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viernes, 9 de noviembre de 2012

Un asesor pedagógico pasaba por allí

A Wert debería bastarle con poner en marcha  la reforma ideológica de las  enseñanzas. Para eso se le puso en el sillón ministerial.
                El objetivo claro, como en el resto  de los servicios públicos, era  el empobrecimiento y la paulatina privatización de los mismos.  Con eso, una vez cumplido el compromiso de eliminar Educación para la Ciudadanía, que era una petición insoslayable del integrismo religioso y de sus persistentes compañeros de viaje, debía haberse quedado satisfecho.
                Pero, no.  Necesitaba dejar su huella, también en un aspecto donde su competencia no es ni siquiera discutible. Sencillamente, no la tiene.  Se ha atrevido, también, con el diseño de los contenidos curriculares.
                Desde luego, no son los ministros quienes deciden esas cuestiones complejas. Si la reforma se concibe como una modificación profunda del sistema educativo para adecuarlo a las circunstancias sociales, normalmente se consensua contando con profesionales cualificados. Y  cuantas más sensibilidades  se contemplen,  mejor. No es el caso. Las mayorías absolutas se suelen subir a la cabeza. Y si la mayoría absoluta se marida con la manifiesta falta de respeto a la diversidad, y con  el desinterés por las cuestiones fundamentales de la Educación, el problema se agrava. En estos casos, basta el criterio de algún asesor pedagógico afín y osado que pasaba por allí. Quedará en su currículum. Todo un logro. Maquinó la reforma educativa del 2012. Ahí es nada.
                Hablar de forma amplia de la reforma que propugna Wert sería arduo. Hoy sólo haré referencia a una de sus muchas propuestas peregrinas. Peregrina porque no tiene demasiado sentido;  y peregrina, porque trastoca profundamente situaciones profesionales sin obtener beneficio alguno para la sociedad, ni para nadie.
                Ha tenido la ocurrencia , sea quien sea la persona que asesora a este ministro soberbio y malquerido, de eliminar Griego de la oferta educativa del Bachillerato de Ciencias Humanas, como asignatura de modalidad y sustituirlo por Literatura Universal.
                Parece olvidar un aspecto fundamental de las enseñanzas modernas. Vale más el aspecto metodológico de lo que enseñamos que los propios contenidos. Las lenguas clásicas forman en muchos aspectos importantes ; pero, especialmente, en cuestiones metodológicas. Tanto como la más metodológica de las disciplinas. Y, desde luego, infinitamente más que Literatura Universal, con todos los respetos. Si el objetivo es desarrollar en el alumnado la capacidad de análisis para encontrar soluciones adecuadas con prontitud, una lengua flexiva extraña, cuyo entendimiento solicita el manejo simultáneo de infinidad de datos morfológicos, sintácticos y léxicos es una práctica insustituible en el ámbito de las Humanidades para el desarrollo de dicha capacidad. Probablemente, ese tipo de formación no sea la deseable, desde la perspectiva de la Educación que ha diseñado el Partido Popular.
                Pero, como cuestión añadida, esa decisión descolocará a infinidad de profesionales muy especializados, muy cualificados, de larga trayectoria profesional. Los obligará a impartir asignaturas afines, a desplazamientos de su puesto de trabajo. La pregunta que sigue debería ser contestada por el propio ministro. ¿Cuánto profesorado especialista en Literatura Universal tiene pendiente de colocación? 
       Sí; la respuesta es ninguno. Y, probablemente, para muchos Departamentos supondrá un desaguisado tener que afrontar una programación comprometida - la literatura universal no es abarcable en un solo año- que obligará a un trabajo de selección de contenidos de los que, probablemente, nunca estaremos satisfechos.
                La literatura Universal es, sobre todo, una afición que muchos individuos compartimos, señor ministro. Se podría argumentar que hay muchos docentes cualificados para impartirla. Y es verdad. Pero, esa modificación del  diseño en el currículum de Bachillerato es sólo una ocurrencia poco justificada de un asesor pedagógico que pasaba por allí. No aporta ni una sola ventaja y sobrecarga de dificultades una zona demasiado minada ya por su gobierno.
                Usted pasará a la historia, esa que se escribe con la letra pequeña, como un ministro lamentable para la educación de este país. Minimice esa imagen. Reflexione, corrija, mande a sus asesores a la oficina de empleo a buscarse otro destino. No tienen ni idea de lo que están haciendo, pero será su apellido el que será arrastrado por el desprestigio hasta que la desmemoria se apiade de usted y lo olvidemos. Tardaremos, no me cabe duda. Porque tardaremos mucho tiempo en recuperarnos de los daños que usted ha ocasionado.


