Vistas de página en total

miércoles, 24 de octubre de 2012

Stop Desahucios


Foto archivo "Periodismo humano"

       Reforzar la confianza en el sistema es conveniente, por más que encontremos motivos muy escasos y muy de tarde en tarde. Hoy tengo motivos. 
       En la rara prensa ligeramente independiente que nos va quedando, hoy es portada que los jueces denuncian los abusos del sistema español de desahucios. Se trata de un informe encargado por el Consejo General del Poder Judicial a siete jueces que han ido elaborando sus conclusiones durante varios meses en diversas comunidades del país.
       Sus conclusiones, desapasionadas y objetivas, producen alarma muy justificada. Trescientas cincuenta mil  familias han perdido sus viviendas familiares o los locales comerciales donde radicaban sus pequeñas empresas y el sustento de sus vidas en los últimos cuatro años. La cifra sigue en crecimiento continuo. La progresión de crecimiento es un 20% cada año.
       La conclusión de los expertos judiciales debería avergonzar a los responsables políticos del país de los últimos quinces o veinte años. El desahucio está fundamentado casi siempre "en procedimientos abusivos que generan indefensión en los deudores en medio de una crisis económica que ellos no han provocado y en una mala praxis de las entidades bancarias".
     Mala praxis es un eufemismo, un término educado, para denominar el bandidaje, cuando el bandidaje es ejercido por empresas que se dicen solventes y fiables.  Lisa y llanamente abuso de posición dominante por parte de la banca a la que debemos el 60% de la deuda ruinosa del país. Y esa posición dominante en el cobro de créditos hipotecarios la garantiza un procedimiento legal creado hace ya  ciento tres años, en 1909, y que ningún parlamento democrático se ha molestado en modificar aún. Ni ahora, a pesar del clamor de la gente.
      Abunda el informe en aquellos aspectos que las estadísticas ignoran. El drama humano que cada desahucio supone a una familia, el riesgo inherente de exclusión social que corre el desahuciado, la indignidad pública de verse expulsado de su casa de forma casi siempre violenta, la impotencia de ver privada a la familia del hogar donde se arma el entramado de relaciones , afectos y protección del grupo...
        El desahucio, por regla general, es un procedimiento inútil para corregir el impago.  Tras la subasta, suele ser el propio banco el que compra el inmueble a un precio inferior al de la deuda, y se lo queda, vacío, inerte, sin salida posible durante años, encerrado en el círculo vicioso de la ruina económica del país y la consiguiente ausencia de demanda. En la práctica, el banco no recupera liquidez, recupera una propiedad que nadie comprará seguramente en muchos años. 
      Queda esa redundancia que llaman "banco malo", claro. Seguramente nosotros pagaremos  todos esos espacios contaminados por la avaricia deshumanizada del capitalismo y por el sufrimiento de cientos de miles de familias. 
       Diréis que la constatación de lo que ya sabíamos o de lo que podíamos suponer por parte de los jueces no es motivo para que se nos refuerce la confianza en el sistema, tan lastimada ya. 
    No estoy de acuerdo. Al menos, uno de los poderes del Estado contempla el lado humano de esta crisis. Uno de los poderes del Estado reclama humanidad, reflexión, modificación de la ley en esta situación excepcional, cuya mayor crudeza la soportan los más inocentes que son, también, los más indefensos. 
     Uno de los poderes del Estado le está diciendo al Parlamento, tan blindado, tan ensordecido por el graznido de gaviotas que impiden oír la voz del pueblo, cuál debiera ser su principal preocupación: legislar para facilitar la vida de la gente que paga sus salarios, sus dietas, sus alquileres en Madrid, sus secretarias, sus coches oficiales, sus escoltas; la misma gente que les otorgó su confianza en las urnas donde cada voto debiera ser la semilla de un futuro mejor.
        Aplaudo esta iniciativa del poder judicial. Me reconforta hoy. Y os digo que , si con este informe del Consejo General de los Jueces no sale pronto una medida legislativa de ese Parlamento que se blinda para no escuchar nuestras desgracias, merecería la pena blindarlo de verdad con un buen muro de hormigón, bien alto, sin ventanas, sin puertas, sin salidas. Que se agoten en sus inútiles debates hasta que el tiempo nos borre su recuerdo. Inventaremos otro con las manos limpias y el ánimo dispuesto a responder con leyes justas al bandidaje que nos cerca. 
      

