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jueves, 1 de noviembre de 2012

DÍA DE DIFUNTOS


Aunque no te quepa en la cabeza......



...ahí has metido a España con la mayoría absoluta que te dieron .




martes, 30 de octubre de 2012

Una ley basura



      Ni siquiera las Consejerías de Educación de las Comunidades gobernadas por el PP aceptan la redacción de la Ley de Educación con la que  Wert promete “mejorar los resultados académicos de España y evitar los abandonos tempranos”.
            No es extraño. Esta Ley es “revanchista e ideológica” según la mayoría de los expertos educativos. No persigue beneficio alguno para sus destinatarios. Persigue, de manera manifiesta, el deterioro de la oferta educativa del país. 
         Pero, no es eso lo que sus afines le reprochan. Le reprochan los gastos que ocasionará a las respectivas Consejerías de las Comunidades autónomas la elaboración y corrección de las pruebas de selección temprana o de expulsión del sistema a las que el ministro llama reválidas. Y, sobre todo, le reprochan tibieza.
          Como es sólo un borrador, aun caben daños infinitos.
         Sobre la mesa de negociaciones hay una demanda de los consejeros afines al gobierno, la prohibición de ejercer el derecho de huelga a los estudiantes.
            Pero la demanda más urgente de las Consejerías de Educación de las Comunidades donde gobierna el Partido Popular es la confirmación de los objetivos verdaderos de este partido con respecto a los servicios del Estado, la privatización de los rentables para aquellos que puedan pagarlos, y el empobrecimiento de los demás para quien no tenga otro remedio que recurrir a ellos, es decir la beneficencia a cambio de nuestros impuestos.
            La desigualdad se hizo carne y habitó entre nosotros definitivamente, bendecida por las leyes que la derecha revanchista y mercantil aprueba para beneficiar a sus cómplices históricos.
         Lisa y llanamente se solicita el “blindaje” de la Enseñanza Concertada. La Ley, -reclaman-, debe dar cobertura legal  a la “cesión” de suelo público para construir colegios concertados. He entrecomillado el término cesión para que no pase desapercibido.
            De eso se trata. Cesión a empresas privadas y fondos de inversión de suelo público durante 75 años  para la construcción de Centros privados.
            Como son expertos en disfrazar sus intenciones depredadoras con buenas palabras, aducen libertad de elección de las familias. El gobierno tiene una obligación ineludible; gestionar los impuestos y devolverlos en servicios. Y hay algunos, cuya gestión ha de ser de su competencia exclusiva: sanidad y educación deben estar garantizadas por el Estado con carácter universal y gratuito para todos los ciudadanos. En ambos casos compete al Estado garantizar a calidad de las prestaciones y dotarlas de recursos suficientes según las necesidades objetivas. 
          No se puede dejar ni una fisura para que cualquiera de esos servicios se convierta en yacimiento de negocios basados en necesidades sin atender por parte del Estado. Sólo así se garantiza la igualdad de oportunidades.
            La prestación de esos servicios, como iniciativa privada, es admisible. Allá cada uno y sus preferencias. Pero, como iniciativa del propio Estado, favoreciendo  con cesiones de suelo público a empresas privadas para entregarles la gestión de servicios que le corresponden a él en exclusiva, deja al descubierto  una vocación insana de arrebatar derechos al ciudadano, incompatible con las obligaciones del Estado y con la propia decencia.
            En el concilio Vaticano II, la complicidad  expresa y las alabanzas de los obispos y cardenales españoles hacia el dictador llenaban de extrañeza a la jerarquía del resto del mundo. Alguno de ellos se justificó ante la curia aduciendo una deuda moral. Franco les había devuelto el negocio de la enseñanza que la Segunda República les arrebató. No lo dirían de forma manifiesta, pero, además del negocio, Franco les había devuelto la herramienta  adecuada para la manipulación ideológica de la sociedad.
            Quizá se trate de eso. Habrá que devolverles la enseñanza de nuevo. El 80% de la enseñanza concertada está en manos de la Iglesia. Puede que hayan maquinado que así devolverán el público a las Iglesias vacías.
            La iniciativa privada es negocio. La obligación pública es ofrecer servicios. Los servicios fundamentales no pueden convertirse en un negocio. Algo no cuadra. Salvo en la conciencia  viciada de  los políticos serviles, cuyo objetivo es negarnos derechos fundamentales y favorecer a sus cómplices históricos con los votos del pueblo al que desprecian.

