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martes, 18 de junio de 2013

Bruselas tiene un plan

   Se les llena la boca con la palabra plan. Son estupendos. Bruselas tiene un plan para atajar esa sangría generacional que la gestión intencionada de la crisis económica ha provocado entre las personas más jóvenes del mercado laboral. Solo en España las personas desempleadas menores de veinticinco años rondan el millón.
            Pero me los imagino suspirando aliviados. Acabaron sus cuitas. Bruselas tiene un plan. Y hasta tiene un instrumento, al parecer. El Banco Europeo de Inversiones, que debería estar echando humo para ayudar al Sur de Europa a salir de una situación insostenible. Lejos de ello, sus actuaciones son imperceptibles, por temor a las Agencias de Clasificación que podrían arrebatarle la triple A de la máxima solvencia si manifiesta demasiada implicación en fortalecer a las víctimas de los planes del capitalismo internacional, al empobrecido Sur que se ha convertido en la palanca imprescindible para domeñar a los estados europeos y a su excesivo gasto en políticas sociales.
            Asquea oír la palabra plan. Y asquea, especialmente, que se convierta en primera plana de la prensa  que se dice independiente. 
            El plan en cuestión consiste en el establecimiento de un fondo destinado a potenciar el empleo juvenil allí donde las estadísticas del desempleo son más alarmantes, España, Portugal, Grecia, Italia... Sí, el Sur empobrecido y esquilmado. El plan son seis mil millones que deben ser suficientes para erradicar el paro durante siete años. Mil seiscientos millones corresponderán a España. 
            Coged la calculadora. Aunque yo creo que es una cuenta simple. Mil seiscientos millones,- cuando lleguen si llegan-, para emplear a un millón de desempleados juveniles durante siete años. Tocan a la friolera de doscientos treinta euros anuales. Sí, una provisión de diecinueve euros mensuales por cada joven desempleado. 
            Todo un plan. En Bangladesh los niños semiesclavos ganan eso. Sus padres, casi treinta.
            Pero es un plan.
            Tiene sus contraprestaciones, por supuesto. Europa es seria, responsable, controla cada euro que aplica en erradicar los defectos atávicos del Sur, proclive a vivir por encima de las posibilidades que ellos están dispuestos a concederle. 
            No habrá dinero sin compromisos por parte del gobierno en ahondar  las heridas de la reforma laboral, la sangría de las pensiones y la ¿adecuación? del sistema educativo a las demandas del mercado laboral. Cada euro de Europa nos costará miles de euros a los trabajadores españoles y una sangría incontable en los derechos que creíamos consolidados, así  como en la calidad de vida que merecemos. 
            Cada euro que integra las limosnas de Europa nos cuesta cientos de euros en intereses desmedidos por las locuras del sistema financiero protegidos por instituciones cómplices o temerosas, y hablo de los gobiernos sucesivos en los últimos veinte años, por lo menos, y del Banco de España, que no cumplieron con su deber de protegernos del ataque feroz de los especuladores y los oportunistas.
            Sí, Bruselas tiene un plan. 
            Invierte unos céntimos en grilletes y en cadenas y exige al gobierno que nos sujete al banco de los condenados a galeras. Un buen plan. Cuando ya nos tengan sujetos, puede que el paro disminuya y ellos nos alabarán las medidas salvadoras y reclamarán nuestro voto agradecido

