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martes, 8 de julio de 2014

Un cínico no puede ser, además, desmemoriado.

        Un tipo, de nombre Ángel Gurría, que se adorna con el ostentoso cargo de Secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), afirmó ayer que un estudiante japonés tiene el mismo nivel, al acabar la Secundaria, que un licenciado universitario español. Y la prensa servil y vicaria ha convertido la ocurrencia de un cínico en titular indiscutible.
            El titular es lo que importa, especialmente el titular intencionado.
            Es esta OCDE la misma que saca conclusiones de Evaluaciones interesadas que desde hace mucho tiempo evalúan competencias de una educación sesgada por los intereses económicos que dominan nuestro mundo. Una de las conclusiones más recientes, de este mismo curso, relacionada con la Evaluación Pisa de las personas adultas, es que en los países de peores resultados en dicha Evaluación era imprescindible aceptar que los sueldos debían ser más bajos.  
            No hace falta indagar mucho más. Parecen gente diferente, pero disparan desde la misma trinchera. Este país debe aceptar que hay muchas razones objetivas para aceptar salarios miserables. Vivimos durante los años de las vacas gordas muy por encima de nuestras posibilidades y no sabemos hacer la o con el canuto de marras. De eso se trata, y el mensaje de este cínico no tiene otro objetivo.
            Además de cínico, resulta tener poca memoria. Quizás, porque siendo como es de suponer un licenciado universitario, debe andar por los niveles  de un estudiante japonés de Secundaria.
          La derecha europea y universal, la que arrebata a los pueblos los derechos conquistados, al tiempo que los empobrece y los prepara para el sometimiento al sistema productivo rayano en la esclavitud legalizada, esa derecha que domina la OCDE, diseñó la política educativa que habían de seguir en el siglo XXI los gobiernos de sus socios, los países más ricos de la tierra. Y las líneas maestras de esa política educativa quedaron plasmadas en su cuaderno de política económica nº 13, del año 1996. No se trata de un invento reciente, desde luego. Establecía la OCDE, ya en esas fechas, que el mercado laboral de los países desarrollados manifestaba una tendencia bipolar, se generarían empleos de alta cualificación tecnológica y bien remunerados, pero en torno al 60 % de los empleos futuros  sería para trabajadores sin cualificación.
            Lógicamente, ante esta perspectiva, el capitalismo se planteaba, ya en 1996, la absoluta ineficacia económica de la masificación de las enseñanzas. Las clases medias no sólo deben aceptar su pérdida de poder adquisitivo; habrán de aceptar también el empobrecimiento cultural.
            La estrategia política recomendada por la OCDE a los gobiernos era disminuir de forma paulatina la dotación a la enseñanza; recomendaba no limitar el acceso a las enseñanzas públicas, aspecto que tendría fuerte contestación social, sino ir bajando gradualmente la calidad de la misma mediante el aumento de las ratios escolares, el aumento de las horas de dedicación del profesorado, la supresión de programas costosos de atención a la diversidad, la selección temprana del alumnado cuyo destino debería ser engrosar esos empleos de baja cualificación, y, al tiempo, aumentar las exigencias económicas en las matriculas de la Universidades e ir disminuyendo la cantidad destinada a  las becas.
       Lo que está haciendo el gobierno del Partido Popular paso por paso. Dejé constancia de esto en la entrada de este blog “Wert ha plagiado su reforma educativa”. Yo, un pobre licenciado español, aun conservo buena parte de  mi memoria.
            ¿Es esta OCDE la que ahora pretende darnos lecciones morales sobre la calidad de nuestra enseñanza, o nos la habrán cambiado…?
            Por otro lado, ¿qué horizonte contempla hoy en este país cualquier aspirante a lograr una titulación? Solo  siete de cada cien titulados universitarios españoles tienen un empleo acorde con su cualificación profesional. Baste la muestra del Tribunal de Cuentas, donde se valoran infinitamente más los lazos de sangre que los títulos. Para el otro noventa y tres por ciento el horizonte es paro, subempleo, o emigración.




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