martes, 6 de noviembre de 2012

Oficio prometeico



Agustín García Calvo
“In memoriam”


            Muere un maestro y en algún lugar hay una luz que  languidece.
            Muere un maestro y se borra de forma misteriosa alguna página en el libro de la vida, porque se ha apagado la mirada que era capaz de interpretarla.
            Muere un maestro y en el tablero de ajedrez donde la luz y la oscuridad se juegan el futuro de la humanidad, se rompe el equilibrio largamente logrado.
            Muere un maestro y hay una puerta que se cierra. Una porción del futuro quedará sin descifrar, una porción del pasado morirá para siempre, y el presente, perplejo y enlutado porque también se mueren quienes portan la antorcha, perderá lucidez un largo tiempo.
            Pero, ¡sabedlo!, la muerte de un maestro es menos muerte. Cada maestro tiene una inconsciente vocación de eternidad; nadie sabe hasta dónde alcanzará su trascendencia.
            Si el maestro es un maestro verdadero, sabed que el hombre – la persona-, cualquier hombre, es la razón de su existencia. Ese maestro se sabe puente generacional por el que transitan valores, actitudes, sabidurías utilísimas que recibió de otros. Se sabe relevista que porta la antorcha de los valores y los conocimientos en la carrera intemporal que tiene como meta un ser humano improbablemente sabio, justo, pacífico, honesto, feliz.
            Ese maestro comparte con Prometeo una ambición hermosa y perseguida, traer al ser humano  el fuego, la luz, la sabiduría; adornar la estancia que habitamos con los frutos y las flores del jardín de la razón.
            Los poderosos, sean estos los dioses o los viejos enemigos de nuestra propia especie que caminan entre nosotros, temen al maestro, ese perenne Prometeo que la especie recrea de forma persistente para no verse privada del fuego protector de la razón.
            Temen su libertad, su fe en el ser humano, su esperanza indeleble en un mundo mejor. Temen, sobre todo, su influencia invisible; el poder de esa palabra que se extiende por todos los rincones llamando a cada cosa por su nombre exacto.
            Muere un maestro y Prometeo lo aguarda al otro lado de la sombra momentánea que hay entre el ser y el no ser de la agonía. Solidario, le permitirá llevar en el dedo anular durante algunos días aquel anillo que recuerda su hazaña y su castigo. Así todos sabrán que ha llegado un heredero de la dura empresa de mantener la luz entre los hombres. Prometeo lo guiará por ese otro paisaje, le explicará las reglas, le ofrecerá su casa, y su amistad eterna.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La Sanidad Pública, un botín deseado


            Dice Paul Krugman que, si Obama gana las inminentes elecciones a la presidencia en Estados Unidos, la cobertura sanitaria se ampliará espectacularmente, subirán los impuestos que paga la gente más rica y el capitalismo especulativo que rige las finanzas será sometido a una regularización más estricta.
            Por el contrario, si gana Mitt Romney, la cobertura sanitaria se reducirá hasta casi desaparecer, los impuestos que pagan los más ricos bajarán a niveles de hace ochenta años y el capitalismo financiero tendrá las manos libres para campar a sus anchas.
            Uno no puede entender el casi empate técnico que señalan las encuestas. Aunque a ninguna persona racional de clase media pudiera caberle en la cabeza la más mínima duda al respecto del programa que debiera apoyar con su papeleta, incluso podría ganar Romney.
            En fin, por más que los resultados de esas elecciones afectarán a nuestras vidas en todos los rincones del planeta, nosotros no podemos elegir. Elegirán los norteamericanos. Ellos decidirán y todos los demás asumiremos consecuencias.
            No va de sus elecciones  esta página. Aunque son las elecciones en Estados Unidos el ámbito de la reflexión.
            Para llevar adelante su reforma sanitaria, asunto sin terminar por la fiera oposición del partido republicano en el Senado, Obama se propuso imitar el sistema sanitario público español, una referencia mundial, sin lugar a dudas; un modelo universal y humanitario, respetuoso con principios establecidos por la Declaración de los Derechos Humanos. Si gana y el equilibrio partidista del Senado se lo permite, intentará asimilar el sistema sanitario público estadounidense al español.
            Pero, al español de hace algún tiempo. Al de mañana, ¡no!. El sistema sanitario español de mañana sería un modelo magnífico para Romney. Estará en manos privadas, porque el Partido Popular ha decidido que nuestra enfermedad, nuestra indefensión frente a los problemas de salud, sea también una oportunidad de negocio para el capitalismo oportunista.
            Castilla-La Mancha, Extremadura, La Rioja, Castilla y León, Baleares y Galicia también privatizarán la gestión hospitalaria. La sanidad pública española es un terreno conquistado que  está repartiendo el vencedor a sus aliados en esta guerra sorda contra el Estado.
            En la mayor parte de esas comunidades, el Partido Popular gobierna solo. Suya es la responsabilidad ante el futuro. En Extremadura, sin embargo, este expolio a la sanidad pública es posible por la implícita complicidad de Izquierda Unida. Tendrán que explicarnos algún día las causas de esta complicidad, de este abandono de sus raíces ideológicas  para cobrarse sepa dios qué facturas personales.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cualquier tiempo pasado...