martes, 23 de octubre de 2012

Galicia: Manipulación electoral

        Sostiene Cospedal que la mayoría absoluta del Partido Popular en Galicia refrenda la política del partido a nivel nacional. No sólo la refrenda, sino que la refuerza, porque ha aumentado su representación en número de escaños. Hace bien en sacar esas conclusiones. Está obligada. Era lo acordado. Pero, miente.
             Miente ella en cuanto a los apoyos recibidos.
          Y miente la Junta Gallega en cuanto a los datos de participación. Esto último roza el fraude, el delito, porque manipula los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística. 
          Todo obedece a una maniobra de emergencia. Un alto índice de abstención podría restar credibilidad al discurso preparado, en caso de conseguir la mayoría absoluta que las encuestas auguraban. El discurso de Cospedal.
             Los datos de participación han sido manipulados, falseados, a conciencia.
           Algo no cuadraba cuando empezaban a aflorar noticias sobre las elecciones que se estaban celebrando. En los informativos de la tarde, sobre las cinco, la noticia que sobresalía era el alto índice de abstención en Galicia. La participación rozaría el 55% según todas las cadenas. La abstención, del 45%, era la más alta en unas elecciones autonómicas gallegas. Un dato escasamente justificable en el discurso de la normalidad.
         En consecuencia, esas previsiones desaparecieron de forma repentina de las páginas oficiales de la Xunta.  Los informes oficiales arrojaban a primeras horas de la noche una participación  del 63,80%, muy cercano  al 64,20% de las elecciones del 2009. Esto es lo que publicaron todos los medios de comunicación. ¿Quién va a poner en duda los datos que trasmite el consejero de gobierno sobre una consulta electoral? No llega hasta ahí nuestra desconfianza. Pero, vistos los hechos, habrá que empezar a desconfiar justificadamente.
          Una mejora de participación de casi un 9% en tres horas, las últimas que permanecen abiertas las mesas electorales, no se ha producido nunca en la historia de la humanidad. Salvo manipulación orquestada.
            La sospecha obligaba a contrastar los datos oficiales.
     El censo electoral gallego publicado por el Instituto Nacional de Estadística correspondiente a las elecciones del 2009 – son estos datos lo que ponen sobre aviso de que algo no está siendo ofrecido de forma leal-  es de 2.691.570; el de este año es de 2.696.513. Unos 5000 gallegos más con derecho a voto en estas elecciones. Dicho número incluye a los gallegos con derecho a voto residentes en el extranjero. Y ese es el dato clave
            La participación en 2009 fue de 1.706.198 votantes, oficialmente, el 64,2%. La participación oficial de estas elecciones ha sido de 1.467.657 votantes. 238.541 menos que en las elecciones anteriores. Sin embargo, los datos  de la Xunta gallega son que la participación ha sido del 63,8%.
            ¿Cómo es posible eso?  ¿Cómo es posible que 238.541 votantes sólo supongan el 0,4% en el censo  electoral de la Comunidad ?
