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lunes, 21 de diciembre de 2015

Líneas Rojas

            Recientemente, mientras aguardábamos que pusieran las urnas, acepté la propuesta de un diario digital y respondí a una encuesta bastante genérica sobre mis expectativas políticas y su reflejo en los programas de cada partido.
        El objetivo, casi lúdico, de la encuesta era informar de qué programas políticos respondían con mayor exactitud a las expectativas propias.
            El resultado no me extrañó en absoluto. Mis expectativas se veían reflejadas en los tres partidos de izquierda que se presentaban en el territorio nacional en porcentajes muy similares que iban del 86% al 83%. Estoy por asegurar que cualquier votante de izquierdas que hubiera respondido a esas cuestiones relacionadas con los servicios públicos, las funciones del Estado, la organización territorial, y las relaciones con Europa y con el resto del mundo habría obtenido un abanico similar en cuanto a las coincidencias con los programas de los partidos de izquierda nacional.
            Y eso habla claramente de las coincidencias en los programas, coincidencias en temas fundamentales para diseñar el tipo de sociedad en el que nos gustaría vivir. Esa y no otra es la aspiración del sistema democrático desde su aparición, permitir a la mayoría diseñar la sociedad en la que vive según los valores dominantes. Todo lo demás es agua de borraja. Si el sistema democrático no permite que la mayoría se implique en el diseño de esa sociedad, la democracia es pura farsa. Y no podemos olvidar que incluso la democracia pare monstruos que luego la devora.
            Cuando el liberalismo dominante intenta definir con su visión simplificadora y maniquea a la gente de izquierdas, los reduce a  gente alejada de la realidad que aspira a construir un estado protector gigantesco, entrometido, regulador en exceso de las relaciones laborales, quisquilloso con los derechos humanos y, sobre todo, caro; demasiado caro. Ese Estado es perjudicial para los negocios.
            En algo aciertan, la izquierda es la única defensora de lo que llamábamos Estado del Bienestar que hizo de Europa la referencia democrática de la humanidad, al tiempo que la convertía en la primera productora de riqueza mundial.
            A mi humilde y anacrónico entender, los programas de los partidos de izquierda que se han presentado en todo el territorio nacional coinciden en bastante más de las dos terceras partes de sus propuestas en asuntos relacionados con ese Estado que han ido demoliendo las políticas ultraliberales con la extraordinaria excusa de la crisis.
            Daba la sensación de que la prioridad absoluta de estas elecciones era parar esa sangría, reparar con urgencia los daños más graves que ha ocasionado la derecha a los más indefensos y empezar a reconstruir el país eliminando desigualdades a un ritmo razonable.
            La mayoría social de este país comparte esas aspiraciones y ha votado a uno de esos partidos de izquierda que llevaban la corrección de esas lacerantes lacras en sus programas. Cualquiera de ellos habría sido una opción razonable para entregarles nuestra representatividad en la recuperación del Estado del Bienestar.
            Luego, la ausencia de verdadera vocación de estado en políticos mediocres, el oportunismo, las oscuras estrategias en la guerra sucia de la política partidista inutiliza nuestra voluntad y desarraiga nuestras esperanzas, sin darles ni un solo día de tregua.
            Un millón de votos que ha recibido Izquierda Unida se ha ido a las papeleras produciendo la miserable cosecha de dos diputados nacionales. Seguramente, los escaños más caros de la historia.
            ¿Es tiempo de líneas rojas?
            Yo creía que había llegado el tiempo de analizar las prioridades que debieran estar relacionadas con solucionar la situación de los más desprotegidos y marginados por las políticas excluyentes del Partido Popular y darles respuesta inmediata sobre la base de las coincidencias mayoritarias en los programas de izquierda.
            A todas luces no eran esas las prioridades.
            La prioridad ahora es eliminar competidores, y el que esté sufriendo las secuelas más dolorosas de las políticas del último gobierno, que se joda. Con esas mismas palabras lo pontificó en su día Andrea Fabra en el Parlamento desde la bancada del PP.
     Es lo que hay. El cainismo es una herencia genética en España. La desfachatez, también.

