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domingo, 3 de marzo de 2013

Ecologismo incontestable

     El ministro del Interior Jorge Fernández Díaz ha participado en un coloquio sobre Religión y Espacio Público en la embajada de España en Roma. Hermoso título para un coloquio y para que un ministro de Interior se luciera en la defensa del respeto a cualquier confesión, respetuosa a su vez con la Constitución y con los Derechos Humanos, proclame la aconfesionalidad del Estado, y recuerde a cualquier confesión que su ámbito se reduce al de la vida privada de las personas.
   Pero este hombre, que acude como ministro del gobierno de España, olvida esa condición y proclama sus creencias. 
         " Si nos oponemos al matrimonio entre personas del mismo sexo, no es preciso recurrir a argumentos confesionales. Existen argumentos racionales que dicen que ese matrimonio no debe tener la misma protección por parte de los poderes públicos que el matrimonio natural. La pervivencia de la especie, por ejemplo, no estaría garantizada..."
      Hermoso argumento. La pervivencia de la especie. El ministro no defiende la posición de los obispos. Es que se ha vuelto ecologista. 
    Alguien debería explicarle que un matrimonio no es sino un contrato de ayuda mutua y de convivencia, regido por las leyes , que permite establecer procedimientos para compartir las propiedades y legar al otro tus pertenencias en caso de muerte. Esa ayuda mutua implica la crianza de los hijos y compartir las responsabilidades derivadas en su caso. Claro que sí. Pero no son los hijos la única razón de su existencia. Hay muchas otras formas para garantizar la descendencia. Todas legítimas, porque es un acto consciente y voluntario.
    Alguien debería explicarle que la mayor amenaza para la especie es el capitalismo irracional que practica su partido; que el atentado más evidente contra la especie es negar la asistencia sanitaria a quien la necesita como hace su gobierno , con algún caso de muerte ya en su debe. 
      Por esa peregrina razón deberíamos prohibir el celibato.
      Por esa peregrina razón deberíamos legislar la descendencia obligatoria en cada matrimonio "natural".
   Por esa peregrina razón deberíamos prohibir el matrimonio entre personas cuya edad no garantice descendencia.
     Por esa peregrina razón deberíamos establecer penas rigurosas para quien opta por la soltería.
     Ninguna opción personal pondrá en peligro la continuidad de la especie y el ministro la sabe. Manipula y enmascara su credo en un torpe discurso, claramente homófobo.
     No he votado a su partido, pero como miembro del gobierno me representa en un país extranjero y su  discurso servil  y lleno de torpeza ideológica me avergüenza.
     Y ya puestos, alguien debería explicarle que los individuos , todos los individuos, son iguales ante la ley y que todos merecen la misma protección por parte de los poderes públicos, hayan elegido la opción matrimonial que hayan elegido, o no hayan elegido ninguna. Y que la Constitución Española, que ellos parecen haber olvidado, establece que no cabe discriminar a nadie por razones derivadas de la infinita diversidad humana, como credo, raza,lugar de nacimiento, inclinaciones sexuales o extracción social.
    Jorge Fernández Díaz, el individuo, puede tener al respecto la opinión que desee; pero el ministro del interior de este país , si sus creencias le imposibilitan en conciencia defender ese principio constitucional, debe marcharse a casa cuanto antes.
    El Partido Popular- ahora es este ministro, pero la lista de improcedencias es ya larga- no conoce la Constitución, o la ignora, o la considera  un documento incómodo. E igual consideración debe merecerle el fallo del Tribunal Constitucional al respecto. 
    Él, que encuentra tiempo en su ocupada agenda para la comunión diaria y el rezo del rosario, cree que la pertenencia al gobierno es una buena oportunidad para hacer apostolado. Se confunde. Es una buena oportunidad para gobernar. No necesito que el ministro me convierta. Con su necedad solo lograría mi empecinado alejamiento de la caverna en la que habita. Necesito que el ministro aprenda a no emplear con violencia a las fuerzas policiales contra los manifestantes, por ejemplo. 
    Ni un gramo de prudencia en sus soberbias manifestaciones. 
   Y un desprecio insultante a mucha gente. 
   Y, sobre todo, a la inteligencia. El reconocimiento de un derecho - el matrimonio como convenio público- no perjudica a nadie; molesta al integrismo irracional de quienes se sienten comprensivos ante la violencia sexual  y los abusos a menores, olvidados ya de aquella advertencia del fundador en la que hablaba de piedras de molinos y el fondo del mar para quien escandalizara a un inocente. 
   Si se cumpliera esa amenaza del nazareno, habría infinidad de sotanas y capelos cardenalicios flotando sobre todos los mares de este mundo. Y quizás, si es el escándalo la causa del castigo, alguna cartera ministerial, porque sobran intervenciones escandalosas, como ésta.
  

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