Vistas de página en total

jueves, 31 de enero de 2013

Una arpía aulladora se cobra viejas deudas

  No es Némesis la que ha desatado su cólera sobre la cúpula del Partido Popular. A Némesis, colérica e inflexible, se le encomendaba restablecer la justicia quebrada por el comportamiento inadecuado, por la traición de las promesas,  y por la rotura del orden social establecido , especialmente en el seno de la familia.
   No es que el Partido Popular no se merezca una Némesis terrible. Se me ocurren infinitas razones sin necesidad de reflexión alguna.
    Ha traicionado promesas .
    Ha roto el orden social establecido.
    Ha mentido de forma consciente e interesada.
  Ha aumentado con sus medidas irracionales la pobreza, la indefensión y la desconfianza de este pueblo.
    Ha desvirtuado la democracia.
    Ha burlado al Parlamento.
    Ha colonizado los medios públicos de comunicación.
    Ha hurtado la defensa judicial a los más pobres.
   Ha pactado con el integrismo episcopal en contra de lo establecido por la Constitución y en contra de la  propia realidad social .
    Ha echado sobre los hombros más indefensos el peso de los delitos - que no errores- del sistema financiero trufado en su locura por la complicidad de políticos soberbios, ambiciosos e inmorales.
     Ha debilitado al Estado de forma calculada y dañina.
     Ha quebrantado el sagrado deber de los gobiernos de mantener la cohesión social y la igualdad efectiva ante la ley empobreciendo los servicios públicos que el Estado debe garantizar al ciudadano.
    Ha pecado de soberbia y prepotencia en cada acto de gobierno esgrimiendo la mayoría absoluta que le otorgaron el miedo, el desencanto y las mentiras.
    Sí; merece su Némesis inflexible y colérica. Pero no es ella la que ahora persigue a este partido. No se trata de restablecer justicia alguna.
     No es Némesis, sino una arpía aulladora la que sobrevuela por las redacciones de los periódicos. Y no busca justicia , sino venganza y desalojo de un territorio que ambiciona de forma incontrolable. 
     Dice Virgilio que jamás ha existido un monstruo más funesto que las arpías; tampoco una plaga más terrible, arrojada sobre la humanidad por la ira desmedida de los dioses. Tienen  rostro de mujer, pero deformado por el pico de un ave de rapiña; las manos son dos garras encorvadas y tienen alas de murciélago que crujen, cuando vuelan, como si de cuero seco se hubiesen fabricado; es fétido su aliento; emiten gruñidos amenazadores e impregnan el aire con su insoportable olor a podredumbre. Todo lo ensucian con sus deposiciones frecuentes, porque es insaciable el hambre que las tortura. Y en su genética debiera estar la antropofagia, un destino cruel de devoradoras de hombres, porque sus hijas, las Estriges, de hábitos nocturnos, se especializaron en alimentarse de la sangre de los niños lactantes; como vampiros selectivos.
     Esta arpía aulladora que desgrana la carroña acumulada durante años de paciente selección de cadáveres vivientes en espera de su cólera vengativa no tiene inconveniente en devorar a su propia especie. Y ahora sobrevuela las redacciones dosificando su ración de podredumbre cotidiana de forma calculada; podredumbre que es como el veneno de la tarántula , capaz de descomponer a sus presas antes de devorarlas. 
    Con sus garras corvas, esta arpía aulladora ha desgarrado en la calle Génova, ante la sede del PP, las bolsas de basura acumuladas durante su ya larga historia y la descomposición ha vuelto el aire irrespirable.
     Su ambición no ha respetado los despachos nobles. Apunta alto. No es farol de mus, es todo un órdago, un duelo al sol en toda regla, con el  revólver empuñado. Alguno acabará muerto o malherido.
     Todo hace pensar que esta legislatura no llegará a su fin. Auguro que tendremos elecciones anticipadas.
    Mientras tanto, Rubalcaba se da de plazo hasta el 2014 para reorganizar el Partido Socialista. No sólo da la sensación de que faltan ideas renovadoras y capacidad de recuperar la confianza perdida ; falta, también, sentido de la oportunidad política para ocupar los espacios vacíos, para poner un soplo de esperanza donde ahora sólo hay miedo y desesperación. ¿Qué es un partido sin ese instinto natural? 
    Cuando la arpía proclame su victoria desde los acantilados de su soberbia con un aullido infame y terrorífico, la oposición se mirará confusa y sorprendida. 
     Quizás, entonces, no nos quede otro refugio que una abstención avergonzada y deprimente. Y, sobre la conciencia, la aceptación determinista de que somos un pueblo sin remedio. Sabrá dios, entonces, quién decidirá echar sobre sus hombros el ímprobo trabajo de salvar a la patria. Cualquiera que lo haga,  autoritario populista de los que empiezan a florecer en la Europa hambrienta del Sur, o tecnócrata impuesto por la Troika salvadora, nos devolverá a los sótanos insalubres y oscuros de la historia porque nos arrebatará definitivamente la libertad que tanto esfuerzo nos costó ganar.
   En el breve lapso de mi vida he compartido demasiada aceleración, demasiadas sucesiones. Mi pasado lejano, la infancia, fue un tiempo indigno y tenebroso dominado por una dictadura todavía joven y celebrada por las masas agradecidas. Mi madurez, cuando apenas dejaba atrás la primera juventud, fue un tiempo de esperanza y de fe en un país que limpiaba su conciencia y se entregaba al futuro con ganas de vivir. El presente es como afrontar la travesía de un desierto al que no se ven límites cuando ya las fuerzas para enhebrar proyectos y encontrar caminos disminuyen. Y el futuro que nos tienen diseñado es un tiempo incierto, cargado de amenazas.
     Hoy sólo escucho los alaridos de la arpía aulladora sobre nuestras cabezas. Quizá sirvan para que gente indigna pague sus delitos. Ojalá saquemos, al menos, una reparación tardía de la justicia, aunque no es creíble. Los plazos para la prescripción de la corrupción política son breves y los procesos demasiado largos. No veremos a nadie entrar en la prisión. Al menos, que sobrelleven la vergüenza pública, si les queda dignidad.
  Pero ese chirrido espeluznante y el batir de esas alas de cuero reseco es otra amenaza sobre nuestro futuro. Ella y sus hijas se alimentan de sangre, de la sangre de nuestros impuestos que se derrama aceleradamente en las alcantarillas de los intereses privados, a los que se les encomiendan la administración de los servicios públicos. De la carne y la sangre del Estado depauperado, anémico, saqueado, desacreditado, envilecido, troceado y vendido en el mercado de casquería donde hacen su agosto los matarifes del capital oportunista y agradecido, lo manifieste con sobres o con procedimientos no contables. 
    Según parece, en los espacios inaccesibles donde el poder manipula nuestras vidas, todo acaba por encontrar su precio y un comprador interesado. 
   
