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jueves, 11 de febrero de 2016

Pudridero

            Acabo de ver un breve retazo de futuro y era negro.
            Siguiendo con su práctica indecente, el telediario de TVE nos invade hoy también con su publicidad encubierta de cada sobremesa. Podría dejar de verlo, pero hay que reconocer la fuerza que tiene el impulso autolesivo de la conciencia humana. Tendré mala conciencia por asuntos oscuros de mi vida y me impongo esta pesada penitencia.
            Hoy ha sido un robot-dependiente(a), – la voz metálica tiene una tonalidad ligeramente femenina-, creado en exclusiva para tiendas de moda.
            Su virtud principal es que,aunque lo haya visto una sola vez, reconoce al cliente cuando llega, recuerda sus gustos y asesora para dar satisfacción a ese perfil de consumidor que guarda en su memoria.
            Es el futuro, dicen. Lo celebran con sonrisa cómplice y festiva. El progreso imparable.
            Será el futuro, el progreso imparable. Yo solo veo una especie de araña, descomunal, blancuzca, torpe, fea, de lentitud exasperante.
            Yo solo veo que cada monstruo metálico, que no protestará jamás por el horario, que nunca gozará de vacaciones, que no estará jamás enfermo, ni parirá a sus hijos con dolor, ni tendrá ningún muerto que enterrar en la familia, dejará a un ser humano privado del derecho sagrado a trabajar.
         Tampoco habrá que destinarle una pensión cuando dé con sus chatarras en el contenedor del reciclaje.
       Tantos beneficios nos abruman, porque ningún robot cotiza; ninguno tiene nómina; todos se libran de esa pesada carga de pagar impuestos. 
       Por fin podremos libranos del Estado.
          Sin embargo, ningún robot sabrá nunca, como sabe el dependiente humano, que no hay esfuerzo más inútil que recordar tus gustos, porque son mudables, caprichosos, a veces vulgares y cansinos, a veces excesivos.
            Puede que pronto todos los dependientes sean robots, porque eso es lo que anda reclamando el futuro de los que nunca obtendrán bastantes beneficios sin importar el medio.
             Pero puede que para entonces ya se hayan quedado sin clientes.
            Yo tengo un convencimiento poderoso: ningún robot ocupará jamás el espacio vivo que ocupa un dependiente humano, porque ningún  robot llega a la vida con la necesidad urgente de amar, de ser útil, de sentirse amado. Ninguna de esas necesidades encontrará la respuesta apetecida en el pudridero de mendigos en que pretenden convertirnos el futuro.
            ¿Progreso…? 
      LLevamos décadas siendo empleados temporales y sin nómina en las gasolineras y en los cajeros automáticos. Pronto seremos todos trabajadores voluntarios,anónimos becarios de la banca desde nuestro propio terminal de teléfono.
             ¿ Qué progreso...?

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