jueves, 13 de junio de 2013

La brújula de señalar indignidades hoy anda loca

        
Algunos días hay tantas causas para la indignación, para el asco moral, que limpiarlas mediante esta catarsis de escribir sobre ellas precisaría de una legión de amanuenses hábiles en la interpretación de mi conciencia y de mi voz escrita.
            ¿Os cuento que me resulta vomitivo que en la India, la mayor democracia de la tierra, - 1200 millones de seres humanos- cientos de miles de niñas, desde los diez años aproximadamente, soporten condiciones de esclavitud en la industria textil, con jornadas superiores a las setenta horas semanales y con salarios  de ochenta céntimos de euro diarios que no cobrarán hasta el momento de su boda en concepto de dote nupcial?
            Seguramente, mientras llega ese momento memorable, esos salarios se destinan a la compra de deuda de los países pobres a intereses abusivos, lo cual nos lleva a una doble forma de esclavitud tolerada por las democracias occidentales, a las cuales, de democracia solo les queda el nombre como subterfugio para ocultar los crímenes contra la humanidad bajo una tapadera de decencia.
            ¿Sabéis que todas las grandes firmas nacionales e internacionales del textil están involucradas en esta explotación inmoral?
            ¿Sabéis que Mango, por ejemplo, publica que aumentará este año un 80% sus beneficios empresariales? ¿Un éxito empresarial? Me lo pregunto. El beneficio es el termómetro del éxito. Una legión de ejecutivos de la firma tendrá emolumentos millonarios. Han redescubierto el filón de la esclavitud humana y merecen un premio por su eficacia directiva. Yo creo que merecen la cárcel, sin más explicación.
            Mientras tanto, ya que en Occidente la infancia goza de ciertos privilegios para tranquilizar nuestra conciencia hipócrita, el capital espera esclavizar a los padres para resultar competitivos.
            ¿Sabéis ya que el Banco Central Alemán le ha declarado la guerra al Banco Central Europeo por su política de poner en circulación dinero a bajo interés como una medida para atajar la crisis? Supongo que lo considera una competencia desleal. El capital alemán se beneficia de los altos intereses artificiales de las primas de riesgo en los países más afectados por la crisis. Y el Banco Central Europeo se ha metido en su jardín. Merkel ha debido intervenir a favor del Banco Central Europeo. Otra cosa habría sido despojarse definitivamente de la careta de falso europeísmo tras la que se escuda. No hay Europa, como proyecto. Hay un juego de pesas y medidas trucadas mediante las cuales los poderosos esquilman a los pobres. Como siempre.
            ¿Sabéis que en Siria, la oposición al dictador Bachar el Asad ha asesinado en Alepo a un joven de quince años que se atrevió a defender la independencia de su conciencia, proclamando que aunque descendiera del profeta Mahoma, nadie lo obligará a convertirse en creyente? ¿Qué revolución es ésa? ¿Merece la pena eliminar a Bachar el Asad y sustituirlo por asesinos descerebrados?
            ¿Habéis oído ya que media Europa reclama reponer las fronteras para el tráfico humano, temiendo a las masas de población empobrecida...? ¿Cuánta vida le queda a este proyecto que nació para evitar las guerras entre naciones ferozmente competitivas por el carbón, el hierro, o las colonias de explotación repartidas por el mundo indefenso de los continentes menos desarrollados? 
            Y por hablar de nuestras cosas, ¿habéis oído o visto ya el anuncio del Ministerio de Hacienda que asegura que, tras haber saneado el sistema financiero "entre todos", ahora toca abrir el grifo del crédito para la pequeña y mediana empresa? Otra falacia descomunal para tapar su ineficacia voluntaria. El sistema financiero es un enfermo de pronóstico reservado que Europa aun no ha sacado de la UCI. La mediana y la pequeña empresa necesita crédito sin lugar a dudas y el BCE proporciona dinero en abundancia, pero necesita, sobre todo, ¡clientes!
            Lo saben, pero han matado a Keynes; según dicen Keynes ha muerto y la U.E. lo certifica. Sin empleo, sin clientes, no hay empresas posibles. ¿Quién necesita un crédito para producir cosas que no tienen comprador? En estos casos la experiencia dicta que es el Estado la locomotora de la recuperación. Es el Estado el que debe generar empleo hasta que la economía se estabilice mediante el consumo interno. Pero los Estados de la Europa Merkeliana destruyen empleo cada día, caminan contra la lógica de forma programada. No les interesa la recuperación económica todavía, sino el sometimiento de los estados democráticos a las reglas del capitalismo sin fronteras, es decir, dejar al Estado del Bienestar vacío de contenidos. Con ello, si alguna vez vuelve a fluir el beneficio no tendrán que compartirlo. La fractura social será irrecuperable.
            Y por seguir hablando de cosas nuestras, PSOE y P.P. enarbolan, como muestra de responsabilidad política, un pacto frente a Europa. Por infinidad de razones, el resto de los grupos parlamentarios no lo ha secundado. No obstante, los dos partidos mayoritarios dicen no sentirse demasiado preocupados, porque representan al 85% de la sociedad española. ¿Son cínicos? ¿Se han dado a los estupefacientes? ¿Son, lisa y llanamente, imbéciles...? ¿Hasta cuándo intentarán estirar el mito del bipartidismo? ¿Aún no han captado el mensaje de que no nos representan...?
            ¡Pues habrá que decírselo alto y claro!.
            Estoy disperso, hoy. Pero, entendedme, se me acumulan las indignidades en la conciencia. 
   