lunes, 29 de octubre de 2012

El Estado favorece a los grandes evasores


 Por tanto, hay muchas cosas que cambiar.Pero ha de ser un cambio profundo, telúrico, radical. Porque estamos rodeados de indignidad insoportable, y hemos concedido la organización de nuestras vidas en la esfera pública, que tanto condiciona lo demás,  a cínicos, a  embaucadores, a inmorales, a cómplices de un crimen antiguo y, a la vez, cotidiano.
            Este verano leí el libro de Paul Krugman, premio Nobel de economía del año 2008, titulado “Acabad ya con esta crisis”. Ayer, Santos Juliá, en las páginas de opinión de El País hacía referencia a algunas de las denuncias del Nobel, que no tienen desperdicio. Veinticinco individuos que gestionan fondos inversión en los Estados Unidos ganaron, en el año 2006, 14.000 millones de dólares. Tres veces la suma de sueldos de los 80.000 profesores de la ciudad de Nueva York. Es decir, el sueldo de casi doscientos cincuenta mil profesores públicos de los Estados Unidos.

            Krugman y Santos Juliá hacen referencia a una situación insostenible. La desigualdad de la distribución de la riqueza. Nosotros podríamos añadir alguna reflexión moral. Si veinticinco individuos han ganado en un solo año 14.000 millones de dólares, seguramente todos merecen la cárcel. Esas ganancias no pueden ser legítimas. Serán producto de millones de actividades fraudulentas del capitalismo especulativo. Pura rapiña. La que está en el origen de esta crisis que soportamos todos. 

            Afirma el Nobel que una sociedad donde los derechos sociales cumplen la función redistributiva de la riqueza, además de ser más justa y equilibrada, saldrá con mayor prontitud de la crisis económica y se verá menos afectada por sus secuelas destructivas.

            Y yo lo creo. Y el único camino que los Estados tienen para esa distribución necesaria y equilibradora son los impuestos.

            Es justamente lo contrario que viene practicando este gobierno desde que le otorgaron la mayoría absoluta. Desmonta el Estado redistribuidor; desmonta los servicios; empobrece con sus políticas a la mayoría de la población y estimula el fraude fiscal.

            También en El País  (28-10-2012), en esas mismas páginas de opinión, Soledad Gallego-Díaz nos desgrana datos escalofriantes, que no hacen sino confirmar lo que ya sabemos. Estamos solos y condenados a soportar las consecuencias económicas y sociales de una crisis que no es nuestra. Habla esta mujer de las dimensiones del fraude fiscal. Las conocíamos, pero lo más terrible emana de los detalles, procedentes de la propia Página web de los inspectores de Hacienda.

              Según los expertos – inspectores de Hacienda- el fraude fiscal no hace sino aumentar exponencialmente cada año; el 80% de ese fraude lo comenten los grandes grupos empresariales, las empresas transnacionales y las grandes fortunas personales. Tiene nombres propios; Hacienda los conoce con nombres y apellidos. Pero sólo se persigue la pequeña deuda tributaria. La culpa no es solo de este gobierno. Otros gobiernos anteriores la comparten.

            Y no sólo porque España dedica muchos menos medios al control del fraude fiscal que cualquier otro país europeo de nuestro entorno, sino por las propias disposiciones legales. La más arbitraria de todas, la más inexplicable, la más insospechada para cualquier ciudadano de a pie, establece la obligación de cerrar cualquier investigación fiscal en un plazo de doce meses. Es decir, cuando los inspectores comienzan una investigación por indicios de fraude, o encuentran pruebas fehacientes de la existencia del fraude en un año, o deben cerrar el expediente. Un plazo que no responde a ninguna razón lógica, y cuya única finalidad objetiva es la protección de los grandes evasores.

            El gran delito fiscal, el multimillonario, es difícil de investigar; cuenta con el apoyo de infinidad de expertos, economistas, asesores, abogados, bancos que blanquean y cierran el rastro de las cuentas… Una selva virgen  llena de trampas bien urdidas.

