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lunes, 10 de junio de 2013

Claro que nos espían

     Hasta tal punto la inmoralidad se ha adueñado de nuestro presente que vivimos rodeados de conceptos vacíos. Creemos ser dueños de nuestras vidas, de nuestro tiempo, de nuestros movimientos y del espacio por el que circulamos casi sin limitaciones. Es sólo un espejismo inducido por convencionalismos hábilmente incorporados a nuestra existencia con el propósito de mantenernos apaciguados, como a un rebaño al que se le permite la ilusión de sentirse dueño de sus movimientos en el prado donde lo apacienta su pastor.
            Derechos humanos es, en los tiempos que corren, el concepto más distante de su significado original que yo conozco. A no mucha distancia en cuanto al proceso demoledor de vaciedad de contenido al que actualmente es sometida está la palabra libertad. Podemos continuar durante mucho tiempo enunciando conceptos desnaturalizados por la degradación de los valores humanos; o retorcidas perífrasis con las que los comunicadores oficiales intentar enmascarar las medidas inhumanas o las situaciones insostenibles. 
            Pero, por rabiosa actualidad, el concepto que acaba de desnucarse ante los ojos de mucha gente incauta es el derecho a la privacidad en nuestras vidas personales.
            De pronto nos hemos enterado. 
            EE.UU. espía al mundo entero por razones de seguridad. Luxemburgo espía al Gran Duque y al Jefe de Gobierno. Inglaterra espía a sus ciudadanos siguiendo los pasos del amigo americano. Y ya sabíamos que China utiliza el ciberespacio como escenario de una guerra sorda. Y por lo que a mí se me alcanza, estos casos que la prensa airea son sólo el exponente de procedimientos generalizados, y no sólo por parte del poder político, sino, sobre todo, por parte del poder económico que maneja el mundo.
            La red y la telefonía móvil han supuesto una revolución sin precedentes en la historia humana. Nunca nadie tuvo a su alcance instrumentos más poderosos para la comunicación. Pero tampoco nunca tuvieron los que administran el poder una cadena más segura con la que sujetarnos del collar.
            Admitámoslo. La libertad en su sentido estricto ha muerto. Nos queda su reflejo como señuelo. Mientras nos lo muestren, creeremos que somos los dueños de nuestras decisiones. Y, quizás, en cierta medida aun seamos dueños de algunas en la esfera privada, pero sólo de aquellas que no afectan al orden que nos han diseñado.
            Vuestra tarjeta de crédito es una enciclopedia sobre vuestra vida que es escrutada minuciosamente con objetivos muy diversos. Vuestro banco vende esos datos. Vuestra compañía de teléfonos vende vuestros datos a empresas que se dedican, luego, a ofreceros productos por teléfono. La corrupción en determinados servicios públicos pone en circulación infinidad de datos vuestros, datos que corresponden a vuestra privacidad. Figuráis en miles de bases de datos como objetivo comercial, fundamentalmente, pero también por otras razones.
            Vuestras apariciones en la red están sometidas a un escrutinio feroz, o lo estarán algún día cuando alguien necesite información sobre vosotros. Hay ya estimaciones reales de que la mitad de los jóvenes que soliciten trabajo en el futuro quizá vean condicionada su consecución por el perfil de sí mismos que han ido dejándose a girones en la red. El curriculum será un aspecto secundario. La empresa valorará más la "huella digital".
            Estamos troceados y repartidos, como casquería, en los tenderetes de un mercado inmoral.
            Así que Obama y sus procedimientos no son algo novedoso. Solo gente cándida podría sentirse sorprendida.
            Obama, la esperanza negra de este mundo convulso necesitado de esperanzas, aunque resulten imposibles, afirmó que no se había espiado a un solo americano; solo a extranjeros, porque los extranjeros, al no estar protegidos por las barras y estrellas, carecemos de privacidad. 
            Mentía, ¡claro!
