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martes, 6 de agosto de 2013

F.M.I. Una estrategia criminal

  Pongamos por caso que Raúl Castro, o Nicolás Maduro, por ponerme extremista a voluntad, en un arrebato pedagógico, enviaran al gobierno por conducto oficial un manifiesto recomendándole la nacionalización de la banca y la de las grandes empresas, con el objetivo de destinar sus beneficios a mejorar el empleo, los salarios, las prestaciones sociales, la educación pública, la sanidad y el sistema de pensiones. Pongamos que afirman, además, que es el camino más corto y más justo para salir de la crisis.
            ¿Hasta dónde llegarían los gritos y las descalificaciones por semejante atrevimiento de dos representantes de un pensamiento político anacrónico y fuera de lugar? ¿Qué voces no se oirían reclamando respeto a la soberanía de los países para establecer sus políticas económicas? ¿Cuántas vestiduras no se rasgarían ante la osadía imperdonable de esos dos individuos  que se sintieron moralmente autorizados para una intromisión inaceptable en la sagrada independencia del país...? ¿Cuántos políticos, entre ministros, portavoces, secretarias generales, presidentas cesantes de autonomías, perceptores de sobres marrones o peones asalariados cuya única función parlamentaria es aclamar al líder bajo sospecha e insultar a quién ose ponerlo en dificultades, saldrían apresuradamente del retiro estival para descalificar semejantes aseveraciones...?
            Pensadlo por un momento. 
            Se da el caso, sin embargo, de que en la última semana el FMI si ha traspasado, una vez más, los límites de nuestra autonomía sin que nadie parezca escandalizarse. ¿Por qué? ¡Es un misterio! Alguien podría haber hecho, siquiera, una breve reflexión sobre que la única persona, ajena al gobierno de la nación, que puede permitirse esas licencias es la señora Merkel. Pero, ni eso. Silencio abrumador.
            Y sus intervenciones claman al cielo. Como dijo alguna vez un conocido gallego, compañero de profesión, "ronca el carajo" con las propuestas del FMI.       Supuse que la citada expresión, y aún hoy lo creo, hacía referencia a una situación inaceptable. Pongo al cielo por testigo de que nunca jamás he vuelto a oír semejante expresión en boca ajena. Yo sí la uso en la más estricta intimidad. Pero la doy por adecuada y oportuna en este caso.
            Porque la semana pasada el FMI, amparado en unas nefastas previsiones sobre nuestro futuro económico y los males endémicos de la banca rescatada con nuestro dinero, instaba al gobierno de la nación  a tomar algunas medidas correctoras. 
            La primera, que se impusiera a los españoles, sin excepción, una rebaja salarial del diez por ciento de nuestras percepciones. Más claro, no cabe. Ni más alto.
            La segunda,  que el Gobierno acelere las reformas laborales, especialmente las referidas a alejar a los jueces de los conflictos laborales. En suma, desregularizar las relaciones laborales, dejar a los obreros sin protección legal frente a la voracidad del capital y sus condiciones leoninas.
            La tercera, la contención del gasto en educación, sanidad y pensiones.
            Y la cuarta, subir los impuestos indirectos.
            En realidad, acrecentar la intensidad de las denominadas "reformas" de la derecha. Eso es justamente lo que ha hecho hasta ahora el gobierno del PP.
            Pero da la sensación de que al FMI lo devora la impaciencia. Nuestra resistencia agónica ha superado ya el instinto de los depredadores que cazan al acecho. Creen que ha llegado la hora del zarpazo definitivo Porque esta semana han vuelto a las andadas. Hoy recomiendan al gobierno la actuación drástica, la intervención con los hombres de negro de Montoro de la gestión económica de las Comunidades Autonómicas que no cumplan con los objetivos del déficit, evaluándolas mes a mes. Cuesta creer que economistas avezados,-se supone-, gente experta en los males del mundo, consideren que el déficit se pueda corregir en unas pocas semanas. 
            Hablan de tarjetas amarillas, - apercibimento, aviso de intervención el primer mes que se produzca incumplimiento- y tarjetas rojas- intervención inmediata en caso de reincidencia en el incumplimiento de los objetivos del déficit. Ese burdo lenguaje figurado que toma como referencia el lenguaje, al parecer universal, del fútbol, tendrá como objetivo que las masas incultas y enajenadas entendamos el mensaje. De hecho lo entendemos. Lo que el FMI propone claramente es ignorar la Constitución y los Estatutos de Autonomía, que  deben parecerle documentos insignificantes, trabas burocráticas para el desarrollo de sus estrategias. 
            Como Aznar, el FMI sospecha tibieza en el indeciso Rajoy. Como Aznar, el FMI debe pensar que un pueblo que otorga mayoría absoluta a la derecha vicaria del capitalismo radical en un momento de crisis profunda está autorizando el desmontaje del Estado. ¿Para qué perder tiempo? ¡Hay que actuar con prontitud! Cada minuto perdido es beneficio que se evapora.
            Nadie responde ante semejante injerencia. Es más, editoriales de prensa que he considerado relativamente independiente hasta la fecha,-empiezo a ponerlo en duda-, dan por buenas las recomendaciones, las líneas maestras de un gobierno en la sombra, de este difuso organismo que no ha elegido nadie en las urnas democráticas.