            Y ningún gobierno ha propuesto el cambio de esta ley. Nadie en el Parlamento parece ser consciente de esta injustísima disposición que favorece el crimen organizado. No otra cosa es la evasión de impuestos Parece duro, pero sólo cabe catalogarlo como complicidad necesaria o inutilidad manifiesta.

            En ocasiones, la Inspección Tributaria desiste de iniciar determinadas actuaciones, a pesar de la importancia de las cantidades defraudadas, por el convencimiento de que en el plazo establecido será imposible concretar las pruebas.

            Y en otros casos, una vez demostrada la actuación ilegal, comienza el largo proceso de alegaciones, recursos, y demoras legales. Así, que mientras una deuda tributaria de mil o dos mil euros se cobra por la vía ejecutiva sin mayor problema, o mientras se ejecuta el desahucio de una familia por una deuda de seis mil euros –El País de ese mismo día-, las deudas millonarias por fraude fiscal duermen en los lujosos bufetes de abogados prestigiosos y expertos en enredar el procedimiento ante los tribunales. En la actualidad, según los datos que Soledad Gallego-Díaz aporta, más de cincuenta mil millones de euros es la deuda demostrada por los servicios de inspección tributaria y pendiente de cobro, sepa dios por cuántos años.

            Conocí a uno de esos expertos hace años por razones familiares. Ya sabéis que uno no escoge a su familia. Trabajaba a porcentaje sobre las cantidades de sus clientes que lograba hurtar al control del fisco. Y creedme, tenía entonces ingresos millonarios. Y hasta una disculpa moral. La misma que hoy le escuchamos al Partido Republicano de los Estados Unidos, que puede ganar las inmediatas elecciones. El Estado es un lobo depredador de nuestro dinero. El fraude es legítimo,  legítima defensa de lo nuestro, porque los impuestos son un robo que el Estado destina a sostener a los perezosos y a los débiles para garantizarse sus votos. 

            Estoy convencido, y comparto la opinión más autorizada de prestigiosos expertos y economistas, como Vinçent Navarro, de que el control del fraude fiscal habría evitado la situación económica del país y habría hecho innecesarios los recortes del Partido Popular.

            Una fiscalidad más objetiva y ajustada a la realidad nos habría permitido vivir en una sociedad más justa, sin el tremendo deterioro del nivel de vida, de la convivencia y de la credibilidad de las propias instituciones que todos soportamos.

            Es más fácil desmontar el Estado, depauperar los servicios equilibradores de las profundas desigualdades, saquear los bolsillos de los funcionarios, destruir millones de empleos, y aumentar los injustos impuestos indirectos.

            La fiscalidad justa genera sociedades saludables. Las desigualdades que el Partido Popular está consagrando, vía Real Decreto, nos devuelven a una España olvidada de contrastes dolorosos con dos tipos de individuos, los privilegiados y los desahuciados. Porque pronto, la gran mayoría seremos desahuciados morales; vagabundos en una patria deforme hasta resultar desconocida; un aguerrido ejército de hambrientos enemigos de este país, el nuestro, que una minoría inmoral y encanallada nos habrá arrebatado, con la connivencia de aquellos de nosotros a los que elegimos para defender nuestros derechos.

            Urge un cambio, profundo, riguroso, intachable. Urge un cambio, porque tenemos derecho a una vida decente.