miércoles, 12 de junio de 2013

Prohibido el pesimismo

  Debe haber un acuerdo secreto de los políticos de Europa para cambiarnos la percepción de la realidad.
            En Japón, este pasado fin de semana, el presidente de la República Francesa, monsieur Hollande, afirmaba sin el más mínimo atisbo de duda ante empresarios japoneses que la crisis de la zona Euro ya es historia; ha pasado, como pasa un mal sueño, una pesadilla que había durado ya demasiado.
            Por su parte Durao Barroso, el presidente de turno de la Comisión Europea, el tercer cómplice del crimen colectivo contra los pueblos de Europa, afirmaba alegremente que "España ya no es un drama".
            Atento a las oportunidades que le proporcionan sus cómplices políticos, el jefe del ejecutivo español vocifera a pulmón lleno que en "España ya no hay razón para el pesimismo". 
      ¡Esto es magnífico! Debíamos estar volteando las campanas de las catedrales, de las torres, de las espadañas, de los campaniles tan numerosos de este país desagradecido.
            En su lugar nos complacemos en las noticias negativas. 
            Ese mismo día en que el presidente de gobierno nos alegra la prima de riesgo, - al día siguiente el desempleo de los EE.UU. volvió a desquiciarla, según dicen, porque el capitalismo, como todos los seres monstruosos e insolidarios, es de natural asustadizo- , nos desayunábamos con la noticia inhumana de que infinidad de niños en edad escolar, en Grecia, buscan en los contenedores de basura por si encuentran algo de comida que saben con certeza que no encontrarán en sus casas. 
            Niños en parecidas circunstancias en Portugal y en España han de ser alimentados por el sistema educativo o por organizaciones humanitarias.
            Los bancos de alimentos en la Europa del Sur solicitan ayuda urgente porque se sienten desbordados y la demanda crece cada día. Eso sucede cuando la Europa rica ha decidido abandonar su programa de ayuda para estas organizaciones humanitarias, que ahora mismo resultan imprescindibles.
            Veinticinco millones de europeos carecen de trabajo,- el 13% de la población activa de la zona Euro- mientras el capitalismo, también el europeo, explota a doscientos cincuenta millones de niños semiesclavos en los países más pobres de la tierra.
            La locomotora europea, por boca de la canciller Ángela Merkel, anuncia que los jóvenes europeos han de elegir entre tener un trabajo mal pagado y renunciar a derechos excesivamente costosos, o no tener ningún trabajo.
            Aproximadamente treinta mil estudiantes universitarios, privados de sus becas por el gobierno de derechas al que España confió su destino en un momento de debilidad o de locura, han sido expulsados del sistema educativo al no poder hacer frente a las tasas. Entre otras cosas, el gobierno ha tirado a la escombrera de su gestión interesada, irracional y nefasta para los intereses generales del país, muchos millones que ya habíamos invertido en la formación de buena parte de estos becarios en años precedentes. “Bien hecho”, dirá algún descerebrado con razón,” a fin de cuentas, era una inversión que acabará beneficiando a otros países”. Así nos va.
            El paro está en sus máximos históricos; los ingresos del estado, en continua decadencia; y el gobierno recurre a comités de expertos para acabar de cercenar nuestro futuro. Los comités de expertos “independientes” son exclusivamente el subterfugio para afrontar las medidas antisociales con el menor desgaste posible ante la opinión pública. Un engañabobos en toda regla.
            Así que echemos las campanas al vuelo. Abandonemos de una vez el pesimismo injustificado.
            Y la peor sospecha tiene también su nido miserable en Grecia. A pesar de la censura férrea que Europa establece sobre los acontecimientos más negativos que han generado sus medidas inhumanas, algunos corresponsales extranjeros hablan ya de un ambiente general que hace presagiar la guerra civil.
            Las “únicas medidas” posibles empezarán pronto a dar frutos sangrientos en alguna parte. Quizá es lo que pretenden, disminuir el número de hambrientos andrajosos que ahora se acumulan en las cunetas del sistema. En las guerras mueren mil pobres por cada rico muerto.

