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martes, 15 de enero de 2013

Fascistas

   La semana pasada encontré  casualmente a una antigua alumna. Repartía publicidad por los buzones del barrio. Por mis cálculos debería estar terminando este curso su licenciatura de Filología Inglesa. Me interesé por si compatibilizaba el buzoneo con los estudios. Lo negó. Lo ha dejado en el último curso. El encarecimiento de las matrículas y la situación de su familia a la que , también, ha castigado el paro, como a casi todas las del barrio, no le ha permitido por ahora terminar su licenciatura. 
    Siempre fue una chica decidida, independiente, capaz de tomar decisiones y de afrontar las consecuencias. Una mujer de hoy, capaz de buscar solución a sus problemas por sí misma, sin excesiva dependencia de los demás. Sé que estuvo en Inglaterra algún verano, perfeccionando su inglés y ahorrando algunas libras para aguantar el curso. Apelé a esa capacidad y le insinué que  con sus capacidades probablemente encontraría trabajo en el extranjero, en Inglaterra, en Escocia... Conozco casos. Les va bien.
   Lo negó tajantemente. Me dijo que las medidas políticas y económicas de este gobierno la habían echado de la Universidad, pero que no estaba dispuesta a que la echaran, también, de su país.
   Había en sus ojos un punto de dureza, de calmada decisión; una mezcla de desencanto prematuro a los veinte años , o poco más , y de controlada indignación. En ese momento la vi con otros ojos. Pensé que estaba ya ante una persona definitivamente adulta, capaz de valorar sus circunstancias con objetividad y de tomar decisiones a conciencia. Seguramente, cuando acuda a las urnas , su voto será un voto meditado.
   De forma paralela, comprobé el pasado fin de semana en las encuestas de opinión de Metroscopia, que tienen una frecuencia mensual, lo que ya era de esperar. El Partido Popular está en la mínima aceptación desde las generales de noviembre. Hoy lo votarían sus fieles exclusivamente, en torno al 30%, su parroquia histórica. Ese 13% prestado por el desencanto con el que ganó las generales se le ha esfumado, como consecuencia de que ha defraudado las esperanzas infundadas de mucha gente. Con ese porcentaje difícilmente estaría en condiciones de formar gobierno. Me alegro infinitamente. Aunque no sé quién podría asumir esa responsabilidad,  me conformaría con que no fuera esta derecha cínica y sin sentido de estado.
  Y en cuanto a la valoración de los miembros del gobierno, sólo un ministro es peor valorado que el presidente Rajoy, rechazado por el 74 % de los encuestados. Se trata de José Ignacio Wert. Sólo es aceptado claramente por el 19% de los encuestados, mientras el 75 % de la población española lo reprueba o lo rechaza; el resto afirma no conocerlo.
   Tres de cada cuatro españoles en edad de votar desaprueban la gestión de Wert al frente del Ministerio  de Educación y Cultura. 
    Ayer fue noticia que unos centenares de personas impidieron a Wert impartir una conferencia en Sevilla, dentro del tour por provincias que ha organizado El Mundo a los miembros del gobierno para que recuperen credibilidad. Son faenas de lucimiento ante los propios. Sevilla no es mala plaza. Está Zoido en la alcaldía y la  capacidad de convocatoria de Arenas, presente en el salón, arropa mucho.
    Alguna vez he comentado que un rasgo de la soberbia del poder es que ignora la importancia de los movimientos sociales. Algo así ha pasado aquí. Cien indignados con la política educativa del gobierno no han permitido al ministro impartir su conferencia de lucimiento ante la fiel parroquia sevillana.
    Wert los ha llamado fascistas.
    Yo no creo que entre quienes pedían su dimisión hubiera ni una sola persona a la que le cuadrara el calificativo. He recordado de forma inmediata a mi antigua alumna, en cuya vida, como un obús traicionero disparado desde el anonimato de los despachos donde se toman decisiones que trastocan dramáticamente la vida de los ciudadanos, han reventado las medidas ideológicas de este gobierno que han quebrado el futuro que ella se había diseñado con esfuerzo y voluntad.
   No sé si estaba entre el grupo de indignados que impidió tomar la palabra a este ministro rechazado por tres de cuatro españoles en edad de votar, pero si hubiera estado, yo entiendo su indignación y su rechazo. Entiendo que no permitieran tomar la palabra a quien no está dispuesto a escuchar a nadie, salvo a sus cómplices confesionales,- la Conferencia Episcopal, el Opus Dei, especialmente-, en un asunto tan extraordinario como una ley de educación, en cuya redacción son imprescindibles toneladas de consenso social.
   No, Ministro Wert.; no creo que hubiera allí ningún fascista pidiendo a gritos su dimisión;  quizá lo hubiera en las filas de quienes aplaudían; entre su gente sí quedan rincones oscuros y mohosos de fascismo. El fascismo niega la igualdad, hurta derechos, prostituye los parlamentos y enarbola la autoridad o la violencia como argumento definitivo. Las palabras las carga el diablo. Cuide las suyas, porque para ustedes democracia sólo es un concepto, una vaga referencia a la mayoría que dan las urnas, en demasiadas ocasiones, para legitimar decisiones cuya única justificación es el beneficio económico de sus cómplices.
    El fascismo favorece a unos en detrimento de otros. No lo olvide, cuando use ese término.
  No olvide, tampoco, que la Ley de Educación de su gobierno es una ley inútil. Nace muerta. La estamos rechazando cada día. No durará mucho más que usted. Y a usted ya lo ha condenado la calle soberana.
   
