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viernes, 26 de febrero de 2016

No me gusta ese pacto

        Y me refiero al que tildan como pacto histórico  Pedro Sánchez  y Albert Rivera. Es tan inane la política, tan vacía, tan incapaz de modificar el estado de las cosas que precisa pregoneros que voceen su importancia falsa y pretendidamente decisiva.
            No me gusta este pacto porque los compromisos de reparar el daño que la mayoría absoluta del Partido Popular ha ocasionado se pierden en vericuetos ambiguos de un discurso engolado. Y la voluntad decidida no se enrosca en discursos tibios y dubitativos; la voluntad decidida se proclama con palabra vibrante y convencida.
            No me gusta este pacto porque el programa del PSOE, ese reducto teórico de izquierda que estaba en la mesa de negociaciones, se ha diluido mansamente en el programa neoliberal de Ciudadanos. Y si hubiera elecciones en mayo, supongo que sus votantes le pasarán factura.
            Ciudadanos proclama que en ese pacto ha incluido el ochenta por ciento de su programa electoral. Y yo lo creo. Pero no es el programa de Ciudadanos; es el programa de Davos.
            Probablemente, cuando Pedro Sánchez ha acudido a Davos, como invitado, se ha producido la ceremonia secreta de su paso de la adolescencia a  la adultez política. Ha vuelto con el paso cambiado y un convencimiento inesperado. Se diría que  una luz cegadora lo ha derribado del caballo como a Saulo de Tarso y le ha puesto en las alforjas una fe nueva y poderosa.
            “Este pacto no suma”,- le han dicho. “¡Sumará!”,- responde. Y proclama una fidelidad  inesperada y duradera a este socio reciente. “Este pacto no tiene fecha de caducidad”,- afirma sin que nadie le pregunte al respecto. Desde que volvió de Davos era un pacto cantado. Ciudadanos es el reflejo fiel de la nueva derecha europea, la envoltura política renovada que el capitalismo andaba reclamando. El PP, la vieja guardia con resabios franquistas que condecora vírgenes, corrompido hasta la médula en su largo ejercicio del poder, no daba ya la imagen adecuada.
            Creo que en esa ceremonia secreta Pedro Sánchez se ha visto obligado a hacer un juramento neoliberal para lograr la bendición de quienes otorgan el poder de gobernar, la de aquellos que ostentan el poder verdadero, la de quienes diseñan los programas de cualquier gobierno.
       Puede que se haya traído una vaga promesa de que ese gobierno poderoso y sombrío que controla las democracias y las vacía de contenido y de sentido mediará en la abstención necesaria del Partido Popular. No será fácil. El Partido Popular es un partido malherido y rabioso. Tan solo el ejercicio del poder, o la esperanza de ejercerlo, lo mantiene unido. Sin poder, se desplomará como un edificio ruinoso y carcomido . Tendrá que reinventarse en una larga travesía por territorios poco hospitalarios. Y ellos lo saben.
      Y si la Ejecutiva aprueba dicho pacto, supongo que el PSOE también tendrá que reinventarse.