Portada de las "Coplas a la muerte de su padre"
Jorge Manrique


    Tan productiva es la factoría humana de pensamiento, explicaciones de la realidad, justificación de cada acontecimiento, que no habrá nadie en el mundo que no encuentre acomodo o coincidencia con su propia visión. Sobre el presente que nos toca vivir hay infinidad de explicaciones.
            La reflexión sobre nuestro presente vendrá siempre teñida por la ideología dominante de quien escribe. En el fondo, simplificando mucho, sólo hay dos ideologías, y ya las expuse en otra entrada, “Decentes o indecentes” -13 de agosto-, pero entre las personas de cultura amplia, incluso la ideología se puede enmascarar tras las sutilezas de un discurso ambiguo. Tengo para mí que la ambigüedad sólo denota miedo a las consecuencias de manifestarse claramente, o duda sobre tus propias certezas.
            Hay dos o tres ideas, ambiguas desde mi propio punto de vista, que el pensamiento actual nos proporciona como explicación del deterioro social, económico y político.
            La primera es que sin destrucción de lo existente, no se produce progreso.
            Responde a un tipo de pensamiento que se aleja del drama humano y adopta la posición elevada del analista desapasionado, darwiniano, distanciado y que considera el proceso como la respuesta al ciclo creativo de la propia naturaleza. ¿Qué progreso es este? – podemos preguntarnos. Porque sólo se destruyen empleos, derechos, prestaciones y funciones obligadas de los estados democráticos. Se destruye democracia y derechos humanos. ¿Es este el progreso que la humanidad andaba reclamando…? Se destruye el estado protector, la gran empresa colectiva que creamos entre todos, y en su lugar nos domina la vida un Leviatán dañino, cómplice del capitalismo deshumanizado, feroz esbirro que actúa siguiendo consignas criminales para favorecer los intereses de una minoría depredadora. ¿Es ese el progreso que la humanidad merece…?
            Otra idea dominante es que el pasado reciente no volverá. Debemos olvidarnos del Estado protector, al que hemos denominado Estado del Bienestar, porque no volverá. Cualquier tiempo pasado fue mejor.
            Ese principio de las luctuosas coplas de Manrique parece haberse situado en posición dominante en el pensamiento occidental.  Quizá tenga unas bases objetivas, - a veces todos pensamos esos mismo- pero es  un mensaje interesado. Persigue inundarnos la conciencia de determinismo derrotista, arrebatarnos la esperanza, dejarnos sin nuestro único recurso que es la fuerza colectiva para diseñar nuestro futuro.
            Cuando me ha tocado comentar las coplas de Manrique con mi alumnado, siempre he intentado desarmar su fuerza destructiva. No es el azar, ningún destino, el que marca el valor de cada tiempo que vivimos. Es nuestra determinación, la fuerza de nuestras convicciones o la de nuestra necesidad. ¡Tanto reivindicar la libertad para dejar el futuro en manos del azar o de  una autoridad indiscutible que se arrogan otros! ¿Qué locura es esta? ¿Para qué la libertad, entonces…? ¿Para desplazarnos de un lugar a otro…? ¡Venga ya! Ninguna libertad tiene sentido sino la deseamos para inventar el mundo que deseamos compartir mañana.
            Y hay un tercer factor, bastante común, que aparece nítidamente en las valoraciones sobre esta crisis. La ciudadanía comparte la responsabilidad en su gestación. Define esta visión  a la sociedad occidental como una sociedad burguesa, acomodaticia, consumista, proclive al endeudamiento familiar, irreflexiva y frágil ante cualquier tentación. Nos hemos dejado engañar sin oponer resistencia,-concluyen.
            No falta coherencia a este razonamiento.
       Pero es necesario resaltar el papel corruptor del capitalismo en todo ese proceso colonizador. Cuando había excedente de capital y había que ponerlo a producir réditos, inundaron nuestras vidas de dinero fácil. Cuando Alemania necesitaba recuperar su exportación, el BCE inundó a los países circundantes de dinero. La crisis empezó a gestarse hace ya muchos años, pero la diseñó el capital irresponsable. Cuando pedías una hipoteca y te ofrecían dinero por encima del valor real de la vivienda, para amueblarla, comprarte un coche nuevo y una televisión de plasma, o pagarte el viaje soñado y prometido a la familia, la mayor parte del mundo cayó en la tentación sin reflexionar demasiado ¿Quién no lo haría? No hay nada más humano que abrazar la tentación. Era legítimo. Aquel al que pedías un préstamo te ofrecía bastante más de lo que habías pedido. Corrupción. Señuelo. Grilletes sobre tu vida.
            Pero ese argumento no tiene validez como justificación moral para las consecuencias de la crisis. La gran mayoría está perdiendo elementos importantes o definitivos para su existencia, el trabajo, la vivienda, la esperanza, el futuro, las convicciones democráticas. Y una insignificante minoría acumula beneficios incontables e innecesarios sobre el agostadero de nuestra ruina.
            Es injusto. Es inmoral. Es insoportable.
            Cualquier tiempo pasado no fue mejor. Los damnificados somos prácticamente todos, el colectivo humano. Los defensores de este sistema injusto apenas son una milésima parte de este caldo vital que es la humanidad.
            ¡No podemos permitirlo! Sencillamente, porque somos más. Y , sobre todo, porque ante el universo de pobreza y explotación universal que nos tienen preparados, tenemos la fuerza colectiva de la cólera justísima, universal, contagiosa, indominable. Y deben saber que nuestra cólera es temible. De una vez. No somos un rebaño de corderos. Somos un rebaño de búfalos acosados por un enemigo frágil, si tomamos conciencia de nuestra fuerza colectiva.
         