            Yo hace meses que compruebo que les interesa lo que escribo. No os diré cómo ahora, pero es fácil saberlo. Escondidos en sus madrigueras blindadas y armados de sus programas secretos se creen a salvo, porque desprecian la mente humana. Se equivocan. La máquina perfecta la diseñó la evolución en un largo proceso y la llevamos entre los huesos del cráneo. No son los únicos que indagan en los contenidos de este blog que intenta denunciar los procedimientos del capitalismo y la servidumbre de los gobiernos cómplices. No me incomoda. Escribo para que los demás lo lean. Me produce regocijo que se alarmen. Ellos y media Europa. Y si uno quiere visitas de un lugar determinado, sólo tiene que utilizar palabras clave, las que hacen saltar las alarmas de la seguridad local. Resulta divertido juguetear con ellos; en el fondo están automatizados por el miedo y por el afán de controlarlo todo. Pero, resultan peligrosos para la libertad humana. Son la nueva forma del totalitarismo. Se saben impunes y no tienen el freno de ningún principio moral. 
             Aunque resulte insólito,- estábamos convencidos de que los políticos son gente honesta-, hemos sabido que Obama  es un político que miente, porque de su espionaje no se ha librado el pueblo americano.
            La realidad es que un peón minúsculo del gran engranaje de la CIA, probablemente el que curioseaba vuestro blog hasta la semana pasada  en busca de palabras peligrosas, un tal Edward Snowden, un tipo con cara de chico educado, seguramente mormón de clase media acomodada, se ha ido de la lengua en un arrebato de honestidad, dolido por la intromisión del Estado en la privacidad de sus conciudadanos.
            Casualidades de la vida. Ha sucedido un par de días antes de la cumbre entre Obama y Xi Jinping, el presidente chino. Había cosas que tratar. Ahora China es el gran competidor por el dominio del mundo. El "sueño chino", control de los recursos naturales de forma silenciosa y feroz competencia comercial con Occidente, comienza a ser mucho más que un sueño. Se sustancia cada día un poco más. Y si no se puede dominar a China, parece llegado el tiempo de los pactos. 
            Obama se guardaba un reproche poderoso para esta cumbre, la agresividad china en el uso del ciberespacio para el espionaje militar, político, industrial y de cualquier otra índole.
            Casualidades de la vida, la inoportuna filtración de los procedimientos del gobierno norteamericano lo ha dejado al descubierto, desautorizado para hacer a China reproche alguno. 
            En realidad, hemos asistido a la apertura en una compleja partida de ajedrez. De salida, China ha logrado ya una posición ventajosa. Seguramente Edward Snowdem, ese espía insignificante pero dueño de un arsenal de información, es infinitamente más rico que la semana pasada. Previsoramente se encuentra refugiado, -oficialmente de vacaciones por motivos de salud-, en Hong Kong. Desde allí nos da lecciones sobre la libertad de expresión y el derecho a la privacidad de las personas.
            ¡¡Estupendo!!  
            Un tipo de la CIA con aspiraciones de convertirse en referente mundial de honestidad.
            Aprovecho para saludar al compañero de Snowdem que leerá esta entrada muchos minutos antes que vosotros, en busca de contenidos peligrosos para la seguridad de su país. 
            Un consejo, si me lo permite, señor espía de guardia. Debiera aprovechar la situación para solicitar aumento de sueldo. Ponga sobre la mesa el caso del compañero Snowdem. Un espía mal pagado, y dueño de información tan delicada, sí resulta un peligro verdadero para la seguridad de cualquier país. Como todos los seres monstruosos, cualquier forma de totalitarismo tiene la autodestrucción en su código genético. Si no entiende algún concepto, conoce mi correo; puede solicitar aclaración. 
            ¡Ea, buen servicio!  Si es usted un honorable padre de familia americano, salude en mi nombre a su señora y a sus hijos.
    

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