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domingo, 26 de enero de 2014

Davos, pasarela mundial de los hipócritas

      Ninguna crisis económica cumple sus objetivos hasta que no desencadena una profunda crisis social. Y ésta ha cumplido con nota esa premisa. La locura del capital produjo una falla profunda en el sistema, de por sí tan inestable que sustenta su éxito diario en el furor de unos ludópatas frenéticos, sin ética y sin otro fundamento para su vida enferma que el beneficio rápido.
            Se consumó. Sus pérdidas son ahora nuestras pérdidas. 
            Davos, esa ciudad de la Suiza neutral y hospitalaria para los capitales sin bandera, se ha transformado una vez más en la pasarela mundial de los hipócritas.
            En buena parte, estaban allí los que nos han obligado a compartir la parte alícuota de su propia culpa, los que derramaron la ruina en nuestra puerta, los que nos han robado la propia democracia. Por un lado bendicen las medidas que nos llevaron a la ruina, por otra se lamentan de sus indeseables consecuencias.
            En los albores de la crisis diseñaron una hoja de ruta cuidadosa; era la ocasión que pintan calva y que ellos llevaban años aguardando. Había que desmontar la Europa del bienestar, tan cara y tan contraria a sus verdaderos intereses. Ahora, no obstante, se lamentan. Ellos, quienes nos empujan cada día hacia la competitividad imposible con las masas hambrientas de países donde los derechos humanos no alcanzan con su escasa protección, quienes fiaban en que la desigualdad desorbitada era la tierra prometida para los triunfadores del sistema, han descubierto en Davos que el sistema se basa en el consumo de la masa.
            Rajoy presume de que es el campeón de los deberes hechos, el alumno distinguido de la Europa pobre. Y no necesita que nadie le imponga ese diploma. El se lo pone cada día.
            Ahora los interesados compañeros de viaje, cuya estación término es dejar al capital que gestione a su antojo el mercado del trabajo, se lo han puesto difícil. Porque afirman en Davos que la reforma laboral del señor Presidente y su gobierno ha hecho posible, no que descienda el paro, sino que incluso, con un trabajo, un español no tenga garantizado salir de la pobreza. 
            Y Olli Rhen, esa voz sibilina que representa lo peor de la Europa colonizada por los intereses del capital, afirma que a España le quedan diez años de oscuridad dentro del túnel.
            ¿Quién es Olli Rhen...? 
            Si lo dice Rajoy, si lo afirman a coro sus ministros, será cierto que España salió ya de la crisis. Aunque para creerlo tengamos que ignorar los datos del paro, el hundimiento del consumo interno, el derrumbe institucional, el descrédito de los partidos políticos, los focos dispersos y todavía controlados de la rebelión ciudadana, la sublevación nacionalista, y las oscuras maniobras multidisciplinares para que los tribunales de justicia  pasen por alto las culpas de los privilegiados del poder político, del poder económico o del poder de la sangre distinguida que se recibe por azar. Escoged el nombre que os plazca como paradigma. Hay docenas. 
            Habrá que creerlos, aunque para ello tengamos que ignorar la ruina que nos cerca cada día, la que cerca a familiares, amigos, conocidos... Aunque tengamos que ignorar que esta patria se ha convertido en un erial con un futuro incierto, en una tierra asolada por el incendio que ha provocado esta derecha revanchista, mediocre y sin sentido de Estado; esta derecha que sigue necesitando aparecer en alguna foto junto a individuos poderosos para sentirse protagonista del presente; esta derecha a la que el viejo poder establecido que salió ileso de la última gran guerra ni reconoce ni respeta y que mendiga un espacio en la esfera internacional  vendiendo a su país.

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