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jueves, 13 de septiembre de 2012

Cada hora de nuestras vidas

      Esa  duda de un amigo sobre si la democracia no sería ya un procedimiento político del pasado no deja de  volver sobre sus pasos, al centro mismo de mi cerebro. Señal inequívoca de que tiene su razón de ser como percepción de mucha gente.
            La democracia como sistema político, el menos imperfecto según dicen,  ha debido recorrer una trayectoria de siglos, larga y sangrienta, para consolidarse como sistema participativo desde la antigüedad. La organización de la sociedad humana ha sido  siempre hasta hoy absolutamente injusta, estableciendo divisiones insoportables entre los individuos en lo referente a los niveles de riqueza, al reconocimiento de derechos y privilegios, al establecimiento de obligaciones y cargas y al grado de participación en las decisiones relativas a la organización de la sociedad.
            Quien ha gozado de soberanía, capacidad de establecimiento de las normas,  de decidir lo legal y lo ilegal, lo justo y lo injusto, lo aceptable y lo punible en cuanto a la moralidad de las personas, ha diseñado un mundo a su medida.
            La democracia ha ido ampliando esa soberanía, esa capacidad de decisión sobre el modelo social y de convivencia, cada vez a más personas. La democracia tal como ahora la conocemos en Europa ha permitido la participación masiva de la ciudadanía en el diseño de las condiciones de su propia vida, independientemente de su nivel de renta o grado de cultura. Todo un logro.
            Y hemos aspirado a consolidarla por una razón fundamental. Nos ha proporcionado seguridad frente al diseño injusto de la sociedad; nos ha garantizado el esfuerzo colectivo, y el de los gobiernos, por garantizarnos igualdad ante la ley, servicios públicos que faciliten la calidad de vida de las personas  sin consideración a su nivel de rentas, y nos ha garantizado derechos imprescindibles para sentirnos, en cierto modo, dueños de nuestro propio destino: libertad, ausencia de discriminación, trato justo ante los tribunales, oportunidades educativas, atención sanitaria universal, acceso a la información, respeto a tus creencias, a tus inclinaciones sexuales, regulación de las relaciones laborales respetando derechos de los trabajadores…
            Podríamos seguir enumerando garantías de los sistemas democráticos. Innumerables.
            Miro alrededor y contemplo, desolado, que esa democracia ya no existe. Tenemos una democracia de opereta, de cartón piedra, casi un decorado de un teatro infantil.
            El capitalismo financiero, los mercados, han generado este conflicto casi irresoluble que llamamos crisis.
            Los gobiernos, lejos de actuar para garantizar la seguridad ciudadana con los recursos del sistema frente a los ladrones de soberanía que pululan a nuestro alrededor, se han entregado al enemigo. Son los mercados los que  se han adueñado de la voluntad política de los gobiernos. Establecen las medidas que nos agotan. Los gobiernos son meros ejecutores de políticas económicas – casi las únicas políticas posibles ahora- que les vienen impuestas y que consagran las insoportables diferencias  entre ricos y pobres. No es exagerado reconocer que hemos vuelto a los años treinta del siglo pasado.  Hay fortunas personales que sobrepasan las rentas de muchos países pobres.
            Y la humanidad, nosotros aceptamos la situación como inevitable.          
            Y los obreros portugueses han de entregar dos nóminas anuales para que los ricos europeos sean mucho más ricos. Y se masacra moralmente a los países más afectados por la crisis  tildándolos de irresponsables, manirrotos, vagos y descerebrados, desde las biblias alemanas de la derecha ideológica y económica.
            Entiendo las dudas de mi amigo. ¿Votar para qué? ¿Qué democracia es ésta?
            No aceptaré, desde luego, que sea un procedimiento del pasado. La crisis ha sido la ocasión de un gigantesco golpe de estado, incruento, sin tanques, sin soldados en la calle. Contra la democracia, desde luego.
            Pero si nos arrebatan de nuevo el cauce de expresión de nuestra soberanía, de participar en el diseño del mundo que queremos, no será  sólo culpa del capital,  de los políticos, de los partidos, de las instituciones corrompidas. Todo eso es posible en la organización social humana, nos acompaña desde la prehistoria, es parte de la carga genética de la especie.  Y en cuanto a las intenciones y los procedimientos del capital, son los mismos de los que ha hecho gala durante su larga trayectoria. No son nuevos. No son tampoco más poderosos que los que usaron en el pasado.
            Será, sobre todo, culpa nuestra, porque estamos obligados a pelear por nuestra soberanía cada hora de nuestras vidas.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

