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domingo, 9 de septiembre de 2012

¡Y un carajo, señor García- Legaz!




            La visita de Merkel a Rajoy, además de portadas de periódicos, dejó otras cuestiones relevantes que, quizá, pasaron desapercibidas. Son esas cargas de profundidad y temporalidad programada que se dejan entre las brozas de las ruedas de prensa calculadas al milímetro y el ruido de los flashes.
            Cuando nos venimos a dar cuenta, nos han explotado entre las manos y los daños resultantes son incalculables.
            Habría otras, sin duda, pero la bomba en la que yo reparé la cargó el secretario español de Comercio Exterior, un tal Jaime García-Legaz. Y reparé en ellas por alusiones, desde luego. He dirigido un Centro Público de Enseñanza durante mucho tiempo. Durante mucho tiempo este Centro ha sacado al mercado laboral, en sus dos ramas de Formación Profesional, una de grado Medio y otra de grado Superior, profesionales bien valorados por las empresas, seleccionados con criterios objetivos por el desarrollo de las competencias exigibles en el mundo laboral y, por ello, muy cualificados para el ejercicio de sus funciones profesionales, a pesar de las altas exigencias en cada una de las especialidades en el mercado de trabajo.
            El señor García-Legaz afirma taxativamente ante los representantes de las Cámara de Comercio de Alemania que acompañaba a Ángela Merkel que la Formación Profesional Española es un “sonoro fracaso”, puesto que no logra que los titulados encuentren acomodo en las empresas. Tácitamente la acusación que se desliza es que su formación es inadecuada para las exigencias laborales. Trasladando esa afirmación envenenada a sus últimas consecuencias, el sistema educativo es el culpable de ese índice de paro juvenil, que en España ronda el 50% de las personas entre 18 y 35 años.
            Podría pecar de falta de objetividad si afirmara aquí y ahora que, seguramente, este individuo no pisa un centro escolar desde que acabó bachillerato. En realidad, daría igual. No seré acusado de falta de objetividad por la disyuntiva que sigue. O este individuo es un cínico, o su falta de capacidad para el análisis de la realidad española lo descalifica para el ejercicio de un cargo de responsabilidad en la política internacional. Si cree lo que dice, dudo que esté cualificado ni para ejercer de  ascensorista en un edificio de cuatro plantas. Dejaría los vecinos en la planta equivocada. Luego, concluyo que es un cínico.
            Y es un cínico, porque cualquier observador imparcial sabe, de sobras, que el principal fallo del sistema que nos conduce hacia el hundimiento económico es su incapacidad para crear empleo.
            Por la razón que aduce, técnicos españoles, investigadores  españoles, titulados universitarios españoles que encuentran trabajo en otros países no lo deben a su formación, sino que las exigencias profesionales en el resto del mundo son menores.  Sólo un cínico, obligado por la fidelidad a quien le otorga el privilegio de un cargo relevante, se ve obligado a enmascarar la realidad de esa manera burda.
            No era una puntada sin hilo. Detrás de su afirmación hay objetivos. Y Wert nos lo confirma hoy. Se avecina una reforma de la Formación Profesional Española siguiendo el modelo alemán. La diferencia estriba en la reducción de formación teórica y aumento de las horas de formación práctica en las empresas. Intensificará la formación teórica, reducirá las horas de formación en los Centros, con la consiguiente reducción del horario profesional y, por consiguiente, de la plantilla docente, y pondrá a disposición de la empresas profesionales cualificados y dispuestos a dejarse las pestañas para demostrarlo y conseguir un contrato posterior, durante el proceso de prácticas. La empresa contará con gente muy competitiva durante - ¿un año?- a precio de saldo. En Alemania perciben 400 euros, en algunos casos.  Los salarios posteriores  de estos técnicos, si aseguran su permanencia en las empresas, oscilan entre los 600  y los 800 euros. El camino perfecto hacia la independencia económica como se ve. El sistema permite surtirse de profesionales cualificados a 400 euros mensuales el resto de su vida a las empresas. Lo hemos comprobado ya. La explotación del trabajador en prácticas es una poderosa tentación para el sistema productivo. 
           España es diferente. Estoy por apostar que durante el periodo de prácticas los técnicos en ciernes en este país recibirán un bonobús para pagar desplazamientos.
            Así que el paro lo genera el sistema educativo.  Me perdonaréis la expresión que sigue. Es cólera justa. ¡Y un carajo, señor García-Legaz!
            Reconozco que en algo sí hemos fracasado en nuestras aulas, al menos, en las aulas de la enseñanza pública. Hemos fracasado en el proceso de formación de esclavos modernos. Seguimos insistiendo en que la dignidad humana está por encima del derecho a enriquecerse a toda costa. Quizá  a usted y a su partido les vendría bien matricularse de alguna asignatura.
            

sábado, 8 de septiembre de 2012

¿"Cursus honorum" o Voto Censitario? ¿Qué propone Cospedal?




             Quizá habrá que empezar por aclarar ambos conceptos. Ambos representan sistemas absolutamente injustos de representatividad en los órganos de gobierno.