viernes, 18 de diciembre de 2015

SEGUIMOS AVANZANDO




             Hay un dicho , no sé si fruto de la experiencia o malintencionado, que asegura que nadie es profeta en su tierra. Rajoy lo ha venido a confirmar, porque lo agredieron en Pontevedra, quizás el lugar donde se sienta más seguro. Cosas que pasan.
         Al día siguiente de su agresión , seguramente para calmar nuestra ansiedad sobre su estado, subió a las redes sociales un video caminando sobre una cinta en un gimnasio. "Estoy bien, en plena forma, dispuesto a seguir encarnando vuestras esperanzas en el futuro, que sin mí amenaza nubarrones y desgracias. Nada temáis".
          He visto el video, porque el lenguaje gestual de quien practica deporte me resulta familiar y muy significativo. Honestamente, no creo que aguantara sobre la cinta mucho más del tiempo necesario para la grabación. Un acto de campaña que, como tantos otros, le debió suponer un sacrificio considerable. 
          El ritmo le resulta excesivo, el braceo impostado lo demuestra. Su gesto levantando excesivamente la cabeza es el gesto de quien busca desesperadamente aire. 
       Rajoy no practica esta modalidad de deporte casero. Estoy seguro. Rajoy no practica deporte alguno, en realidad. Sus asesores le avisaron hace algo más de un año de que su gesto de hastío y de cansancio, su caminar cansino con los hombros hundidos, restaban credibilidad al mantra de la recuperación económíca y al optimismo del gobierno. Y él les hizo caso. Se esforzó por simular una sonrisa y por aparecer con paso decidido y brioso en sus comparecencias públicas. Otra cosa es como sale de ellas cuando le cambian el guión. 
       Rajoy finge, pero no me extraña en absoluto; todo en su vida se ha vuelto fingimiento. Uno diría que es el video que un desconocido le ha tomado por sorpresa, a una distancia respetable, pero la distancia está estudiada; no nos permite descubrir que Rajoy no suda. A lo mejor, los presidentes de gobierno no lo hacen. 
        Y fue el propio Rajoy quien lo subió a las redes.
         Lo mejor era el mensaje:"Seguimos avanzando"
    Desde luego, presidente, sobre una cinta estática. Un avance indiscutible que debe llevarnos a algún sitio. Como la política de su partido. 
        Retroceder es de cobardes. Con Rajoy seguimos avanzando hacia el pasado.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Yo no tengo interés alguno en el debate de hoy