A cara descubierta

       La crónica de hoy habla de robo. A cara descubierta.
            Si usted tiene contratada una línea Movistar, compruebe la factura que acaba de pagar. Hoy han puesto entre mis manos una factura sobre el consumo de julio y agosto a la que le han aplicado el 21% de IVA.  Telefónica le ha robado el 3% de la factura  a esa familia.
            La justificación figura resaltada en la propia factura. Se le aplica el IVA al 21% porque el documento se ha elaborado el 1 de septiembre. Es de un cinismo que produce sonrojo. Tan fácil, como haberla elaborado el 31 de agosto, para defender los intereses del cliente. No era el objetivo. El objetivo, simple y llanamente, era el robo aprovechando los desbarajustes que una subida de IVA genera en nuestras cuentas familiares fijas al entrar en vigor.
            Compruebe su factura. Probablemente habrán cometido ese robo multiplicado por millones de facturas. Una sola no merecería correr el riesgo.
            Si usted ha cambiado recientemente su móvil por un aparato más sofisticado en una tienda Movistar, seguramente le ofrecieron un seguro que cubriera los daños del artefacto. Si usted dijo que sí, todo va bien. Si usted lo rechazó, compruebe su factura. Hoy han puesto en mis manos una factura de alguien que rechazó el seguro, pero cuyos costes le han cargado. En la tienda lo remiten al 1004. Cinco llamadas después, el 1004 lo remite a la compañía de seguros cuyos servicios rechazó. Es el viejo procedimiento de agotar al reclamante. El seguro, desde luego, es un servicio de Movistar. Mejor, una añagaza, para incrementarnos la factura mensual.
            Comprueben sus facturas.
            El procedimiento del gran capital para esquilmar nuestros bolsillos ya no necesita enmascararse. Somos terreno abonado en un país sin ley, fronterizo entre la humanidad civilizada y el desastre social. Ellos lo saben. Huelen el desencanto, el agotamiento, la ausencia de reservas para resistir al robo permanente al que nos vienen sometiendo los usureros de las finanzas y sus cómplices políticos. Y han jugado sus cartas. Un robo más del 3% en la factura pasará desapercibido.
            No somos un rebaño. Reclamo la dignidad del ciudadano cada día en las páginas de este blog. Hoy apelo a la dignidad del cliente.
            Comprueben sus facturas. Si el robo se confirma, seamos dignos. Una denuncia masiva en los organismos competentes. Y, luego, una baja masiva de miles de clientes. El compromiso de permanencia que nos obligan a aceptar no significa nada frente a un juez. Quizá eso los coloque en su lugar.
            No tienen ética, pero quizá se vean obligados a ejercerla en el futuro.
            Tenemos fuerza. Habrá que demostrarlo cada día. Habrá que plantar cara a la indignidad o perderemos lo poco que nos queda, nuestra capacidad de rebelión. Entonces sí seremos un rebaño.