jueves, 11 de febrero de 2016

Pudridero

            Acabo de ver un breve retazo de futuro y era negro.
            Siguiendo con su práctica indecente, el telediario de TVE nos invade hoy también con su publicidad encubierta de cada sobremesa. Podría dejar de verlo, pero hay que reconocer la fuerza que tiene el impulso autolesivo de la conciencia humana. Tendré mala conciencia por asuntos oscuros de mi vida y me impongo esta pesada penitencia.
            Hoy ha sido un robot-dependiente(a), – la voz metálica tiene una tonalidad ligeramente femenina-, creado en exclusiva para tiendas de moda.
            Su virtud principal es que,aunque lo haya visto una sola vez, reconoce al cliente cuando llega, recuerda sus gustos y asesora para dar satisfacción a ese perfil de consumidor que guarda en su memoria.
            Es el futuro, dicen. Lo celebran con sonrisa cómplice y festiva. El progreso imparable.
            Será el futuro, el progreso imparable. Yo solo veo una especie de araña, descomunal, blancuzca, torpe, fea, de lentitud exasperante.
            Yo solo veo que cada monstruo metálico, que no protestará jamás por el horario, que nunca gozará de vacaciones, que no estará jamás enfermo, ni parirá a sus hijos con dolor, ni tendrá ningún muerto que enterrar en la familia, dejará a un ser humano privado del derecho sagrado a trabajar.
         Tampoco habrá que destinarle una pensión cuando dé con sus chatarras en el contenedor del reciclaje.
       Tantos beneficios nos abruman, porque ningún robot cotiza; ninguno tiene nómina; todos se libran de esa pesada carga de pagar impuestos. 
       Por fin podremos libranos del Estado.
          Sin embargo, ningún robot sabrá nunca, como sabe el dependiente humano, que no hay esfuerzo más inútil que recordar tus gustos, porque son mudables, caprichosos, a veces vulgares y cansinos, a veces excesivos.
            Puede que pronto todos los dependientes sean robots, porque eso es lo que anda reclamando el futuro de los que nunca obtendrán bastantes beneficios sin importar el medio.
             Pero puede que para entonces ya se hayan quedado sin clientes.
            Yo tengo un convencimiento poderoso: ningún robot ocupará jamás el espacio vivo que ocupa un dependiente humano, porque ningún  robot llega a la vida con la necesidad urgente de amar, de ser útil, de sentirse amado. Ninguna de esas necesidades encontrará la respuesta apetecida en el pudridero de mendigos en que pretenden convertirnos el futuro.
            ¿Progreso…? 
      LLevamos décadas siendo empleados temporales y sin nómina en las gasolineras y en los cajeros automáticos. Pronto seremos todos trabajadores voluntarios,anónimos becarios de la banca desde nuestro propio terminal de teléfono.
             ¿ Qué progreso...?

martes, 9 de febrero de 2016

TITIRITEROS!


A Estanis, que compartió conmigo su indignación.