           Según se desgañitan quienes nos convocan al  “debate definitivo” que se celebrará esta noche  y que  transmitirán de forma simultánea varios medios televisivos, uno diría que debe tratarse de un debate  trascendental donde veremos propuestas programáticas de uno y otro compareciente que, de plasmarse en un triunfo en las elecciones del día 20 de diciembre, podrían significar cambios llamativos en nuestra vida cotidiana.
            En realidad, pasada la tregua del periodo preelectoral, gane quien gane incluyendo a quienes no han sido admitidos a la mesa de invitados por Rajoy, la vida nos cambiará de forma negativa.
            Europa, la Europa dominada por  el liberalismo radical e insaciable, ha entrado en campaña recordándonos que aún quedan reformas por hacer en el mercado de trabajo y en las pensiones y ajustes en el presupuesto de los servicios públicos. Reclama otras medidas, pero esas dos me bastan para intuir el futuro que nos aguarda apenas recojamos las urnas.
            No tengo interés alguno en el debate porque será un debate artificial en el que ambos contendientes no dirán una palabra propia. Un ejército de politólogos, asesores y asistentes de imagen hablará por ellos. Ellos cuidarán, sobre todo, de no perder la compostura y  de no cometer errores imperdonables.
            No tengo interés alguno en el debate porque es un simulacro diseñado a la medida de un hombre acobardado. La cobardía proverbial de Rajoy lo ha desvirtuado hasta el extremo de convertirlo en un debate inútil porque no  representa  la pluralidad democrática que se vislumbra en las encuestas.El significado del término democracia en el léxico de Rajoy está bajo sospecha hace ya tiempo. Hoy ofrece poco lugar a la duda.
            No tengo interés alguno en el debate porque guardo memoria puntual de cada una de las medidas que ha perpetrado durante la legislatura  este gobierno vicario del liberalismo radical de la peor Europa de las últimas décadas. Ningún debate conseguirá mi olvido ni mi perdón. Y si el pueblo soberano se dignara hacer balance de estos cuatro años, Rajoy y sus secuaces deberían acabar en la papelera de reciclaje el próximo domingo. Ninguna gestión de gobierno en todo el periodo democrático ha resultado más dañina para nosotros que la del gobierno saliente. No hay color.
            Pero, sobre todo, no tengo interés alguno en el debate porque participa Rajoy. Rajoy me inunda el salón de una grisura insoportable; deja girones de antipatía congénita colgando de las lámparas; me ensucia el aire con el olor inconfundible de los desvanes polvorientos; lo contamina todo de mentiras, de cinismo, de desprecio al Estado.
            Rajoy pisotea mi idea de cómo debiera comportarse un presidente de gobierno: ha precarizado a los trabajadores por cuenta ajena dejándolos al pairo ante las embestidas empresariales, ha empobrecido los servicios públicos, ha usado mis impuestos para salvar de la quiebra un sistema financiero privado, ha saqueado la caja de pensiones para cumplir compromisos electorales y ha prometido bajar impuestos de forma irresponsable para comprar el voto irreflexivo de quienes son incapaces de pensar en el futuro.
            Cuando entra Rajoy, yo salgo. El ocupa mucho espacio. Arrastra, solidariamente con todo el aparato de su partido, un pesado fardo de sospechas de corrupción, de financiación ilegal, de enriquecimiento ilegitimo y de uso de los recursos públicos en beneficio propio.
            Me resulta inexplicable que  un individuo como él pueda ser candidato a repetir como presidente de gobierno.