martes, 11 de septiembre de 2012

La plutocracia manchega


      Llama la atención el poco eco que el atentado directo a la línea de flotación de la democracia representativa de la presidenta de Castilla-La Mancha ha tenido en los medios de comunicación.
            De Cospedal insiste en que dicha medida no afectará a la representatividad, porque un fontanero o alguien que explota su tienda siempre podrán encontrar un rato para acudir al parlamento regional. Un rato. Eso está bien. Cuadra con su dedicación a la comunidad, que según denuncia la oposición, es de apenas unas horas a la semana. Se supone que ambos, tendero y fontanero, trabajarán en los aledaños del parlamento. Si trabajan a doscientos kilómetros, la cosa se complica. Y si se trata de un trabajador por cuenta ajena se complicará de forma lamentable.
            Es un discurso contra la razón, contra la lógica, contra la ética de la democracia y contra la historia. Un discurso enhebrado para enmascarar medidas ideológicas, cuya intencionalidad única es deshacerse de la oposición y tergiversar las reglas de la democracia. Uno más.
            De hecho, Castilla-La Mancha, una comunidad depauperada hasta el límite en sus servicios públicos, ha dejado de ser por la decisión de la Secretaria General del PP una democracia y se ha convertido en una plutocracia. Por si alguien ha olvidado el griego que estudió durante la primera juventud, esa palabra significa el gobierno de los ricos. De hecho, ya gobiernan. Pero, en Castilla-La Mancha serán los únicos que puedan sentarse en los escaños del parlamento de la comunidad.
            En el siglo V antes de Cristo funcionaba ya en Atenas una democracia incipiente. Sus diferentes órganos se reunían con mucha frecuencia, demasiados días al año, para ocuparse de los asuntos públicos y tomar decisiones. El procedimiento establecido para facilitar la participación de todos los ciudadanos, incluyendo a aquellos que dependían de su trabajo para el sostén propio y el de su familia, fue el del pago por asistencia, tres o cinco óbolos según la función desempeñada. Aquella democracia en ciernes ya sabía que era importante la participación de todos en los asuntos públicos.
            Cospedal les arrebata el óbolo y  expulsa, de hecho, a una parte del pueblo de la asamblea de su Comunidad.
            En 1838, en las primeras maniobras de los movimientos obreros para acceder, también, a la soberanía, es decir al derecho a participar en la elaboración de las leyes en los Parlamentos, el movimiento Cartista reivindicaba en su “Carta del Pueblo” al Parlamento Británico, entre otras cosas, un sueldo para los diputados. De otra manera ningún obrero inglés podría acceder al órgano legislativo.
            De Cospedal nos devuelve  a los orígenes. Cuando ellos ya no estén habrá que reinventar la democracia.
            Pero, es cierto, me llama la atención la indiferencia con que hemos acogido esta medida. No he podido dejar de pensar en ello en estos días. Lo he comentado con gente próxima. He recibido una respuesta inesperada, alarmante, que me llena de desasosiego porque procede de una persona cultivada, moderna, inquieta, celosa de su libertad, solidaria. Me ha dicho que quizá el sistema democrático ha entrado en un declive que puede convertirlo en un procedimiento del pasado.
            Tajantemente lo he negado. Ahora no dejo de pensar cuánta gente podría estar convencida de eso mismo.
            La verdad, sería terrible. Significaría la aceptación de la derrota. El reconocimiento de que hemos renunciado al futuro. Y Los arqueólogos, dentro de mil años,  nos reconocerían como  el estrato de la evolución humana de mayor desarrollo tecnológico y de menor éxito social, un intento fallido de la naturaleza
             Y Cospedal, que ha impuesto de nuevo la plutocracia en su región, habría ganado. No podemos permitírselo. 
           