   

domingo, 13 de enero de 2013

Fraude

  
         Que estamos en una severa crisis económica parece fuera de toda duda. Negarlo sería una estupidez.
            Que esta crisis económica la ha generado la confluencia de muchos factores criminales parece, igualmente, indiscutible. Y el peor de esos factores ha sido la complicidad de quienes tenían que velar por el cumplimiento de las reglas de salud del sistema financiero, el Banco de España y los diferentes gobiernos democráticos. No lo hicieron. Permitieron al capital, llevado por su ambición desenfrenada, acometer locuras que hoy pagamos todos, especialmente  las economías de tipo medio o bajo.
            Que nuestra dependencia económica nos está costando una sangría en derechos y prestaciones del Estado lo sufrimos en nuestra piel de forma aguda y creciente. 
            También sufrimos la pérdida insoportable de soberanía en el concierto europeo. Percibimos que la política económica y social nos viene impuesta por los socios desconfiados de nuestra capacidad de devolver los préstamos.
            Que el gobierno aprovecha la crisis con perversa intencionalidad ideológica para desmontar el Estado, llevar a cabo reformas ultraliberales en contra de los derechos ciudadanos y las conquistas sociales y privatizar los servicios públicos más rentables, no necesita demostración alguna. Sólo personas muy obtusas podrían tener alguna duda al respecto.
            Y, sin embargo, aun aceptando todas las premisas anteriores, esta crisis en España no debería dejar estas secuelas que ponen en entredicho nuestro futuro y amenazan seriamente la convivencia nacional.
            Si cada uno de nosotros cumpliera sus obligaciones fiscales, probablemente no habría crisis.
            Yo leo con frecuencia las páginas salmón de los periódicos: El analfabetismo en cuestiones trascendentales nos hace manipulables; en el colmo de la incongruencia, hasta llegamos a entregar nuestro voto al enemigo. De las muy serias páginas salmón he entresacado los datos que os ofrezco. Son números sacados escrupulosamente de los informes de los Inspectores Españoles de Hacienda y del Tax Justice Networt, red inglesa de expertos en el fraude fiscal.
            En 2011, el fraude fiscal en España alcanzó la considerable cifra de  80.900 millones de euros. 
            Viene a significar que casi 250.000 millones de euros, una cuarta parte de nuestro PIB, no cotiza y se corresponde con la producción de la economía "sumergida”. No sólo no cotiza, defrauda por partida doble; gran parte de esa mano de obra "sumergida" no cotiza a la Seguridad Social y compatibiliza su trabajo oculto con el cobro de las prestaciones de desempleo.
            Con esa cantidad defraudada, y atendiendo a los presupuestos generales del Estado, España tendría cubiertos los gastos de  sanidad, desempleo, educación, cultura, los intereses de nuestra deuda nacional y aun sobrarían 10.000 millones de euros, que el Estado, se me ocurre, podría destinar a fomentar el empleo. Estimando cuarenta empleos por cada millón de euros, de un plumazo solidario y rentable, cuatrocientos mil desempleados volverían a la normalidad deseable y a ser el motor interno de nuestra recuperación económica. Y con el ahorro de las prestaciones por desempleo y la cotización por esos trabajadores, quizás algunos miles más de personas podrían encontrar acomodo en un Estado solidario. Y cada empleo directo genera movimientos positivos en el mercado de trabajo.
            Rajoy sigue esperando milagros; cuentan sus próximos que su máxima de conducta es que todo lo soluciona el tiempo y que aquello que el tiempo no soluciona es que no tiene  arreglo. Los españoles le han dado la mayoría absoluta para que se siente a la puerta de la Moncloa a ver cómo el tiempo arregla este país.
            El gobierno no se cansa de repetirnos que las  medidas que nos aplica son las únicas posibles. 
            ¿De verdad lo creéis? 
            Yo creo que no.
            El gobierno en bloque, aupado en ese púlpito inmoral desde el que airea mentira tras mentira, nos solicita sacrificios. ¿A quién?  Los técnicos de Hacienda denuncian que más del 70% del fraude nacional tiene nombre y apellidos y lo cometen las grandes fortunas patrimoniales y las grandes compañías. En cuyo caso no se trataría de solicitarles sacrificios, sino estricto cumplimiento de sus obligaciones.
            ¿Sacrificios para qué? Para que delincuentes sistemáticos sean cada día más ricos a costa de nuestro empobrecimiento y del empobrecimiento del Estado; para que la democracia que tanto nos costó conseguir pierda su eficacia y el afecto de la gente. 
            Quizá esa insolidaridad europea, indudable por cierto, que tanto he denunciado, tendría que ser analizada a la luz de estos datos de la economía española que Europa conoce con exactitud. Europa sabe, como cualquiera de nosotros, que  España es uno de los países del mundo con mayor fraude fiscal. Y que ese fraude criminal ha multiplicado por cinco las consecuencias de la crisis económica mundial dentro de nuestras fronteras. 
            ¿Hemos de convivir con esta lacra, denunciada hasta la saciedad por los propios inspectores de Hacienda que conocen con exactitud a los defraudadores? 
            ¿De verdad las medidas que aplica este gobierno son las únicas? 
            Con ellas, el paro aumenta cada día, el aire viciado de la miseria se enrosca en nuestras vidas y los mejor preparados emigran a generar riqueza en otros lugares de la tierra. Con una persecución efectiva de los delincuentes que roban miles de millones, buena parte de los sacrificios impuestos no serían necesarios. Sólo se trata de sacar las conclusiones y actuar en consecuencia. 
   El que quiera nuestro voto tiene que comprometerse a perseguir, de verdad, este crimen de Estado.
    