lunes, 10 de junio de 2013

Claro que nos espían

     Hasta tal punto la inmoralidad se ha adueñado de nuestro presente que vivimos rodeados de conceptos vacíos. Creemos ser dueños de nuestras vidas, de nuestro tiempo, de nuestros movimientos y del espacio por el que circulamos casi sin limitaciones. Es sólo un espejismo inducido por convencionalismos hábilmente incorporados a nuestra existencia con el propósito de mantenernos apaciguados, como a un rebaño al que se le permite la ilusión de sentirse dueño de sus movimientos en el prado donde lo apacienta su pastor.
            Derechos humanos es, en los tiempos que corren, el concepto más distante de su significado original que yo conozco. A no mucha distancia en cuanto al proceso demoledor de vaciedad de contenido al que actualmente es sometida está la palabra libertad. Podemos continuar durante mucho tiempo enunciando conceptos desnaturalizados por la degradación de los valores humanos; o retorcidas perífrasis con las que los comunicadores oficiales intentar enmascarar las medidas inhumanas o las situaciones insostenibles. 
            Pero, por rabiosa actualidad, el concepto que acaba de desnucarse ante los ojos de mucha gente incauta es el derecho a la privacidad en nuestras vidas personales.
            De pronto nos hemos enterado. 
            EE.UU. espía al mundo entero por razones de seguridad. Luxemburgo espía al Gran Duque y al Jefe de Gobierno. Inglaterra espía a sus ciudadanos siguiendo los pasos del amigo americano. Y ya sabíamos que China utiliza el ciberespacio como escenario de una guerra sorda. Y por lo que a mí se me alcanza, estos casos que la prensa airea son sólo el exponente de procedimientos generalizados, y no sólo por parte del poder político, sino, sobre todo, por parte del poder económico que maneja el mundo.
            La red y la telefonía móvil han supuesto una revolución sin precedentes en la historia humana. Nunca nadie tuvo a su alcance instrumentos más poderosos para la comunicación. Pero tampoco nunca tuvieron los que administran el poder una cadena más segura con la que sujetarnos del collar.
            Admitámoslo. La libertad en su sentido estricto ha muerto. Nos queda su reflejo como señuelo. Mientras nos lo muestren, creeremos que somos los dueños de nuestras decisiones. Y, quizás, en cierta medida aun seamos dueños de algunas en la esfera privada, pero sólo de aquellas que no afectan al orden que nos han diseñado.
            Vuestra tarjeta de crédito es una enciclopedia sobre vuestra vida que es escrutada minuciosamente con objetivos muy diversos. Vuestro banco vende esos datos. Vuestra compañía de teléfonos vende vuestros datos a empresas que se dedican, luego, a ofreceros productos por teléfono. La corrupción en determinados servicios públicos pone en circulación infinidad de datos vuestros, datos que corresponden a vuestra privacidad. Figuráis en miles de bases de datos como objetivo comercial, fundamentalmente, pero también por otras razones.
            Vuestras apariciones en la red están sometidas a un escrutinio feroz, o lo estarán algún día cuando alguien necesite información sobre vosotros. Hay ya estimaciones reales de que la mitad de los jóvenes que soliciten trabajo en el futuro quizá vean condicionada su consecución por el perfil de sí mismos que han ido dejándose a girones en la red. El curriculum será un aspecto secundario. La empresa valorará más la "huella digital".
            Estamos troceados y repartidos, como casquería, en los tenderetes de un mercado inmoral.
            Así que Obama y sus procedimientos no son algo novedoso. Solo gente cándida podría sentirse sorprendida.
            Obama, la esperanza negra de este mundo convulso necesitado de esperanzas, aunque resulten imposibles, afirmó que no se había espiado a un solo americano; solo a extranjeros, porque los extranjeros, al no estar protegidos por las barras y estrellas, carecemos de privacidad. 
            Mentía, ¡claro!