lunes, 10 de septiembre de 2012

El monstruo muestra síntomas de esquizofrenia


      Me rodea la oscuridad más absoluta. Como metáfora de incomprensión, digo. Endesa aún no me ha cortado la luz. Llevo años intentando comprender qué ven los gestores de esta crisis que yo no puedo ver. Me refiero al último objetivo. Que les está produciendo beneficios es evidente; pero, ¿hasta cuándo?
            Después de Grecia, le ha tocado a Portugal. Las medidas que ha establecido el gobierno de derechas portugués para ajustarse al cumplimiento de las condiciones impuestas por la “troika” afectarán a todos los perceptores de una nómina, a la clase obrera en general. Los salarios menores de mil euros al mes deberán entregar a los prestamistas europeos una nómina mensual al año. Es decir, trabajarán doce meses y cobrarán sólo once mensualidades. Los trabajadores que superen los mil euros al mes, deberán hacer entrega a los prestamistas europeos de dos nóminas. Trabajarán doce meses al año y percibirán diez mensualidades de haberes. A todos ellos ya les han quitado la paga extraordinaria. Ya veis quién paga la crisis financiera en cualquier parte. No enumeraré la pérdida de servicios públicos que ya han experimentado. Bastantes más que nosotros.
            Están pelando las barbas de los vecinos. Conviene poner agua a calentar para remojar las propias.
            Ni en Grecia, ni en Portugal, ni en España, ni en ninguno de los países más afectados por la crisis, la imposición de estas medidas está dando resultado alguno. En todos disminuye el consumo interno – no podía ser de otra manera- crece el paro, se produce el hundimiento masivo de los soportes económicos de la sociedad, disminuye la capacidad recaudatoria de los estados y sube la demanda de costes sociales provocada por la crisis. Cada nueva medida que establecen los gobiernos no hace sino poner de manifiesto que cumplir con los requisitos de control de déficit y pago de obligaciones contraídas es una empresa imposible. Y cada nueva medida aleja mucho más a los países de los objetivos. Crece la deuda y disminuye la capacidad productiva, la capacidad de generar recursos para hacerle frente. Y de paso, deteriora la confianza ciudadana en el propio sistema democrático.
            Aprovechando el furor mediático de la visita de Merkel, De Guindos usó su minuto de protagonismo para afirmar que estas medidas las aplicó Alemania hace diez años y hoy es el motor de Europa; vino a decir el hombre que en diez años ese será nuestro destino. Es increíble que lo crea. Es ministro de Economía, ¡joder! Algo sabrá de esto. Sabemos que miente. En 2002 Alemania sufrió su propia burbuja tecnológica. Sus exportaciones, el motor de su economía - ya sabemos que los alemanes ahorran mucho y gastan poco-, cayeron en picado. Y tomó medidas, desde luego. Algunas parecidas.            
          Lo que De Guindos pasa por alto, creyéndonos simples y desmemoriados, es que Alemania impuso al BCE una devaluación inmediata del euro y una inundación con moneda a bajísimo interés  del resto de los países europeos para fomentar el consumo,  es decir, para animarnos a generar nuestras propias burbujas. 