  

martes, 29 de enero de 2013

Y volvieron las putas


     Os prometo que ya no os cansaré más con extractos de una novela antigua y agotada en las librerías. Os doy una selección de un capítulo que a mí me divierte sobremanera. Ya me divirtió escribirlo extraordinariamente. El morador insomne, cacique residual en la posguerra, enamorado a destiempo de su propia esposa y rechazado por motivos que se desglosan en la  novela, a punto de perder la razón , es protegido por aquellos más próximos, que se sienten dependientes de su antiguo poder. Lo necesitan fuerte, seguro de sí mismo, impasible, autoritario. Pero se ha vuelto quebradizo. La moral y las leyes se cambian prontamente. La necesidad del poderoso, o al menos la necesidad que ellos calculan, es la verdadera ley. Espero que os divierta. La estoy reescribiendo, corrigiendo. De ahí este reencuentro inesperado.

Nueva selección de "El morador insomne"


"Luego, el cielo se quebró en tormentas: lloviznas, chubascos, chaparrones, aguaceros de violencia insólita se alternaron con un sol de justicia. Los más piadosos, que suelen ser los menos, recordaron el año como el del tiempo loco. El resto habría de recordarlo porque volvieron otra vez las putas.
Tan convencido estaba el boticario de que los males de Segundo Soria tenían su origen en la dura penitencia que supone la ausencia de coyunda carnal, por aquello de los remilgos y aspavientos de loca de Amparo de los Reyes.  Ventajoso resultaba, considerada la situación en todos sus  aspectos, que la necesidad de un hombre poderoso pudiera justificar algunas medidas excepcionales que a todos acarrearan beneficios.
Así que  por los buenos oficios de don Santiago España, capitán en ejercicio, caballero mutilado en la contienda de las dos Españas, y uno de aquellos hijos predilectos que tiene cada villa, se logró dispensa gubernativa para casa de lenocinio, con la condición de que la autoridad local haría un sayo de su capa y de que se evitaría la publicidad ostentosa.
Pero una cosa es la homilía y otra, muy diferente, repartir el trigo a manos llenas. Porque publicidad si tuvo aquella empresa. Después de la persecución de las putas pobres de los primeros días de la victoria, y de la humillación sufrida por salir de estampida con los cráneos rapados, no abundaban mujeres del oficio por aquellas tierras. Se hicieron bandos y los leyó  Panarra, comisionado para tales menesteres, por las plazas de toda la comarca. Se jugó la pelleja. De algunos lugarejos salió corrido y maltrecho, como nuestros primeros padres del paraíso. Y, si no hubo espada de fuego, ni ángel persecutorio a sus espaldas, certeras eran las pedradas de los harapiezos azuzados por las almas puras. En otros, lo increparon con palabras soeces, como que puta quizá lo fuese su señora madre y que allí no habría de encontrar ni tan sólo una. Y, en los más, lo salvaron de dar con sus huesos en los calabozos municipales las cartas de presentación del alcalde Bohígas y los sellos que avalaban que era aquella empresa autorizada, por una cuestión de interés relativamente público.
Allá van leyes do quieren reyes, reza el dicho.
Ellas llegaron en mulas de alquiler. Dios sabría su origen. Algunas, desde la calle del Burro, en la capital, donde el cerco de la moral vencedora y el celo eclesiástico convertían el oficio en algo incierto y arriesgado. Otras, quién sabe si , también, desde el afamado barrio de La Alameda de Sevilla, donde la competencia era bien grande y la pobreza espesa.  
Hasta quince mujeres de diverso pelaje contaron los curiosos, que se apelotonaban a su paso, entre el regocijo de unos y el escándalo de otros.
Se les buscó acomodo momentáneo en el viejo caserón del cuartel  de los civiles, abandonado tras años amenazando ruina. Cofres, baúles, cestones de mimbre y maletas de cartón se amontonaron en el antiguo patio de armas.
Apenas establecidas, les giró visita el doctor Santos Óleos, y no de grado la aceptaron ellas. Adujo él que mejor  era comercio saludable, que no epidemia de sífilis y purgaciones; puesto que era aquella iniciativa pública, mejor tomar medidas por parte de los servicios de salud. Excusa baladí debieron parecerles sus palabras, puesto que alguna hubo que quiso cobrarle el espectáculo.
A lo que no accedieron ella fue a la propuesta de los picos pardos. Amenazaron, incluso, con marcharse , de persistir el alcalde Bohígas en su empeño de dotarlas del uniforme distintivo. Bajo aquella amenaza que tenía muchas posibilidades de convertirse en realidad, accedió el munícipe a regañadientes, porque siempre fue un hombre empeñado en respetar las rancias tradiciones, las que sustentan los auténticos valores de la patria; en ellas está la verdadera esencia del alma de los pueblos. Pero hay fuerzas mayores. Como un manípulo de putas empeñadas en desobedecer una ordenanza sin demasiado fundamento. Y en esas ocasiones, sabía por las reflexiones militares del caballero España, mutilado de guerra, que una retirada a tiempo puede significar una victoria. Así que ellas vistieron como les dictaba su santa voluntad y el ajuar exiguo que trajeron en maletas y baúles.
Fuera porque las cosas de palacio van despacio, o por el tráfico de influencias de parecido peso que se barajan en asuntos de tanta trascendencia, lo que iba ser acomodo de un día se convirtió en morada permanente. Adecentaron ellas las estancias abandonadas, enjalbegaron muros, llenaron los amplios ventanales con macetones de geranios y albahacas; adornaron las paredes con estampas paisajistas de pintores ingleses, una mala copia del Jardín de las Vírgenes Prudentes, y una Santa Cena en la que el Hijo del Hombre se señalaba el corazón en llamas con dedos demasiado cuidados para ser la mano de un carpintero; colocaron tiestos con claveles en la larga mesa de tablones , apenas desbastados, de los que fuera el cuerpo de guardia, y transformaron la antigua caballeriza en gallinero, con que ayudar al sustento.