martes, 8 de diciembre de 2015

El terror, tan útil

   Mantener un blog de opinión sobre la borrascosa actualidad es tarea ardua. Es también arriesgada, porque la actualidad está teñida de sinrazón, de violencia, de mentiras, de hipocresía y de manipulación sin disimulos. La actualidad nos desespera y nos agota en ocasiones. Hay demasiadas indignidades que te golpean en la conciencia de forma simultánea.
Y, sobre todo, la actualidad está teñida de desprecio a la inteligencia humana, porque quienes deciden sobre nuestras vidas con absoluto burla a cualquier código ético y a cualquier proyecto razonable de futuro, ganan por goleada en los medios de comunicación comprados o sometidos por el poder del dinero.
  Así que a veces sucede. Durante un tiempo prudencial te distancias de  algo que hacías por propia iniciativa, algo que nadie te estaba reclamando pero que se había convertido en un secreto compromiso, y te sientes liberado.  
Y cuanto más tiempo pasa sin atender ese secreto compromiso, mayor es el pudor que uno siente de volver a exponerse ante los ojos ajenos. 
Hay también en el silencio una queja inútil, como casi todas las quejas que enarbolamos desde el rincón de nuestra pretendida independencia moral; corre la especie de que nada que no quepa en un mensaje de twitter merece ser leído. 
Así nos va. 
Hay que simplificar el propio pensamiento hasta convertirlo en algo innecesario por carente de contenido, o en algo tan elaborado y agudo que solo un genio de la comunicación podría convertirlo en un pensamiento trascendente.
Yo no podría jamás. 
  Tengo la sensación creciente de que  en tiempos de comunicación masiva vivimos más aislados que nunca en medio de un ruidoso gallinero, donde todos hablamos y casi nadie escucha. 
A pesar de lo cual, hoy hablaré tan brevemente como pueda de esa yihad que nos cerca y que ha puesto patas arriba nuestro mundo.
Presiento que lo peor de la yihad no es la amenaza imprecisa que se ha colado en nuestras vidas seguras y alejadas desde hace muchos años de situaciones bélicas; lo peor de la yihad es la utilización que se está haciendo de ella. Porque la yihad que nos amenaza en el interior de nuestras propias fronteras servirá de justificación para inmoralidades inaceptables o como argumento definitivo para nuestra sumisión.
Explota el terror muy cerca de nosotros y el duelo se convierte en fiesta nacional, en ocasión extraordinaria para que se erijan en imprescindibles garantes de nuestra seguridad los mismos estados que han traicionado nuestras expectativas, los mismos que han potenciado o permitido el aumento de las desigualdades, la reducción de nuestros derechos, el empobrecimiento de los servicios públicos, la gestión indigna de nuestros impuestos, los mismos estados que favorecen y estimulan la evasión fiscal, los mismos que no saben si un día gozaremos de la pensión por la que hemos cotizado durante nuestra vida laboral porque han destinado esos fondos al rescate de bancos privados mal gestionados por sus irresponsables dirigentes que se jubilan con pensiones millonarias. 
Despliegan a sus hombres de uniforme y olvidamos el resto de indignidades cercados por el temor justificado, pero también estimulado desde el poder, porque el temor es un motivo poderoso. 
De paso, voces autorizadas, opiniones concienzudas de gente muy notable, titulares de cátedras prestigiosas, nos reclaman renunciar a una parte de nuestra libertad personal para garantizar nuestra supervivencia.
Las hay también que  desprestigian a quienes indagan en las causas de esta sinrazón temible. 
   Otras abogan por la respuesta bélica inmediata. Nada distrae más a un pueblo de sus propias miserias que un enemigo externo y una guerra.
Y he oído a ministros europeos hablar de que la civilización occidental se enfrenta a la barbarie. Afirmaciones de este tipo alimentan un maniqueísmo demencial. Cualquier musulmán, en estos tiempos de pensamiento simplista, corre el riesgo de ser considerado un salvaje peligroso y un terrorista potencial. 
Y sí, hay diferencias abismales. No le falta razón al ministro. La civilización occidental mata con drones dirigidos por pulcros funcionarios desde un despacho climatizado o con misiles lanzados desde sofisticados aviones de guerra; y lo que el ministro denomina la barbarie  mata mediante individuos dispuestos a inmolarse explosionando un macuto bomba en un  campo de fútbol. 
La diferencia entre civilización y barbarie debe estribar, sin duda, en los instrumentos que se emplean y  en el valor intrínseco que tiene la vida en cada trinchera.
Lo peor de este terror reciente es que resulta útil, que se alentó en su nacimiento, se alimenta y se tolera con intereses inconfesables. 
Y aquellos que han muerto, aquellos ante cuyas tumbas encendemos lámparas y dejamos flores son solo víctimas colaterales y necesarias, estimulo para nuestro sentimiento de pertenencia a la trinchera de los civilizados,  espuela imprescindible que hiere el ijar de nuestros miedos.
Ante el horror que nos produce tener doscientos muertos expuestos en las pantallas de televisión, nadie pregunta quién vendió las armas a los asesinos, o cómo se financian ante los ojos mismos de las agencias de seguridad más poderosas del planeta, esas agencias que leerán esta entrada de mi blog antes de que llegue a vuestras pantallas. 
  Yo no puedo evitar hacerme esa pregunta. Y esa sí cabría en un mensaje de Twitter.