        Fácil. Hay que dar sensación de normalidad. No pasa nada con los recortes de Rajoy. Nada ha cambiado. Pero, una abstención tan elevada pone en riesgo el discurso de la normalidad y de la aceptación de las medidas políticas del PP. El remedio de urgencia se arbitra con prontitud. Sólo es cuestión de  eliminar del censo a esas horas a todos los gallegos residentes  en el extranjero que no hayan solicitado ejercer el derecho al voto. 
           Dicho y hecho. La abstención se normaliza. El discurso oficial está salvado.
         ¿No es eso manipulación de unos resultados electorales?
          Desvirtúa el sistema quien tiene la obligación de su salvaguarda. 
        No sólo nos arrastran al siglo XIX en cuestiones económicas. Nos están llevando al tiempo de la Restauración y a las prácticas electorales  de  los caciques, la manipulación de los resultados.  Quien sabe si  no tendrían también preparado un censo de difuntos por si sus votos resultaban necesarios. 
   Es absolutamente inmoral. Este partido no tiene sentido de la legitimidad democrática, ningún respeto por las leyes.    
     Este partido es absolutamente prescindible en un país civilizado. 
    ¿Cómo podemos reclamar el respeto de Europa con semejantes mensajeros?
      Y eso nos lleva a la afirmación de Cospedal, la legitimación de las políticas del PP con el voto gallego. 
    La realidad objetiva es la que ya sabemos. La Ley D´Hont favorece al ganador. Y lo premia con mayorías injustificadas. La obstinada realidad de los números desnudos nos dice claramente que el PP ha perdido en Galicia en las presentes elecciones 135.000 votos con respecto al 2009. Ha perdido un 17,2% de votantes, a pesar de que el votante de derechas suele mantener un alto grado de fidelidad.
            La verdad objetiva es que la abstención en Galicia ha rozado el 45%, que casi uno de cada dos gallegos no confía en ninguna propuesta política de las que se le hacen en su tierra, clara muestra del hastío y de la desconfianza de este pueblo tras años de penuria económica, de desprestigio institucional, de promesas inútiles que nadie cumple luego, de un estado cada vez más insolidario con los que menos tienen, de políticos de salón alejados de la realidad de las personas, políticos de oficio y no de corazón.
            La verdad de los números desnudos nos confirma que sólo uno de cada cuatro gallegos ha votado al PP, que el 25% del censo electoral le otorga una mayoría absoluta objetivamente injustificada, aunque así sea la ley que reparte el poder y los escaños.
            La verdad desnuda de los números nos confirma que uno de cada cuatro gallegos con derecho a votar, con todos mis respetos,  no suponen la justificación moral de sus desmanes, ni la legitimación de sus políticas.
            Cospedal cumple con el programa que había establecido su partido, dicta el discurso que todo el mundo preveía. 
          Pero miente y manipula. La manipulación, el fraude, la mentira son  las marcas de identidad de este partido. Ella sólo cumple con el guión establecido.
             Y en cuanto a la manipulación de los datos de unas elecciones democráticas, es de suponer que debería ser denunciada a los órganos competentes de justicia. Habíamos descubierto hace unos días que Feijóo manipulaba cuentas públicas para ocultar datos del déficit de las cuentas gallegas. Ahora sabemos que también manipula resultados. Es preciso que alguien afronte las consecuencias de una actuación, sin lugar a dudas, delictiva. Eso espero.