Hasta las fiestas de agosto anduvieron escasas de clientela, entregadas a labores de subsistencia con el cultivo, por riguroso turno, de la tierra fértil del patio de instrucción que cavaron con sus manos para sembrar patatas y hortalizas. Ejemplares resultaban en su empeño. Proyectaban quedarse largo tiempo.
Tan sólo visitantes ocasionales, nocturnos, embozados, se atrevieron en los primeros meses a visitarlas. La necesidad proveía de maña y de  recursos para burlar la curiosidad enfermiza que, día y noche, cercaba el caserón de los cuarteles viejos.
Pero, pronto, las alegrías del trabajo hicieron olvidar los sinsabores de la mudanza y de las promesas incumplidas. En las fiestas patronales, el antiguo patio de armas se convirtió en patio de monasterio, según acudieron allí, desde muchas leguas, romeros incontables del amor comprado. Fue un tiempo de abundancia, en el que hubieron de encomendar  la huerta, bien cuidada, a los buenos oficios de un hortelano viejo y amigable.
Al calor del gentío llegaron también las buenaventuradoras errantes, que compitieron con la santa Engracia, beneficiadas por el atractivo indudable de lo novedoso. Y los trileros, en cuyos juegos malabares se obstinaban los cándidos campesinos de camisas blancas.
Muy a pesar de los bandos del alcalde Bohígas contra vagos y maleantes, legión eran también los pedigüeños, los falsos tullidos, y los tullidos verdaderos, que el amor cumplido desata la bolsa del caminante. Y, mucho más, si aderezó con vino la empresa placentera.
Y, aunque todas ellas eran mañosas para las obligaciones de su oficio, pues no en balde las muchas necesidades y vicisitudes las habían vuelto taimadas para simular embeleso y versadas en el arte de embaucar incautos, muy reñidos fueron los favores de Petra la Tatuada. No tanto por su buenos oficios amatorios, como por la diminuta flor de lis que le había florecido sobre la piel blanquísima del pecho.
Se hicieron cábalas sobre su origen noble. Lo desmentían a voces sus francas risotadas, su lengua suelta, su propia ocupación, y, sobre todo, el nombre.
Corrió, también, la especie de que tal marca era recuerdo de un caprichoso noble toledano del que fue mantenida hasta la guerra.
Aquel nombre plebeyo y la ausencia del comedimiento natural que da la buena cuna acabaron por disipar las fantasías sobre el origen de aquella flor de lis que ella acunaba entre sus pechos generosos, pero en nada menguó el interés que despertaba la rareza del tatuaje.
Y, como suele suceder en todo negocio floreciente, pronto surgió la competencia. Con el relajo de la autoridad, volvieron a abrir sus puertas en las callejuelas estrechas de la judería casas  de reputada tradición en aquellos menesteres.  Y si, poco antes, Petra la Tatuada, por el trabajo desigual y ningún beneficio extraordinario, había decidido hacerse borrar la flor de lis con ácido muriático, pronto  decidió aumentar el jardín sobre su piel y requirió los servicios de un marinero errante, de barba encanecida y manos grandes, que le dibujó con paciencia infinita un clavel reventón, y de tamaño natural, allí donde la espalda pierde su nombre desgraciado.
Cansado de andar perdido tierra adentro, pidió el marino quedarse. Pidió también tocar su acordeón cuando le viniese en ganas. Y, por las noches, endulzaba el aire con su música sin tiempo, preñada de nostalgias, y ahogaba en vino peleón su sed de mar. Para el día en que decidió marcharse, dejó tras de sí una primavera indeleble floreciendo en ombliguillos sonrosados, en alcores morenos y apretados, en bosquecillos de negrura densa, o en los pliegues que dejan en el vientre la buena mesa y la vida regalada.
Ellas lo amaron como a un padre, y cuando él se fue, espoleado por sus morriñas, con el norte borrado en su rosa de los vientos, compraron un gramófono. Y ya hubo siempre música de acordeones en el Jardín de las Tatuadas.
Así llamaron muchos, desde entonces, al antiguo caserón de los cuarteles. Hermoso nombre, pero extraño para un lugar que antes se distinguió por la apostura y bizarría de sus antiguos moradores. Todo lo cambiará la edad mudable, por no hacer mudanza en su costumbre, debió decir algún poeta observador, dolido porque lo que se ama no perdura; porque el tiempo se lleva las cenizas de lo que creíamos la memoria indeleble. Sobre la piel de las putas, que vinieron de lejos, florecieron claveles, rosas rojas, flores inexistentes, sincréticas, inventadas por el artista marinero, sin nombre, pero hermosas; y borraron el nombre y la memoria de un cuartel de civiles bizarros, de encrespados bigotes.
Fue un tiempo de prosperidad desconocida. Aun sin aquella primavera carnal y colorida lo habría sido, a pesar de la naciente competencia;  porque, con aquella cédula gubernativa que autorizaba el comercio carnal en la villa, en días de holganza peregrinaban hasta el pueblo  varones de toda la comarca;  llegaban hasta camionetas fletadas desde las minas de Peñarroya y Pueblonuevo, más allá de la raya de Córdoba.
El Jardín de las Tatuadas fue, desde entonces, como hospital de urgencia para la soledad y remanso de paz para los desheredados del amor. Y no cerró sus puertas, ni se apagó el farol rojizo que anunciaba su disposición al servicio a cualquier hora, sino el día señalado de las exequias funerales de Amparo de los Reyes, en mudo reconocimiento de su santidad imposible; y, algún tiempo después, por disposición gubernativa, cuando giró visita aquel obispo sufragáneo que investigaba los prodigios de la mujer llagada."

lunes, 28 de enero de 2013

¡Vale, literatura...!