            Que el PP se cebe sobre el Gobierno Municipal de Madrid, esos advenedizos que lo dejaron sin su juguete preferido, es algo que no causa extrañeza alguna. Buena parte de la derecha histórica de este país no tiene redención posible. Nadie sabe cuánto tiempo será necesario para que este país se libre del enfermizo ejercicio de la política que caracteriza  a esta derecha con resabios franquistas: soberbios en el triunfo electoral, y rencorosos cuando les cambia el aire; y por lo que sabemos y queda demostrado cada día, muchos de ellos predispuestos a meter la mano en el común en beneficio propio. 
     Fantasmas del Canovismo renacido parecen, pero mucho más cínicos.
            Lo que sí escandaliza sin remedio es que encuentren la connivencia de jueces y fiscales en asuntos en los que  la independencia judicial queda en entredicho de forma dolorosa.
            Por lo que empieza a saberse, la acusación de enaltecimiento del terrorismo que pesa sobre los dos titiriteros encarcelados en Madrid sin fianza no tiene justificación alguna. Incluso la prensa internacional comienza a dirigir a ese asunto su mirada crítica.
            Marca España, que tanto ha celebrado el gobierno, saliente en buena hora.
            Se me ocurre que ese fiscal concienzudo, con la bendición del Ministro del Interior, podría solicitar prisión incondicional para Shakespeare, porque Otelo es una clara incitación a la violencia de género; o para cualquiera que programe una representación de la Electra de Sófocles, porque encierra una incitación al parricidio. La lista de delincuentes universales podría resultar interminable, incluyendo muchísimos pasajes de la Biblia cristiana.
            Tendría trabajo el hombre. La lista de obras prohibidas y encarceladas acumularía infinidad de  grandes hitos de la Literatura Universal. Basten esos ejemplos.
             A voluntad se olvidan estos hipócritas redomados de que la novela, el teatro, los teatrillos de títeres, el cine, la poesía son Arte y el Arte tiene la obligación de ponernos ante nuestras contradicciones y maldades, entre sus múltiples funciones.
            Quizás habrá que echar sobre la espalda de la Concejala de Cultura la responsabilidad de haber programado una obra de teatro callejero de claro contenido adulto en una celebración infantil.
            Estos recién llegados al poder andan escasos de cultura. Tampoco es que les sobre a los que llevan años de ejercicio, Pero los recién llegados son hijos de su tiempo, hijos de las siete Leyes Generales de Educación guerracivilistas  y escasamente productivas que hemos conocido durante nuestra corta democracia.
            Quizás la mujer oyó “títeres” y asoció el término con teatro para niños, sin preocuparse en absoluto del contenido de la obra.
            O quizás andaba necesitada de llamar la atención.
            En ausencia de  política verdadera, los recién llegados cambian placas, bustos reales, nombres de calles y de plazas , o se esfuerzan en diseñar desesperadas llamadas de atención para que sepamos que ya es un tiempo nuevo, que han llegado, que ya todo será diferente.
            Aunque nada cambie para los parados sin protección, los desahuciados, los asalariados precarios y explotados, los niños que bordean los límites fríos de la pobreza y la exclusión, los autores privados de sus derechos de autor tan pronto se jubilan si quieren cobrar una pensión del Estado, los indefensos que aguardan inútilmente que la ley de dependencia se digne mirar a su rincón, los Centros Públicos de Enseñanza sumidos en una contradicción insoportable.
            Para esa gente nada ha cambiado.
            Tampoco ha cambiado nada para los evasores de impuestos; siguen campando a sus anchas con toda libertad.
            Ayer mismo, según me aseguran, el Ministro del Interior apareció en el Telediario de la TVE, el canal del PP desde que accedieron al gobierno.  Salió con todas las armas del poder a justificar la medidas solicitadas por la fiscalía y sancionadas por un juez contra esos enaltecedores del terrorismo.
            Todo en orden.
            Un ministro del Interior sabrá de lo que habla. El terrorismo es la “bicha”, la amenaza terrible que pende ahora mismo sobre cualquiera de nosotros en cualquier lugar. Y de forma insidiosa escupió la acusación sobre los recién llegados sin necesidad de mencionarlos.
            Podemos es un nido de intenciones oscuras, un grupo incontrolado de radicales que ponen en peligro nuestros logros. Podemos enaltece la violencia. Y Pedro Sánchez, buscando un pacto de gobierno con semejante escoria.
            ¡Que Dios nos acoja en su santa gloria!
            ¡Hipócritas!
            Uno minutos después de su calculada intervención, TVE, siguiendo su desvergonzada política de publicidad encubierta en los telediarios, saludaba no se qué cumpleaños del video juego denominado Stret Fighter, “una legendaria franquicia de lucha callejera”, al alcance de cualquier niño y de cualquier adolescente que puede matar el tedio y a numerosos enemigos sin problemas de conciencia desde el sofá de su casa.
            Propongo al Sr. Ministro del Interior que lleve al responsable de Informativos de la cadena pública ante ese fiscal tan concienzudo que ha solicitado prisión incondicional para esos titiriteros, víctimas propiciatorias en todo este gran teatro de títeres que es la política nacional.
            El responsable de Informativos sí ha enaltecido la violencia,  y ésta sí, gratuita  e inexplicable.
             


viernes, 5 de febrero de 2016

SUELDOS DE ESCÁNDALO

      Un hombre honesto y amigo muy querido me remitió ayer por correo el escrito que sigue, con el ruego de divulgarlo. No tengo otro lugar que esta humilde Crónica de la Indignidad. Y ahí os lo dejo.
Es una prueba más de la falsedad que nos rodea. De una parte, discursos impecables sobre las intenciones de nuestros gobernantes y de los beneficios de la Unión Europea; de otra, la brecha creciente entre los privilegios de las élites extractivas que se han adueñado del continente, el capitalismo financiero en manos de una minoría insignificante, y sus socios políticos, los que colaboran a mantener el sistema elaborando leyes que protegen esos privilegios, y el resto de la gente, los saqueados, empobrecidos, privados de derechos indiscutibles santificados por las Constituciones democráticas y por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 
     Y no olvido a los millones de refugiados sitiados por el terrible invierno centroeuropeo en las fronteras de esta Europa cristiana y democrática que no encuentra lugar donde ponerlos, salvo quizás una tumba colectiva.