            Yo hace meses que compruebo que les interesa lo que escribo. No os diré cómo ahora, pero es fácil saberlo. Escondidos en sus madrigueras blindadas y armados de sus programas secretos se creen a salvo, porque desprecian la mente humana. Se equivocan. La máquina perfecta la diseñó la evolución en un largo proceso y la llevamos entre los huesos del cráneo. No son los únicos que indagan en los contenidos de este blog que intenta denunciar los procedimientos del capitalismo y la servidumbre de los gobiernos cómplices. No me incomoda. Escribo para que los demás lo lean. Me produce regocijo que se alarmen. Ellos y media Europa. Y si uno quiere visitas de un lugar determinado, sólo tiene que utilizar palabras clave, las que hacen saltar las alarmas de la seguridad local. Resulta divertido juguetear con ellos; en el fondo están automatizados por el miedo y por el afán de controlarlo todo. Pero, resultan peligrosos para la libertad humana. Son la nueva forma del totalitarismo. Se saben impunes y no tienen el freno de ningún principio moral. 
             Aunque resulte insólito,- estábamos convencidos de que los políticos son gente honesta-, hemos sabido que Obama  es un político que miente, porque de su espionaje no se ha librado el pueblo americano.
            La realidad es que un peón minúsculo del gran engranaje de la CIA, probablemente el que curioseaba vuestro blog hasta la semana pasada  en busca de palabras peligrosas, un tal Edward Snowden, un tipo con cara de chico educado, seguramente mormón de clase media acomodada, se ha ido de la lengua en un arrebato de honestidad, dolido por la intromisión del Estado en la privacidad de sus conciudadanos.
            Casualidades de la vida. Ha sucedido un par de días antes de la cumbre entre Obama y Xi Jinping, el presidente chino. Había cosas que tratar. Ahora China es el gran competidor por el dominio del mundo. El "sueño chino", control de los recursos naturales de forma silenciosa y feroz competencia comercial con Occidente, comienza a ser mucho más que un sueño. Se sustancia cada día un poco más. Y si no se puede dominar a China, parece llegado el tiempo de los pactos. 
            Obama se guardaba un reproche poderoso para esta cumbre, la agresividad china en el uso del ciberespacio para el espionaje militar, político, industrial y de cualquier otra índole.
            Casualidades de la vida, la inoportuna filtración de los procedimientos del gobierno norteamericano lo ha dejado al descubierto, desautorizado para hacer a China reproche alguno. 
            En realidad, hemos asistido a la apertura en una compleja partida de ajedrez. De salida, China ha logrado ya una posición ventajosa. Seguramente Edward Snowdem, ese espía insignificante pero dueño de un arsenal de información, es infinitamente más rico que la semana pasada. Previsoramente se encuentra refugiado, -oficialmente de vacaciones por motivos de salud-, en Hong Kong. Desde allí nos da lecciones sobre la libertad de expresión y el derecho a la privacidad de las personas.
            ¡¡Estupendo!!  
            Un tipo de la CIA con aspiraciones de convertirse en referente mundial de honestidad.
            Aprovecho para saludar al compañero de Snowdem que leerá esta entrada muchos minutos antes que vosotros, en busca de contenidos peligrosos para la seguridad de su país. 
            Un consejo, si me lo permite, señor espía de guardia. Debiera aprovechar la situación para solicitar aumento de sueldo. Ponga sobre la mesa el caso del compañero Snowdem. Un espía mal pagado, y dueño de información tan delicada, sí resulta un peligro verdadero para la seguridad de cualquier país. Como todos los seres monstruosos, cualquier forma de totalitarismo tiene la autodestrucción en su código genético. Si no entiende algún concepto, conoce mi correo; puede solicitar aclaración. 
            ¡Ea, buen servicio!  Si es usted un honorable padre de familia americano, salude en mi nombre a su señora y a sus hijos.
    