De la novela  "El morador insomne"
Ganadora  del Premio Internacional de novela "Felipe Trigo"

Para mi alumnado de diversificación de este curso, enfrascado ahora 
en la restauración borbónica y en comprender cómo  los caciques locales controlaban la política del país.

Para que podamos constatar que  todavía la persistente descendencia de aquellos facinerosos del poder , enmascarada en una decadente democracia, teje complicidades , violenta leyes, conculca derechos, se apropia del dinero público y corrompe la convivencia, amparada por un poder político contaminado y cómplice.

"Y Segundo Soria, que fue siempre un hombre impetuoso, de discurso tajante, empezó a sumirse en un mutismo inesperado, y experimentó los primeros síntomas de aquella enfermedad extraordinaria que ya lo haría famoso para siempre. Incluso, en los lugares a los que no alcanzó su prepotencia juvenil, ni alcanzaba el ejercicio de su autoridad implacable en las elecciones; la autoridad que heredó de su padre y que aquél había ejercido honestamente desde la Restauración.
Aquellos sí fueron tiempos brillantes para las familias de abolengo rancio. Los oligarcas terratenientes, enfeudados sobre cualquier vida que surgiera en su dominio, administraban según su voluntad el poder heredado: repartían los cargos municipales y las tierras del común; administraban justicia y establecían los gravámenes fiscales; disponían de juzgados, audiencias, gobernaciones, fuerza pública y reales órdenes como de instrumento propio. Esos fueron los beneficios del orden canovista, y el juego de equilibrio de fuerzas contrapuestas que siempre beneficiaba a quien manejaba el fiel de la balanza. La oposición sólo sirve para coartar el justo ejercicio del poder legítimo, el que se logra desde la cuna o con la fuerza. Eso pensó siempre don Segundo. Y mucho antes lo pensó su padre, que había sido alternativamente conservador y liberal según quién repartiera las prebendas. Esos son pensamientos que se heredan. Verdades como puños incrustadas en la conciencia familiar.  Sabiduría, también. Incuestionable sabiduría para lograr que todos respetaran su fuerza y sus dictados. Los gobernantes, porque les garantizaba el voto obediente, fabricando los resultados de las elecciones que ayudaran a fingir las apariencias de una democracia; el pueblo llano y pobre, porque les proporcionaba favores, recomendaciones, derecho de uso de tierras  y caminos vecinales, o un puesto de trabajo en sus almazaras o en sus tierras de labranza.
Poco importó nunca que aquello fuera sólo un paisaje de papel pintado. Un prohombre local, versado en el oficio, garantizaba el orden sucesorio. Rara vez recurrió su padre a la intimidación o a la encarcelación de los votantes renuentes. Si acaso, en contadas ocasiones, recurrió a la votación masiva de los muertos, lo que, si bien se mira, parece de justicia, pues en vida de aquéllos, buen trabajo le llevó ganar sus voluntades.
No pocos beneficios logró la villa por aquel entonces con la exportación de los caldos generosos de sus viñas, milagrosamente respetadas por la filoxera; con el establecimiento de renombradas curtidurías, que competían sin menoscabo con las de Zafra; con la industria de molienda de grano que ocupaba a más trabajadores que  las harineras de Castuera. Y tenían renombre sus cerdos negros entrepelados en las ferias ganaderas más mentadas, como Zafra, Mérida, Trujillo, Zalamea , y Cabeza del Buey.
La sociedad minera y metalúrgica de Peñarroya estableció una línea ferroviaria de  vía estrecha con el dinero de los Rothshild, y comenzó la explotación frenética de las minas de carbón de la Oscuridad, mientras el plomo de las entrañas ricas de aquella tierra obligaba a cerrar las minas de media Europa.
Fueron años sin emigración. Años prósperos y pacíficos. En las elecciones del diecisiete sacó su padre  casi tres mil votos favorables y sólo cuatro en contra. El libre albedrío, por demás imposible, resultaba sospechoso.
Su padre sí que era poderoso. Pero, eran otros tiempos. Y, a pesar de aquella autoridad heredada, en abril del treinta y uno se le había escapado a don Segundo de entre las manos una buena parte del poder tradicional de la familia. El voto de los mineros había colocado en el Ayuntamiento a varios concejales socialistas y de izquierda republicana. Primo de Rivera resultó fatal para  la gente como él.  Permanecer inmóvil, petrificado, a la expectativa, entraña riesgos. El dictador no necesitó parlamentarios a juego con las normas de alternancia. Parlamento no había.  No necesitó, por tanto,  que los señores de la tierra ejercieran su oficio. Y cualquier oficio necesita su práctica, o acaba enmohecido y ruinoso. Saberse innecesario fue un golpe duro para él.  Por otro lado, la mina escapaba al control de la familia Soria. Ni aun su padre,  cuya inteligencia previsora nunca tuvo, habría sabido cómo controlar a aquellos hombres tiznados y aguerridos.
La minería no fue nunca oficio de señores.
Y con los mineros llegó también el olvido de Dios. Porque es su obligación cuidar de su rebaño. Con ellos llegaron a la villa tranquila y provinciana los primeros seguidores de aquel Fanelli que introdujo en Cataluña las doctrinas de Bakunin. ¡En mala hora!  Nada bueno trajeron en el hato los predicadores de aquella causa que llegaban a pie, como apóstoles del infierno, delgados, desorganizados, incombustibles, convencidos,  armados con discursos incendiarios. Contaron desde el principio  con la ayuda inestimable del impresor Doménech, un catalán también, que montó su imprenta  en aquella villa años después de la Exposición Universal de Barcelona sin explicar razones que, por otra parte, nadie le pidió. Corrían rumores de que llegaba huido del atentado con petardos contra la procesión del Corpus en Barcelona. Pero, probablemente serían rumores sin fundamento; rumores inventados por el temor al forastero notable que florece en los pueblos de interior". 