domingo, 21 de octubre de 2012

Sostiene Wert

    Sostiene Wert, durante la prolongada protesta estudiantil y familiar contra su reforma educativa, que aún caben múltiples recortes para rentabilizar los servicios educativos del país, sin que pierdan eficacia.
            Se le ha oído mencionar que la diversidad de asignaturas en  la oferta educativa es poco menos que un empeño baldío; que el desarrollo en las competencias básicas en dos asignaturas como Lengua y Matemáticas cumplirá con las exigencias empresariales para los trabajadores.
          La terminología empleada difiere, pero yo ya he escuchado este discurso hace  más  de cincuenta años. Había que hacer un esfuerzo por erradicar el analfabetismo enroscado en las entrañas del pueblo español. Era un rasgo humanitario de la dictadura; una demostración de que se interesaba por la promoción de las personas; una prueba de lo injustificado que resultaba el aislacionismo avergonzado de la mayor parte del mundo civilizado.  El objetivo que se nos marcaba a los hijos de los pobres era saber leer, escribir y las cuatro reglas. Niños cabreros sin escuela, pero con todo ese peso de  cultura en el zurrón, salvados de la incuria por el poder milagroso de la tabla de multiplicar. Niños que colaboraban sin jornal  en la consecución del jornal del padre y a los que nadie les ofrecía el pupitre apolillado de una escuela pobre. 
           Ya he oído ese discurso.
            O sea, salvando las distancias temporales y las formas, objetivos mínimos en Lengua y Matemáticas para los hijos pobres de la crisis que provocó el capitalismo. Ellos inventan la ruina y nosotros la pagamos, no sólo con la miseria del presente , sino con la penuria cultural de las futuras generaciones.
            Sostiene Wert que tiene informes que niegan que la masificación perjudique el proceso de aprendizaje. Sostiene  Wert, con un cinismo que roza la desfachatez, que en sus informes fidedignos el límite para que la calidad de la enseñanza se resienta se establece en la barrera  de cuarenta y cinco o cincuenta escolares por clase, según los niveles.
            Sostiene Wert, por tanto, que un tercio del personal docente de este país está de más. Veinte mil, en Andalucía, para no ir demasiado lejos. Andalucía es siempre el primer destinatario de la obcecada persecución de este gobierno a los servicios públicos. Se diría que, además de pagar el rescate general por este país que ya pagamos todos, Andalucía tuviera que pagar también el rescate por la autoestima malherida del campeón Arenas.
            Sostiene Wert que las movilizaciones de la semana pasada son quejas sin justificación de dilapidadores de recursos. Actos injustificados con clara intencionalidad política.
            En eso acierta. La intencionalidad es claramente política. Estamos hartos de su política educativa. Y, especialmente, estamos hartos de su intención de convertir la educación superior en privilegio.
            Y en eso la coincidencia con la situación de mi niñez es absoluta. Quiere Wert de nuevo una estirpe hispana con alma de cabreros, cercada por la nueva miseria y dispuesta trabajar por un plato de comida y un espacio en el cortijo donde extender el maltrecho jergón junto a la lumbre.
            Es incomprensible. El futuro de los pueblos se fundamenta en el nivel educativo que consigue su población, en general, sin distinción por su extracción social. Nadie duda de ese principio universalmente aceptado por cualquier gobierno racional.
            Salvo este tipo y este gobierno, del que forma parte.
            Sus escasos defensores, que los tiene, -aunque se asegura igualmente que no tiene un solo amigo-, afirman que es un hombre brillante, inteligente, capaz de aprender los mecanismos de cualquier función que se le encomiende en cuatro meses. Deber ser que este ministerio lo desborda. Aún no se le conoce una sola propuesta que merezca consenso. Él siempre está en el origen del conflicto. Debe creer que aún está jugando su papel de polemista. Y esta Ley que preconiza es artificial, burda, apresurada, un mal plagio de la anterior, manipulada por una  ideología sectaria y excluyente.
            A Wert, como a la derecha en general, lo inutiliza para el servicio público su soberbia, su desprecio a la esencia misma de la democracia, su desprecio al pueblo que paga su salario. 
           La derecha no gobierna;  legisla para debilitar a un enemigo imaginario, el pueblo, esa masa poco definida que protesta y que reclama la igualdad ante la ley. La derecha legisla contra aquellos que tienen la osadía de aspirar a compartir sus privilegios.
            La derecha no escucha, no reflexiona, no hace jamás propósito de enmienda. La derecha manipula o prohíbe.
            La derecha sólo invoca la voz del pueblo para esgrimir como justificación a sus desmanes la mayoría más lamentable que este pueblo soberano haya otorgado jamás a cualquier gobierno democrático.  
            Esta derecha, cómplice de la peor España que no hemos logrado redimir en  treinta y cinco años de convivencia democrática y pacífica, despedaza el estado y defrauda a la nación, incluso a los ilusos que osaron confiar en sus mentiras programadas.
            Cita la prensa una frase que se ha acuñado por causa  de este hombre “¡Lo que hay que Wert!”. Me parece bondadosa. Prefiero otra que circula por las redes sociales. “Me siento aWertgonzado por la actuación de este gobierno”.

jueves, 18 de octubre de 2012

Memoria Histórica


Miguel Hernández dibujado por Antonio Buero Vallejo, con quien compartió celda en el penal de Alicante.