SUELDOS DE  ESCÁNDALO

¿Será verdad?
En Bruselas no hay pozos de petróleo, pero como si los hubiera, nadan en dinero (el nuestro).
 ESCÁNDALO:
Los “sátrapas” de Bruselas han aprobado, para sí mismos, la jubilación a los 50.
¡Viva la Europa de los ladrones! 
La jubilación a los 50 para los funcionarios de la Unión Económica Europea ha sido aprobada con pensiones mensuales de 9.000€. ¡Es normal que no quede nada para nosotros! Habréis notado que los políticos tienen un gran interés por entrar en la Administración Europea,
¿Por qué?
Muy simple, este año 340 funcionarios se  jubilan con 50 años y una pensión vitalicia de  9.000€ mensuales  (no es una coña, son 340  jubilados x 9.000€/mes x 12 meses x 40 años = 1.468.000.000€ que tendremos que pagar nosotros y nuestros hijos). Y esto es solo una muy pequeña parte.
  De este modo dejan sitio a nuevos funcionarios de los países que últimamente han entrado en UE (Polonia, Malta,… todos tienen derecho a un trozo de teta). ¿Quién paga esto? Nosotros, que hemos  trabajado y contribuido para lograr una pensión vergonzosa, mientras que los que hacen las leyes se hacen regalos como este. La diferencia entre ellos –los dioses del Olimpo- y nosotros –los currantes- es ya demasiado importante, abusan de nosotros y nuestra paciencia de forma desvergonzada.
ESTOS  ALTOS FUNCIONARIOS DE BRUSELAS SON UNA VERDADERA MAFIA. 
Los tecnócratas europeos disponen de unas pensiones que ni siquiera los parlamentarios tienen, que ya es decir.
Giovanni Buttarelli, controlador adjunto de protección de datos, tendrá derecho a una pensión de1,515€ mensuales tras 1 año y 11 meses de servicio. Más que un ciudadano corriente tras 40  años de cotización.  
Su colega, Peter Hustinx, después de 10 años de servicio obtendrá una pensión de 9.000€ mensuales.
Es sencillo, nadie les pasa cuentas y hacen lo que ellos quieren. 
Grass, procurador en el Tribunal Europeo, se marcha con12.500€ mensuales.  Pernilla Lindh, juez de tribunal de primera instancia, 12.900€ al mes. Ruiz-Jarabo Colomer, español, abogado general,14.000€ al mes. Podéis ver una lista en francés en: 
http://www.sauvegarde/%20retraites.org/docs/Retraite_Hauts_fonctionnaires_europeens_Annexe_3_Etude_27.pdf
En esa lista aparece un tal Jacques Barrot (73 años)con una pensión de 4.728,60 € por cinco años como comisario europeo de transportes. A esa hay que añadir su pensión como antiguo diputado en Francia, la de ex ministro, la de ex presidente del Consejo General de la Haute Loire, la de alcalde de Yssingeaux y, como corona final, el 23 de febrero de 2010 lo nombraron miembro del Consejo Constitucional. Es como si, en la misma jornada, te tocara la lotería, el euromillón, la bonoloto y la quiniela. 
Para ellos, solo con 15 años de servicio, 70% de su último salario como pensión, además de poder acumular pensiones. Nosotros hemos de trabajar 40 años (dentro de nada serán 42) y cobramos menos. 
El sistema de pensiones además dicen que está en quiebra (meter miedo para rebajarlas), cada vez nos piden que trabajemos más años para tener derecho a una exigua pensión, pero para ellos con 15 años basta y además se ponen pensiones millonarias y acumulan varias. 
Se están burlando de nosotros en la cara, nos están ordeñando. Antes eran solo los miembros de la Comisión Europea, ahora hay que sumar jueces, abogados, procuradores, mediadores, controladores,…toda una caterva de sanguijuelas.
Y lo mejor: NO COTIZAN UN CÉNTIMO, PAGAMOS NOSOTROS.
Todos  ellos ocupan esos puestos para asegurar que “se cumplan las leyes”, que “los costes sean lo más bajos posible”… ¡Bonito  ejemplo! 
Y además nos dan lecciones sobre presupuestos, nos juzgan, crean directivas para  ahorrar,… 
Yo creo que es una provocación.
Deberíamos tomar medidas o no nos quedará nada. Recuerdo a nuestros antepasados en la Edad Media; tenían un rey o un señor feudal que les agobiaba con impuestos. Si no pagaban podían perder una mano, o un hijo, o una vaca. Creo que tenían suerte, los de ahora no  necesitan usar ese tipo de violencia tan escandalosa, basta con hacer una ley que les permite entrar en tu cuenta y sacarte el dinero sin avisarte, o cargarte un recargo del 300% por algo que no has pagado a tiempo.
 ¡¡¡PÁSALO  POR  FAVOR, AUNQUE SÓLO  SEA PARA QUE LA GENTE NO VIVA  ENGAÑADA !!!