    

jueves, 10 de enero de 2013

Certezas

 Creo que vivir, de forma consciente al menos, es una agonía, una permanente lucha entre la ilusión y el desaliento. 
  Vivimos en una sociedad dinámica, la más dinámica desde que la Revolución industrial  y el desarrollo de las ciencias aplicadas aceleraron nuestras vidas, orientadas casi exclusivamente a la creación de riqueza, acumulada por una minoría. Hemos tenido altibajos de todos los colores, incluyendo dos guerras mundiales de efectos devastadores sobre Europa. Porque las sociedades dinámicas y pluralistas, que se mueven dentro de unos márgenes razonables de libertad en su búsqueda de generar riqueza, producen continuamente formas nuevas de injusticia y de desigualdad entre las personas. 
  Y, como estamos seguros de eso, para lograr el equilibrio deseable y evitar las permanentes confrontaciones entre las personas - las clases sociales- creamos  un sistema de representación de los diversos intereses y encomendamos a las leyes aplicadas por los gobiernos esa función equilibradora que garantice la convivencia y la igualdad ante la ley, igualdad que se construye mediante un sistema impositivo justo y progresivo para garantizar la ciudadanía social, que podíamos definir como un mínimo de bienestar económico para todos los ciudadanos de un país, que encuentra su aplicación más racional en hacer efectivo el derecho al trabajo y a la vivienda en condiciones dignas, garantías para las libertades individuales, y el derecho a compartir los progresos de cada época, por ejemplo en educación, medicina, atención a los más desfavorecidos, acceso a las nuevas tecnologías, o acceso a la información.
   Seguramente, puestos a relacionar demandas ciudadanas al sistema democrático, tendríamos un lista de peticiones algo más larga; por eso he utilizado el término "mínimo bienestar".
    Pues, como consecuencia de vivir de forma consciente este presente duradero, muchas personas comprueban que el fiel de la balanza que mide la intensidad de la ilusión, -de la esperanza, al menos-, y del desaliento lleva ya mucho tiempo inclinado hacia el plato del desaliento. Hay quien afirma, desde una experiencia dilatada, que estos son los tiempos más tristes que ha vivido. 
    En mi caso, esta afirmación pudiera ser cierta, porque me cuesta alimentar una esperanza razonada.
     Muy al contrario, las certezas que acumula nuestra experiencia colectiva compartida fundamentan el desaliento.
    Sabemos con certeza que la política, mal llamada de austeridad, tiene como único objetivo salvar al sistema bancario, hundido en medio mundo, por prácticas especulativas criminales e irresponsables. Y sabemos, por experiencia histórica, que las medidas de austeridad no solucionan las crisis económicas. Provocan un paro galopante y una disminución de la demanda y del consumo que se traducirá en más paro en una espiral de autodestrucción irremediable.
   Sabemos, con certeza, además, que lejos de aprender de sus fracasos, una vez salvados por los gobiernos, cómplices necesarios en el crimen, se obcecan en las mismas prácticas. No olvidemos que el sistema bancario es uno de los principales instrumentos del capitalismo. Los bancos más poderosos manejan a  los gobiernos y condicionan sus decisiones. 
   Sabemos con certeza que la salvación del sistema financiero significa condenar a la pobreza y a la exclusión a la ciudadanía, especialmente a la más necesitada de protección en circunstancias de depresión económica como las que vivimos.
     Sabemos con certeza que las medidas establecidas por Europa, -por Alemania, especialmente-, son una dolorosa forma de suicidio lento. Hay mil voces autorizadas, entre ellas Premios Nobel de Economía y catedráticos de Economía de prestigiosas universidades de cualquier lugar del mundo, que vaticinan que la Unión Europea camina hacia su hundimiento definitivo; los más agoreros vaticinan que el euro desaparecerá si no cambian, drásticamente y en plazo breve, las medidas económicas en el seno de la Unión Europea.
    Sabemos con certeza que , mientras el gobierno nos habla de que su objetivo es mejorar la economía del país mejorando la competitividad entre sus muchas e inútiles mentiras, la inversión en la investigación, campo este del desarrollo en el que España había alcanzado cotas extraordinarias, se ha reducido de forma suicida. Y sabemos que con un paro juvenil que roza el 50%, los más jóvenes y , probablemente aquellos en cuya formación hemos invertido más dinero de nuestra historia, no alcanzarán nunca la adecuada cualificación profesional. Se habla de varias generaciones perdidas. Y sabemos que el talento de la gente es el activo más valioso de un país. Sabemos que se está dilapidando, porque su destino oscuro es el paro permanente, el empleo ocasional, mal pagado, muy por debajo de su cualificación,  o la emigración a producir riqueza y desarrollo en otros lugares de la tierra.