     En marzo de 1940 un tribunal militar de Madrid condenó a muerte al poeta Miguel Hernández Gilabert. Su delito, estar afiliado al partido comunista y haber defendido al gobierno legítimo de la II República contra el golpe de estado propiciado por los fascistas españoles con la colaboración de una parte importante del ejército.
            Antes de esta condena, se había producido el asesinato – fallido afortunadamente- de su última obra, “El hombre acecha” cuyos cincuenta mil ejemplares recién editados, y aun sin encuadernar, fueron condenados a la hoguera por una comisión depuradora presidida por Joaquín de Entrambasaguas, distinguido franquista a quien la historia clasifica como filólogo – el que ama las palabras- , aunque su cólera incendiaria lo desmienta.
         Quien quema libros intenta asesinar el pensamiento libre, pero es siempre una empresa condenada al fracaso.
            En el caso de “El hombre acecha”, también. Dos ejemplares se salvaron. El fascismo o el integrismo religioso, tan parecidos, tan cómplices ocasionales cuando fue preciso, tan aficionados ambos a la quema de libros, a la hoguera, al paredón o a reescribir la historia para cargar de ignominia al enemigo, siempre son burlados por el aliento indominable de la libertad humana que encuentra escapatoria y garantiza, casi siempre, la justicia en las páginas donde la humanidad refleja su memoria.
           No se cumplió la condena monstruosa. José María de Cossío y su amigo Luis Almarcha, un alto cargo eclesiástico, lograron que la muerte le fuera conmutada por cadena perpetua. Pero la bota del enemigo triunfador acabó aplastando aquel ánimo vibrante y valeroso, aquel impulso de colmena encerrado en el verso ferozmente humano, aquella voz del pueblo. 
       Lo dejarían morir sin la adecuada asistencia médica en la enfermería del penal de Alicante. No fue la tuberculosis. Fue la dictadura vengativa, de memoria colérica y mano criminal.
            En febrero de  2011, la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo de España negó a la familia del poeta un recurso extraordinario de revisión de condena, que se anulara la injusta condena a muerte que pesa sobre su memoria.
            Hoy es noticia que el Tribunal Constitucional ha denegado de nuevo a la familia la nulidad de aquella condena a muerte.
            No pongo en duda la pulcritud formal de los dos fallos. En ambos casos se arguye que aquella condena le fue impuesta por motivos ideológicos y políticos y que la Ley de la Memoria Histórica, promulgada por el gobierno Zapatero, anuló todas las condenas producidas por ese motivo, al establecer que fueron todas condenas radicalmente injustas e ilegítimas. Injustas e ilegítimas. Nulas, en puridad, si nos atenemos al derecho.
              No creo que haga falta más.
            Pero aquella condena, aunque ningún tribunal del mundo la anulara, aunque ninguna ley estableciera su naturaleza  injusta, no es deshonra. Enaltece su memoria.
             Deshonra a quien la impuso. A quien cree que matando al hombre que lo escribe, mata también la fuerza del poema, su mensaje intemporal, su palabra que tomamos prestada para dotar de una envoltura hermosa nuestros confusos sentimientos.
            Deshonra a quien la impuso como demostración de poder usurpado, de capacidad de sometimiento a la libertad, de humillación impune a la dignidad humana.
            Miguel está en nuestra memoria, en el rincón más cálido que reservamos a  aquellos  a los que amamos sin necesidad de explicación; Miguel está en los anaqueles de nuestras bibliotecas, vivo en su humanísima palabra.
            Ningún tribunal tiene que proclamarnos su inocencia.
         Y sus verdugos están en el infierno de nuestro desprecio, en las páginas ensangrentadas donde la historia nos deja la huella de nuestras ignominias, en el subterráneo oscuro donde ocultamos avergonzados las pruebas de nuestra maldad irracional.
            Ningún tribunal podría librarlos de nuestra condena.
            

