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domingo, 24 de febrero de 2013

Fascismo sin más

 Se llama Salvador Victoria. Probablemente viste bien, de diseño, y gasta muchos euros en su aspecto personal. Seguro que cree que la colonia que usa dice mucho de su carácter y de su prestigio personal. Seguramente hasta tiene una excelente opinión de sí mismo y seguramente se considerará un triunfador. Es el número dos del PP en la Comunidad de Madrid, Consejero de Presidencia y de Justicia y portavoz del gobierno madrileño. Y tendrá dietas, guardaespaldas, coche oficial y privilegios numerosos que costean nuestros impuestos. Seguramente habrá hecho méritos para gozar de un buen retiro de asesor en empresas que valoren sus  buenos oficios cuando la política ya no reclame su desinteresada y humanitaria dedicación.
            Y como a todos ellos se le llenará la boca con la palabra democracia. Quizá la regurgita, porque no la digiere.
            Todo el día de ayer, en Twitter, lo ocupó en vomitar sus carencias democráticas en un ataque desaforado a los manifestantes que ocuparon las calles en España contra la política servil de su partido, encaminada en exclusiva a defender los intereses del sistema financiero y los de los usureros, corruptores y corrompidos que se enmascaran en ese mundo maloliente.
            "Hoy, como hace treinta y dos años, los enemigos de las libertades toman las calles y el Congreso..."
            O este partido premia con cargos delicados a la gente más burda, o , como parece, son los más cínicos  - o quizá los más miserablemente torpes-, los que logran las mejores posiciones.
            O sea, las manifestaciones de los descontentos, de los que reclaman democracia y buen gobierno, son un golpe de estado para imponer una pretendida dictadura, como aquel 23 F de infausto recuerdo. La crítica a las medidas destructivas de este gobierno es un atentado contra las libertades ciudadanas, en su interesada y despreciable opinión.
            La manipulación de la realidad es el instrumento más fiable del PP, uno de sus recursos predilectos en el ejercicio de la política. Simple y llanamente, la mentira burda. Y cuando la verdad resulta un toro bravo que embiste a la zona noble, se ignora y se decreta el silencio vergonzante. Esa estrategia, aunque no sea lo peor, encierra una incalculable dosis de desprecio a la inteligencia de la gente. Quizá, con razón, porque les da resultados.
            Mejor haría este portavoz, cuya lengua parece desconectada del cerebro racional que seguramente la naturaleza le otorgó, en explicar a sus conciudadanos por qué su gobierno cierra centros públicos de enseñanza en zonas donde la demanda de plazas justifica su existencia, y deja intactos los centros concertados  en esas mismas zonas, a pesar de tener  una demanda insignificante. Porque la sospecha que se cierne sobre todo su gobierno es que el cierre de los centros públicos tiene como única finalidad llenar las aulas de los centros privados. Y eso sí es atentar contra la libertad.
            Y contra ese atentado, por ejemplo, se manifiestan los ciudadanos. No somos enemigos de las libertades. En realidad, somos la única esperanza de que las libertades salgan ilesas de la desaforada cacería a la que su partido las somete.
            Salvador Vitoria es el que tiene miedo a la libertad, el que no permitiría la libre manifestación del descontento ciudadano. Como aún no se atreve a utilizar otra violencia, utiliza la violencia verbal. Pero, es la misma violencia.
    Es fascismo, sin más. Todo se andará. La violencia legal está ya cocinándose para coartar la libertad de manifestación.




2 comentarios:

  1. Muy certero artículo, Antonio. Esto me recuerda aquellas manifestaciones contra ETA en que el gobierno de Aznar imponía la palabra LIBERTAD, ellos que jamás han creído en tal cosa. No son sofistas, porque les estaríamos otorgando el rango de filósofos, pero sí especialistas en volver lo negro blanco y lo blanco negro a conveniencia. Y como la Iglesia, si no lo crees por la razón, lo creerás por la fe, sin más explicaciones.

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  2. La derecha desconfía de la libertad. Quiere el control de todo cuanto favorezca la libertad humana. Y desconfía de la libertad porque desconfía de las personas. O mejor, teme a las personas que pueden rebelarse contra sus comportamientos abusivos, injustos, que defienden privilegios inmorales o justifican corrupciones insoportables. No son los únicos, desde luego, pero sí los más cínicos,los más desvergonzados, los más despreciativos de la inteligencia humana. No hay una derecha en el mundo- ¡fíjate lo que digo!- verdaderamente democrática. En mi opinión, tampoco hay una derecha inteligente en ningún rincón del planeta. Su discurso me asquea. Y sus acólitos serviles, más aún.

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