jueves, 6 de junio de 2013

Niños hambrientos en el Sur de Europa

     Lo han conseguido. Han logrado que los niños del sur de Europa pasen hambre de nuevo. 
            El hambre y la guerra van unidas. 
            En el complejo proceso de esta guerra económica que llaman crisis y cuyo último objetivo es someter el mercado laboral al modelo asiático, abaratamiento insoportable de la mano de obra, precarización absoluta del empleo y ausencia de reglas que defiendan a los obreros hambrientos y angustiados, las primeras víctimas visibles empiezan a ser los seres indefensos, la infancia y los más viejos, los que no están sujetos a ese comercio inhumano al que intentan someter la fuerza productiva, los que no tienen dignidad que vender a los nuevos esclavistas europeos. Tienen experiencia. Muchos capitales de hoy tuvieron su origen en el comercio execrable de esclavos hacia el nuevo mundo.
            Hoy se hace eco en sus páginas de opinión El País sobre la situación vergonzosa y terrible que se puede contemplar a la salida de los colegios en Grecia. Escolares hambrientos buscan en los contenedores de basura de los propios colegios, porque en sus casas no hay nada que comer.
            Sin llegar a esos extremos, los profesores portugueses han detectado situaciones similares y hace ya algún tiempo que el sistema educativo público reparte bolsas de comida con la cena para el alumnado.
            En España, no hace mucho que Sáenz de Buruaga, con ese fino sentido del humor humanitario que caracteriza a la derecha desalmada, se burlaba de una iniciativa solidaria de la Consejería de Educación Andaluza, que se propuso garantizar tres comidas diarias, incluso en periodo vacacional -también hay que comer en vacaciones- al alumnado con riesgo de exclusión social y al que se le detecte carencias alimentarias importantes. Se está haciendo. Trascendió la noticia de lo que sucedía en Andalucía, cuyas iniciativas son siempre perseguidas con saña por parte de los voceros a sueldo de la derecha resentida por sus incontables derrotas en el sur. Pero sabemos que hay iniciativas similares, de diversa procedencia social o política, también en Cataluña, -Ayuntamiento de Barcelona-, y en Valencia, -organizaciones de caridad-, porque el problema se extiende  irremisiblemente.
            Por contraste, Galicia, una de las joyas de la corona del Partido Popular, donde gobierna en mayoría, ha adelantado ya que el curso próximo veinte mil escolares perderán la beca de comedor que, probablemente, sustenta hoy su precaria existencia.
            El cuerno de África y sus hambrunas, como el desierto africano, avanza poco a poco hacía el norte. Está alcanzando los países del mediterráneo, abrasándolos con su viento ardiente de injusticia, de expolio permitido por el sistema legal y los gobiernos cómplices. El hambre de los niños del Sur, la desesperación de sus familias, la profunda amargura de una buena parte de los pueblos, engorda las cuentas de una minoría insaciable y criminal.
            Ahora el FMI, un conocido instrumento del capitalismo destructivo, famoso por las cuantiosas catástrofes económicas que ha provocado a infinidad de países, reconoce que las políticas económicas aplicadas en los rescates europeos a Grecia han perjudicado considerablemente al país. Nada extraño viniendo de ese laboratorio que la medicina resulte venenosa. En realidad, lo han destruido. Lo de Grecia ha sido un parricidio en toda regla, porque Grecia fue el núcleo germinal de esta Europa que ha olvidado sus raíces y su historia de luchas en pos de la igualdad ante la ley y la democracia.
            En realidad vivimos envueltos en un debate artificial. Un día, cuando ya nos tengan sometidos definitivamente a sus reglas inhumanas, permitirán que los niños griegos, los portugueses, los españoles no tengan que buscar en los contenedores de basura o someterse a la caridad oficial para poder alimentarse. Lo exhibirán como un triunfo. Pedirán que los volvamos a votar como premio al éxito indiscutible de sus medidas, las únicas medidas posibles.
            La realidad será otra; la brecha de las desigualdades será insalvable; la sociedad surgida de este proceso artificial será infinitamente más injusta, y el determinismo social vendrá impuesto por un sistema selectivo en la educación y en el acceso a los servicios que han hecho posible una sociedad más igualitaria.
            El único debate creíble  -todo lo demás son salvas para tenernos ocupados- que debieran entablar los parlamentos democráticos en representación de los ciudadanos que le otorgaron su soberanía sería qué medidas debemos establecer para controlar el poder desmedido del capitalismo expandido sobre la faz indefensa de la tierra. El único procedimiento que verdaderamente nos sacará de la crisis es ese, establecer procedimientos de control para la desmedida capacidad destructiva del cuarto poder que Montesquieu no vio.
            Todo lo demás es inútil. Antes o después habrá que hacerlo. Y será mejor con la ley que con una explosión social de incalculables consecuencias.

