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miércoles, 6 de febrero de 2013

Un dios territorial

    En 2010 unos turistas austriacos , de fe musulmana, pretendieron rezar según su rito en la mezquita de Córdoba,  Patrimonio Cultural de la Humanidad, hoy convertida en catedral cristiana. Los vigilantes de dicho monumento les impidieron la oración. Hubo forcejeos, enfrentamientos, y quizá daños personales. Ahora se celebra el juicio contra aquellos turistas austriacos.
      Cuesta trabajo entender qué impulso atávico llevó a los vigilantes a considerar profanación la oración de otros hombres, fuera cual fuera su lengua, su fe, la orientación de sus cabezas, en dirección a la Meca o al mismo polo Sur. ¿Fue un impulso atávico o una consigna del cabildo?
     Tanto da. Me pregunto qué fe torcida ha hecho anidar en la imaginación humana un dios menor, territorial, soberbio, asustadizo, temeroso del hombre que le reza .
       ¿Cómo sacaréis de su indefensa oscuridad a un pobre agnóstico poniendo ante sus ojos descreídos a un dios así...?
       Porque ese dios, cuyo territorio defendéis con celo capaz de avergonzar a un ser civilizado, es un dios insoportable, más insensato que infinidad de sus criaturas.
       Si existe un dios será, sin duda, un ser civilizado. 
     Espero que no sea el Yavé Dios del  Paraíso que perdimos; aquel que nos fabricó defectuosos y aguardó el primer error para dejarnos ver su rostro vengativo. Que no sea ningún dios de los que han escrito a fuego la palabra guerra en sus libros sagrados. Ninguno de los dioses que confían en la violencia y predican la  exclusión y la venganza.
     Concebisteis a vuestros dioses como un arsenal de omnipotencia belicosa para asustar al enemigo en los albores de la Historia y , tras siglos de civilización al parecer inútil, aún necesitáis que aflore su rostro terrible y arbitrario para justificar vuestras miserias, vuestros miedos, vuestra intolerancia ¡Pobres dioses!
    Si existe un dios, espero que se haya otorgado a si mismo las suficiente generosidad que le permita  perdonaros por el daño inevitable que causáis a su imagen y a su idea.
      El dios en el que yo no creo, pero que puedo imaginar, es mucho más creíble, más digno de respeto, que los vuestros. Ese dios imposible jamás vería en un hombre que reza a un enemigo potencial. Se sentiría orgulloso de que seres humanos de cualquier lugar de la tierra se reunieran en paz en espacios tan significativos que la humanidad entera proclama  Patrimonio común, manifestación admirable de nuestra fuerza creativa colectiva, para rezar o para hablar de nuestras cosas. 

1 comentario:

  1. El tribunal ha declarado inocentes a los austriacos musulmanes. Me congratulo.Muchos días compruebo que la única muralla que aún nos defiende es el comportamiento responsable de buena parte de los funcionarios del Estado, y entre ellos, los jueces. Algo es algo. Si hay algún dios contemplando las obras de los hombres, seguramente se sentirá satisfecho de este fallo.

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