domingo, 4 de octubre de 2015

El aire que respiro

Hace apenas dos días, la corresponsal de El País en Bruselas firmaba una crónica descorazonadora, pero no sorprendente.
 Los gobiernos de los veintiocho países que conforman la Unión Europea se muestran absolutamente solidarios con Alemania en la vergonzosa situación del fraude masivo a la humanidad de una de sus marcas estrellas, la Volkswagen, que lleva años engañando a gobiernos y consumidores.
 Y lo que es peor, lleva años envenenando nuestro aire de forma consciente y programada para mejorar sus beneficios.
     La propia fábrica alemana ha advertido a la Comisión Europea que se ande con cuidado con las consecuencias de sus investigaciones. El delincuente se permite amenazar a los representantes políticos de los ciudadanos europeos que cumplen con su obligación de defender el medio ambiente. 
   La fiscalía alemana ha renunciado a investigar al presidente de la firma bajo cuya responsabilidad se ha cometido el fraude y el atentado contra un bien universal. 
      La Volkswagen ya no está siendo investigada. 
    Aquí paz y, luego, gloria. Una buena campaña de imagen dentro de unas semanas, y el tema quedará resuelto, porque la memoria ciudadana es frágil y habrá otros escándalos que distraigan su atención.
   En España, el gobierno, que lleva mucho tiempo en campaña electoral, calculó mal. El ministro Soria salió en los medios sacando el pecholobo de precampaña y anunció que la marca alemana y sus filiales deberían devolver las subvenciones recibidas. 
    ¡Craso error enseñarle colmillos al macho alfa alemán! Tras la visita del propio vicepresidente de la firma ha debido envainarse aquel anuncio irreflexivo. Y ha debido, además, pagar la vergonzosa penitencia de salir a los medios desdiciendo su poco meditada afirmación.
 La modélica firma alemana ha argumentado de forma irrebatible que sus técnicas de engaño no afectaban a las emisiones de monóxido de carbono, sino al óxido de nitrógeno. El veneno era otro, por tanto las subvenciones por controlar las emisiones de CO2 están legalmente justificadas y no tendrán que devolverlas.
 Ese gas en el aire acabará convertido en ácido nítrico y producirá lluvia ácida. Él es, también, uno de los principales responsables del agujero de la capa de ozono. Y, combinado con la radiación solar, su efecto es doble: contribuye al calentamiento global en las capas más altas de la atmósfera y crea en las grandes ciudades la “boina” de aire contaminado tan perjudicial para la salud humana.
 Es imposible evaluar los costes devastadores de esta irresponsabilidad criminal, sobre todo porque los daños resultarán muy duraderos. Pero la deuda griega, esa vergüenza lacerante que ha crucificado a todo un pueblo ante los especuladores que aprovecharon su necesidad para rentabilizar sus ahorros, es el chocolate del loro si lo comparamos con esta deuda irrecuperable que la civilizada y honestísima Alemania ha contraído con la humanidad. Otra más.
 Yo estaba equivocado. 
   Pensaba que las pagas extraordinarias que me arrebataron  y el aumento de jornada laboral por menos sueldo que me impusieron estaban destinados a pagar el agujero financiero que provocaron los aprendices de brujo, carentes de moral y de cerebro, que manejan las finanzas.
     Pero acabo de descubrir que una parte de lo que perdí ha servido para subvencionar a quienes han estado envenenando de forma consciente y voluntaria el aire que respiro. 
 Dentro de  medio siglo, cuando el desierto haya devorado definitivamente todo el Levante español hasta Tarragona y buena parte de Castilla-La Mancha, mis nietos que andarán pagando las consecuencias dolorosas de esa pérdida en tierras fértiles y en lugares para el asentamiento humano, oirán todavía a algún ministro alemán proponiendo la expulsión del euro de los endeudados griegos, porque suponen una amenaza para el futuro de Europa.


miércoles, 29 de julio de 2015

Medea



De pie, Margarita Xirgú y Enrique Borrás (Medea y Jasón),  dos primeras figuras de las tablas españolas  de la época.
Sentado, Miguel de Unamuno, traductor y adaptador de la “Médea” de Séneca, que inauguró las representaciones en el Teatro Romano de Mérida en 1933.


Fotografía conservada en la Casa-Museo Unamuno en Salamanca.




