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lunes, 5 de enero de 2015

Administrar el miedo

           Las próximas elecciones generales en Grecia han removido un avispero. Y los intereses financieros de la Europa rica y especuladora se han despojado de la máscara. Merkel amenaza sin tapujos al votante griego.
            Si votáis en contra de los intereses de mi plutocracia, os expulsaré del euro.
            Y aun habrá quien diga que el problema de Europa es que Alemania se niega a ejercer su indiscutible liderato. ¡Menos mal!
            Syriza y otras alternativas políticas similares que han surgido son la respuesta lógica a la desnaturalización de la propia Europa. Y la propuesta de sus programas, la revisión de la UE, también son lógicas, porque la Unión Europea, controlada por los intereses financieros casi exclusivamente, ha olvidado las bases sobre las que cimentó su andamio que se ha manifestado frágil y escasamente protector, la solidaridad, la dignidad de los pueblos y las personas, y la paz en el interior del continente.
            La reacción de una buena parte de Europa ante la crisis ha sido una respuesta colonial, aprovechar las circunstancias de manera rentable para sus excedentes de capital, invertir en las economías más dependientes y controlar luego a los Estados con los criterios deshumanizados del mercado, garantizar los dividendos, asegurar el beneficio, evitar las desviaciones en los objetivos económicos.  
            Criterios empresariales, pero muy alejados de los criterios políticos que fundamentaron la fundación de la Unión Europea.
            Europa, la Europa rica, se ha olvidado de los derechos de los pueblos y de la dignidad de las personas. Y desprecia, por supuesto, la soberanía de las naciones. Solo hemos renunciado a parte de ella, pero Merkel, admonitoria y grave, parece creer que está entre sus privilegios decirle al pueblo griego a quién debe votar si no quiere recibir un castigo ejemplar.
            Pero ni Syriza, ni Podemos, las dos manifestaciones más visibles de la nausea de la ciudadanía europea ante el rostro impresentable de la Europa convertida en espolón de proa del capitalismo especulativo, son el problema de Europa, aunque nos dolerán los oídos de escucharlo desde cualquier rincón. Son solo el síntoma de una mala gestión.
            Ofuscados por la defensa de los intereses de sus verdaderos patrones, interesados en mantener sus cuotas de poder, mediocres como casi nunca en la Historia Política de este continente tumultuoso, depravado en tantas ocasiones y admirable en tantas otras, los rectores europeos parecen destinados a conducirnos a una Europa fallida, cuyas consecuencias en  el mundo incontrolable e inmoral de la globalización serán verdaderamente lamentables.
            O son obtusos y amodorrados, perezosos y acomodaticios, o están sometidos a algún poder oscuro que les impide afrontar los problemas de Europa con honestidad.
            Esta gente que ahora gestiona nuestras vidas es realmente inútil, improductiva, perjudicial. Europa es una tierra dotada por la propia evolución histórica, por el azar o por la fortuna de condiciones extraordinarias para la vida humana. Producimos la cuarta parte de la riqueza mundial y no sumamos ni la décima parte de la población mundial.  No obstante, tenemos treinta millones de desempleados, rechazamos el necesario rejuvenecimiento que podría prestarnos la inmigración, tenemos millones de pobres y excluidos, millones de niños europeos pasan hambre y carecen de los servicios básicos que establecen nuestras pomposas declaraciones políticas, millones de ancianos europeos carecen de condiciones de vida dignas y de atención sanitaria; millones de europeos carecen de vivienda. Y en Europa las desigualdades crecen a un ritmo mayor que en cualquier otro lugar del mundo.
            Quienes gestionan nuestras vidas son inútiles, improductivos y perjudiciales.
            Y  moralmente resultan inaceptables. Si os parece excesiva la afirmación que precede, reflexionad qué valoración moral os merece que presida la Comisión Europea un individuo que maquinó un sistema de protección a los mayores evasores de impuestos del capitalismo internacional por un precio insignificante en contra  de los legítimos intereses de sus socios y de los derechos de los ciudadanos de otros países. ¿Os parece moralmente irreprochable?  Pues  ahí está ese inmoral aupado a la presidencia de Europa con el voto de las dos formaciones mayoritarias.
            Cuando nos afirman que Syriza o Podemos son la amenaza de Europa están ejercitándose en su juego preferido, manipular la realidad, administrar el miedo como último recurso para mantener  su dominio férreo sobre la economía colonizada de los países más dependientes y más frágiles, convertidos en yacimiento de inversión para los depósitos de su sistema financiero.
     Las dos amenazas verdaderas que Europa soporta son el continuismo de las políticas denominadas liberales, cuyo mascarón de proa es Merkel, con el objetivo inmoral  y exclusivo de defender los intereses de la Banca y de los grandes inversores y el lento, pero imparable, ascenso de la extrema derecha en Europa, el voto del miedo alimentado en sus actitudes irracionales, racistas, xenófobas y excluyentes por una política económica interesadamente injusta y dañina para amplias capas de población.

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