domingo, 28 de octubre de 2012

Inmundicias


    Los datos negativos se acumulan en nuestra experiencia cotidiana como piezas de construcción que van levantando a toda prisa un monumento funerario colectivo. No hablo ya de las muertes verdaderas, las que jalonan el camino por donde deambulan los desahuciados, los que junto a las pertenencias son despojados también de las ganas de vivir.  Hablo de una tumba enorme, oscura, silenciosa, donde enterramos, sobre todo, la esperanza en el futuro y la confianza en el sistema.
            Salvo el rey en Bombay, que ve ya brotes verdes en la economía gracias a las medidas del gobierno, dejándose los escasos jirones de credibilidad que le quedan a la institución en ese discurso preparado por Rajoy para extender sus consignas imposibles de creer, nadie confía lo más mínimo en el futuro inmediato; todos acumulamos desconfianza y temores justificados.
            Hoy añado una pieza de construcción a ese panteón destructivo y sombrío que nos vemos obligados a ir levantando cada día para enterrar nuestro futuro. Está construida con la basura de este sistema que nos cerca. Lo llaman democracia, pero lo han corrompido tanto que resulta imposible aplicar ese nombre sin sentir una profunda repugnancia. Con ellos elevo el muro de la amargura que nos invade, ante la seguridad de que  el capitalismo corruptor lo ha invadido todo. Controla a los gobiernos, empobrece el planeta, nos arruina empleando comportamientos criminales, y sale impune,  recrecido, soberbio. Hasta reescribe la historia a su medida, sobre la verdad revelada de la teología del beneficio, sin ningún problema de conciencia. En realidad carecen de conciencia; resulta incompatible con los crímenes sobre los que se suele sustentar la acumulación de riqueza.
            Y han comprado infinidad de voces influyentes. Y han comprado a los medios de comunicación, o, al menos, el silencio de muchos.
            El título tiene una doble justificación. De una parte, lo que Europa permite que pongamos en el plato; de otra, la inmundicia moral, la hipocresía que aplican a la gestión de nuestras vidas.
            Europa, tan estricta, prácticamente no supervisa la importación de productos vegetales y otros alimentos de China; la manipulación, falsificación, contaminación y prácticas ilegales de la producción en ese país es un procedimiento común. Esa extraña mezcla entre comunismo oficial y capitalismo práctico y salvaje en la esfera privada genera muchas más corrupción, mucha más indecencia, que en cualquier otro lugar del mundo. Productos contaminados acaban en las mesas europeas. Importa el precio. Se perjudican las exportaciones de los países socios, especialmente las de la endeudada España.
            Moralmente irreprochable.
            Y solidario.
            No me cabe duda que detrás de esta medida de relajación está la mano poderosa de Merkel. China se ha convertido en uno de los principales destinos de su exportación. Ante el empobrecimiento que sus propias medidas generan en el mercado europeo y el consiguiente descenso de las exportaciones alemanas a los socios, conviene mantener satisfecho al mercado oriental. De ninguna manera extremará las exigencias de supervisión sanitaria a los productos alimenticios chinos.
            Por más que se contamine media Europa.
            Pero el destino, a veces, practica una justicia inhumana. Fresas contaminadas, procedentes de China, han acabado en el comedor de una guardería alemana, provocando una grave intoxicación a buen número de escolares. No sería una partida de dos kilos; a saber quién se ha contaminado con el resto. Pasará desapercibido, porque serán problemas individuales, pero será consecuencia de intereses inmorales que en nada favorecen a los ciudadanos europeos, sino al capitalismo alemán, al que se debe esa modélica señora que rige los destinos de Europa.
            Ganará las elecciones del 2013. Es su único objetivo. Y, al tiempo, favorecer los intereses de la banca alemana y de su industria. Es vergonzoso ese anuncio del Deustche Bank que nos recomienda poner nuestro dinero en buenas manos, o sea , las suyas. Desde el 2005 ha mentido sobre el interés interbancario. Ha robado millones de euros a sus clientes. La eficacia alemana huele a podrido desde buena distancia.
            Europa tampoco es la esperanza. Genera corrupción en cada rincón del continente. Maldita sea la hora en que nacieron todos esos que  nos dejan sin esperanza y sin futuro.
        Son los mismos que nos llenan el frigorífico y la vida de inmundicias.

sábado, 27 de octubre de 2012

Hoy os regalo un cuento.

