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lunes, 5 de septiembre de 2016

El verdadero bloqueo


            Cuando la borrasca política amaine, si es que amaina alguna vez, todos estaremos convencidos de que el causante de esta situación de inestabilidad habrá sido el Partido Socialista. La única coincidencia en las posturas encontradas del gallinero es que el PSOE el padre y la madre de todos los males que nos aquejan.
            No hay la más mínima duda al respecto
            A todos conviene que así sea. Un comensal menos a los postres. O eso creen lo que olvidan que buena parte del voto del PSOE proviene de un caladero histórico, de gente que en democracia nunca votó a otro partido, y, probablemente, nunca lo votará. Ese partido cimentó su fortaleza en la Transición.
            Y recibió el voto joven de una buena parte de la sociedad española, esperanzada entonces con la democracia naciente. No fue un voto que hundiera sus raíces en el odio, ni en el ajuste de cuentas, ni en el afán de laminar a un enemigo.
            Fue el voto de la esperanza, el voto de gente enamorada del futuro. Buena parte de esos votantes, siguen ahí. Conviven a duras penas con la política funcionarial y la defensa de intereses espurios en que el PSOE,- y el resto de los partidos-, ha convertido la democracia. Y conviven muy mal, sobre todo, con la corrupción.
            La decepción no cambia sus votos en otra dirección. Los empuja, en todo caso a la abstención. Pero afloran, cuando vienen mal dadas. Anguita lo aprendió hace ya mucho tiempo. E Iglesias, el discípulo aventajado, acaba de aprenderlo no hace mucho. El PSOE es un partido arraigado, al que resulta difícil desarbolar.
            No obstante, todo vale en ese noble propósito de arrojarlo a la cuneta. Se ha convertido en el culpable perfecto. Ahora carga con el peso del bloqueo a la posibilidad de que tengamos gobierno. Y, al parecer, hasta sus propios dirigentes lo asumen y lo aceptan sin emplear un ápice de las capacidades que se les suponen en rebatir ese argumento dañino.
            Nadie habla del bloqueo verdadero, el único que nos ha empujado a las segundas e inútiles elecciones generales; el único que nos empujará a las terceras e inútiles elecciones generales en plena resaca navideña. Dos partidos recién llegados y con una razonable representatividad se declaran incompatibles, como si la distancia ideológica entre sus votantes fuera sideral. 
         No advierto yo esas brechas ideológicas en la sociedad española. Sé que por la derecha o por la izquierda, el voto que han recibido los nuevos partidos representa a una sociedad flexible, joven, predispuesta a generar situaciones políticas que favorezcan sus condiciones de vida. En esta sociedad nuestra no hay territorios tribales y hostiles entre sí. Esos políticos recién llegados se equivocan.
            ¿No venían a hacer política para la gente y con la gente? ¿A qué gente creen representar? 
            Desde este rincón insignificante me atrevo a proclamar que ese es el bloqueo irracional que impide un gobierno que corrija, al menos en parte, los destrozos que el cuatrienio ominoso de mayoría absoluta del Partido Popular nos ha causado.
            El pensamiento único empobrece a la sociedad y la embrutece. Y la manipulación es un recurso totalitario.
         Al final, acabaremos aceptando que no tienen remedio y que sólo les interesa nuestro voto para tener derecho a un lugar junto al pesebre en que han convertido el Parlamento.
           
            
           
            

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