miércoles, 17 de octubre de 2012

Infancia sin escuela



      Hoy ha sido la UNESCO. Su informe del seguimiento del programa  Educación para todos,  y que tenía como horizonte humanitario la plena escolarización primaria de todos los niños y niñas de la tierra para 2015, se declara fallido. No será posible. Entre otras malas noticias relacionadas con la educación, se hace eco de esta desgracia universal Juan Manuel Moreno en El País de hoy.
       Trae la prensa cada día un ramillete de desgracias que enlutan la mirada y te contaminan las manos de una tristeza pegajosa; son como flores mustias que dejan un hedor a descomposición vegetal o a salas de hospitales antiguos; será que la esperanza  se  nos está pudriendo poco a poco.
     Pero hoy son estos niños sin escuela los únicos protagonistas de esta crónica de la indignidad. Son ellos los que han danzado en mi cabeza todo el día hasta convertirse en la espuela que me remueve la conciencia en esta hora ambigua del atardecer rosáceo del otoño que nos anuncia su llegada.
          La diferencia entre lo posible y lo imposible para todos ellos son catorce mil millones de euros.
            Es inevitable el contraste con otras cantidades conocidas.
       Es la mitad de lo que nos costará la nacionalización y saneamiento de Bankia, por ejemplo.
            Pero el siguiente dato es mucho más jugoso.
          Los quince países con mayor presupuesto militar de la tierra invierten en dicho capítulo  un billón cuatrocientos mil millones de euros; si, la cifra es  un catorce seguido de once ceros. Escolarizar a todos los niños de la tierra nos costaría sólo la centésima parte de esa cantidad: 0,01 del presupuesto militar de esas naciones. El uno es tan insignificante que, a efectos contables o estadísticos, casi lo podríamos despreciar. O sea, en comparación, ¡casi nada!  Un euro de cada cien. ¿Quién lo notaría?  Quizá escolarizarlos haría menos necesarios los fusiles y podríamos ahorrar noventa y nueve fusiles de cada cien que ahora fabricamos.
            Hoy esos niños son la espuela que se me clava en las entrañas de eso que llamamos la conciencia. 
            Hoy casi no siento orgullo de mi especie. La contemplo con un desapego doloroso. Es la única que levanta fronteras y las carga de amenazas; la única que se afana por acumular riquezas y posesiones como si eso fuera a librarla de la muerte; la única que considera la pobreza de los otros una oportunidad de negocio; la única que practica el genocidio programado; la única que está convencida de que una vida, o mil, valen bien poco; la única que destruye la tierra que la acoge y la alimenta; la única que condena a sus cachorros a las enfermedades, al hambre, al subdesarrollo, a la dependencia cultural, a la esclavitud, a ser niños soldados, a la muerte temprana.
            Pero, es que hoy tampoco me siento orgulloso de  mí mismo. Porque seguramente dejaré constancia en este blog de que las noticias han contaminado mi seguridad  en la civilizada Europa; contaré que me duele su condena al analfabetismo y a la miseria de por vida, y dormiré tranquilo, con el convencimiento de que ya hice cuanto estaba en mi mano.
            Una vez más me tranquilizará la sensación de que la solución no es cosa mía; me diré que es un asunto de los estados y de las organizaciones internacionales; o que quizá sea asunto de algún dios que los trajo a la vida pobres y desgraciados, en una tierra sin futuro.
            Pero la verdad descarnada es que yo, tú, nosotros, les estamos cerrando la puerta de la escuela  y, al tiempo, la puerta del futuro, porque este mundo es cosa nuestra, de cada uno de nosotros.