            Y que se sepa, no es el caso. No es una crisis de exportación de un país. Es una crisis de Europa. Por otro lado, aunque parezca increíble, nuestras exportaciones funcionan de forma extraordinaria. El problema es el consumo interno. El problema es el paro que afecta ya a una buena parte de la población activa europea,  casi el 12% según datos de los últimos meses.
            Toda Europa tiene, en mayor o menor medida ese problema ya. La mayor parte del mundo empieza a contagiarse con nuestro mal.
            De ahí la oscuridad que me rodea.
            ¿Qué quiere el capitalismo, en realidad? ¿Resulta un monstruo esquizofrénico?
            De una parte el capitalismo de inversión, los especuladores mundiales que juegan con cualquier necesidad humana para multiplicar sus beneficios, representados por la “troika” defensora del integrismo alemán, imponen medidas que  históricamente, y ellos lo saben, han fracasado estrepitosamente. Fracasaron en la crisis del 29 y su fracaso animó los rescoldos de las heridas que dejó la Primera Guerra Mundial en Europa hasta convertirla en un incendio devastador que arrasó  setenta millones de vidas humanas; han fracasado en América Latina cuando el FMI se las impuso en la década de los 80 del siglo pasado; igualmente, impuestas por el FMI, fracasaron en Asia en los últimos años del siglo XX; y ahora, como podemos comprobar en nuestra propia carne, están fracasando en Europa.
            Con la extensión de estas políticas, llegará un día en que los países se declararán en quiebra y serán incapaces de afrontar la deuda ¿Qué harán, entonces , para recuperar sus inversiones? ¿Invadirnos? ¿Pasarnos por las armas?
            De otra parte, el capitalismo que produce bienes y servicios, el que basa su beneficio en la venta de los mismos, contempla cómo las medidas establecidas por sus compañeros de viaje están empobreciendo su mercado. Baja el consumo en todo el mundo, salvo el de los productos de lujo. Bajan sus beneficios de forma alarmante. Están siendo arrastrados a una situación temible por la pobreza creciente de la población europea. Para la gran empresa todo lo que no se traduzca en crecimiento es un fracaso. El fracaso les alcanza de lleno. 
            A esa esquizofrenia, me refiero.
            Cualquier ser humano sensato acepta que hay que pagar las deudas.
            Cualquier ser humano sensato sabe que la mejor forma de hacerlo es prolongar los plazos de devolución, disminuir los intereses y permitir que los deudores generen recursos que les permitan devolver el préstamo. 
        Ahora, todas las medidas están encaminadas a devolver deuda e intereses insensatos en plazos imposibles.  Y esas exigencias no permiten a los estados generar empleo, consumo interno, y mejorar las condiciones para que su población pague impuestos en vez de consumir los recursos escasos. 
            Así será imposible. 
            El monstruo esquizofrénico cava su tumba al lado de la nuestra.
           