    Puede que ellos tengan que huir, si estamos convencidos. Tenemos el poder indiscutible -todavía- del voto y el instrumento que podemos rediseñar de forma justa, las leyes.

viernes, 2 de noviembre de 2012

La balsa de Medusa


LA BALSA DE MEDUSA. Théodore Géricault (1818-19)
Museo del Louvre

     Esta pintura es considerada como la gran puesta en escena y, a la vez,  la consagración del Romanticismo francés. Géricault, a pesar de quienes consideraron su cuadro un ataque frontal a la monarquía francesa recién restaurada tras la derrota definitiva de Napoleón, e indirectamente implicada en la catástrofe, se reivindicó como pintor a escala internacional.
       El cuadro representa un hecho histórico. La fragata francesa Méduse, que formaba parte de una expedición, al mando de un aristócrata inexperto, presuntuoso, e irresponsable, se desvió de su ruta, se distanció del resto de los barcos y encalló  a sesenta kilómetros de las costas africanas. En los botes de salvamento no había espacio para todos los pasajeros del barco. Así que ciento cuarenta y seis hombres y una mujer fueron abandonados a su suerte en una balsa de veinte metros de largo por siete de ancho, construida con los restos de la fragata.
        Trece días después, casualmente, puesto que el gobierno francés no había tomado ninguna iniciativa para su búsqueda y rescate, un galeón francés los encontró a la deriva. Habían sobrevivido quince hombres. Los supervivientes contaron acontecimientos que forman parte de las experiencias extremas de los seres humanos. Sin agua, sin alimento, sin espacio, con la balsa amenazando hundimiento por exceso de peso en un mar inestable, vivieron escenas de asesinato, canibalismo, y crueldades desconocidas a las que sólo la desesperación y el instinto de supervivencia podrían ofrecer alguna justificación.
     Si hoy alguien le pudiera encargar a Géricault una metáfora pictórica de Europa, probablemente nos diría que está colgada ya en las salas de El Louvre. Porque esta “Balsa de Medusa” es una representación creíble de la Europa indigna de sí misma  que nos ha tocado en el reparto de la Historia.
            Kostas Vaxevanis, periodista griego que publicó el pasado fin de semana en una revista los nombres de más de dos mil griegos que han evadido capitales al paraíso fiscal de Suiza, mientras su país se debate en una agonía insoportable, ha comparecido ya ante un tribunal de Atenas “por violación de datos personales”. La urgencia con la que ha sido juzgado – en apenas tres días- habla a las claras de  hasta qué punto el capitalismo dominante es celoso de su seguridad. Lo peor del caso es que fue precisamente Christine Lagarde, madame FMI, quien proporcionó el listado al gobierno griego en 2010. Desde entonces Grecia, el pueblo griego, ha sufrido una auténtica sangría en prestaciones sociales, en empleo, en calidad de vida, en derechos laborales, en la propia convivencia ciudadana. Pero ningún gobierno ha tomado medidas contra los evasores. Eso denunciaba Kostas Vaxevanis. Y alguien lo ha considerado un delincuente.
     Entre nosotros, como la avanzadilla de un ejército invasor y sanguinario, la Comunidad de Madrid, fiel a los dictados de Esperanza en la sombra, acaba de imponer un impuesto de sobrepago – un euro por receta- a los usuarios de la Seguridad Social.