martes, 4 de junio de 2013

¿Qué hacemos con quien no cumple la función por la que le pagamos....?

       
     Voceros paniaguados de la derecha económica y política llevan deslizando hace ya tiempo una extraña forma de solidaridad obrera con la empresa que enuncian de dos formas diferentes, aunque sean una misma cosa: trabajar gratuitamente durante el periodo vacacional o renunciar a las vacaciones anuales pagadas. Ambas medidas mejorarían mucho la situación de la empresa española. Este mensaje  no puede resultarnos extraño. Los voceros de la indecencia cobran por introducir en el debate general intoxicaciones como ésta. No me cabe duda de que muchas empresas españolas están sufriendo pérdidas considerables; pero, jamás he oído a los intoxicadores que otra forma de resultar competitivos es que las empresas renuncien a una buena parte de sus beneficios, por ejemplo. 
            Tampoco he oído solicitar a esos catequistas del capitalismo rabioso que las empresas abandonen la práctica generalizada de la economía sumergida, que coticen por todos sus trabajadores inmersos en las contabilidades B, cuyo salario comparten con el sistema de compensación al desempleo. Así podríamos evitarnos el doloroso debate sobre la viabilidad del sistema de pensiones. 
            No los oigo decir que las grandes empresas españolas tienen en las paraísos fiscales, lejos de la mano de Hacienda, el equivalente a la mitad del producto interior bruto anual de este país. Evitan con ello los impuestos, generan paro, deuda pública, y carencias en servicios imprescindibles a sus conciudadanos.
            No he oído a los intoxicadores pronunciarse jamás sobre este crimen, salvo para justificarlo porque los impuestos de este país son excesivos.
            Pero por eso cobran. Es su oficio.
            Sin embrago, lo de Linde clama al cielo. A Linde, el gobernador del Banco de España, sintiéndose autorizado por su función eminente, le entró la vocación de asesor laboralista de forma repentina y, en su informe anual, recomienda que los trabajadores españoles acepten trabajar por salarios inferiores al salario mínimo establecido por la ley. Eso nos hará competitivos. 
            Y trabajar sin salario, aun más, supongo yo. 
            Pero en el informe anual del Banco de España, tan inclinado a meterse en terrenos que en absoluto le conciernen, se echan en falta datos, respuestas a cuestiones que sí son de su exclusiva incumbencia.
            Por ejemplo, ¿por qué los veinte mil millones que el gobierno avala mediante el ICO, Instituto de Crédito Oficial, -y ahí sí ha cumplido un cometido imprescindible para aminorar el impacto de la crisis- para la pequeña y mediana empresa no están ya produciendo efectos positivos? ¿Por qué la banca privada considera que la garantía del Estado es insuficiente para este crédito, cuando compra deuda pública a manos llenas, siendo  el mismo Estado quien la avala? ¿Podría ser que el interés que el Estado tiene establecido para esos créditos está muy por debajo a los intereses especulativos de la deuda pública? 
            ¿Por qué Linde no aborda en su informe esta lacerante situación? Parece claro que sin crédito asequible a la pequeña y a la mediana empresa - unida a otras medidas imprescindibles-  la crisis se eternizará en este país.
            Linde tampoco afronta  en su informe una cuestión primordial que es competencia exclusiva del Banco de España. Si el Banco Central Europeo, cumpliendo también su función en este caso, pone a disposición de la banca privada ingentes cantidades de dinero a un interés del 0,5% para que fluya el dinero a intereses asequibles y se recuperen las economías nacionales, ¿por qué los intereses de los préstamos bancarios rozan el 9%?
            No abundaré en cuestiones que podrían cansaros. Sólo las traigo a colación  para fundamentar la indignidad que hoy me tortura. 
            Dos verdades la configuran hoy. 
            La Banca  llevada por su ambición irresponsable generó esta crisis. Las locuras privadas de sus gestores se han convertido en deuda pública, que es tanto como decir deuda compartida por cada uno de nosotros. No contenta con ello, la Banca ahonda la profundidad de la fosa a la que nos arrastró. Lejos de ser el instrumento de recuperación  -ese sistema financiero que tanto defienden los gobiernos de derecha por encima de los derechos ciudadanos-, son el martillo con el que capitalismo especulativo machaca el armazón frágil de nuestro ordenamiento constitucional, de nuestros derechos y de nuestras libertades; la cadena que pretende sujetarnos con grilletes económicos a la galera de la miseria y de nuevas formas de servidumbre que creíamos encerradas en vitrinas polvorientas en el museo de la historia, al menos en Europa.
            Pero esa es su propia naturaleza. Buscar el beneficio, sin atender a principios legales, morales, éticos o humanitarios. Esa es la naturaleza del capitalismo y la banca es uno de sus más eficaces instrumentos.
            Tan poco fiable es, que los Estados establecieron un poderoso instrumento regulador, los Bancos Nacionales. Y dotaron de poderes extraordinarios a sus gobernadores, cuya función primordial es vigilar el comportamiento de la banca privada y establecer las correcciones pertinentes para evitar catástrofes.
            La otra verdad es que Luis Linde, el gobernador del Banco de España cuya obligación es regular el sistema financiero español, siguiendo una arraigada tradición muy desarrollada ya por sus antecesores, no cumple la función por la que cobra - un sueldo envidiable- de nuestros impuestos. Lejos de ello se dedica a reforzar teorías económicas ultraliberales, antisociales y escasamente recomendables en la actual situación económica. Creo que ha confundido sus funciones. O resulta un completo incompetente. Cualquiera de los dos motivos sería suficiente para que alguien del gobierno le hubiese solicitado ya la dimisión. El Banco de España no parece el lugar más adecuado para situar a los amigotes incompetentes.
            ¿O sí, si la afinidad política es la única garantía que se precisa?
   