       En 1997, hace ya quince breves años, para conmemorar el tercer centenario del nacimiento de Caperucita Roja, Antonio Zoido Naranjo reunió a un elenco de escritores sevillanos, algunos bien conocidos, como Antonio Cascales, Rodolfo Álvarez Sanataló, Paco Correal, Antonio Rodríguez Almodóvar, Nicolás Salas, y el propio Antonio Zoido, entre otros muchos. No debió costarle demasiado convencernos de realizar una obra colectiva de cuentos para celebrar la efeméride. Contó la edición con el patrocinio de El Parque del Alamillo, que estaba en pleno proceso de crecimiento tras el impulso recibido con la celebración de la Exposición Universal del 1992. Y lo logramos, oye. Cuarenta granos de arena configuraron un curioso libro de cuentos, publicado bajo el título de "El bosque de los cuentos" y cuyos beneficios donamos a UNICEF.
    Mi original quedó atrapado en algún disco prehistórico de aquellos de tres pulgadas y media, tan propensos a extraviarse. Y acabó extraviado como era de esperar. Y el único ejemplar del libro que llegó a mis manos, como gentileza de Signatura Ediciones Andalucía para con los autores, - una hermosa edición numerada- fue prestado, sepa dios a quién, y nunca devuelto, cosa tan habitual que hasta el refranero recomienda no prestar algunas pertenencias, entre ellas, los libros.
   Acepté el destino. Me prometí indagar en librerías de viejo, en Internet, en las librerías de los amigos. Nunca lo cumplí. Pero el destino, a veces, se porta como un tío. Casualmente, en una visita accidental a una persona conocida, descubrí ese libro en la estantería de su salón, repleta de libros. El corazón me dio dos o tres saltos de alegría. Darse de cara con una obra propia a la que ya se había renunciado no te sucede cada día. En fin, que he recuperado el texto. Y hoy os lo regalo por si os apetece compartir esa alegría personal.
   El cuento, como género, tiene una extraordinaria trascendencia. Es el primer impulso lector que recibimos, incluso antes de aprender a leer. Haced memoria. Os iniciasteis en la literatura por tradición oral. Seguramente, también amorosa, porque suele ser la boca amorosa de las madres o, quien ocupe su lugar en nuestra infancia, la que nos despierta la imaginación y  la necesidad de conocer historias, por medio de los cuentos.
  Yo me recuerdo reclamando cuentos a todas horas hasta agotar los recursos no muy abundantes de la memoria materna. Yo me desesperaba si repetía algún cuento. Ella se desesperaba cariñosamente por mi avidez. Y me castigaba con el odioso cuento de "la buena pipa", imaginado precisamente para castigar la insistencia de  los niños como yo.
   Luego, ante la carencia de libros  - no tenía ni un libro que leer en aquella España miserable que acababa de dejar atrás las cartillas de racionamiento- oía embelesado las historias que contaban los gañanes más viejos para entretener las primeras horas de la anochecida a la luz del carburo o de la lumbre.
   Y siempre estaba el lobo; el enemigo feroz. Recuerdo una historia que es un trasunto exacto de El caballero de Olmedo. 
     "Volvíase un gañán mozo a su cortijo desde una majada  próxima donde tenía amores con la hija casadera de un pastor. A lomos de su mula, bien entrada la noche, seguramente rememoraba algún beso robado a la muchacha a espaldas de los ojos vigilantes de su madre. Tan ensimismado iría que cuando cayó en la cuenta del peligro que le acechaba, ya la manada de lobos había hecho presa en su caballería y a ambos los tenían derribados por el polvo del camino en la soledad de la dehesa, sin socorro posible. Nadie puede dar fe de aquello, pero sólo encontraron al día siguiente los pies del mozo enfundados en sus botas de cuero y los cascos de su mula torda, amén del aparejo o rústica silla de montar, la jáquima de cuero y el perrillo metálico con que el gañán domina a su montura. ¿Quién pudo ser, sino una manada de lobos rondadores y hambrientos? ¿Qué otro monstruo anda suelto de noche por los caminos del monte?"
    Los gañanes más jóvenes oían esta historia con temor reverencial. Creo que ninguno estaba dispuesto a arriesgarse a andar de noche por los caminos a lomos de una mula por asunto de amores forasteros.
      Yo era entonces un niño. Jamás acepté esa historia, salvo como una fantasía. El lobo y sus leyendas estuvieron presentes en mi infancia. Quizá yo nací con la razón escasa, pero nunca tuve miedo de ese animal hermoso, libre y solidario. Sabe solucionar sus necesidades de forma colectiva. Y si en mis pesadillas infantiles venía el lobo a mis sueños, era un lobo bípedo, tremendamente humano, como el que Hobbes vería en cada hombre, llevado de su aprensión enfermiza y sociópata. 
    Así que aproveche la oportunidad que me ofrecía el tricentenario de Caperucita y reescribí la historia de aquella niña de la capa roja. Ojalá os guste. Es un cuento para cualquier edad, pero, sobre todo, para los niños. Es vuestro, de vuestros hijos, de los hijos de vuestros amigos. Y hay cien guiños para cualquiera que esté en disposición de dedicar diez minutos a leer. Las imágenes, recién añadidas, han sido espigadas en la red. Cito su procedencia.
    Cuando escribí este cuento, pensé cien veces en el "maquis", en la guerrilla antifascista que prolongó la resistencia a la dictadura hasta que fueron eliminados de raíz. Pero, esto es un secreto entre vosotros y yo. No les digáis nada a los niños.
  