martes, 16 de octubre de 2012

Wert nos convoca

     
            Dice Wert que no comprende cómo las Asociaciones de Padres y Madres secundan la convocatoria de huelga de los estudiantes que está teniendo lugar en toda España durante la presente semana. Afirma que es una convocatoria propiciada por la extrema izquierda.
            Supongo que alguna vez él, y todos sus compañeros en este viaje en el que nos conducen a la ruina, caerán en la cuenta de que la manipulación sólo da resultado en contadas ocasiones. Confiar en la manipulación como instrumento permanente  no sólo es indigno, es muestra de desprecio a la inteligencia de los pueblos.
            Este pueblo es maduro, inteligente. Tiene ya muchos siglos de historia recorridos. Es, también, sensato. La manipulación interesada no ocultará a su mirada crítica el deterioro galopante de los servicios públicos; entre ellos, es lamentable la persecución de la enseñanza pública. Una persecución que se ha marcado un objetivo reñido con la Constitución y con el humanismo, privar de la igualdad  de oportunidades a los más desfavorecidos, abandonar a los más pobres a su destino de mano de obra sin cualificar y sin la capacidad crítica que da la formación. Pobres y manipulables desde la cuna. De nuevo la sociedad estamental. 
            Este pueblo ya lo sabe. Y sabe que sus hijos merecen un destino más digno, más humano. Sabe también que todos merecemos mejor gobierno. Este pueblo abrazó la democracia con ilusión y con esperanzas bien fundadas. Ahora se siente defraudado. Y traicionado. Cada promesa realizada en la campaña electoral por quien hoy es el presidente del gobierno ha sido quebrantada. Sin excepción.
            Nunca, en treinta y cinco años de profesión, he podido ver lo que vi ayer en el centro público donde trabajo. Cientos de personas, padres, madres, recogiendo a sus hijos menores a la hora en la que comenzaban los primeros actos convocados para protestar contra las medidas educativas del gobierno. Y una frase repetida hasta la saciedad “¡Que se note! Y un gesto sereno de fuerte determinación. Toda una encuesta, la más fiable que conozco. La determinación del pueblo. Hoy estoy casi seguro de que usted no terminará la legislatura, señor Wert.
            Esta convocatoria no la ha realizado la extrema izquierda, señor ministro. La ha realizado usted.
            Usted y su gobierno nos están convocando cada día a manifestar nuestra repulsa a todas las medidas con que están labrando para este país un futuro lamentable. Quiero creer que es una cuestión de incompetencia manifiesta y no de una voluntad destructiva, al servicio de intereses criminales, porque atentan contra derechos consagrados de los seres humanos  Sea cual fuera la razón, ustedes no son dignos de este pueblo. Y yo lo repetiré de plaza en plaza.

sábado, 13 de octubre de 2012

Una magnífica bandera



                    Bishnu Chaudhari  (Nepal)      Malala Yousufzai (Pakistán)
                    (Foto El País, 12 octubre)        (Foto Agencia Reuter)