            

domingo, 9 de septiembre de 2012

¡Y un carajo, señor García- Legaz!




            La visita de Merkel a Rajoy, además de portadas de periódicos, dejó otras cuestiones relevantes que, quizá, pasaron desapercibidas. Son esas cargas de profundidad y temporalidad programada que se dejan entre las brozas de las ruedas de prensa calculadas al milímetro y el ruido de los flashes.
            Cuando nos venimos a dar cuenta, nos han explotado entre las manos y los daños resultantes son incalculables.
            Habría otras, sin duda, pero la bomba en la que yo reparé la cargó el secretario español de Comercio Exterior, un tal Jaime García-Legaz. Y reparé en ellas por alusiones, desde luego. He dirigido un Centro Público de Enseñanza durante mucho tiempo. Durante mucho tiempo este Centro ha sacado al mercado laboral, en sus dos ramas de Formación Profesional, una de grado Medio y otra de grado Superior, profesionales bien valorados por las empresas, seleccionados con criterios objetivos por el desarrollo de las competencias exigibles en el mundo laboral y, por ello, muy cualificados para el ejercicio de sus funciones profesionales, a pesar de las altas exigencias en cada una de las especialidades en el mercado de trabajo.
            El señor García-Legaz afirma taxativamente ante los representantes de las Cámara de Comercio de Alemania que acompañaba a Ángela Merkel que la Formación Profesional Española es un “sonoro fracaso”, puesto que no logra que los titulados encuentren acomodo en las empresas. Tácitamente la acusación que se desliza es que su formación es inadecuada para las exigencias laborales. Trasladando esa afirmación envenenada a sus últimas consecuencias, el sistema educativo es el culpable de ese índice de paro juvenil, que en España ronda el 50% de las personas entre 18 y 35 años.
            Podría pecar de falta de objetividad si afirmara aquí y ahora que, seguramente, este individuo no pisa un centro escolar desde que acabó bachillerato. En realidad, daría igual. No seré acusado de falta de objetividad por la disyuntiva que sigue. O este individuo es un cínico, o su falta de capacidad para el análisis de la realidad española lo descalifica para el ejercicio de un cargo de responsabilidad en la política internacional. Si cree lo que dice, dudo que esté cualificado ni para ejercer de  ascensorista en un edificio de cuatro plantas. Dejaría los vecinos en la planta equivocada. Luego, concluyo que es un cínico.
            Y es un cínico, porque cualquier observador imparcial sabe, de sobras, que el principal fallo del sistema que nos conduce hacia el hundimiento económico es su incapacidad para crear empleo.
            Por la razón que aduce, técnicos españoles, investigadores  españoles, titulados universitarios españoles que encuentran trabajo en otros países no lo deben a su formación, sino que las exigencias profesionales en el resto del mundo son menores.  Sólo un cínico, obligado por la fidelidad a quien le otorga el privilegio de un cargo relevante, se ve obligado a enmascarar la realidad de esa manera burda.
            No era una puntada sin hilo. Detrás de su afirmación hay objetivos. Y Wert nos lo confirma hoy. Se avecina una reforma de la Formación Profesional Española siguiendo el modelo alemán. La diferencia estriba en la reducción de formación teórica y aumento de las horas de formación práctica en las empresas. Intensificará la formación teórica, reducirá las horas de formación en los Centros, con la consiguiente reducción del horario profesional y, por consiguiente, de la plantilla docente, y pondrá a disposición de la empresas profesionales cualificados y dispuestos a dejarse las pestañas para demostrarlo y conseguir un contrato posterior, durante el proceso de prácticas. La empresa contará con gente muy competitiva durante - ¿un año?- a precio de saldo. En Alemania perciben 400 euros, en algunos casos.  Los salarios posteriores  de estos técnicos, si aseguran su permanencia en las empresas, oscilan entre los 600  y los 800 euros. El camino perfecto hacia la independencia económica como se ve. El sistema permite surtirse de profesionales cualificados a 400 euros mensuales el resto de su vida a las empresas. Lo hemos comprobado ya. La explotación del trabajador en prácticas es una poderosa tentación para el sistema productivo. 
           España es diferente. Estoy por apostar que durante el periodo de prácticas los técnicos en ciernes en este país recibirán un bonobús para pagar desplazamientos.
            Así que el paro lo genera el sistema educativo.  Me perdonaréis la expresión que sigue. Es cólera justa. ¡Y un carajo, señor García-Legaz!
            Reconozco que en algo sí hemos fracasado en nuestras aulas, al menos, en las aulas de la enseñanza pública. Hemos fracasado en el proceso de formación de esclavos modernos. Seguimos insistiendo en que la dignidad humana está por encima del derecho a enriquecerse a toda costa. Quizá  a usted y a su partido les vendría bien matricularse de alguna asignatura.
            

sábado, 8 de septiembre de 2012

¿"Cursus honorum" o Voto Censitario? ¿Qué propone Cospedal?




             Quizá habrá que empezar por aclarar ambos conceptos. Ambos representan sistemas absolutamente injustos de representatividad en los órganos de gobierno.

            El “cursus honorum” es el nombre con el que se designaba a la carrera política – de menor a mayor rango - en la república romana de la antigüedad. Se denominaba así porque el ejercicio de la función no llevaba aparejada retribución alguna, se ejercía por el “honor” de servir a la república. Nadie en Roma cobraba por ostentar un cargo en el aparato del estado. En la práctica, el ejercicio del poder en cualquier cargo suponía, sin duda, una ocasión para el enriquecimiento. La corrupción política, la venalidad, no es un invento reciente; es tan antiguo como el ser humano. Pero el servicio a la patria se prestaba de forma gratuita.