            ¿Será que está revestido de una autoridad moral incuestionable que yo no he podido descubrir? ¿Qué es el FMI? ¿Qué funciones tiene encomendadas? ¿Cuáles son sus aportaciones históricas al beneficio colectivo de la Humanidad?
             Alguna de esas preguntas, -¿Qué es? ¿Por qué nació? ¿Qué funciones tiene encomendadas?-, están contestadas en los libros de la Historia Política y Económica del siglo XX, en las páginas subsiguientes a las grandes catástrofes económicas, -el  "crac" de 1929- y bélicas, -La Segunda Guerra Mundial-, y están al alcance de cualquiera.
            Pero la última pregunta que yo he hecho - ¿qué beneficios ha proporcionado a la humanidad en su conjunto?- está aún pendiente de que alguien le encuentre una respuesta. Distinto sería si preguntáramos por los daños que sus actuaciones han ocasionado a la Humanidad. Encontramos respuestas para llenar una enciclopedia de catástrofes económicas que han asolado a muchas regiones de la tierra.
            Cuando el FMI ha actuado en zonas azotadas por los desajustes que provoca el capitalismo de forma sistemática y en ciclos cada vez más cortos, la situación económica ha empeorado y la crisis se ha convertido en una duradera recesión. Intereses abusivos de los préstamos internacionales hasta convertir las deudas en impagables, empeoramiento de las condiciones de vida de los más pobres y de las clases medias, aumento del desempleo hasta cotas insoportables, supresión de los servicios que deben prestar los Estados, aumento considerable de la desigualdad económica... Un largo proceso que convirtió a países con problemas económicos en países inviables. Grecia es un ejemplo lacerante en la actualidad. Y otros le vamos a la zaga.
            Pero no quiero responderos yo a esa pregunta. Cederé la palabra a un Premio Nobel de Economía del año 2001, al que releo en estos días de vacaciones estivales, Joseph Stiglitz, catedrático de Economía en la Universidad de Columbia, que antes lo fuera en Yale y en Oxford, entre otras. Debe saber de lo que habla.
            Stiglitz es un pensador capitalista, un defensor del capitalismo racional frente al capitalismo especulativo que asola a la humanidad en este presente despiadado. A falta de otros recursos, nos consolamos con la lectura de los teóricos de un capitalismo menos radical. Al menos, sus análisis resultan acertados y sus propuestas parecen más sensatas que las del FMI..
            Le cedo la palabra. Las acotaciones entre paréntesis son mías. En la página 110 de su obra "El precio de la desigualdad", editada en castellano por Taurus en 2012, dice refiriéndose al FMI, " la ironía es que (con sus medidas) en las crisis provocadas por el sector financiero (una de las funciones del FMI es velar por la estabilidad de los sistemas financieros, por la estabilidad de las monedas, y ayudar a los países en crisis a salir decentemente de ellas), los trabajadores y las pequeñas y medianas empresas tienen que soportar la mayor parte de los costes. Las crisis vienen acompañadas de grandes índices de desempleo, lo que empuja los salarios a la baja, de forma que los trabajadores se ven doblemente perjudicados. En las crisis anteriores, el FMI  que normalmente actúa con el apoyo del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, (supongo que podréis sacar la conclusión de quién decide en las cuestiones transcendentales), no sólo insistía en que se llevaran a cabo grandes recortes presupuestarios por parte de los países en dificultades, lo que convertía las crisis en depresiones y recesiones (situaciones económicas más graves, duraderas y de efectos más perjudiciales para los más indefensos), sino que también exigía la liquidación a precio de saldo de los activos ( instrumentos económicos con capacidad de generar riqueza en el futuro, recursos naturales, empresas rentables, servicios públicos privatizables...) y ese  era el momento en que entraban en acción los cómplices financieros para obtener beneficios desmesurados. (Fin de la cita)
            Lo dice Stiglizt. La gestión de las crisis económicas que realiza el FMI no tiene como finalidad sacarnos de las dificultades. Antes bien, acrecienta las dificultades hasta que los países con problemas económicos son como la fruta madura que cae sola en la cesta del recolector. Y el recolector, su cómplice, es el capitalismo financiero, insaciable y criminal,  que aguarda su momento. Cuando las medidas empobrecedoras den su fruto, la ruina definitiva del país, ellos vendrán a enriquecerse sobre nuestra miseria.
            El FMI es un batallón de zapadores que socava los cimientos de la resistencia de los Estados en problemas y de su población. En ese contexto hemos de encuadrar cada una de sus propuestas. No persiguen sino el deterioro acelerado de la situación económica del país, con el objetivo de convertir nuestros activos más rentables en saldo para los depredadores. Una estrategia criminal.
            ¿Y el silencio de nuestros representantes políticos, o sus respuestas tibias y sin convencimiento? Deberíais saberlo. Estamos solos. La derecha europea es la avanzadilla política del capitalismo especulador. Cumple fielmente las consignas de su amo y señor. Y la izquierda europea desapareció hace ya mucho tiempo del campo de batalla.
            Estamos solos, pero podemos reinventar los instrumentos. Tenemos que hacerlo, o será tarde.
            Y en cuanto al FMI, alguna vez habrá que ponerlo ante los tribunales que juzgan los crímenes contra la Humanidad.

  

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