                         Casi cada verano, desde hace ya bastantes, yo llevo a cabo un acto purificador; peregrino a Mérida y me sumerjo entre la multitud complacida que acude al Festival de Teatro Clásico que se celebra en la ciudad. Cumple este año su sexagésima primera edición.
                    Todo empezó, seguramente, con la apuesta de la Segunda República por la Educación y la Cultura. Aquella España, infinitamente más pobre que la que hoy maltrata a la Educación Pública con una ley de Educación dañina, promovió la primera gran reforma educativa de la Historia de España con principios humanistas y laicos; proclamó el derecho a la educación de cualquier ciudadano; promovió la formación del profesorado para que la educación fuese eficaz y productiva;  y tenía el proyecto de construir en cinco años veintisiete mil escuelas. Mientras tanto promovió las misiones pedagógicas y apoyó al teatro para que pudiera llegar a cualquier rincón apartado de la España analfabeta y miserable, herencia de la monarquía borbónica con la complicidad imprescindible de la Iglesia.
                    Todo empezó seguramente en el ambigú del Teatro Español de Madrid. Se estrenaba “El otro” de Unamuno. Y asistieron a la reunión informal Fernando de los Ríos, a la sazón Ministro de la República, el propio Miguel de Unamuno y la actriz Margarita Xirgú. Ella era por los años treinta del pasado siglo la diva indiscutible del teatro español, la gran actriz cuya sola presencia garantizaba el lleno. Había visitado el teatro romano de Mérida en una breve incursión en la ciudad y quedó impresionada de las obras de rehabilitación que don José Mélida había llevado a cabo en el lugar.
                    En aquella conversación el Ministro alabó aquel monumento recuperado y lamentó la ausencia de iniciativas que potenciaran su uso como un teatro al aire libre; Margarita Xirgú manifestó su predisposición a protagonizar aquel estreno original y único si alguna vez era posible. Manifestó, también su preferencia por uno de esos personajes inolvidables de la tragedia griega. Ella deseaba ser Medea en Mérida.
                    La oyó Unamuno que probablemente la admiraba. Y quince días después tuvo la actriz entre sus manos el libreto con la adaptación teatral de la “Medea” de Séneca que Unamuno tradujo para ella.
                    Corría el año 1933. Dio inicio allí una de las iniciativas culturales más ricas y duraderas del país; quizás, el festival de Teatro Clásico más importante del mundo.
                    Yo admiro a las ciudades que saben poner en valor sus recursos, escasos y preciosos casi siempre. Admiro a Mérida. Por el cordón nutricio del festival conecta con el resto del mundo y  el mundo le devuelve la admiración que nos produce su pasado, su grandeza, su tesón, sus ganas de vivir. Durante dos calurosos meses de verano Mérida se transforma en la capital mundial del escenario y allí acude gente de todos los lugares por una buena causa. Y casi todos los que llegan prometen regresar en el futuro.
            Este verano Mérida programó dos versiones distintas de Medea. El mito de Medea resulta inamovible. Ella representa el mal como pocos personajes femeninos de la Literatura Universal. Y nosotros preferimos dar crédito a lo que resulta tenebroso. Sobre lo tenebroso arraiga la emoción. En lo tenebroso se levanta la frontera invisible que separa a  los hombres virtuosos, entre  los cuales nos contamos, y los malvados que encarnan lo inefable, el crimen, la violencia que destruye los valores sobre los que la  ciudad asienta su futuro.
            Por eso la leyenda de Medea será una leyenda inalterable, la leyenda de crímenes horribles que nunca cometió.
            De toda la tradición misógina de Grecia, de esa literatura que en ocasiones amplifica el temor del varón griego a las mujeres, Medea es la cima inalcanzable.
            Ella es la advertencia de los varones griegos a las mujeres que aspiran a una mayor independencia. Porque la culpa primigenia de Medea es que ella piensa como un hombre.
            Para no cansaros, tres señales os daré de esa actitud.
            Elige al varón con el que quiere compartir su vida y le hace prometer fidelidad eterna ¿Qué griega en sus cabales haría eso? Una griega decente toma su dote y encamina sus pasos a la casa del esposo que su familia eligió para ella.
            No acepta que su marido la repudie y se rebela. Buenas pruebas dejó de su despecho y de su cólera. ¿Qué varón griego aceptaría  con sumisión ser repudiado por su esposa y que ella eligiera un nuevo compañero más poderoso, más joven o más rico? Empuñaría su espada y tomaría venganza. Y la ciudad aplaudiría su decisión.
            Reclama compartir con Jasón la patria potestad; le discute al varón la propiedad de los hijos. Hasta tal punto, que llega a arrebatarles la vida. Y sólo al varón, -o a la ciudad, según nos cuentan de las costumbres espartanas-, le está permitida esa crueldad, sin que sufra por ello consecuencias. Un padre, si el hijo le disgusta, en los primeros días de su vida puede exponerlo a la puerta de su casa o en el ágora, hasta que muera o hasta que un viandante se apiade de su llanto y lo recoja para adoptarlo como un hijo o, quizás, para venderlo como esclavo. Y el propio Agamenón sacrificó a Ifigenia. Nadie consideró aquel acto el crimen horrible de un padre cruel y sin conciencia. Salvo la madre de Ifigenia, la vengativa Clitemnestra.      
            Pero esta mujer colérica y malvada no es, afortunadamente, griega. Ella es una mala madre, apasionada, salvaje y extranjera. Ha sido educada como un hombre y ese empeño alocado de gobernar su propia vida y de vivir en libertad solo ocasiona destrucción en el orden sagrado de la familia griega.
            Kión de Yolco, un poeta jorobado y cojo, que conoce bien la vida de Medea, sabe que la Medea que ha llegado hasta nosotros es absolutamente falsa. Y nos ha dejado en hexámetros sonoros el momento preciso en que dio comienzo su leyenda de maga poderosa y sin conciencia. Yo los  he traducido por si hay entre vosotros una Xirgú dispuesta a encarnar a esta Medea que yo estoy concibiendo de manera febril, pero muy lentamente.