   Sabemos que nuestra confianza en Europa se ha visto defraudada. No es una Europa común y solidaria; es la Europa de los mercaderes y la de los intereses nacionales, que aún sigue empeñada en la mutua competitividad, olvidándose de la solidaridad y las empresas comunes. Es una Europa colonizadora de sus propios socios cuando se presenta la ocasión. Una Europa que requiere, no sociedades desarrolladas e interesadas en el proyecto común, sino individuos aislados e indefensos que entregan sus derechos y a los que cargan de obligaciones financieras para paliar los daños que cometieron otros. Siendo objetivos, tenemos la certeza de que el comportamiento de Europa, especialmente con los países del Sur, es un comportamiento criminal porque provoca sufrimiento y pobreza de forma consciente a un buen número de ciudadanos de la Unión.
   Sabemos que esa especie de verdad indiscutible que quieren grabar a fuego en la conciencia ciudadana, que la solución vendrá de los mercados, del libre mercado sin regulación alguna, es una mentira criminal e interesada. Es evidente que los mercados, como distribuidores de la riqueza no funcionan, generan una situación injusta de desigualdades, empobrecen a buena parte de la humanidad para enriquecer de forma obscena a una minoría. Sabemos que dar cumplimiento a las exigencias de los mercados - el capital especulativo, sin más eufemismos-, exige el sacrificio de la equidad imprescindible para el equilibrio social en beneficio de una minoría insignificante en el conglomerado social.
  En nuestro caso, en el caso de los gobiernos de derecha,tenemos la certeza de que el gobierno es  sencillamente un instrumento de los intereses económicos de esa minoría y poco respetuoso, además , con los principios democráticos. No otra cosa podemos concluir de su actuación. Conculca o niega derechos establecidos por la Constitución; descarga el peso financiero de la crisis sobre los hombros de los más desfavorecidos de la sociedad con una reforma laboral que deja a los trabajadores por cuenta ajena en una indefensión inaceptable en el siglo XXI; sustrae emolumentos y derechos consagrados a los trabajadores públicos;  disminuye el gasto en prestaciones a los más necesitados y afectados por la situación económica; privatiza, es decir entrega a las manos del capitalismo especulativo que persigue lógicamente beneficios, servicios fundamentales como la educación y la sanidad; limita la protección judicial a la ciudadanía estableciendo tasas prohibitivas para las economías más precarias; deja indemnes, y bien remunerados, a los causantes del deterioro del sistema financiero; amnistía a  los defraudadores fiscales; y acoge en su seno sin empacho a cientos de implicados en el crimen de la corrupción política.
    Como consecuencia tenemos la certeza de que el sistema no funciona y de que resulta imprescindible transformarlo antes de que la desconfianza desvirtúe la democracia, aleje a la ciudadanía de la necesaria participación política y tiente, de nuevo, a los extremismos populistas y autoritarios, que se alimentan de la frustración, el desencanto y ,en última instancia, de la rabia y el odio.
    Son certezas que compartimos millones de españoles. Es lógico que el fiel de la balanza esté muy inclinado en una dirección. El plato donde se ubica el desaliento está sobrecargado; el de la esperanza, casi vacío. Pero las certezas son ya un motivo de esperanza. Las certezas de este tipo, compartidas por una multitud, son el motor de los cambios históricos. Creo que no ha habido otro momento en toda la historia de nuestra reciente democracia donde la sociedad haya establecido de forma más clara y más patente un programa político para quien aspire a gobernar. Se trata, nada más, de escuchar la voz de la calle y de comprometerse a buscar solución a los problemas que están descomponiendo la vida de la gente. Nada más y nada menos. Democracia en estado puro.
     El plato donde hemos colocado la esperanza es liviano, inconsistente, desproporcionadamente pequeño.
    No obstante sigue ahí. Yo aún mantengo una esperanza en germen, una semilla ilesa y que pudiera dar sus frutos cualquier día. Tiene dos fundamentos, y ambos han sido recolectados en la historia que conviene conocer para huir del analfabetismo político que tanto lastra a los pueblos y que los condena a entregar su confianza al enemigo. 
      El primer fundamento es que a lo largo de la historia, en esa eterna lucha de los hombres de cada época por la soberanía para lograr una sociedad más justa, siempre triunfaron los que reclamaban más soberanía, más justicia, más igualdad. De otro modo el progreso de la sociedad humana se habría quedado estancado en alguna caverna de la historia. Casi siempre costó sangre. Nosotros, quizás yo no lo vea ya porque se  me antoja que será  largo el camino de retorno hasta la recuperación de los derechos que nos han arrebatado, también triunfaremos. Y espero que sin derramar ni una gota de sangre.
    El segundo fundamento es que la soberbia de los que administran el poder no valora en toda su tremenda dimensión la fuerza de los movimientos sociales, sobre todo cuando alcanzan a traspasar fronteras. Buena parte de la población del mundo comparte estas certezas que acabo de relacionar. Un día cualquiera, de forma inesperada, las diferentes indignaciones de la sociedad mundial encontrarán un cauce común y una plaza donde encontrarse y aunar sus estrategias. Ese día, os lo puedo asegurar, los que hoy nos acosan en su propio beneficio, los que contaminan de indignidad innecesaria nuestra pacífica existencia estarán derrotados.