            Esta consideración del cargo público, y a eso me refería cuando lo calificaba como un procedimiento injusto de representatividad, cerraba la puerta a los plebeyos, a las clases populares y con menos recursos económicos. Ni uno de entre ellos podía permitirse el lujo de destinar un año de sus vidas al servicio público sin percibir ingresos. Estaban, además, los costes de las campañas publicitarias para darse a conocer entre los electores. Sólo las familias ricas, las patricias, podían permitirse el lujo de tener a alguno de sus miembros en el aparato de poder, y, por tanto, en los órganos legislativos que establecen derechos y obligaciones a los ciudadanos. Es decir, sólo los patricios estaban legitimados para establecer las leyes, encaminadas, lógicamente, a la defensa de sus intereses de clase. La plebe encontró caminos, desde luego, para cambiar la situación. Pero le costó siglos.

            El voto censitario, un concepto que nos resulta más familiar por la proximidad en el tiempo, es el procedimiento para formar parte de los Parlamentos europeos tras las revoluciones burguesas contra las Monarquías Absolutas. Fue el sistema durante la mayor parte del siglo XIX. Según los establecido, sólo podían ser electores y candidatos aquellos individuos –varones, desde luego- que figurasen en el censo tributario con unos determinados niveles de ingreso y, por tanto, de contribución a las arcas del estado. Solamente los más ricos jugaban en el terreno político. Como en la Roma republicana, la burguesía europea, cuna del capitalismo naciente, se garantizaba su participación en la configuración de las leyes, que santificaban sus privilegios.

            Hechas estas aclaraciones, cabe preguntarse por cuál de estas opciones se inclina Cospedal. Quizá por ambas, en un mix de política regresiva. Acaba de proponer en el debate del estado de la Comunidad Castellano-Manchega dejar sin sueldo a los diputados regionales.

            La propuesta es, primero , oportunista. La tormenta económica que se abate sobre el país ha teñido de desprestigio merecido a las instituciones políticas y, de paso, a quienes tienen la política por oficio. Desde la ciudadanía se ve a las instituciones como un refugio de protegidos de los partidos, gente sin oficio y sin vocación, cuyos méritos se basan más en la docilidad y la manifestación ruidosa de fidelidad a los líderes que en el análisis crítico de la realidad nacional y las propuestas para corregir los innumerables déficits que nos acosan.

            Los ciudadanos desconfían de la clase política. No le faltan razones. Y no es la menor la facilidad con la que caen en la tentación del lucro personal o familiar a costa del erario público. La corrupción, unida a la incapacidad para sacarnos del atolladero, los hace blanco de buena parte de las iras de los ciudadanos. Seguramente, muchos aplaudirán la medida de Cospedal y la presidenta de Castilla-La Mancha ganará algún punto de popularidad en las encuestas, algo valioso en su plan de sustituir a Rajoy en la dirección del Partido Popular cuando se presente la ocasión.

            Pero conviene que la indignación no nos haga perder la capacidad crítica. La cólera ciega suele favorecer al enemigo. 
     Porque esta medida, que seguramente aplicará ya en el presupuesto del 2013 de la Comunidad Autónoma, es, además de oportunista, un ataque frontal a los restos de la democracia participativa que nos quedan. Convertirá la participación política en una práctica al alcance de los más adinerados en representación, ya definitiva, de los intereses del capital, de quienes tengan ya otros cargos públicos remunerados, o de empleados de grandes empresas privadas que puedan mantenerles sus sueldos para que defiendan sus intereses en el legislativo. De hecho Cospedal está planteando de forma sibilina que el legislativo se convierta en lacayo del ejecutivo, en lugar de su controlador. ¡Y a Montesquieu, que lo jodan, según la doctrina Fabra! Bien pensado.