viernes, 26 de octubre de 2012

S.O.S. Izquierda. Tenemos un problema

           Alguien me dirá que resulta precipitado embarcarse en predicciones a muy largo plazo. Y hasta podría llevar razón. Pero, dejando al margen los resultados electorales en Euskadi, tan condicionados por la fuerte irrupción de la izquierda abertzale, por razones exclusivas de ese territorio, los resultados electorales del domingo pasado en ambas comunidades certifican lo que vienen avisando las encuestas de intención de voto reiteradamente: El Partido Popular pierde votantes en cada consulta, pero el PSOE se hunde.
            Las elecciones gallegas podrían servirnos para sacar conclusiones aplicables al resto del Estado. A pesar de haber perdido el 17% de sus votantes de la anterior consulta autonómica y más de 200.000 votos con respecto a las elecciones generales de noviembre de 2011, casi un 25% de los votos recibidos entonces, dato del que nadie habla en el Partido Popular, este partido aumenta su número de escaños y consigue una abrumadora mayoría absoluta.
            La razón es ya conocida, la abstención, que ronda el 45%, aunque la Xunta haya manipulado dichos datos, y el hundimiento del PSOE.
            Comparando este paisaje político gallego con el panorama del que dan cuenta las encuestas de intención de voto, se confirma que, mientras el Partido Popular ha perdido casi un tercio de los votos que le dieron la mayoría absoluta en las últimas elecciones generales, el PSOE no ha remontado en absoluto.
            Quizá parezca precipitado, porque el terremoto de la crisis y los diferentes tsunamis que nos vienen asolando en oleadas destructivas pueden cambiar el paisaje político en poco tiempo, pero esta tendencia confirmada en las elecciones gallegas parece ya bastante estable.
            Si hoy hubiera elecciones generales, el Partido Popular podría obtener de nuevo mayoría, al menos para formar gobierno. Y ello, a pesar de su política económica tan destructiva para la gran mayoría de los ciudadanos, a pesar de su soberbia ante el propio Parlamento, a pesar de sus arrebatos autoritarios, a pesar de su connivencia con lo más retrógrado del poder episcopal, a pesar de su  empobrecedora  política educativa, a pesar de su excluyente política sanitaria, a pesar de su tolerancia con el fraude fiscal, a pesar de su burda manipulación de la realidad, a pesar de su voluntad manifiesta de amordazar la información objetiva, a pesar de su irrisoria imagen internacional , a pesar de la losa de la corrupción que arrastra en casi todas las comunidades donde gobierna.
            Es evidente que todo eso no afecta demasiado al votante de la derecha sociológica. Las medidas de Rajoy sólo le quitan el voto que le han prestado la crisis y el desencanto que generó el último gobierno Zapatero. El votante de derechas acepta todo eso con naturalidad, sea por razones prácticas o por empecinamiento. Y es un votante fiel, por regla general. Quizá en su cultura de la gestión de los asuntos públicos, heredada del franquismo, sea esa la expresión natural del ejercicio político; importa el poder, el mando en plaza, el arrebatarle al enemigo la posibilidad de gobernar. Los procedimientos son cuestión muy secundaria. Y, al parecer, también las consecuencias.
            A mi entender humilde, tenemos un problema. Si el Partido Popular revalidara mayoría en la próxima legislatura, no quedaría del estado del bienestar ni las cenizas. La recuperación del país que conocimos sería una empresa imposible. Incluso, el estado democrático correría serio peligro.
            La gran mayoría de la izquierda sociológica -la mayoría social de este país- no encuentra la opción de un partido de gobierno que satisfaga sus aspiraciones y sus esperanzas. Su opción mayoritaria es la abstención.  Incluso como castigo a quién traicionó sus expectativas.
            Negar la influencia decisiva del PSOE en la transformación de este país sería de necios. Tuvo su tiempo de esplendor; había complicidad e ilusiones compartidas entre el partido y la mayoría social de este país. Nos trajo cambios profundos y positivos. Modernizó las viejas estructuras del poder, extendió los servicios públicos por todo el territorio, apostó decididamente por el futuro.
            Ahora, sin embargo, da la sensación de que este partido ha perdido su conexión con las personas, el cordón umbilical que le mantenía conectado con la gente.
            Probablemente, el ejercicio del poder le ha encallecido la conciencia, le ha hecho olvidar que un partido es tan sólo un instrumento ciudadano para gobernar el país. Quizá, durante el ejercicio del poder, ha confundido el poder delegado del pueblo soberano con el poder en propiedad. Quizá ha confundido las instituciones con castillos para defender sus propios intereses. Quizá las razones sean más complejas de lo que cabe en este escrito. De lo que no cabe duda es de que la responsabilidad es del partido. 
            Y este país tiene un problema. Hay opciones, desde luego, donde buscar refugio al voto de izquierdas, pero la realidad constatada es que el refugio preferido es la abstención.   
            Tenemos un problema, desde luego. Y es muy grave. Necesitamos una alternativa de gobierno, o la derecha destruirá el país y nos dejará el futuro hipotecado para mucho tiempo.