martes, 8 de enero de 2013

Otras formas de pagar la crisis

  Quizás afectados por sus consecuencias más directas y visibles sobre nuestras vidas, puede que otras , generalizadas también, nos pasen desapercibidas o las achaquemos a otras causas. Yo creo que son diversas manifestaciones del mismo fenómeno
   Os propongo algunas reflexiones al respecto. Adelanto que, en mi opinión, son una consecuencia más de la indefensión en la que el gobierno actual ,  que practica  sin descanso el desmontaje del sistema de protección ciudadana que la democracia debiera garantizarnos, nos ha puesto.  El capitalismo nos sabe inermes antes sus desmanes. Gallardón les ha facilitado la labor. Pueden cometer tropelías innumerables, indignas algunas de ellas, con la certeza de que nos pensaremos un buen rato la posibilidad de acudir a los tribunales buscando protección.
  Veamos algún caso concreto.
   Probablemente ENDESA ya os ha pasado la factura de diciembre. Está obligada a facturar cada mes, pero la ley le permite hacer la lectura de nuestros contadores cada dos meses hasta ahora. Creo que eso cambiará pronto.
   He comprobado, casualmente, varios casos de personas de diferentes lugares que han recibido este mes de diciembre facturas que duplican  e , incluso, triplican el consumo medio. He comprobado un caso en que esto ha sucedido , incluso en una segunda vivienda que ha permanecido sin consumo alguno durante el último mes. Y he podido comprobar que esto ha sido un hecho repetido en cientos de hogares en las colas de reclamaciones de la oficina de Martínez Barrios, en Sevilla. Puedo aseguraros que ocho de cada diez personas - y había cientos- acudieron ese día, al menos, a solicitar explicaciones de aquella factura desmedida.
   Todos recibíamos la misma explicación. Se compensará cuando se produzca la lectura real
    Saqué mis conclusiones. Soy proclive a hacerlo. Millones de facturas , artificialmente engordadas, suponen un préstamo ventajoso para cualquier empresa. No paga intereses por ello. 
   Manipula la factura de sus clientes, puesto que la ley se lo permite, y nos obliga a hacerle un préstamo no autorizado por nuestra parte y sin complicaciones contables. Es dinero de caja. Puede servir para cuadrar, por ejemplo, balances anuales,  tapar errores, desarreglos de tesorería o para adulterar la cuenta de resultados. 
   Y estamos indefensos. El capitalismo inmoral también logra que le prestemos nuestro dinero sin solicitar nuestra autorización. Es, cuando menos, abuso de posición y manipulación de la realidad en su propio beneficio. 
   ¿Creéis que alguien  en el gobierno, al que elegimos para defender nuestros intereses, se interesará alguna vez por asuntos como este? Quizá deberíamos preguntarle al infiltrado de las Eléctricas en las carteras ministeriales, al ministro Soria, su gran valedor.
   No pasa nada. Este blog , miles de voces como la mía, sólo somos la minoría exaltada, los antisistema, los izquierdistas recalcitrantes y desubicados que aún quedan sueltos por ahí.
   Y tras el robo de dinero , puesto que se han apropiado de un dinero que me pertenece muy por encima del servicio que me han prestado, nos queda la otra parte de la crisis que también estamos abonando, nuestro tiempo.  La reclamación costó casi tres horas. Cientos de personas disponían de tres ventanillas. La reducción de personal que la reforma laboral del Partido Popular ha permitido a todas estas grandes compañías, acumuladoras de subvenciones con  el dinero de nuestros impuestos y de millones de euros en beneficios, se convierte en una forma más de ese beneficio a costa de nuestro tiempo. El tiempo que perdemos esperando ser atendidos se convierte en rendimiento neto para ellos.Ahorran gastos de personal a nuestra costa. 
   Hoy es noticia, también, que el empleo en la Banca ha descendido al de los años sesenta del siglo pasado. La clientela, no obstante, es la del 2013. Acudid a vuestra sucursal y comprobaréis que hay tres o cuatro puestos de trabajo, mesas, ordenadores, ventanillas, desocupados; que donde hace pocos meses trabajaban cuatro o cinco personas, hoy trabajan dos. Comprobaréis, también, que lo que antes se gestionaba en pocos minutos, hoy cuesta mucho tiempo y una larga cola.
   Estamos pagando esta crisis indigna también con nuestro tiempo; aunque no cotice, produce beneficios a aquellos para quienes la crisis es sólo un concepto  o un tema de conversación o una excusa perfecta para empobrecernos cada día. Nuestro tiempo perdido trabaja a favor del capital. Nos manipulan, nos faltan al respeto,  y nos roban.
   Esta es la recuperación que preconiza Mariano Rajoy. Su esperanza, que no lleguemos a los seis millones de parados. La mía, que dimita mañana con todo su gobierno, mientras nos quede algo que salvar. Es un gobierno cómplice, sin dignidad alguna. No merece el más mínimo respeto. Desmonta este estado y lo está entregando a sus cómplices históricos. 
    La culebra gobernando a las ranas. El zorro administrando el gallinero. El oso cuidando el colmenar.