            “Sobre la cubierta del Argo, en el viaje de vuelta, dio inicio su leyenda.
            La princesa cólquida, de lengua desconocida, cabello ensortijado, mirada huidiza en esos días y hermosura de muchacha frutal, nos hizo enloquecer sobre aquel barco. La defendieron de aquel incendio de deseos acumulados en un largo viaje su leyenda de maga poderosa, que yo fragüé de acuerdo con Jasón,  y el hecho de que todos sabían que ella era el otro tesoro del príncipe de Yolco. Un tesoro que no estaba dispuesto a compartir. Ella no era un rehén, ni una mujer raptada en una isla de pescadores pobres en un desembarco de saqueo.
                    Y Jasón era el hombre que costeó aquel barco.
                     Sobre las aguas de la mar el dueño del barco que te lleva tiene una autoridad indiscutible; sobre las aguas de la mar el barco que te lleva es tu patria, la tierra que sustenta tu existencia frágil, y su dueño es el rey cuya autoridad nadie discute. Esa ley no escrita salva vidas. Si existen diferencias, se solventan en tierra.
                    Jasón era también el hombre que prometió diezmar el oro y repartirlo.
                    Durante aquel viaje mil veces me asaltó el pensamiento de que ella era una muchacha observada fijamente en cada movimiento, a cada paso, por un rebaño de machos cabríos en época de celo, dispuestos a embestirse izando al aire sus poderosas cornamentas.
                    Y de noche, cuando, oculta tras un montón de lonas amontonadas en cubierta por si el viento quebraba alguna vela, ella orinaba en un cuenco de madera que Jasón le ofreció como único ajuar imprescindible sobre un barco de guerra , se hacía el silencio más profundo que yo haya escuchado jamás en una nave, y podía verse a la jauría de faunos removiendo inquieta sus pezuñas cubiertas con polainas de cuero.  Olfateaban el aire, por si la hembra joven estaba receptiva.
                    Jasón era consciente del deseo que despertaba la mujer que le entregó un tesoro y que  se enroló como salvaguarda de su huida. Dejó de ser amable con los otros, redobló las señales de la indiscutible autoridad que se le supone al capitán de un barco de guerra fugitivo, y defendió a Medea de cualquier quebranto, manteniéndola siempre junto a él o al alcance de su vista. Y ella dormía a su lado, defendida por su permanente vigilancia.
                    Seguramente allí, sobre cubierta, fue su himeneo; sobre un lecho de arpillera impregnada de salitre.
                    Jasón era también un fauno,  joven y hermoso. Y Medea ya lo amaba. Lo amó con ese amor confuso que un griego hermoso y arrogante provoca en las muchachas extranjeras.
                    Un día Jasón solicitó la ayuda de las Musas.
                    La tripulación ha de temer a la muchacha cólquida, poeta. Ha de temer incluso su contacto.
            ¿Y qué puedo decir de esta muchacha que te acompaña, príncipe Jasón? Nada sabemos de ella.
            Ella conoce pócimas secretas. Durmió a la guardia de palacio. Hazla temible. Ella  es valerosa y decidida;  es extranjera y está rodeada de misterio; se presta a soportar una leyenda. Inventa. Las Musas se han puesto de tu parte muchas veces. No olvides que ellas están plantando para ti y para tu padre viejo un olivar inmenso en las colinas de Yolco.
            Y desde aquel mismo día los marineros la observaban a distancia con temor. Yo corrí el rumor de que aquella muchacha que nos ayudó a robar el oro de la Cólquida era una hechicera poderosa. Podría convertir en cerdo a un navegante que rozase aunque solo fuera el borde de su peplo.
            Entonces el futuro de Medea me resultaba indiferente.”