            Que hay que corregir el sistema democrático parece a estas alturas fuera de cualquier duda, pero lo que Cospedal propone es su demolición por la vía del presupuesto de la Comunidad, y si llega el caso, del Estado. Si pretende  moralizar la vida pública, lo tiene fácil. Ella ingresa casi trescientos mil euros al año. Que renuncie a sus ingresos y que compatibilice sus funciones con su oficio, si lo tiene.
            Lo malo es que Cospedal camina tres o cuatro pasos por delante de Rajoy. Le marca el camino. Y las propuestas de Cospedal las cargan el diablo y el “Tea Party”.  

viernes, 7 de septiembre de 2012

Amores imposibles




         El ejercicio de la política es un escenario teatral donde se representa un guión  casi siempre improvisado por los acontecimientos más recientes. Es habitual que los actores dejen mucho que desear en cuanto a las capacidades profesionales. Más allá del escenario, en el foro, se cuece otro mundo de intereses que no aflora en las ruedas de prensa, edulcoradas por la cortesía; son intereses orquestados a espaldas de la ciudadanía, cada vez menos partícipe – para evitar su hostilidad- de las decisiones que marcarán su vida durante muchos años.
            Hoy la prensa, especialmente la más afín al partido que gobierna, trae en portada ese simulacro del amor imposible entre la canciller y el presidente. Pretenden convertirlo en una manifestación del éxito de las políticas del Partido Popular, bendecido por la mano que gobierna - mal- Europa.      
            Pura apariencia. La Europa del euro corre riesgos evidentes. Está amenazada por sus propias disensiones, pero, especialmente, por el empecinamiento alemán en su visión sesgada, e interesada, de la crisis.
            Lo sabe Merkel. Sabe que dos de cada tres europeos la están señalando con el dedo como causante del deterioro progresivo del proyecto europeo mediante la prolongación artificial de la crisis  para mejorar las posiciones de dominio de su país. Y uno de los objetivos de este viaje es mejorar su imagen. Sus asesores le han señalado España como un lugar inmejorable. Nadie habría de recibirla con más amabilidad que Rajoy, en su momento más bajo de credibilidad de toda la legislatura, y atacado ya de forma manifiesta por el ala más radical, que es tanto como decir la más  irracional, de su propio partido. Ha bastado la excarcelación, regulada por ley, de un preso en fase terminal para que el sector montaraz de la derecha patria empiece a ajustarle las cuentas a Rajoy. Es una excusa tan válida como cualquier otra. El equilibrio artificial que produjo la mayoría absoluta del 20N no da ya mucho más de sí.
            El hombre agradece  esta botella de oxígeno prestada por el enemigo. En circunstancias así se besaría con el diablo. Más o menos lo que acaba de hacer.
            La diplomacia tiene sus reglas teñidas de hipocresía necesaria. Estos dos se detestan, pero se besan cariñosamente ante los fotógrafos a la puerta de la Moncloa por mutua conveniencia. Mientras el  foro, los artículos de fondo, nos dan noticias de otros aspectos que configuran una realidad mucho más creíble, sin besos simulados. Una realidad donde brillan las navajas afiladas en la piedra molar de los intereses; son estas navajas, argumento último de los territorios sin ley, las que gobiernan  esta Europa incapaz de superar las fronteras para conformar un territorio común, coherente, fortalecido y ejemplar.
            Draghi amenaza a los mercados con comprar deuda de los Estados más acosados por la prima de riesgo, a condición de que lo soliciten y acepten condiciones. Basta esta advertencia para que los intereses de la deuda española bajen del 6,5% al 4,5%. Un dineral diario.  Pero el Bundesbank se ha lanzado a la arena como un gladiador enfurecido por una herida que le hubieran infligido por la espalda. A pesar del beso de Ángela a Rajoy, Alemania – el Banco Central Alemán y todos los partidos políticos alemanes de una u otra forma-  dice alto y claro que la intervención del BCE interfiere en sus negocios. Su capital especulador pierde un 2% de sus legítimos beneficios.
             Nada ha cambiado. La foto es una representación de conveniencia. Y estos dos se siguen detestando. Cada uno de ellos ha defraudado al otro. Y todos ellos  defraudan a los ciudadanos de esta Europa agonizante, incapaz de ponerle freno al capital que nos destruye de forma acelerada.