jueves, 25 de octubre de 2012

Un error inducido

       Ayer cometí  un error por el que tendré que disculparme. Cayó en mis manos la filtración del informe de una comisión de jueces españoles sobre la indignidad de los desahucios y sus consecuencias sobre la población debilitada por la crisis.
      Sí, un error al que me condujo la necesidad de encontrar un mínimo soporte a la esperanza, un asidero donde colgar de nuevo la confianza en el estado democrático. 
     Creí que uno de los poderes del estado empezaba a descubrir el lado humano, dramático , de la crisis.
     Pido disculpas.
     El Consejo General del Poder Judicial no admite ese informe como un documento vinculante.
     Los poderes del Estado se mantienen al resguardo de cualquier vendaval que nos azote. Ellos tendrán la mesa puesta y la ropa seca. A nosotros nos queda la indefensión , arrostrar la injusticia reconocida sin otra protección que la solidaridad de los vecinos.
    No hay cobardía mayor que enarbolar la bandera de la moralidad , reclamar la justicia, denunciar los excesos y refugiarse , luego, en aspectos formales, en límites de competencia, en responsabilidades que no nos corresponden. Da la sensación de que ese informe es tan sólo una estrategia, una maniobra, un diseño de los responsables de imagen de ese colectivo, tras el deterioro que provocaron los abusos de Dívar, su prodigalidad con los recursos públicos para el propio beneficio, para el hedonismo autosubvencionado con nuestros impuestos.
    Representan la justicia. Están obligados a defender al ciudadano de una situación que ellos entienden como injusta y abusiva. Pero se inhiben. Una vez más nos queda claro que  caminamos solos. 
     El Estado democrático, las leyes que nos dimos, el sistema que levantamos para garantizar nuestros derechos, se ha ido diluyendo de forma lamentable. El golpe de estado se ha consumado, sin remedio. El capital amordaza las conciencias; como una secta poderosa e invisible suma a su rémora de cómplices a los representantes del estado democrático. Y a nosotros nos han dejado las cadenas, la esclavitud enmascarada, la conciencia de culpa porque afirman que un día nos negamos a aceptar nuestras limitaciones  y tuvimos la osadía  de vivir por encima de lo que nos correspondía. Eso dicen para tapar sus culpas y echarnos esa carga a las espaldas.
     Estamos solos, seguramente. Pero me niego a declararme  ni vencido, ni culpable. No fuimos nosotros quienes hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Ha sido la corrupción, la cobardía, la complicidad y la locura financiera. Es decir, ellos.
    Todo lo que nos cerca es absolutamente injusto, inmerecido. Nos asiste la razón y la justicia, la íntima, la que nace en nuestra conciencia. Muchas leyes son un bosque impenetrable donde se esconden los canallas, un laberinto que justifica la explotación como un acto legítimo. Tenemos que cambiar la situación. Derrota, no. Culpa, tampoco. El futuro depende de lo que hagamos mañana. Pero, sabedlo. Estamos solos.