martes, 19 de enero de 2016

Sin certezas

      Lo peor de la crisis es que nos ha dejado sin algunas certezas sobre las que teníamos asentado el futuro. Sin embargo, sobre sus  cadáveres descompuestos, porque la historia y la naturaleza lo reciclan todo, florecieron esperanzas débiles.
        No han durado mucho.
        Llegaron las nuevas hornadas de políticos de izquierda sin pasado vergonzoso. Venían cargados de mensajes ilusionantes. “Hagamos política para la gente” nos dijeron. Pero no eran nuevos ni el discurso ni las intenciones.
            Llegaron ya viciados por las  viejas maneras. Traían de fábrica la tez pálida y los manguitos de los jugadores profesionales; la baraja marcada les asomaba por la bocamanga. Fulleros engolfados en el brillo fatuo del poder.  De las viejas maneras se traían aprendido el discurso calculado y envolvente que ocultaba, otra vez, intenciones inconfesables.
            Al final estamos descubriendo que solo aspiraban al poder por sí mismo, sin objetivos nobles, como echarle un pulso a la miseria.
             Los fines sociales y económicos de un programa que prometía poner freno a la desigualdad creciente ha resultado ser tan solo la envoltura de una red para apresar el voto de los desesperados o de los ilusos que se enamoran con facilidad de los envoltorios novedosos.
            De repente, pelear contra las consecuencias de cuatro años nefastos de gobierno de la derecha más servil que hayamos conocido ya no resulta urgente, mientras aclaramos dónde establecemos  inútiles fronteras.
            En mi paupérrimo, pero contrastado diccionario político, izquierda y nacionalismos son términos absolutamente incompatibles.    
            La izquierda que yo reconozco no tiene más patria que los seres humanos, no tiene otra bandera que la lucha permanente, y casi infructuosa, contra la desigualdad y la injusticia.
            La izquierda de la que yo me siento parte sustancial sabe que no hay frontera que nos libre de esa garra afanosa que acapara riquezas generando pobreza; sabe que no hay patria exenta de miserias a las que hay que combatir de forma apasionada y permanente; sabe que no hay territorio que pueda defenderse de ese enemigo ubicuo y poderoso.
            Una sociedad que pierde sus certezas se queda solo con sus contradicciones.
            Y cuando políticos sin sentido de estado, oportunistas, ambiciosos y hábiles tranforman nuestras contradicciones en condiciones innegociables, puede que hayan convertido nuestras indefensas esperanzas en rehenes de sus mediocres ambiciones.
            De pronto las intenciones nobles son ya pancartas inútiles que a nada comprometen olvidadas en una plaza vacía. Sorprendidos contemplamos que no ha cambiado nada. Quisieron hacernos creer que la Historia comienza el día que resultaron elegidos, porque hasta ese momento transcendente todo era oscuro, improductivo, y sucio. Todo era complicidad cobarde. Antes de ellos no hubo personas dignas persiguiendo sueños, dejándose el pellejo por lograrlo.
            Y lo primero que estas hornadas de seres limpios e inocentes  escriben en las páginas de la historia parlamentaria de este país es la crónica de una estampida en dirección al pesebre de las subvenciones, enarbolando dignísimas excusas para acrecentar su parte del botín.
      Quizá sea hora de aceptar definitivamente que el sistema educativo que genera semejantes líderes políticos está siendo un fracaso, y que la sociedad que los elige  y los sostiene está bastante enferma. 

domingo, 3 de enero de 2016

¡No nos representáis!

