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viernes, 26 de febrero de 2016

No me gusta ese pacto

        Y me refiero al que tildan como pacto histórico  Pedro Sánchez  y Albert Rivera. Es tan inane la política, tan vacía, tan incapaz de modificar el estado de las cosas que precisa pregoneros que voceen su importancia falsa y pretendidamente decisiva.
            No me gusta este pacto porque los compromisos de reparar el daño que la mayoría absoluta del Partido Popular ha ocasionado se pierden en vericuetos ambiguos de un discurso engolado. Y la voluntad decidida no se enrosca en discursos tibios y dubitativos; la voluntad decidida se proclama con palabra vibrante y convencida.
            No me gusta este pacto porque el programa del PSOE, ese reducto teórico de izquierda que estaba en la mesa de negociaciones, se ha diluido mansamente en el programa neoliberal de Ciudadanos. Y si hubiera elecciones en mayo, supongo que sus votantes le pasarán factura.
            Ciudadanos proclama que en ese pacto ha incluido el ochenta por ciento de su programa electoral. Y yo lo creo. Pero no es el programa de Ciudadanos; es el programa de Davos.
            Probablemente, cuando Pedro Sánchez ha acudido a Davos, como invitado, se ha producido la ceremonia secreta de su paso de la adolescencia a  la adultez política. Ha vuelto con el paso cambiado y un convencimiento inesperado. Se diría que  una luz cegadora lo ha derribado del caballo como a Saulo de Tarso y le ha puesto en las alforjas una fe nueva y poderosa.
            “Este pacto no suma”,- le han dicho. “¡Sumará!”,- responde. Y proclama una fidelidad  inesperada y duradera a este socio reciente. “Este pacto no tiene fecha de caducidad”,- afirma sin que nadie le pregunte al respecto. Desde que volvió de Davos era un pacto cantado. Ciudadanos es el reflejo fiel de la nueva derecha europea, la envoltura política renovada que el capitalismo andaba reclamando. El PP, la vieja guardia con resabios franquistas que condecora vírgenes, corrompido hasta la médula en su largo ejercicio del poder, no daba ya la imagen adecuada.
            Creo que en esa ceremonia secreta Pedro Sánchez se ha visto obligado a hacer un juramento neoliberal para lograr la bendición de quienes otorgan el poder de gobernar, la de aquellos que ostentan el poder verdadero, la de quienes diseñan los programas de cualquier gobierno.
       Puede que se haya traído una vaga promesa de que ese gobierno poderoso y sombrío que controla las democracias y las vacía de contenido y de sentido mediará en la abstención necesaria del Partido Popular. No será fácil. El Partido Popular es un partido malherido y rabioso. Tan solo el ejercicio del poder, o la esperanza de ejercerlo, lo mantiene unido. Sin poder, se desplomará como un edificio ruinoso y carcomido . Tendrá que reinventarse en una larga travesía por territorios poco hospitalarios. Y ellos lo saben.
      Y si la Ejecutiva aprueba dicho pacto, supongo que el PSOE también tendrá que reinventarse.

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