domingo, 27 de enero de 2013

Haraquiri

  Alguna vez allegados, gente próxima, han llegado a decirme que mantener un blog como éste es una especie de ejercicio masoquista para mí mismo y algo sádico para lo que me sigan de vez en cuando, porque sólo se hace eco de maldades que cercan nuestras vidas inocentes.
            Supongo que el título es suficientemente clarificador. Es una crónica de la indignidad lo que yo escribo. Desde mi particular punto de vista, desde luego. Pero, indignidad al cabo. La indignidad  que nos cerca en cualquier región del mundo y que nos hace lamentar, en ocasiones, tener que compartir naturaleza y especie con individuos desalmados.
    Yo, como Rajoy, tengo fe en el tiempo. Cada palabra justa dará fruto, cuando llegue su hora. Como la gota persistente que, a pesar de su fragilidad e inconsistencia aparente, acabará agujereando la piedra, así cada palabra de denuncia justificada y compartida tiene la obligación de mejorar el mundo.
   ¿Cómo callar lo que uno ve como injusticia sangrienta? ¿Cómo no hacerse eco del desgarro de los seres humanos ante un sistema irracional e injusto? Este conjunto de factores degenerados -económicos, políticos, morales- que llamamos crisis nos zarandea, desencuaderna nuestros frágiles esquifes, esas tablas entrelazadas con las que afrontamos el agitado océano de la vida, pero no puede, encima, exigirnos un silencio cómplice. Al menos yo no pienso concederle esa baza en esta guerra abierta por la dignidad del ser humano, de cualquiera de nosotros, a los que se nos impone ser menos libres, menos ciudadanos, menos  soberanos de nuestra propia vida, para seguir viviendo en un mundo que nos han arrebatado y que han envilecido con valores inhumanos.
            No puedo renunciar al entusiasmo joven aunque cumpla años; no puedo renunciar a la esperanza. Sé historia, la he aprendido. He aprendido que el progreso humano, esa ingente obra colectiva, siempre tuvo como motor la toma de conciencia y la esperanza. Hoy no será diferente. Pero es imprescindible la toma de conciencia.
            Denunciar la indignidad, si me permitís el juego de palabras, acrecienta nuestra indignación, la justa cólera de una sociedad muy defraudada. Y la indignación que hoy esgrimimos no es sino reclamación de una ética social imprescindible para recuperar los valores democráticos arrebatados, corrompidos, deteriorados por los poderes económicos y sus cómplices imprescindibles, aquellos en quienes delegamos los poderes del Estado, aquellos que nos han diseñado una sociedad sin alma, que quieren determinista y silenciosa. 
            Yo me rebelo. 
            Otro día haré literatura, ésa que mis allegados me reclaman. 
            Hoy urge la toma de conciencia, satisfacer la exigencia moral de mi interior, denunciar la maldad que nos arrojan desde las almenas del poder como un aceite hirviendo para abrasar nuestras denuncias, nuestra reclamación de honestidad, nuestra rebelión permanente a la mentira interesada con la que pretenden adormecernos, dominarnos, silenciarnos, diluirnos en una difusa conciencia de culpa colectiva. 
            Y los que han degenerado el sistema democrático llamarán "antisistema" a quien denuncia sus maldades ¡Tanto da! Algún día ese discurso acabará agotado. La realidad los cerca. Su propia podredumbre los asfixia. Caerán. Sólo hay que tener dispuestas las alternativas razonables que nos permitan recuperar la fe en nosotros mismos, la autoestima y la esperanza. Ellos son unos pocos. Nosotros, multitud.
            Pero la guerra contra la indignidad no tiene tregua. Se trata, seguramente, de un defecto de fabricación en la naturaleza humana.
            Decidme cómo guardar silencio ante noticias como ésta. Un tal Taso Ato, por mal nombre dada su propuesta, viceprimer ministro japonés y ministro de finanzas, pidió recientemente a millones de compatriotas ancianos que se hagan el haraquiri para disminuir los gastos del estado en sus cuidados médicos y el pago de pensiones. Este tipo es una de las grandes fortunas japonesas. Él sí podrá costearse cuidados paliativos e, incluso, la congelación de su cadáver despreciable, por si un día la ciencia permite que los ricos malvados tengan una segunda oportunidad en esta vida.
            Haraquiri es un ritual famoso: se trata de un suicido para purgar alguna culpa; penitencia autoimpuesta por  haber defraudado al señor medieval, dueño de tu destino y de tu vida. Una miseria en toda regla, producto de un sistema social piramidal e injustificable que tiene su fundamento en las diferentes calidades de los individuos. Este tipo, como tantos otros que gobiernan nuestra vida, parece convencido de que el control del déficit es más importante que un ser humano. Sobre todo, cuando el ser humano ha dejado de ser productivo y precisa los cuidados del estado. 
            No es una frase sacada de contexto. La argumentó suficientemente. Responde a un pensamiento teórico que alimenta su comportamiento político. Inhumano y  genocida, diría yo. 
            Decidme si hemos de guardar silencio  ¿Pensáis que es un pensamiento que no nos afecta, porque Japón nos coge lejos? Recientemente la Consejera de Salud de la Comunidad de Madrid se preguntaba en rueda de prensa si era legítimo que un enfermo crónico viviera a expensas del sistema el resto de su vida.
            ¿Está  tan lejos Japón de Madrid como parece en el planisferio...?
            Sabed que la derecha, el actual órgano político del capitalismo desaforado, tiene un pensamiento universal, unívoco. Los beneficios del capital son sagrados. El resto de los seres humanos somos tan sólo el instrumento imprescindible para ese objetivo inmoral de mantener sus beneficios. Da igual la bandera que adorne sus despachos y la lengua que hablen. Comparten, también, una ausencia absoluta de moral. El único código que respetan es el beneficio. Que no os confunda que muchos de ellos sean de comunión diaria, ¡pura apariencia! No tiene otra fe que el beneficio. Ante ese dios son absolutamente serviles y piadosos.
            No creo que sea necesario ampliar el repertorio de reflexiones de esta entrada. La mayor parte de los que seguís este blog sois más inteligentes que yo. Probablemente no necesitéis mis reflexiones. Pero yo me libero escribiéndolas.
  Perdonadme quienes me reclamáis literatura. Otro día será. Os lo prometo. 