          Una de las razones de la aparición de este Blog y de la elección de su nombre, “Crónica de la indignidad”, hunde sus raíces en los augurios de que la derecha ganaría por mayoría absoluta las elecciones del 2011 en este país.
            Zapatero cargará el resto de su vida con la culpa de haber desencadenado la crisis mundial y sus nefastas consecuencias para las clases medias y los trabajadores por cuenta ajena en Estados Unidos y en Europa. El liberalismo radical y el capitalismo especulativo deberían ponerle un monumento a este hombre en algún lugar visible desde cualquier rincón del planeta. Aun hoy esa culpa planea sobre el PSOE en cualquier cita electoral. Nadie parece recordar ya que esta crisis se desencadenó en los Estados Unidos y que fue consecuencia, principalmente, de la desregularización de los mercados, demanda histórica del Liberalismo.
            Con un estado dominado por las élites económicas, los delitos  y falsedades del sistema financiero americano nos condujeron a la ruina con la ayuda inestimable de otros factores decisivos, muchos generados por la propia naturaleza de nuestras estructuras políticas y económicas, impropias de un país democrático y honesto.
            Pero en la barra del bar, el culpable fue, y sigue siéndolo, el nefasto Zapatero. Y el Liberalismo radical que la ocasionó campa a sus anchas en Europa y otorga mayorías en los Parlamentos del Mundo.
            ¡Vivan las caenas!
            Aquel mensaje del Partido Popular le dio el mayor rédito electoral de su historia, precisamente cuando encabezaba su proyecto político,- no confeso, desde luego-, la directiva más enfangada que se conoce, con la salvedad de la de CIU, y el individuo más gris y con menos capacidad de decisión que se recuerda entre los presidentes de gobierno de este país.
            En la toma de decisiones políticas manifestamos en ocasiones una vieja propensión a adoptar comportamientos impulsivos y modorros. En buena medida son la consecuencia del cainismo genético que corroe nuestras entrañas. Supongo que será también la consecuencia de siglos de dominación ejercida por la fuerza temible de quienes nos impusieron sus privilegios, su autoridad sangrienta, sus creencias y sus inmoralidades como sistema de vida. Aun no llevamos ni cuarenta años de democracia verdadera. ¡Y defectuosa, como serán siempre las democracias verdaderas!
            Las elecciones del 20 de diciembre y sus consecuencias visibles merecen, sin duda, una somera reflexión. Incluso permiten hacer augurios y previsiones nada halagüeñas para quienes depositaron su confianza en una alternativa de izquierdas para formar gobierno, la mayoría de los votantes de este país, como fiel reflejo del espectro ideológico de esta sociedad.
            Si olvidamos el voto nacionalista que difícilmente puede ser reflejo del conjunto de la sociedad, la suma de  los votos de PSOE, Podemos e IU aventaja en más  de un millón la suma de los votos de PP y Ciudadanos.
            Pero esa aritmética es inútil a efectos prácticos, a pesar del alto índice de coincidencias en los respectivos programas.
            En realidad la izquierda ciudadana es libre, pero la izquierda institucionalizada en los partidos es un rehén encadenado, incapaz de dar forma a nuestras esperanzas.     
            IU es rehén de la amenaza de desaparición, de sus escaños pagados a precio de oro, de su huida hacia ninguna parte como si cambiar de marca le ofreciera alguna posibilidad frente a las ambiciones de Podemos.
            A pesar del hábil discurso de Pablo Iglesias y de su empeño en aventar las miserias en dirección a la era del PSOE, Podemos es rehén de sus pactos de última hora con la esperanza de ser la primera fuerza de izquierdas en detrimento del Partido Socialista. Pablo Iglesias y el rígido aparato de Podemos no puede controlar a una cuarta parte de sus parlamentarios por la sencilla razón de que no forman parte del partido. Ese porcentaje condicionará de forma radical el proyecto político de Podemos y su confesa vocación transformadora. Pablo Iglesias sabe ya, como los sabemos todo, que tardará en gobernar en solitario, si es que gobierna alguna vez. El impulso de Podemos, las esperanzas de una buena parte del electorado más predispuesto a la transformación de esta sociedad han quedado relegadas a un discurso, a gestos simbólicos, a testimonios que nada modifican y a dibujar en el aire unas líneas rojas a sabiendas de que hacen imposible algún acuerdo. En realidad, la oposición es un lugar cómodo y oreado, donde casi nunca llueve. Un buen refugio bien pagado. Y el gobierno mancha a quien se arriesga.
