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martes, 26 de marzo de 2013

Violencia

  Cínica, artera, destestable, manipuladora, emboscada en el silencio culpable, Cospedal  ahora sólo comparece sin preguntas para descalificar los movimientos ciudadanos, la única manifestación creíble de democracia que nos va quedando. De su jefe seguimos sin noticias creíbles. Está desaparecido hasta que amaine la tormenta desatada por Bárcenas. Resulta vergonzoso tener al presidente de gobierno convertido en rehén en tiempos tan difíciles. Pero es rehén de Bárcenas, moralmente maniatado, acobardado ante el peso de las sospechas que se ciernen sobre él y sobre la cúpula del Partido Popular durante casi toda su historia como partido político.
   Ella ataca a la Plataforma de afectados por la hipoteca. Tilda el "escrache", ese argentinismo inventado por ciudadanos olvidados por el gobierno y la justicia de su país para señalar a los culpables de sus males ante las puertas de sus casas y en presencia de su vecindario, como violencia inaceptable, como un procedimiento no democrático.
  Parece olvidarse Cospedal de que la ciudadanía  ha utilizado ya infinidad de recursos democráticos con resultados vanos, y que, como en cualquier reclamación, cada vez se ponen en la balanza procedimientos más llamativos para lograr que se nos escuche. Olvida Cospedal que la violencia es como una pelota de frontón, como un boomerang lanzado con maestría. Siempre vuelve a su punto de partida. 
  Olvida Cospedal que la violencia primaria tiene su origen en las políticas de su partido contra los derechos ciudadanos consagrados en la Constitución, contra el Estado y sus obligaciones de solidaridad con los más necesitados. Y en este caso, en la ignorancia de una iniciativa legislativa popular apoyada por nueve de cada diez españoles, como en su momento demostraban las encuestas.
   La violencia original estriba en ignorar las obligaciones de un gobierno decente que se debe a los intereses y a los derechos de los ciudadanos y, en su lugar, se arroga la defensa de los intereses de los especuladores y  del capital privado.
   La violencia original estriba en defraudar las esperanzas de quienes confían en el sistema democrático, en el fraude que supone el incumplimiento del programa electoral, en el desmantelamiento del Estado, en la manipulación, la mentira, la incapacidad de hacer frente con limpieza a la pesada carga de una sospecha de corrupción sistemática en la financiación del partido que gobierna, en la protección cómplice de los encausados, en el descrédito de las Instituciones, en la ignorancia del Parlamento como órgano de control, en las amenazas a quien se atreva a poner en duda sus medidas, sus políticas, sus procedimientos de financiación, a pesar de las evidencias.
  La violencia original estriba en animar a los cachorros de las Nuevas Generaciones a establecer órganos de control de la libertad de cátedra en los centros públicos de Castellón para evitar "el adoctrinamiento" del profesorado. Es de suponer que el correo que han arbitrado para recibir denuncias tendrá ya una larga lista de profesores de Religión.
  Huele a fascismo renacido, a pensamiento único, a miedo a la razón, a la libertad. Huele a dictadura desde kilómetros de distancia. Y ahí si hay un germen de violencia que los dirigentes locales del Partido Popular debieran cortar de raíz antes de que la violencia verdadera, incontrolada, se cobre alguna víctima.
  El escrache encierra un punto innegable de violencia, pero es como la espuma de una gigantesca ola de violencia que han ejercido de forma continuada las políticas del Partido Popular y que ahora comienza a lamer los umbrales de sus casas.
  Urge encontrar caminos, o este tiempo inclemente que vivimos dará una cosecha de violencia verdadera. Desconozco quién alzara su mano en primer lugar. Pero sé que el origen de cualquier violencia está en el fracaso político -y moral- de este gobierno. 
  Urge echarlos. Ya han dañado bastante a este país.

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