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jueves, 2 de mayo de 2013

Estímulos criminales en un país enfermo

     Desconozco la sensación que puede provocaros las noticias de hoy mismo sobre la política sanitaria de la Comunidad de Valencia. La Consejería de Salud estimulará económicamente - pagará primas de productividad - a los médicos que recorten las recetas de medicamentos por debajo de once euros por paciente,  a los que remitan menos pacientes a las consultas de los especialistas y a los que recurran a menos pruebas de diagnóstico.
            Desconozco la sensación que estas propuestas causarán entre la población valenciana. A mí, honestamente, y como primera y furiosa sensación, me parece una propuesta criminal. Quizá el objetivo último y no confeso sea dinamitar la sanidad pública definitivamente.
            En primer lugar ponen en entredicho la profesionalidad de los facultativos, bajo sospecha de que recetan compuestos innecesarios, de que abusan de los servicios de los especialistas, de que proponen pruebas de diagnóstico innecesarias y costosas.
            En segundo lugar ponen a los profesionales de la medicina ante la lupa de la suspicacia de los propios usuarios. Tras esta propuesta pública de la Consejería, ¿no sería legítimo que el usuario de los servicios públicos de medicina en la Comunidad Valenciana ponga en entredicho las decisiones de su médico? La salud es un asunto demasiado sensible como para sembrar desconfianza entre el paciente y el médico.
            Por otro lado, ¿quién nos garantiza que en un colectivo tan plural no se produzcan situaciones de confusión profesional, de conflicto entre el juramento hipocrático, al que aún damos crédito, y la afinidad ideológica o la complicidad política? ¿Quién nos garantiza que la necesidad económica o la ambición que ronda cualquier profesión no hagan mella en la conciencia profesional de alguien, y acabe por ignorar obligaciones deontológicas en aras de mejorar su nómina?
            La crisis es la gran excusa. La extinción de los derechos conquistados duramente durante años de avances sociales en el camino hacia la igualdad ante la ley es el gran objetivo de esta derecha desvergonzada y cínica. Quizá sea este el gobierno que merece este país mayoritariamente acomodado, aburguesado, adormecido por años de insolidaridad consumista, de sociedad mediocre y aprovechada, de gente que considera que un comportamiento ético es digno de burla e impropio de la gente avispada de verdad.
            No me digáis que exagero; un tercio del producto interior bruto es dinero negro, no cotiza. Esa es la raíz envenenada de este árbol que da frutos putrefactos en cualquier nivel donde indaguemos. El Diario de Navarra desnuda dietas desmesuradas por asistencia a más reuniones  de grupos políticos que días hábiles tiene el año.  Y no se libra ni uno solo de los Partidos. Una concejala de Izquierda Unida ha cobrado casi diez mil euros por asistir a reuniones de su grupo municipal, cuando es concejala única; es decir, por reunirse consigo misma. Unxue Barkos, de Nafarroa Bai, ha asistido a doscientas treinta reuniones para justificar casi veinte mil euros de dietas. Algunas de ellas, en fechas en las que estaba como diputada en el Parlamento Nacional; la mayor parte sin existencia de un acta mínima que justifique su razón de ser y los acuerdos establecidos...
        ¿A dónde mirar para evitar la sensación de asco?
        Os pregunto claramente, como un hombre sumamente confundido; como un hombre tremendamente decepcionado, como un hombre al que empieza a faltarle el asidero para colgar la esperanza en el futuro próximo, os pregunto, ¿qué debemos hacer con este país para que de nuevo nos merezca?
    

2 comentarios:

  1. Bueno, millones de españoles que no nos beneficiamos más allá de lo que nuestro trabajo diario nos aporta podríamos dar la vuelta a la pregunta: ¿qué debemos hacer para que este país nos vuelva a merecer?

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  2. Sea el enunciado el que sea, la gente honesta que trabaja con honradez y paga sus impuestos, la gente que va a las urnas con convencimiento democrático, la gente que un día lejano sintió lágrimas emocionadas correrle por el rostro porque habíamos conseguido , por fin, la democracia, merece otro país. El que ahora vemos deshacerse ante nuestros ojos, incrédulos ante algunos acontecimientos, es una zahúrda maloliente.

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