            Y el PSOE es rehén de sus errores del pasado, pero sobre todo de la ambición mediocre y cainita que lo convierte en un partido sin proyecto creíble. ¿Cree de verdad el PSOE que cambiando de candidato, o mejor, de candidata, en las más que previsibles elecciones de primavera mejorará sus resultados? ¿Creen de verdad que es una cuestión de candidato?
            No creo que ningún socialista sensato opine que los resultados de las últimas elecciones han sido desastrosos. En realidad, los esperaban peores. Siguen cargando con la culpa de la crisis y han recibido las peores dentelladas de los partidos nuevos, mucho más atractivos para el votante socialista desalentado que para los votantes del PP. Sin embargo, el PSOE es el segundo partido más votado.
            Y toda la izquierda, en general, es rehén de la maldición cainita que pesa sobre ella. Se inutilizan solos. Votamos esperanzados, pero ellos se encargan de apostar y malgastar nuestras esperanzas en una pelea de gallos. El Parlamento parece a veces un reñidero de gallos clandestino y maloliente.
            ¿Qué nos espera entonces en las elecciones de primavera a los votantes de izquierda?
            El votante de IU, como ya pasó en las anteriores elecciones, volverá a tener dificultades para encontrar la papeleta. Puede que desconfíe del valor de su voto, porque han hecho falta más de cuatrocientos mil para conseguir cada uno de los dos escaños que obtuvieron el día 20 de diciembre.
            El votante de Podemos puede que ya sepa que las políticas sociales del programa del partido de su elección no resultan prioritarias y que los parados de larga duración y los desahuciados pueden esperar al raso, mientras solventamos cuestiones fronterizas de vida o muerte.
            El votante del PSOE se sentirá, cuando menos, confuso por el cambio de cartel. Y no podrá evitar una duda poderosa. O antes o ahora se han hecho las cosas de forma precipitada. Y dudo de que Susana Díaz tenga tiempo de postularse como candidata fiable ante sus votantes potenciales en una acelerada campaña electoral a contramano.Dudo, incluso, que tenga la capacidad de convertirse en candidata indiscutible entre sus propias filas. Parte del trabajo realizado se irá por los desagües de la decepción política una vez más.
            Y será lo peor la decepción del votante de izquierdas por compromiso moral e ideológico, pero sin colores partidistas excesivamente definidos. Ese votante tiene ya dos certezas poderosas: Ninguno de los partidos de izquierda podrá formar gobierno en solitario y el pacto de gobierno entre ellos es prácticamente imposible.
            ¿Por qué tomarse la molestia de acudir a votar?
            La previsión de 2016 es que tendremos un gobierno de derechas, gente cainita donde las haya, pero mucho más práctica y utilitarista; la derecha reacciona siempre con un instinto de conservación muy poderoso.
            PP y Ciudadanos formarán gobierno en las próximas elecciones de primavera.
            Merkel aplaudirá complacida. Los especuladores nos clavarán sus exigencias en zonas más dolorosas de las prestaciones sociales.  El contrato único verá la luz y así todos seremos iguales de precarios y mal pagados. Recortarán las pensiones en aras de la sostenibilidad del sistema. Los copagos se verán multiplicados. Las privatizaciones de cualquier servicio público rentable se convertirán en la verdadera prioridad del gobierno. Las Sicav y las grandes empresas seguirán defraudando al fisco sin reparos y sin consecuencias. Y poco a poco irá tomando cuerpo una idea que aun se incuba en el programa de Ciudadanos, la Enseñanza Pública dejará de estar en manos de los funcionarios, esos malnacidos que hacen gala de independencia y se preocupan por la calidad humana de sus programas.
            ¡Vivan las caenas!  ¡Y que vivan muchos años las líneas rojas!
            ¡¡¡Irresponsables estúpidos!!! ¡Lástima de votos!
             ¡No nos representáis!