jueves, 24 de enero de 2013

Tagentópolis

     Quizá nos escandalice la confirmación cotidiana de la corrupción que nos cerca y nos invade desde cualquier rincón de la vida pública. Será que reflexionamos poco sobre lo que nos rodea. El neoliberalismo  triunfante en los tiempos presentes como credo económico es la clueca que empolla nidadas de corrupción cada vez más invasivas y  más dañinas para el sistema democrático. ¿Qué otra cosa se puede esperar de un sistema cuyo único principio es el enriquecimiento personal sin importar los medios? La corrupción no es sino un instrumento más para cumplir sus objetivos y satisfacer sus intereses.
    Venimos denunciando , una y mil veces, que el cuarto poder, el capital que no acepta la regulación de la sociedad civil, controla al poder político, lo somete o lo compra, porque el poder político legitimado con los votos ciudadanos resulta fundamental en su proceso de dominio de nuestras vidas y de nuestra economía.
   ¿El caso Bárcenas que sacude los cimientos del país nos coge por sorpresa? Aportará quizás aspectos novedosos; pero sorpresa, no. La corrupción política no es sino un exponente más de la capacidad contaminante del capitalismo insaciable. También, para qué negarlo, de la decadencia del sistema de valores  democráticos, de la escasa salud de las instituciones, y de la degeneración interna de los partidos políticos históricos, hoy invadidos por gente logrera, oportunista, inmoral, que ha hecho de la representación política y de la administración del poder que delegamos en ellos un instrumento para el enriquecimiento personal y una ocasión para el delito continuado.
     El título de este escrito tampoco es novedoso, sin embargo aclararé su significado para aquellos que sólo tengan una vaga referencia de lo que en su día supuso.
   El término Tagentópolis - ciudad del soborno- se acuñó en Italia durante un largo y demoledor proceso que el fiscal del Estado Antonio di Pietro emprendió en 1992 contra la mayor parte de los partidos políticos históricos y responsables del gobierno de la nación. Investigó a miles de personas, políticos en activo y empresarios, que habían tejido una espesa red de clientelismo y corrupción para saquear al estado en beneficio propio. Las consecuencias fueron tremendamente perjudiciales para los partidos dominantes, sobre todo para la Democracia Cristiana - prácticamente desapareció- y el Partido Socialista Italiano, que casi no logró representación en la siguientes elecciones generales. No podemos decir que aquel proceso fuera regenerativo para el sistema democrático italiano en absoluto. Aparecieron la Liga Norte y Berlusconi, capaces de prostituir el sistema político hasta niveles desconocidos. 
   Pero ellos son cuestión del pueblo italiano que debe responder ante su propia historia de a quién otorga su voto soberano. Nosotros no estamos en condiciones de hacer juicios de valor sobre aquella tagentópolis. Tenemos la nuestra y, por lo que empezamos a comprobar, de dimensiones extraordinarias.
  El caso Bárcenas y la basura que iremos recibiendo en los próximos días con cuentagotas - hoy es un ex consejero de Esperanza Aguirre, López Viejo, el que salta a las páginas de los periódicos por cuentas opacas en Suiza- no tiene una intención depuradora; es exclusivamente una guerra descarnada por el poder en el Partido Popular.
   La cúpula del partido está nerviosa. Tiene motivos, pero las medidas arbitradas son irrisorias. Una auditoría interna, externa o mediopensionista, no aclarará sino que los libros oficiales reflejan cuentas impecables del partido. Faltaría más. Un gesto de la cínica Cospedal a la galería, un trabajo inútil cuyos resultados previsibles no rebajarán ni un ápice la tensión de una organización que se sabe sometida , con razones fundadas y declaraciones de militantes y ex militantes, a la sospecha de haber llevado a cabo desde su propia tesorería actuaciones al margen de la ley, como el enriquecimiento ilícito de altos cargos con fondos no declarados, producto seguramente de la prevaricación, el clientelismo y la corrupción, y el consiguiente fraude fiscal .
   Yo podría aventurar ahora mismo el resultado de esas auditorias y ahorrarle a Cospedal  el simulacro.
    El juez Ruz , que sustituyó a Garzón en la investigación del caso "Gürtel", le ha encontrado al ex tesorero del PP una cuenta escondida en Suiza con veintidós millones de euros de procedencia difícilmente justificable. A partir de ahí, El Mundo , asesorado por una voz en la sombra que conoce las interioridades del Partido Popular, ha orientado su ventilador intencionado en dirección a la inmundicia.
    En mi opinión es un jaque a Rajoy y a su equipo de gobierno. Y en el momento más inoportuno de la legislatura, porque las encuestas de opinión colocan al PP en su momento más bajo desde las generales de noviembre de 2011 y otorgan a Rajoy el rechazo de tres de cada cuatro ciudadanos en edad de votar. Esperanza Aguirre, esa heroína liberal, ya se ha apresurado a manifestar que con esta perspectiva no se le puede permitir acabar la legislatura. Viejas cuentas pendientes y facturas por cobrar.
   Esperanza está dotada de un egocentrismo a prueba de terremotos y de una ambición sin límites. Ella no tiene disciplina de partido, ni  sentido de estado, sino un individualismo acendrado e inútil para la gestión de la cosa pública. Tengo por cierto que Aguirre pretende no jubilarse sin haber sido presidenta de un gobierno nacional. Y sospecho que está jugando su partida. La derecha más acendrada, la más inmovilista, la más dura, la apoyará sin duda. Y con ella, la derecha populista, la que solicita discursos agresivos, comportamientos autoritarios y maneras chulescas como marcas de identidad.
    Si esta situación no afectara a la credibilidad del país en la esfera internacional , seria gratificante ver a las fieras disputándose en público, en una guerra sin cuartel, subterránea y despiadada, el control del poder en un partido con incierto futuro.
 