viernes, 4 de enero de 2013

Inquisición

   Hay un tipo deplorable que ha llegado a obispo. En realidad, hay muchos tipos deplorables que alcanzan cotas de poder importante en el seno de la Iglesia católica. Se llama Demetrio Fernández, y es obispo de Córdoba. Y la Constitución del 78 no le establece obligaciones. Está por encima de las leyes humanas, porque es un hombre de dios.
    ¡Cuánta soberbia encerrada en una pastoral! 
   Antes de ser obispo de Córdoba, cuenta su biografía que se doctoró en Teología Dogmática. Es como doctorarse en el manejo de la niebla como elemento de construcción. O como lograr un doctorado en la naturaleza del Unicornio, de Pegaso, de las hadas del bosque, o de los Cíclopes, por poner ejemplos equiparables.
    Un dogma, entre otras cosas, es una verdad indemostrable que ha de asumirse como fundamento de una fe. Eso será aceptable para quien haya sido premiado con esa fe, un don de dios, según la doctrina católica que ellos se esfuerzan en negar con cada intervención. 
    A mí, personalmente, ningún dogma me obliga, porque no he sido agraciado con fe de ningún tipo. Y en la Constitución del 78 que rige nuestra convivencia no he leído que esté obligado a regirme por dogma alguno. La sociedad civil a la que pertenezco, y en cuyo seno vivo, respeta absolutamente, por ahora, mi libertad de conciencia y cualquier fe a la que yo me pudiera adscribir, si esta , a su vez, respeta los márgenes de la propia Constitución y los derechos humanos.
    Eso debe hacer una Constitución que se precie, establecer márgenes  responsables de convivencia y de respeto. 
    Pero este tipo deplorable no ha debido leerla. Sé que esa Constitución nos otorga libertad de expresión, pero también nos reclama respeto a los valores ajenos. Parece que los dogmas, tan inconsistentes, legitiman para insultar a los demás. Porque este individuo deplorable me ha insultado. A mí y a miles de personas. 
     En las escuelas y en los colegios de Secundaria, afirma sin empacho, incitamos a los jóvenes a la fornicación. Las familias deben saber que no envían a su descendencia a la escuela, sino a delegaciones intemporales de Sodoma y Gomorra.
     En las escuelas les hacemos un daño irreparable a los niños. Al parecer existen programas específicos en los proyectos escolares destinados a enseñarles a elegir su propio sexo y a cambiarlo, y a potenciar el feminismo, que rompe con dios y con la naturaleza, tal como dios la ha hecho. Todo ello atenta contra la familia tradicional que es un invento divino para el bien del hombre. Y la familia humana, tal como dios la ha pensado, es la única familia reconocible, diga lo que diga el Parlamento.
     En los colegios atentamos contra la familia porque enseñamos que puede haber otras formas de familia. No solo matamos la inocencia infantil. Somos Herodes redivivos, impulsores del aborto y asesinos de niños.
     Dice la biografía de Demetrio Fernández que fue miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, un eufemismo moderno bajo el que se esconde el más antiguo y exacto, la  Inquisición, el tribunal más manchado de sangre que jamás haya existido en este mundo. Y en el nombre de Dios.
    Pues eso. Son cosas del oficio. Perseguir a los demás en nombre de una fe. Integrismo, sin más. Sólo nos salva de su violencia potencial el hecho incuestionable de que quemar a otros es delito. De otro modo, habríamos de soportar juicios sumarios en las televisiones amigas, en horas de máxima audiencia, y ajusticiamientos en la hoguera.
    Y aun dice que la iglesia católica es odiada y perseguida. La Iglesia persecutoria se siente perseguida.
    Yo le daría la razón sin preocupación alguna al viejo inquisidor obsesionado. El próximo gobierno de izquierdas debe denunciar el concordato, al día siguiente de su constitución . Que cada católico financie los servicios que precise con su propio bolsillo. Que el lujo y el boato episcopal los financie la grey, la familia cristiana.
   La cara pública de la Iglesia Católica en España degenera a pasos agigantados. Está logrando que una buena parte de la sociedad civil indiferente que ha convivido con ella sin excesivas dificultades se plantee la conveniencia de defenderse de su permanente e injustificada agresión.  Sabemos cómo. Viven de nuestros impuestos, sin pagar ni uno de ellos. Gente como este viejo enfermizo, obsesionado con la fornicación y enemigo de la independencia femenina, hacen posible que de la indiferencia vaya naciendo la hostilidad que se merecen.
