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martes, 21 de mayo de 2013

Gueto

   Hoy España se ha desayunado sorprendida - porque todavía nos queda capacidad de sorpresa- con la noticia de que los Servicio Públicos de Empleo de la Comunidad de Madrid han puesto en marcha un plan piloto macabro en su concepción y en sus objetivos no confesados.
            Los funcionarios del Servicio Público de Empleo tienen sobre su mesa una circular en la que se establecen los criterios de selección de los desempleados a los que pueden hacer llegar las escasas ofertas de empleo que actualmente tramitan: personas de entre veinte y cuarenta y cinco años, con titulación mínima de bachillerato, y que estén percibiendo prestaciones por desempleo, probablemente los que tienen más fácil la reinserción laboral en las complicadas circunstancias actuales.
            Hasta ahora funcionaba una lógica distinta, razonable y respetuosa con los derechos ciudadanos. Una vez seleccionadas las personas que respondían al perfil solicitado por la empresa, tenía prioridad para recibir la oferta de trabajo la persona que llevara más tiempo en situación de desempleo. Ahora, ni siquiera el perfil de empleado que solicita la empresa parece prioritario.  
            El resto de desempleados no existe. En la práctica, la circular proclama que los que no cumplen las citadas condiciones han sido borrados de las bases de datos de solicitantes de un puesto de trabajo para poder sobrevivir. 
            El objetivo parece claro, colocar a quien percibe prestaciones para disminuir los gastos en dicho capítulo. Extraña, especialmente, esta medida comunitaria. La Comunidad de Madrid no ahorra un solo euro con esta decisión, porque las prestaciones por desempleo las afronta el gobierno central con una dotación específica en los presupuestos generales del Estado. Casi podemos concluir que, una vez más, el Partido Popular utiliza Madrid como laboratorio para experimentar proyectos nacionales. La cadena SER ha investigado durante la mañana de hoy si estas medidas se están aplicando en alguna otra comunidad. Al parecer, Cantabria, donde el PP también gobierna en mayoría, está aplicando medidas similares. No será coincidencia. Algo trama la derecha al respecto a nivel nacional, endureciendo medidas que ya establecía en dicho sentido la reforma laboral.
            Porque quizá no es demasiado conocido, pero en la letra pequeña de la reforma laboral del gobierno de Rajoy, esa reforma que los palmeros del neoliberalismo rabiosamente inhumano no se cansan de invocar como la panacea que nos está abriendo el camino de la recuperación, mientras el paro crece cada día y aumenta la precariedad hasta límites desconocidos, establece para la empresa que contrate a una persona desempleada que perciba prestaciones una bonificación en los gastos sociales equivalente a la mitad de las prestaciones que la persona contratada estuviera percibiendo.
            En el espíritu y en la letra de la reforma laboral de Mariano Rajoy ya estaba esta práctica que ahora la Comunidad de Madrid lleva a territorios inexplorados. No conviene olvidarlo.
            Pero la derecha que gobierna Madrid excluye taxativamente a muchísimos desempleados de la posibilidad, aunque resultara difícil en condiciones de equidad, de encontrar un empleo. Trescientas mil personas, según los funcionarios del Servicio de Empleo, han quedado excluidas con esa circular. Y excluye a los más indefensos, a los más necesitados, a los más desesperados, a los de inclusión laboral más complicada en la actual coyuntura económica de Europa; excluye a las personas de menor nivel cultural, a  las personas mayores de cuarenta y cinco años y  a quienes ya no perciben prestación alguna.
            Los encierra en un gueto invisible pero rodeado de muros poderosos, la miseria, la exclusión social, la mendicidad, la inanición y la búsqueda de sobras en los cubos de basura. 
            Sabemos qué destino esperaba a los judíos del gueto. Falta saber qué procedimiento de exterminio legal habrán maquinado los gestores de esta patria indefensa que ha entregado su destino a lo más innoble, a lo más primario, a lo menos dotado de conciencia social y de capacidad política de toda su descendencia,  para borrar a los parias desempleados de las estadísticas y de los telediarios.
            Siguiendo la estrategia del discurso cínico y brutal de la Secretaria General del Partido, esa Cospedal inefable, en los últimos tiempos se han llenado las bocas con la palabra "nazi" para descalificar los movimientos de protesta ciudadana. Sin duda estaban desgastando las aristas del calificativo antes de que reventara ante su puerta. Es esta derecha irracional la que está creando guetos, la que selecciona para el sacrificio a buena parte de sus conciudadanos.
            Quizá Rajoy ha recibido la consigna por debajo de la mesa en alguna de esas reuniones semiclandestinas del Consejo de Europa donde se decide nuestro destino. Estamos en una guerra que nadie ha declarado, pero que se está desarrollando ante nuestros ojos. Aún no ha terminado pero nosotros ya la hemos perdido. Lo que ahora se discute no es el diseño de la Europa del futuro. Se establecen los costes de guerra para los perdedores, lo que hemos de pagar al vencedor que carece de bandera y nunca movilizó un solo soldado.
            No hemos perdido solo nosotros ciertamente. Europa rechaza, desprecia, se sacude treinta millones de parados que resultan costosos. Son las nuevas víctimas de esta guerra creativa, sin destrozos en el paisaje y sin millones de cadáveres abonando los campos. 
            Aún no sabemos si habrán encontrado una colonia que les esté ardiendo entre las manos, una nueva Palestina, para enviar allí a los apestados. 
            De momento, Madrid ha diseñado ya las dimensiones del gueto y ha seleccionado a sus primeros inquilinos.


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