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sábado, 25 de mayo de 2013

Exorcistas

                                               ... No temo a la multitud innumerable
apostada contra mí por todas partes.
¡Levántate, Señor! ¡Sálvame, Dios mío!
Tú golpeas en las mejillas a mis enemigos
y rompes los dientes de los malvados....

                                   Extracto del RITUAL ROMANO PARA EL EXORCISMO

                                                                Promulgado por Juan Pablo II *

            Una de las noticias del día es, sin duda, que Rouco Varela ha nombrado ocho exorcistas, ocho ninjas de dios, para atender las necesidades de Madrid. La imaginación al poder. Este hombre debiera ser nombrado mañana mismo ministro de trabajo. Es sumamente diligente en la creación de puestos de trabajo.
            Pero llama la atención ese número, descabellado sin duda, puesto que la Iglesia recomienda que haya un exorcista en cada diócesis. Y uno ya es una concesión desmesurada al demonismo primitivo que tanto cultiva Roma para mantener el temor humano como fundamento de la fe.
            Sabrá algo Rouco sobre el índice de endemoniados de Madrid que los demás desconocemos. No sería de extrañar que hubiera bastantes más por metro cuadrado que en cualquier otro lugar de España. En esa tierra, laboratorio experimental de las políticas neoliberales de Aguirre durante años y sede del gobierno, habrá encontrado el maligno la ocasión propicia de adueñarse de las almas de muchos ciudadanos, convencidos definitivamente de que dios se ha olvidado de ellos. 
            Pero yo opino que la justificación de esa medida extraordinaria es que Rouco, desde su posición jerárquica preeminente, distingue algunas de las pruebas irrefutables de posesión extendiéndose entre la población desavisada sobre la astucia del demonio. El Ritual Romano las establece con claridad.
            Una es el rechazo de los asuntos relacionados con la propia religión. 
            ¿No es una prueba manifiesta de rechazo que infinidad de personas clamen por una escuela laica y reclamen que la Religión se enseñe en las iglesias? ¿Acaso no es el maligno el que nos impulsa a reclamar que la Iglesia pague el IBI? ¿Quién puede inspirarnos la locura de reclamar que la Iglesia devuelva a la nación los bienes patrimoniales de los que se ha apoderado aprovechando la protección franquista y, luego, la de Aznar? (No es demagogia: La mezquita de Córdoba costó treinta euros al cabildo cordobés).           ¿Quién, sino el maligno, puede inspirarnos la maléfica ocurrencia de solicitar que se denuncie el Concordato con la iglesia de Roma?
            Otra prueba manifiesta de la presencia del maligno es el dominio de muchas lenguas.
            ¿Quién, sino el ángel caído, puede inspirar ese afán desconocido hasta ahora entre los más jóvenes por dominar lenguas ajenas, algunas tan extrañas como el alemán, el chino, o el finés? En opinión de la ministra Báñez hay que agradecer la generosidad de otros países y los jóvenes tienen en la "movilidad exterior" una buena oportunidad, pero Rouco, mucho más experto en asuntos trascendentes como la salvación del alma, seguramente ha percibido ahí la uña retorcida del diablo, o su rabo inquieto. La situación es desde luego digna de consideración en este país, donde la coexistencia de cuatro lenguas, un tesoro cultural que debiera enorgullecernos, podría ser causa suficiente para declarar una guerra civil.
            Y por no cansaros, citaré sólo una prueba más de posesión, la existencia de una fuerza sobrehumana. 
            Y Rouco, con su fina percepción de la realidad social , ha detectado que hace falta mucha fuerza para sobrevivir a las medidas del gobierno. Obra del diablo, sin duda, agazapado en nuestro interior. Pero ese diablo nos empuja a las plazas, y a las manifestaciones, y a los escraches, y a las huelgas, y a constituir plataformas. Nos instiga a la desobediencia y al rechazo de quienes ejercen la autoridad delegada de forma irreprochable. ¿No es acaso el diablo el que nos empuja a reclamar para la mujer el derecho a decidir sobre su maternidad, cuando todo el mundo sabe que esa decisión es un asunto del confesor, del psicólogo o del ministro de justicia...?
            Exorcismo merece ¡¡Puto diablo!!
            Ocho exorcistas para Madrid. Rouco merecería tratamiento, y quizás una institución cerrada, si éste fuera  un país razonablemente humanitario. Aquí lo beatificarán en cuanto entregue la cuchara. Y lo peor es que las nóminas de los exorcistas las pagan mis impuestos. Sostengo que la intromisión de los charlatanes en asuntos que competen a la medicina debería ser denunciable por intromisión y comportamientos irresponsables. Un Estado implicado en la defensa del bienestar de los ciudadanos debería intervenir de oficio, como hace con cualquier otra forma de intromisión profesional, especialmente  en temas de salud. ¡Pobre país!
   Pero no cerraré este escrito sin explicaros por qué comenzaba con ese extracto del Ritual de Juan Pablo II para el exorcismo.

No temo a la multitud innumerable
                                                        apostada contra mí por todas partes...

            Analizad ese mensaje victimista. El papa polaco, reaccionario, obsesivo, autoritario y soberbio, recreó la imagen de una iglesia perseguida. Vivió con esa idea durante todo el pontificado. El laicismo creciente apostado extramuros del vaticano es una amenaza insoportable. La existencia, real o imaginaria, de enemigos todo lo justifica en pos de la supervivencia. No es la iglesia irracional, regresiva, incapaz de adaptarse a la sociedad la que rechaza y persigue a las personas, incluyendo a infinidad de creyentes. Es la multitud la que persigue. Siglos de manipulación dan mucha práctica. 
      Y luego, la imagen del dios padre piadoso que predican, puesta en entredicho tantas veces por sus propios mensajes.

      ...Tú golpeas en las mejillas a mis enemigos
                                                     y rompes los dientes de los malvados....

            ¿A quién invocarán los exorcistas, a dios padre o a Mike Tyson, por utilizar un referente conocido? 
            Les encanta ese dios vengativo, terrible, el del Génesis que entrega a sus criaturas al dolor y a la muerte; el del Éxodo que mata primogénitos, envenena aguas, e inventa plagas con intenciones genocidas. La debilidad de los pueblos les hizo inventar dioses terribles para acobardar a los enemigos; el miedo les condujo a adorar seres deformes, cargados con lo peor de los defectos humanos y dotados de un poder indiscutible y mágico. Lo echan de menos como instrumento de dominación humana. Y cuando hizo aguas esa idea de un dios colérico, inventaron el castigo eterno y potenciaron el papel del diablo, un aliado en realidad.
            Tantos siglos de soberbia los ha dejado sin inteligencia emocional y sin respeto a los seres humanos. Sustentan su autoridad inexistente sobre conveniencias elevadas a categoría de verdades indiscutibles y son administradores de miedos ancestrales, primitivos, incompatibles con la razón humana.

            * Se ha filtrado, a pesar del secretismo vaticano, que para probar la eficacia de su ritual, Karol Wojtyla practicó al menos dos ceremonias de exorcismo en el Vaticano, de las que fueron objeto visitantes en los que advirtió él mismo sintomatología de posesión diabólica. No ha trascendido la eficacia de dichos exorcismos ni el historial médico de los exorcizados. Una pena.

                                                     

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