      Le ofrezco la mía sin compromiso por su parte.
  

miércoles, 2 de enero de 2013

¿Algo se mueve...?

    Rubalcaba ha convocado un congreso de la izquierda europea para este mes de enero. El objetivo es establecer estrategias comunes en todos los países de la Unión.
     El 27 de julio del 2012 en la entrada "Si yo fuera de izquierdas II" , aunque esté feo citarse uno mismo, yo proponía exactamente lo que sigue: “Si yo fuera de izquierdas, de esa socialdemocracia con cuya aportación imprescindible fue posible la esperanza de una Europa humanista, solidaria, eficaz, equilibradora de las desigualdades, si yo fuera de esa izquierda y aún creyera que la Europa de hoy es un problema, pero que en ella reside la esperanza de un futuro mejor, estaría convocando a los partidos hermanos a un congreso europeo, para tratar de rediseñar la Europa del futuro, de diseñar programas políticos comunes con medidas razonables y justas para recuperar la economía y el empleo, con reformas fiscales realistas y ajustadas a los principios de equidad y progresividad, con medidas disuasorias para la especulación desaforada que destruye el futuro de millones de personas, con un código ético innegociable para los responsables de ejecutar esos programas”
      Me reconozco europeísta. No se trata de un convencimiento ideológico. Reconozco que se trata solo de una postura práctica. En la coyuntura actual, con un enemigo poderoso entroncado en todas las instituciones que administran alguna forma de poder en la tierra, cualquier país en solitario carece de fuerza para modificarla. Se necesita la fuerza que da el número, sea éste el número de productores, de consumidores, de volumen en la creación de riquezas, de fuerza colectiva, en suma. Y Europa la tiene. 
    También se ha explicado muchas veces. Europa, la Europa reciente, sin duda debería ser el referente universal para la convivencia humana. No es así. El nacionalismo, errores de diseño que no hay ninguna prisa en corregir y políticas erróneas en el tratamiento de la crisis económica nos han convertido en una comunidad escasamente relevante, por desgracia.
      Y como nada sucede por azar, nada se logra manteniéndose a la espera de los acontecimientos que protagonizan los demás, bueno es que algo se mueva, que alguien inicie ese viaje , difícil por demás, hacia otra parte. La meta que hoy nos proponen resulta inaceptable. La Europa miserable que hoy contemplamos no es la Europa a la que un día lejano nos entregamos confiados en un futuro más justo y más equilibrado. Aquella era la Europa de los pueblos y ésta es la Europa de los intereses del capitalismo exacerbado.
       Prefiero el movimiento a la inacción. Pero, a mis años, no soy un iluso.
       Algunas preguntas se me ocurren. 
    ¿Por qué esta convocatoria se ha hecho de rogar? 
    ¿Por qué se hace ahora de forma tan precipitada? ¿Tiene la izquierda europea sus ponencias dispuestas? La verdad es que tras varios años de medidas contraproducentes para la recuperación económica y para la propia sociedad, la izquierda europea ha brillado por su silencio confuso, cómplice o culpable ¡ Tanto da!
  ¿Está verdaderamente interesada la izquierda europea en secundar esta propuesta o se trata solamente de una maniobra de Rubalcaba, acuciado por las voces críticas dentro de su partido? 
  ¿Será un congreso abierto a la izquierda europea en general o sólo a los nominales partidos socialistas? En este caso, sería una pena. La recuperación de una Europa más solidaria con sus ciudadanos precisará de mucha fuerza y mucha unión de todo el espectro de la izquierda, porque los daños han sido ya cuantiosos y el enemigo es fuerte y tiene cómplices demasiado poderosos.
  Inevitablemente me viene a la cabeza una imagen de la infancia campesina. Cuando el tiempo era recio y los rebaños se sentían acuciados por la lluvia, el viento o las heladas, apretaban las filas. El rebaño simulaba un gigantesco cuerpo único, cuerpos unidos estrechamente, cabezas bajo el vientre del vecino, mucho más capaz de protegerse con el calor de cada uno puesto al servicio del común. Eso toca.
  El tiempo, supongo, me dará respuesta a estas preguntas.Hoy, sin embrago, acaricio la semilla entre mis dedos; la estoy sembrando; ojalá germine en esa esperanza que tanto necesito.
     