 
    




lunes, 21 de enero de 2013

Verdadera mafia

 Que el Partido Popular ha utilizado prácticas ilegales y, aún más, delictivas, en su financiación desde hace muchos años no es ni objeto de discusión. En muchas comunidades donde ejerce gobierno innumerables altos cargos del Partido están en la antesala de los juzgados, o sentados directamente en el banquillo de los acusados. Hay tantas evidencias, tantos datos, tantas pruebas, tantos testigos que resulta inútil el esfuerzo del partido por negarlo o las amenazas a quien ose remover este asunto. En algún caso sus esfuerzos dieron resultados. Preguntemos al juez Garzón, apartado de la carrera judicial por poner demasiado empeño en husmear las madrigueras del caso "Gürtel". 
            Ya parece caso perdido. Bárcenas y su fortuna viajera no recibirán sordina. El escándalo es monumental. La indignación también, aunque buena parte de ella resulta simulada. 
            El caso Bárcenas añade, eso sí, gravedad insólita. Siempre pensé que las piezas del engranaje que cobraban en B eran piezas auxiliares, las que se jugaban la dignidad y el prestigio realizando los trabajos sucios del Partido, las piezas sacrificables en momentos de peligro, los que cargan con las culpas y limpian la hoja de servicios de los dirigentes cargando con el oprobio de los comportamientos indignos como cosa propia, a cambio del olvido rápido y una jubilación envidiable con la fortuna personal acrecentada.
            El enriquecimiento personal de estos individuos es el plus de peligrosidad. Y, claro, el dinero sucio no tributa. ¿Cómo iban a declarar a Hacienda las mordidas suculentas, el porcentaje del delito que corresponde al mediador?
            Craso error por mi parte. Hay parece fuera de toda duda que la Caja B ha funcionado en el Partido Popular durante buena parte de su historia para todos la altos cargos del partido de forma proporcional a la importancia de sus funciones. Diez mil euros al mes para las funciones más destacadas. Tres mil, al menos, para las de menor importancia, incluyendo periodos en los que el PP ha ejercido funciones de gobierno.  Lisa y llanamente, los altos cargos del Partido se han lucrado con dinero de procedencia ilegal y han defraudado a Hacienda. Así lo confirma hoy en  El País un ex parlamentario popular que firma con su nombre y apellidos.
            A nadie con responsabilidad en el partido le consta. No se niega taxativamente. Sencillamente, no hay constancia. Cospedal se compromete a revisar las cuentas todas las veces que haga falta buscando comportamientos delictivos en los libros  de cuentas.  Demostrará que el Partido Popular es un partido limpio, sin nada que ocultar ¿Somos idiotas? Es evidente que las cantidades de procedencia ilegal y los pagos en B los apuntan los partidos en sus libros oficiales.
            ¡Se llama contabilidad oculta por algo, María de los múltiples dolores de las Mancha!
            La furia privatizadora del partido, desde esta perspectiva novedosa, pierde fuerza ideológica  y cobra dimensiones de negocio, función recaudadora. Esas cantidades mensuales suponen un presupuesto anual muy elevado de dinero negro, una necesidad imperiosa de recaudación. No hace falta justificación ideológica alguna. Son números que cuadrar y muchos cómplices a los que dar satisfacción. El ejercicio de la política como negocio mafioso y lucrativo. La tapadera perfecta para una organización de delincuentes; porque es delito cada una de estas prácticas denunciadas. Y, sobre todo, es lamentable. Es un atentado en toda regla contra el sistema democrático perpetrado desde el interior por infiltrados sin dignidad y sin respeto alguno por las reglas del juego. 
            Después de esto, ¿qué autoridad moral le cabe a este partido para solicitarnos sacrificios al resto de los ciudadanos, tras haber defraudado a Hacienda de forma sistemática y de utilizar el poder como instrumento para el enriquecimiento personal burlando cualquier ley y cualquier principio moral?
Me gustaría saberlo
            En realidad, me gustaría que el Gobierno dimitiese mañana. Hay en Europa algún presidente de gobierno que ha dimitido porque descubrieron que plagió algunas páginas de su tesis doctoral. Me gustaría, también, que la cúpula directiva del Partido Popular dimitiera media hora después, pidiera disculpas inútiles como el rey cazador y encargara a los militantes honestos - los hay en todos los partidos- la elección de un equipo de gobierno limpio y con vocación de servicio a la nación.
            ¡En fin! ¡Cosas mías! 
            Una cuestión me tiene confundido ¿Qué oscuro proyecto se esconde tras la carnaza que El Mundo ha puesto a nuestro alcance? No pensaréis que El Mundo, como aquel Saulo, que devino en Pablo, el apóstol culto que sabía Griego, se ha caído de un caballo y como consecuencia de un golpe en la cabeza ha visto la luz de forma repentina. A ese libelo le interesa la honestidad tanto como a mí la mineralogía. Nació con el objetivo de manipular para desalojar al PSOE de sus posiciones dominantes en la sociedad. No ha dejado de manipular desde entonces. Ahora manipula, como siempre.
            Podéis estar seguros de que hay un proyecto en marcha. De gran calado, sin lugar a dudas porque la apuesta es fuerte. Y si El Mundo juega en la partida, el objetivo será empeorar lo que tenemos. 
  