     12 de octubre. Ni siquiera me atrevo a poner nombre a esta fiesta contradictoria e innecesaria, de la que hace tiempo se adueñó la derecha y la tiñó con su añoranza irrespirable.
            Ensimismados en nuestra propia crisis civilizada, resecos por el rescoldo de nuestra memoria que evoca sangrientos desencuentros, embebidos por nuestros nacionalismos que ponen en peligro el proyecto común, carcomidos por la atonía de  la solidaridad que no pasa de ser un tópico en los discursos oficiales, olvidadizos del pensamiento más humanista que haya alumbrado continente alguno a lo largo de la historia humana, empeñados en labrarnos esa ruina anunciada por todos los datos que la realidad cotidiana nos pone ante los ojos.
            Un observador imparcial podría definirnos de esta manera y no andaría muy equivocado. Esta es Europa. La sociedad más avanzada de la tierra y, al tiempo, la más abocada a inmolarse en el fuego de la estupidez capitalista recrecida al calor de la crisis, sobre todo, política.
            Detrás del muro protector de nuestras constituciones, de los derechos que la civilización humana ha consagrado como parte de la naturaleza humana, esos que ahora vemos amenazados o directamente conculcados, detrás de nuestro individualismo indefenso, de nuestra falta de esperanza, puede que se nos escapen otros dramas humanos de magnitud insoportable. 
            Hoy esos dramas que golpean mi conciencia tienen nombre de mujer. Ambas son noticia reciente, exponentes de un mundo donde nuestros dramas serían imposibles, porque aún están en juego derechos que nosotros hace siglos que tenemos consagrados.
            Un asesino enmascarado tras un credo ha intentado ajusticiar en plena calle a Malala Yousufzai, una niña pakistaní de solo dieciséis años que reclamaba el derecho a la educación de las mujeres en su región, en la que los talibanes han destruido sistemáticamente las escuelas femeninas. Ningún credo que consagre la desigualdad de los seres humanos por su sexo, o por cualquier otra razón, merece el más mínimo respeto. Y si el credo monstruoso legitima la muerte del hereje,  quien lo practica no merece otro destino que la cárcel. Y si hubiera un dios detrás de esa fe cruel e interesada en someter al otro,- lo cual resultaría contradictorio con la propia justificación de su existencia-,  merecería también la cárcel o el infierno. Ese dios es el más imposible de los dioses que el ser humano pueda imaginar. Sin lugar a dudas, ese dios no existe porque es el invento de una conciencia depravada.
            Milagrosamente Malala ha sobrevivido a un disparo en la cabeza. Sabemos que su sacrificio no habrá sido inútil. El mundo civilizado sólo reacciona ante situaciones desmesuradas. Esta lo es. Así que su imagen ensangrentada en las portadas de medio mundo dará fruto. Eso espero.
            Y en la contraportada de El País del doce de octubre, otra mujer  zarandea nuestra conciencia acomodada, acostumbrada a convivir con cualquier drama distante con una repulsa civilizada y memoria poco duradera.  Bishnu Chaudhari, una mujer nepalí de diecinueve años, una niña también, nos desgrana su experiencia de niña esclava de una familia rica desde los nueve años, vendida por su propia familia a la que el hambre y  la miseria  arrebató , como a tantos otros, el instinto más primario de la especie que es cuidar de la propia descendencia. Ella y otras que soportan esa indignidad en su país son niñas que no existen, desprovistas desde su nacimiento del derecho a figurar en el censo para evitar controles legales posteriores, fantasmas humanos, personas privadas de una vida pública desde la infancia indefensa,  seres a los que se educa en la obediencia y la sumisión porque ese es su destino.
            Hoy Bishnu estudia derecho, liberada por una ONG después de varios años de esclavitud, y ha fundado su propia ONG desde la que presiona a su gobierno para evitar que ninguna otra niña de su país sufra un trato semejante.
            Hoy es día de discursos patrióticos, de besamanos en el palacio real a donde acude la España en blanco en negro que creíamos enterrada ya en el silencio polvoriento de las hemerotecas, de gente que saca sus banderas a la calle como afirmación de no sé cuántas identidades diferentes y encontradas.
            Yo, por mi parte, he decidido que estas dos niñas son hoy mi patria y mi bandera. Os las ofrezco como patria. Hoy ellas son la muestra más hermosa del significado del término persona. Envidio su compromiso, su entereza, su valentía para arrostrar las consecuencias terribles en un mundo donde una mujer tiene idénticos derechos que un animal de compañía o una bestia de carga; me consuela su conciencia de la propia dignidad, su ejemplo, su transcendencia, su capacidad transformadora. Miradlas, reflexionad un poco. Solas, niñas indefensas en un mundo de hombres primarios y violentos, o en un mundo de miseria pegajosa y verdadera. Pero abren caminos por donde irán, siguiendo su estela, miles de mujeres en busca de la dignidad que hoy  se les niega.
            ¿No nos enseñan nada? Yo creo que nuestro enemigo es más fácil de vencer que el suyo. Somos muchos. Tenemos instrumentos. Miradlas. Reflexionad un poco. No me digáis que no son una magnífica bandera.