domingo, 2 de junio de 2013

Los nuevos campos de exterminio

  "La juventud europea ha de elegir entre tener un empleo mal pagado o no tener un empleo". Son palabras recientes, -la semana pasada-, de la canciller Ángela Merkel.
            El mucho trato y el haber soportado su influencia nefasta en nuestras propias carnes ha hecho que nos hayamos ido familiarizando con el núcleo de su pensamiento, como portavoz de los intereses a cuyo servicio dedica su éxito político. No hace demasiado Ángela Merkel desgranaba las cifras que le quitan el sueño. "El coste social de los Estados Europeos nos hace inviables. De seguir con esta dinámica, pronto seremos un parque temático para turistas chinos".
            Ayer sin ir más lejos. Luis Linde, el gobernador del Banco de España, tras reconocer que las medidas establecidas por la Reforma Laboral de este gobierno, a pesar de su extrema dureza, no han servido para frenar el desempleo, propone con una frescura que ronda la desvergüenza o la ausencia de conciencia social, que la solución estriba en que los trabajadores acepten remuneraciones por debajo de convenio o por debajo del salario mínimo interprofesional que establece la ley. Insistía, además, en que el gobierno haga entrar en vigor la reforma en la edad de las jubilaciones, que el límite mínimo de 67 años entre en vigor ya en 2014.
            Conviene vivir con la mente muy atenta a esos mensajes, distantes en el tiempo en ocasiones, emitidos por voces diferentes. Son emisores diferentes, pero sirven al mismo dueño y sus discursos son segmentos de un mensaje único. 
            Europa es cara. 
            El capitalismo es ubicuo; no tiene banderas ni amor a ninguna patria. Su única patria es el dinero. La deslocalización es su instrumento primordial.
            Esa Europa cara, con altos costes sociales, fue un día la referencia humana. Costó sangre, revoluciones, guerras, pero logramos una sociedad infinitamente más equilibrada y más justa que ningún otro continente de la tierra. 
            No fue un logro casual. 
            A un lado de sus fronteras, Europa coexistió en los años difíciles con un régimen político y económico diametralmente opuesto que no aceptaba la propiedad privada de los medios de producción  ni dejaba la gestión económica al albur de los mercados. Confiaba más en la planificación del Estado. Proletarios, obreros de la Europa occidental tenían esa referencia como alternativa posible en sus malos momentos. Y hubo muchos.
            En el interior de sus fronteras, Europa soportaba la presión de los propios partidos de izquierda, potentes, organizados, con amplio apoyo social e intelectual.
            Y surgió una Europa cara, porque los Estados construidos sobre esa confluencia de factores cumplieron su función primordial, redistribuir la riqueza generada en el proceso productivo: salarios dignos, y servicios públicos que compensaran las desigualdades de renta sin excluir a nadie, y que se han plasmado, durante muchos años, entre otros muchos, en la Sanidad Pública gratuita o casi, Enseñanza Pública gratuita que garantiza la igualdad de oportunidades que reclama la sociedad abierta y Sistema de pensiones que garantizan un vida digna a los trabajadores cuando se cumple su ciclo productivo.
            Sí, aun con sus imperfecciones llamativas, ningún lugar de la tierra era mejor habitación que Europa. Pero, cara; muy cara.
            Y os pondré un ejemplo que he estudiado de forma concienzuda, sin cansaros con datos. Recientemente me he visto obligado por compromisos sociales, que no vienen al caso, a disfrazarme, según establecen los cánones sociales y mi propia edad con un traje adecuado y una camisa al efecto. Hablaré de la camisa, que dado mi natural escasamente formalista, no podía ser suplida con las propiedades que cuelgan en mi armario. Cincuenta euros costó la condenada camisa. Analicé su procedencia. "Made in Korea". Estudié los costes de forma aproximada teniendo en cuenta datos objetivos de salarios en el lugar de origen, costes sociales - nulos- para la empresa fabricante, gastos en materias primas, y gastos de transportes: cinco euros aproximadamente. 
            El margen para el vendedor, una firma nacional de prestigio en la confección masculina, cuarenta y cinco euros. 
            Hechos los cálculos pertinentes del margen para el vendedor si la camisa se hubiera fabricado en Dos Hermanas, Toulouse, Villamanrique, o Capua estos no superarían los quince euros en el mejor de los casos, si mantuvieran el precio final. Cuarenta y cinco a quince. Ya me diréis.
            Europa es cara, porque permite menos beneficios al capital que nos gobierna.
            Y el capitalismo ha decidido que su beneficio es sagrado.
            Ya nos parece que la duración de lo que hemos dado en llamar crisis económica en Europa se ha dilatado mucho. En realidad, se dilata porque resistimos demasiado. La crisis es sólo el instrumento para abaratar los costes de producción. Lo ha dicho Merkel. La alternativa es clara: trabajo mal pagado o ningún trabajo. Lo ha dicho Linde. La solución es trabajar por debajo de los límites legales del salario mínimo. 
            Los gobiernos europeos y las diferentes Instituciones Comunitarias en general, lejos de defender nuestro modelo de vida, los logros políticos y sociales de nuestro devenir histórico, secundan las propuestas del capitalismo sin fronteras. Y la vieja izquierda humanista y valerosa en otros días mejores está desaparecida.
            Lo que ahora está sucediendo ante nuestros ojos es que se levantan nuevos campos de exterminio en los países de economía más frágil. Se exterminan de forma paulatina los derechos sociales tan laboriosamente conquistados. 
            Si alguien en Europa cree que esto es únicamente una cuestión de azar y que los países del Sur lo merecemos por nuestra proverbial falta de previsión, se equivoca. Los edificios empiezan a derrumbarse por los pilares más frágiles, pero acaban en ruina general.
            El mensaje que nos cerca desde todos los rincones es muy claro, Europa es muy cara y el capitalismo necesita apuntar en su cuenta de resultados cada derecho que nos arrebata. Los derechos sociales, los derechos humanos están reñidos con esa filosofía criminal que lo sustenta. 
   Lejos de exportar nuestro sistema social, de exigir que el capitalismo deslocalizado respete los derechos humanos en cualquier región de la tierra que produzca bienes cuyo mercado principal seamos nosotros - nos sobran instrumentos- , nos obligan a retroceder siglos en conquistas sociales.
  Desconozco los límites legales que las fronteras establecen todavía. Perdonaré por la duda formal a Frau Merkel, con la esperanza injustificada de que su electorado le cobre esta factura en las elecciones de otoño.  ¡Y aun hay quien dice que el pueblo alemán es un pueblo lógico y racional! Pero creo que, por lo que a nosotros se refiere, Linde debiera haber dormido desde anoche en prisión preventiva por enaltecimiento del terrorismo contra los derechos laborales de los trabajadores de este país.
            Por si no ha quedado claro, os resumo el contenido de la indignidad que hoy me sacude la conciencia. El capitalismo que rige nuestras vidas reclama, como parte de su beneficio, nuestros salarios, nuestras pensiones y el dinero que el Estado destina a la Educación, a la Sanidad Pública, a generar empleo - es la mayor empresa del País y la única que por definición tiene una proyección social obligatoria-, y a la atención de las personas dependientes. Lo llaman crisis, pero es un robo a gran escala, al amparo de las leyes que ellos mismo han elaborado para poner cadenas a nuestra indignación. Y el Partido Popular es el cómplice necesario y complaciente que nos conduce al matadero. ¡Votadlo! Es vuestro derecho indiscutible. La Constitución, que prostituyen cada día, lo garantiza.