lunes, 21 de diciembre de 2015

Líneas Rojas

            Recientemente, mientras aguardábamos que pusieran las urnas, acepté la propuesta de un diario digital y respondí a una encuesta bastante genérica sobre mis expectativas políticas y su reflejo en los programas de cada partido.
        El objetivo, casi lúdico, de la encuesta era informar de qué programas políticos respondían con mayor exactitud a las expectativas propias.
            El resultado no me extrañó en absoluto. Mis expectativas se veían reflejadas en los tres partidos de izquierda que se presentaban en el territorio nacional en porcentajes muy similares que iban del 86% al 83%. Estoy por asegurar que cualquier votante de izquierdas que hubiera respondido a esas cuestiones relacionadas con los servicios públicos, las funciones del Estado, la organización territorial, y las relaciones con Europa y con el resto del mundo habría obtenido un abanico similar en cuanto a las coincidencias con los programas de los partidos de izquierda nacional.
            Y eso habla claramente de las coincidencias en los programas, coincidencias en temas fundamentales para diseñar el tipo de sociedad en el que nos gustaría vivir. Esa y no otra es la aspiración del sistema democrático desde su aparición, permitir a la mayoría diseñar la sociedad en la que vive según los valores dominantes. Todo lo demás es agua de borraja. Si el sistema democrático no permite que la mayoría se implique en el diseño de esa sociedad, la democracia es pura farsa. Y no podemos olvidar que incluso la democracia pare monstruos que luego la devora.
            Cuando el liberalismo dominante intenta definir con su visión simplificadora y maniquea a la gente de izquierdas, los reduce a  gente alejada de la realidad que aspira a construir un estado protector gigantesco, entrometido, regulador en exceso de las relaciones laborales, quisquilloso con los derechos humanos y, sobre todo, caro; demasiado caro. Ese Estado es perjudicial para los negocios.
            En algo aciertan, la izquierda es la única defensora de lo que llamábamos Estado del Bienestar que hizo de Europa la referencia democrática de la humanidad, al tiempo que la convertía en la primera productora de riqueza mundial.
            A mi humilde y anacrónico entender, los programas de los partidos de izquierda que se han presentado en todo el territorio nacional coinciden en bastante más de las dos terceras partes de sus propuestas en asuntos relacionados con ese Estado que han ido demoliendo las políticas ultraliberales con la extraordinaria excusa de la crisis.
            Daba la sensación de que la prioridad absoluta de estas elecciones era parar esa sangría, reparar con urgencia los daños más graves que ha ocasionado la derecha a los más indefensos y empezar a reconstruir el país eliminando desigualdades a un ritmo razonable.
            La mayoría social de este país comparte esas aspiraciones y ha votado a uno de esos partidos de izquierda que llevaban la corrección de esas lacerantes lacras en sus programas. Cualquiera de ellos habría sido una opción razonable para entregarles nuestra representatividad en la recuperación del Estado del Bienestar.
            Luego, la ausencia de verdadera vocación de estado en políticos mediocres, el oportunismo, las oscuras estrategias en la guerra sucia de la política partidista inutiliza nuestra voluntad y desarraiga nuestras esperanzas, sin darles ni un solo día de tregua.
            Un millón de votos que ha recibido Izquierda Unida se ha ido a las papeleras produciendo la miserable cosecha de dos diputados nacionales. Seguramente, los escaños más caros de la historia.
            ¿Es tiempo de líneas rojas?
            Yo creía que había llegado el tiempo de analizar las prioridades que debieran estar relacionadas con solucionar la situación de los más desprotegidos y marginados por las políticas excluyentes del Partido Popular y darles respuesta inmediata sobre la base de las coincidencias mayoritarias en los programas de izquierda.
            A todas luces no eran esas las prioridades.
            La prioridad ahora es eliminar competidores, y el que esté sufriendo las secuelas más dolorosas de las políticas del último gobierno, que se joda. Con esas mismas palabras lo pontificó en su día Andrea Fabra en el Parlamento desde la bancada del PP.
     Es lo que hay. El cainismo es una herencia genética en España. La desfachatez, también.