miércoles, 22 de julio de 2015

El Morador insomne



       En 1988 esta novela ganó el premio internacional de novela en lengua castellana "Felipe Trigo". Fue la primera vez que se abrió el concurso a autores extremeños, que hasta entonces teníamos una modalidad propia, menor, y lo fue a ganar la novela de un extremeño. 
      Para mi fue un hito, pero a la vez supuso haber alcanzado la meta antes de comenzar a caminar. Aunque había ganado algún concurso de novela breve, El Morador era mi primera novela digna de ese nombre, y se hizo con un premio literario de prestigio. El morador fue para mí tocar la gloria, pero también supuso mi tumba literaria temporal. Aquel año, según me comentó la Editorial, anduvo en las quinielas del Premio Nacional de la Crítica, aunque lo ganaría otro extremeño, Luis Landero, con su novela Juegos de la Edad Tardía.
       Decidí por mi cuenta que ya nunca lograría escribir nada mejor. Y aparqué la creación literaria. Creo que fui víctima de algo parecido al síndrome de Estocolmo, secuestrado por mi propia novela, pero feliz por ello.
          Muchos años después logré librarme y hoy ya soy un escritor libre de escribir otra novela, si me place.
        Aquella edición me disgustó sobremanera. A pesar de que yo corregí las galeradas, salió a la luz con más de cien erratas; algunas suponían incluso un cambio de la palabra original. La propia portada era un sindiós que no hacía referencia alguna al contenido. En abril, tres meses después de su publicación, la Editorial me llamó para acometer la segunda edición. La tirada del premio se había agotado ya en las librerías. La autoricé. Pero hasta hoy no he vuelto a tener noticias de aquel editor tan descuidado.
         Me prometí a mi mismo que El Morador vería la luz de nuevo sin erratas.
         Y la ha visto.
         La reseña del Morador en la edición digital de la Casa del LIbro dice :" esta edición corregida y ampliada por el autor, es literatura en estado puro; literatura de largo recorrido. Magnífico retrato humano de la España rural de la preguerra, la guerra y la postguerra civil. El núcleo argumental gira en torno al deterioro del poder heredado, carcomido por la propia inadaptación a los cambios históricos, y al deterioro de una sociedad anacrónica".
        El Morador fue un señor de la dehesa, dueño de tierras y de vidas; causó daños incontables. Tuvo seguramente su castigo. 
              De alguna forma hoy lo devuelvo a la vida con la intención de que colabore con nosotros en reparar, aunque sea a una escala muy pequeña, los daños incontables que ocasiona la injusta distribución de la riqueza.
          Está disponible a un precio módico en la Casa del Libro para cualquier tipo de Tablet, cualquier tipo  de eReader (sea esto lo que sea), para smartphone o para tu propio ordenador. Los beneficios netos de su venta se destinarán íntegramente a la obra social de la ONG "Acción Solidaria ya" Os dejo su enlace por si os interesa conocerla: http://www.accionsolidariaya.org/
           Si os inclináis por comprarla, obtendréis un doble beneficio, una buena novela y la seguridad de que estáis colaborando a paliar situaciones de carencia extrema en lugares muy diversos del mundo. Si no os interesa esta lectura, compartid al menos esta entrada por si hay gente que pueda estar interesada. Quién sabe si acercaremos con ello agua potable a alguna aldea perdida en el mundo donde viven los pobres verdaderos.
        Esta vez la portada es perfecta. Ahora me gusta. Y ha sido el regalo para este Morador de Andy Jiménez, diseñador gráfico, entre otras muchas cosas, e hijo mío.