martes, 15 de enero de 2013

Fascistas

   La semana pasada encontré  casualmente a una antigua alumna. Repartía publicidad por los buzones del barrio. Por mis cálculos debería estar terminando este curso su licenciatura de Filología Inglesa. Me interesé por si compatibilizaba el buzoneo con los estudios. Lo negó. Lo ha dejado en el último curso. El encarecimiento de las matrículas y la situación de su familia a la que , también, ha castigado el paro, como a casi todas las del barrio, no le ha permitido por ahora terminar su licenciatura. 
    Siempre fue una chica decidida, independiente, capaz de tomar decisiones y de afrontar las consecuencias. Una mujer de hoy, capaz de buscar solución a sus problemas por sí misma, sin excesiva dependencia de los demás. Sé que estuvo en Inglaterra algún verano, perfeccionando su inglés y ahorrando algunas libras para aguantar el curso. Apelé a esa capacidad y le insinué que  con sus capacidades probablemente encontraría trabajo en el extranjero, en Inglaterra, en Escocia... Conozco casos. Les va bien.
   Lo negó tajantemente. Me dijo que las medidas políticas y económicas de este gobierno la habían echado de la Universidad, pero que no estaba dispuesta a que la echaran, también, de su país.
   Había en sus ojos un punto de dureza, de calmada decisión; una mezcla de desencanto prematuro a los veinte años , o poco más , y de controlada indignación. En ese momento la vi con otros ojos. Pensé que estaba ya ante una persona definitivamente adulta, capaz de valorar sus circunstancias con objetividad y de tomar decisiones a conciencia. Seguramente, cuando acuda a las urnas , su voto será un voto meditado.
   De forma paralela, comprobé el pasado fin de semana en las encuestas de opinión de Metroscopia, que tienen una frecuencia mensual, lo que ya era de esperar. El Partido Popular está en la mínima aceptación desde las generales de noviembre. Hoy lo votarían sus fieles exclusivamente, en torno al 30%, su parroquia histórica. Ese 13% prestado por el desencanto con el que ganó las generales se le ha esfumado, como consecuencia de que ha defraudado las esperanzas infundadas de mucha gente. Con ese porcentaje difícilmente estaría en condiciones de formar gobierno. Me alegro infinitamente. Aunque no sé quién podría asumir esa responsabilidad,  me conformaría con que no fuera esta derecha cínica y sin sentido de estado.
  Y en cuanto a la valoración de los miembros del gobierno, sólo un ministro es peor valorado que el presidente Rajoy, rechazado por el 74 % de los encuestados. Se trata de José Ignacio Wert. Sólo es aceptado claramente por el 19% de los encuestados, mientras el 75 % de la población española lo reprueba o lo rechaza; el resto afirma no conocerlo.
   Tres de cada cuatro españoles en edad de votar desaprueban la gestión de Wert al frente del Ministerio  de Educación y Cultura. 
    Ayer fue noticia que unos centenares de personas impidieron a Wert impartir una conferencia en Sevilla, dentro del tour por provincias que ha organizado El Mundo a los miembros del gobierno para que recuperen credibilidad. Son faenas de lucimiento ante los propios. Sevilla no es mala plaza. Está Zoido en la alcaldía y la  capacidad de convocatoria de Arenas, presente en el salón, arropa mucho.
    Alguna vez he comentado que un rasgo de la soberbia del poder es que ignora la importancia de los movimientos sociales. Algo así ha pasado aquí. Cien indignados con la política educativa del gobierno no han permitido al ministro impartir su conferencia de lucimiento ante la fiel parroquia sevillana.
    Wert los ha llamado fascistas.
    Yo no creo que entre quienes pedían su dimisión hubiera ni una sola persona a la que le cuadrara el calificativo. He recordado de forma inmediata a mi antigua alumna, en cuya vida, como un obús traicionero disparado desde el anonimato de los despachos donde se toman decisiones que trastocan dramáticamente la vida de los ciudadanos, han reventado las medidas ideológicas de este gobierno que han quebrado el futuro que ella se había diseñado con esfuerzo y voluntad.
   No sé si estaba entre el grupo de indignados que impidió tomar la palabra a este ministro rechazado por tres de cuatro españoles en edad de votar, pero si hubiera estado, yo entiendo su indignación y su rechazo. Entiendo que no permitieran tomar la palabra a quien no está dispuesto a escuchar a nadie, salvo a sus cómplices confesionales,- la Conferencia Episcopal, el Opus Dei, especialmente-, en un asunto tan extraordinario como una ley de educación, en cuya redacción son imprescindibles toneladas de consenso social.
   No, Ministro Wert.; no creo que hubiera allí ningún fascista pidiendo a gritos su dimisión;  quizá lo hubiera en las filas de quienes aplaudían; entre su gente sí quedan rincones oscuros y mohosos de fascismo. El fascismo niega la igualdad, hurta derechos, prostituye los parlamentos y enarbola la autoridad o la violencia como argumento definitivo. Las palabras las carga el diablo. Cuide las suyas, porque para ustedes democracia sólo es un concepto, una vaga referencia a la mayoría que dan las urnas, en demasiadas ocasiones, para legitimar decisiones cuya única justificación es el beneficio económico de sus cómplices.
    El fascismo favorece a unos en detrimento de otros. No lo olvide, cuando use ese término.
  No olvide, tampoco, que la Ley de Educación de su gobierno es una ley inútil. Nace muerta. La estamos rechazando cada día. No durará mucho más que usted. Y a usted ya lo ha condenado la calle soberana.