De pronto todo resulta
inevitable.
La podredumbre política se acepta. Los
medios callan. El poder corrompe también la información. Toda la información.
Somos un país de animales domados, acomodaticios, acobardados frente al poder
lo ejerza quien lo ejerza. Somos un país al que sólo le corresponde un
sentimiento legítimo, sentirse avergonzado de sí mismo; un país que acepta la
manipulación y la mentira porque le sirve de disculpa para la huida
Ya no importa el crimen; importa quién
lo juzga. Al final, habrá bandidos que saldrán ilesos y jueces enjuiciados.
Otra vez.
Sofoca mi conciencia un convencimiento
que cada día cobra más fuerza. El crimen organizado desde las alturas del poder
político cuenta con la protección imprescindible de una parte del poder
judicial, la que controla el ejecutivo con su política de clientelismo y
nombramientos interesados.
Da asco. ¿Democracia...? Dudo que ese
nombre sea de aplicación a la situación que ahora vivimos.
De ahí la conveniencia del silencio. De
mi conciencia solo aflora a borbotones la decepción, el asco y la
vergüenza.
Mejor, el silencio. Una voz menos
denunciando la indignidad no hará peor el mundo que habitamos.
Gracias por la atención que alguna vez
habéis prestado a estos escritos.
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