      Plantea, además, la privatización de seis grandes hospitales de Madrid. Encomendará la gestión de estos centros hospitalarios a grupos empresariales vinculados al sector del seguro, pero, también, a la construcción. En alguna parte habrán de resarcirse de las pérdidas que la especulación y la falta de sentido común les produjeron en la aventura del ladrillo. La inversión privada no nace nunca con vocación de servicio. Persigue el beneficio y el lucro. El ciudadano medio de Madrid ya ha tenido ocasión de comprobarlo. Lo comprobará con mayor certeza en los tiempos venideros. Perderá calidad y se resentirá su bolsillo. En cuanto a la reducción de costes del servicio a las arcas públicas que se usa en estas decisiones como principal argumento, es sencillamente falso. Desde 2010, la dotación presupuestaria de los centros hospitalarios privatizados por Aguirre no ha hecho sino crecer, al tiempo que han estado derivando sistemáticamente los casos graves y costosos a los centros públicos. Se trata únicamente de complicidad con sus compañeros de viaje, el capitalismo clientelar de este país. 
      Cualquier servicio público privatizado- hay que decirlo en voz alta- pierde una buena parte de su calidad y no supone ahorro alguno.
            Una medida experimental del laboratorio de Madrid, con vocación de proyección nacional.
            Recientemente un familiar ha debido recurrir a una clínica privada. Todo el personal, cuyo convenio establece una jornada laboral de 35 horas semanales, trabaja 60 horas semanales; de 9  a 21. Tienen una hora para comer a mediodía. 11 horas diarias  de quirófano en una clínica oftalmológica quizá sean demasiadas horas para garantizar la eficacia deseable. ¿O no? El beneficio empresarial se estructura sobre el procedimiento de emplear una sola persona donde harían falta dos, con la pérdida inevitable de calidad del servicio, el riesgo inherente al agotamiento en una actividad que exige absoluta precisión, y el aumento del paro. Sólo el capital obtiene beneficio.
            Mientras, a los inversores extranjeros que ayuden a reflotar la banca se les eximirá del pago de impuestos, apenas un 1%. Y el fraude fiscal, con nombres y apellidos, se encuentra a salvo por una disposición legal injusta que impide a los inspectores de Hacienda prorrogar una investigación de fraude  más allá de doce meses. También el gobierno, como en  Grecia, conoce la lista de los grandes evasores españoles, pero ataca y culpa a los náufragos hacinados en la balsa de Medusa.
            Grecia y España no son sino un pálido reflejo de esta Europa indigna. Los botes salvavidas hace ya tiempo que fueron ocupados. El fraude fiscal, la evasión de capitales, los paraísos fiscales tolerados, la degeneración del sistema político invadido por las prácticas corruptas del capital están a salvo. A nosotros nos han dejado una balsa improvisada, calculadamente inestable, limitada en sus dimensiones para domar nuestras conciencias  con la brida de la indefensión y el látigo del miedo. 
            La balsa está atestada de desahuciados, cadáveres macilentos, y feroces competidores por las migajas de empleo que van poniendo a nuestro alcance. Caníbales por la supervivencia, debilitados por la necesidad, desamparados por las leyes injustas, víctimas de la miseria que nos han dejado como medio de vida, deshumanizados por la complicidad criminal del capitalismo irracional y los políticos serviles que traicionan sus propias promesas y nuestras esperanzas.
         Hace ya tiempo que sobrevivimos, muy a duras penas, en la Balsa de Medusa. 



jueves, 1 de noviembre de 2012

DÍA DE DIFUNTOS


Aunque no te quepa en la cabeza......