martes, 1 de enero de 2013

¿2013, 4711, 5744, 1435...?

     El calendario trae exigencias, hábitos, condicionantes psicológicos a nuestra vida que la marcan de forma extraordinaria. Entre ayer y hoy hemos cerrado y hemos abierto ciclos. Resulta inevitable. En realidad, nada ha cambiado. Hay culturas para las que ayer no fue un día que marcara barreras, ni ciclos, ni comienzo de nada. 
    Los Chinos y otros pueblos de Asia celebrarán este año el 4711 de su propio calendario. Y eso será el próximo diez de febrero, porque es un año nuevo cambiante. Cada año varía.
     Los judíos han encontrado en la biblia la forma de averiguar el día exacto en que dios creó al hombre y este año celebrarán dicho acontecimiento el cinco de septiembre, el año 5774 de su era. También es una fecha cambiante.
     Los musulmanes llevan cierto retraso en el cómputo del tiempo. Aún van por el año 1434 de su propia era y hasta el cuatro de noviembre de nuestro 2013 no empezarán su 1435. Es también una fecha cambiante, porque su calendario es lunar y su año natural, varios días más corto que el nuestro (354-355 días).
   Nuestra única ventaja es que sabemos cuándo comienza el año sin demasiados cálculos.
   Luego, en buena parte del mundo ayer no comieron uvas, ni se desearon felicidad, ni se propusieron dejar de fumar, bajar de peso, ser mejores personas u otros mil proyectos incumplidos una y otra vez. Ni les importó lo más mínimo, porque cada sociedad tiene sus propios ciclos y su propio código para medir el tiempo. 
   En realidad , medir el tiempo es un invento humano; solo sirve para entender el movimiento del sistema solar en el universo y proyectar la duración de nuestras vidas sobre los demás seres. Tiene más funciones, desde luego, pero cualquier sistema es válido, porque cualquier sistema es arbitrario y se fundamenta en  un punto de partida subjetivo o falso; algunos, incluso, ridículos. Todos los calendarios son producto de la soberbia humana. Están marcados por un hecho que consideramos extraordinario. Fue entonces cuando el reloj se puso en marcha. Pero, en realidad, el reloj se puso en marcha mucho antes.
    Lo inevitable es que nos produzca esa sensación de que un ciclo  se cierra y  otro nuevo se abre; aunque solo sea el de las estaciones que nos renuevan las cosechas.
      Es natural, también, que uno haga cábalas sobre el año que empieza. Buscamos, generalmente, señales donde cimentar nuestra esperanza. Necesitamos la esperanza o nuestra vida se derrumbaría y acabaría convertida en puro escombro, en desidia autodestructiva, en depresión paralizante, en amargura insolidaria y contaminante.
    Así que os propongo que compartáis las esperanzas. Las circunstancias nos han hecho más proclives a compartir las amarguras, porque abundan. Es hora de compartir, también, las esperanzas porque nos hará más fuertes, más capaces, más humanos. Lo necesitaremos para salir de esta.