca ahonda la profundidad de la fosa a la que nos arrastró. Lejos de ser el instrumento de recuperación  -ese sistema financiero que tanto defienden los gobiernos de derecha por encima de los derechos ciudadanos-, son el martillo con el que capitalismo especulativo machaca el armazón frágil de nuestro ordenamiento constitucional, de nuestros derechos y de nuestras libertades; la cadena que pretende sujetarnos con grilletes económicos a la galera de la miseria y de nuevas formas de servidumbre que creíamos encerradas en vitrinas polvorientas en el museo de la historia, al menos en Europa.
            Pero esa es su propia naturaleza. Buscar el beneficio, sin atender a principios legales, morales, éticos o humanitarios. Esa es la naturaleza del capitalismo y la banca es uno de sus más eficaces instrumentos.
            Tan poco fiable es, que los Estados establecieron un poderoso instrumento regulador, los Bancos Nacionales. Y dotaron de poderes extraordinarios a sus gobernadores, cuya función primordial es vigilar el comportamiento de la banca privada y establecer las correcciones pertinentes para evitar catástrofes.
            La otra verdad es que Luis Linde, el gobernador del Banco de España cuya obligación es regular el sistema financiero español, siguiendo una arraigada tradición muy desarrollada ya por sus antecesores, no cumple la función por la que cobra - un sueldo envidiable- de nuestros impuestos. Lejos de ello se dedica a reforzar teorías económicas ultraliberales, antisociales y escasamente recomendables en la actual situación económica. Creo que ha confundido sus funciones. O resulta un completo incompetente. Cualquiera de los dos motivos sería suficiente para que alguien del gobierno le hubiese solicitado ya la dimisión. El Banco de España no parece el lugar más adecuado para situar a los amigotes incompetentes.
            ¿O sí, si la afinidad política es la única garantía que se precisa?
   

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