...ahí has metido a España con la mayoría absoluta que te dieron .




martes, 30 de octubre de 2012

Una ley basura



      Ni siquiera las Consejerías de Educación de las Comunidades gobernadas por el PP aceptan la redacción de la Ley de Educación con la que  Wert promete “mejorar los resultados académicos de España y evitar los abandonos tempranos”.
            No es extraño. Esta Ley es “revanchista e ideológica” según la mayoría de los expertos educativos. No persigue beneficio alguno para sus destinatarios. Persigue, de manera manifiesta, el deterioro de la oferta educativa del país. 
         Pero, no es eso lo que sus afines le reprochan. Le reprochan los gastos que ocasionará a las respectivas Consejerías de las Comunidades autónomas la elaboración y corrección de las pruebas de selección temprana o de expulsión del sistema a las que el ministro llama reválidas. Y, sobre todo, le reprochan tibieza.
          Como es sólo un borrador, aun caben daños infinitos.
         Sobre la mesa de negociaciones hay una demanda de los consejeros afines al gobierno, la prohibición de ejercer el derecho de huelga a los estudiantes.
            Pero la demanda más urgente de las Consejerías de Educación de las Comunidades donde gobierna el Partido Popular es la confirmación de los objetivos verdaderos de este partido con respecto a los servicios del Estado, la privatización de los rentables para aquellos que puedan pagarlos, y el empobrecimiento de los demás para quien no tenga otro remedio que recurrir a ellos, es decir la beneficencia a cambio de nuestros impuestos.
            La desigualdad se hizo carne y habitó entre nosotros definitivamente, bendecida por las leyes que la derecha revanchista y mercantil aprueba para beneficiar a sus cómplices históricos.
         Lisa y llanamente se solicita el “blindaje” de la Enseñanza Concertada. La Ley, -reclaman-, debe dar cobertura legal  a la “cesión” de suelo público para construir colegios concertados. He entrecomillado el término cesión para que no pase desapercibido.
            De eso se trata. Cesión a empresas privadas y fondos de inversión de suelo público durante 75 años  para la construcción de Centros privados.
            Como son expertos en disfrazar sus intenciones depredadoras con buenas palabras, aducen libertad de elección de las familias. El gobierno tiene una obligación ineludible; gestionar los impuestos y devolverlos en servicios. Y hay algunos, cuya gestión ha de ser de su competencia exclusiva: sanidad y educación deben estar garantizadas por el Estado con carácter universal y gratuito para todos los ciudadanos. En ambos casos compete al Estado garantizar a calidad de las prestaciones y dotarlas de recursos suficientes según las necesidades objetivas. 
          No se puede dejar ni una fisura para que cualquiera de esos servicios se convierta en yacimiento de negocios basados en necesidades sin atender por parte del Estado. Sólo así se garantiza la igualdad de oportunidades.
            La prestación de esos servicios, como iniciativa privada, es admisible. Allá cada uno y sus preferencias. Pero, como iniciativa del propio Estado, favoreciendo  con cesiones de suelo público a empresas privadas para entregarles la gestión de servicios que le corresponden a él en exclusiva, deja al descubierto  una vocación insana de arrebatar derechos al ciudadano, incompatible con las obligaciones del Estado y con la propia decencia.
            En el concilio Vaticano II, la complicidad  expresa y las alabanzas de los obispos y cardenales españoles hacia el dictador llenaban de extrañeza a la jerarquía del resto del mundo. Alguno de ellos se justificó ante la curia aduciendo una deuda moral. Franco les había devuelto el negocio de la enseñanza que la Segunda República les arrebató. No lo dirían de forma manifiesta, pero, además del negocio, Franco les había devuelto la herramienta  adecuada para la manipulación ideológica de la sociedad.
            Quizá se trate de eso. Habrá que devolverles la enseñanza de nuevo. El 80% de la enseñanza concertada está en manos de la Iglesia. Puede que hayan maquinado que así devolverán el público a las Iglesias vacías.
            La iniciativa privada es negocio. La obligación pública es ofrecer servicios. Los servicios fundamentales no pueden convertirse en un negocio. Algo no cuadra. Salvo en la conciencia  viciada de  los políticos serviles, cuyo objetivo es negarnos derechos fundamentales y favorecer a sus cómplices históricos con los votos del pueblo al que desprecian.