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domingo, 19 de julio de 2015

Hartos de Alemania

           Hay más de mil lecturas diferentes sobre la situación de Grecia y sobre las culpas compartidas en dicha situación. Pero hay una lectura clara y unívoca que aflora en rincones muy distantes de Europa y del planeta.
            Esa lectura unívoca anuncia que hay un oscuro temor que se cierne sobre los intelectuales. Habrá que aclarar que hablo de intelectuales en su mínima expresión, hablo de gente que conoce el pasado reciente, que no es poco; hablo de gente que conoce bien los procesos históricos del último siglo, las razones que los ocasionaron y las consecuencias, muchas veces dolorosas y terribles.
            El euro no es un hallazgo reciente, aunque lo pueda parecer. Ya cinco siglos, al menos, antes de nuestra era, los griegos unificaron su moneda, -la dracma- para facilitar el comercio entre las polis.
            El euro que copió aquella iniciativa razonable nos pareció un buen invento. Quizá lo sea. Pero, a falta de otras medidas de verdadera política europea, se ha convertido en una cárcel para mucha gente. La moneda única en este territorio amplio, rico, productivo y consumista ha producido infinidad de beneficios, pero lamentablemente repartidos. Y se ha convertido en un problema para algunas naciones, porque la ausencia de una política fiscal y de un parlamento verdadero han convertido la Unión Europea en un lugar inhóspito. Y no solo para los griegos.
            Por mucho que se empeñe el liberalismo radical que campa a sus anchas por los medios de comunicación, Grecia está siendo maltratada. Y me refiero al pueblo griego, porque los evasores griegos son recibidos con los brazos abiertos por la Europa falaz y aprovechada. Grecia ha cometido errores, como casi toda Europa, pero se les ha arrebatado su capacidad de autogobierno. 
            Grecia es hoy un protectorado de Alemania.
            Lo repetiré, por si acaso genera alguna duda. Grecia es un protectorado de Alemania. Las políticas impuestas a ese país proceden de Alemania, la inflexible defensora de sus exclusivos intereses, los de sus inversores  y los de su sistema financiero. No es solo culpa suya; hay una Europa modorra, cobarde, seguidista y servil que la secunda.
            Y ahora, definitivamente, hay un temor que se enrosca en nuestra mente. La Unión Europea es cada vez más tecnocrática y menos democrática. El Parlamento Europeo es una pantomima y una burla de cualquier sistema democrático. Gobierna Bruselas siguiendo fielmente los dictados de Alemania.
            Cada vez que Alemania, ese país soberbio y con la conciencia colectiva más cargada de culpa del planeta, intenta dominar Europa, acaba destruyéndola. Si Alemania tiene en la cabeza un proyecto europeo, antiguo y verdadero, se traduce en una Europa sometida a sus dictados. Hoy seguimos viéndolo con absoluta claridad.
            Y ese temor es el que acucia hoy a quien se atreve a vislumbrar nuestro futuro. La Unión Europea fue una iniciativa extraordinaria, pero la Unión Europea que Alemania maquina amenaza hundimiento y destrucción.

            

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