            El “cursus honorum” es el nombre con el que se designaba a la carrera política – de menor a mayor rango - en la república romana de la antigüedad. Se denominaba así porque el ejercicio de la función no llevaba aparejada retribución alguna, se ejercía por el “honor” de servir a la república. Nadie en Roma cobraba por ostentar un cargo en el aparato del estado. En la práctica, el ejercicio del poder en cualquier cargo suponía, sin duda, una ocasión para el enriquecimiento. La corrupción política, la venalidad, no es un invento reciente; es tan antiguo como el ser humano. Pero el servicio a la patria se prestaba de forma gratuita.

            Esta consideración del cargo público, y a eso me refería cuando lo calificaba como un procedimiento injusto de representatividad, cerraba la puerta a los plebeyos, a las clases populares y con menos recursos económicos. Ni uno de entre ellos podía permitirse el lujo de destinar un año de sus vidas al servicio público sin percibir ingresos. Estaban, además, los costes de las campañas publicitarias para darse a conocer entre los electores. Sólo las familias ricas, las patricias, podían permitirse el lujo de tener a alguno de sus miembros en el aparato de poder, y, por tanto, en los órganos legislativos que establecen derechos y obligaciones a los ciudadanos. Es decir, sólo los patricios estaban legitimados para establecer las leyes, encaminadas, lógicamente, a la defensa de sus intereses de clase. La plebe encontró caminos, desde luego, para cambiar la situación. Pero le costó siglos.

            El voto censitario, un concepto que nos resulta más familiar por la proximidad en el tiempo, es el procedimiento para formar parte de los Parlamentos europeos tras las revoluciones burguesas contra las Monarquías Absolutas. Fue el sistema durante la mayor parte del siglo XIX. Según los establecido, sólo podían ser electores y candidatos aquellos individuos –varones, desde luego- que figurasen en el censo tributario con unos determinados niveles de ingreso y, por tanto, de contribución a las arcas del estado. Solamente los más ricos jugaban en el terreno político. Como en la Roma republicana, la burguesía europea, cuna del capitalismo naciente, se garantizaba su participación en la configuración de las leyes, que santificaban sus privilegios.

            Hechas estas aclaraciones, cabe preguntarse por cuál de estas opciones se inclina Cospedal. Quizá por ambas, en un mix de política regresiva. Acaba de proponer en el debate del estado de la Comunidad Castellano-Manchega dejar sin sueldo a los diputados regionales.

            La propuesta es, primero , oportunista. La tormenta económica que se abate sobre el país ha teñido de desprestigio merecido a las instituciones políticas y, de paso, a quienes tienen la política por oficio. Desde la ciudadanía se ve a las instituciones como un refugio de protegidos de los partidos, gente sin oficio y sin vocación, cuyos méritos se basan más en la docilidad y la manifestación ruidosa de fidelidad a los líderes que en el análisis crítico de la realidad nacional y las propuestas para corregir los innumerables déficits que nos acosan.

            Los ciudadanos desconfían de la clase política. No le faltan razones. Y no es la menor la facilidad con la que caen en la tentación del lucro personal o familiar a costa del erario público. La corrupción, unida a la incapacidad para sacarnos del atolladero, los hace blanco de buena parte de las iras de los ciudadanos. Seguramente, muchos aplaudirán la medida de Cospedal y la presidenta de Castilla-La Mancha ganará algún punto de popularidad en las encuestas, algo valioso en su plan de sustituir a Rajoy en la dirección del Partido Popular cuando se presente la ocasión.

            Pero conviene que la indignación no nos haga perder la capacidad crítica. La cólera ciega suele favorecer al enemigo. 
     Porque esta medida, que seguramente aplicará ya en el presupuesto del 2013 de la Comunidad Autónoma, es, además de oportunista, un ataque frontal a los restos de la democracia participativa que nos quedan. Convertirá la participación política en una práctica al alcance de los más adinerados en representación, ya definitiva, de los intereses del capital, de quienes tengan ya otros cargos públicos remunerados, o de empleados de grandes empresas privadas que puedan mantenerles sus sueldos para que defiendan sus intereses en el legislativo. De hecho Cospedal está planteando de forma sibilina que el legislativo se convierta en lacayo del ejecutivo, en lugar de su controlador. ¡Y a Montesquieu, que lo jodan, según la doctrina Fabra! Bien pensado.

            Que hay que corregir el sistema democrático parece a estas alturas fuera de cualquier duda, pero lo que Cospedal propone es su demolición por la vía del presupuesto de la Comunidad, y si llega el caso, del Estado. Si pretende  moralizar la vida pública, lo tiene fácil. Ella ingresa casi trescientos mil euros al año. Que renuncie a sus ingresos y que compatibilice sus funciones con su oficio, si lo tiene.
            Lo malo es que Cospedal camina tres o cuatro pasos por delante de Rajoy. Le marca el camino. Y las propuestas de Cospedal las cargan el diablo y el “Tea Party”.  

viernes, 7 de septiembre de 2012

Amores imposibles




         El ejercicio de la política es un escenario teatral donde se representa un guión  casi siempre improvisado por los acontecimientos más recientes. Es habitual que los actores dejen mucho que desear en cuanto a las capacidades profesionales. Más allá del escenario, en el foro, se cuece otro mundo de intereses que no aflora en las ruedas de prensa, edulcoradas por la cortesía; son intereses orquestados a espaldas de la ciudadanía, cada vez menos partícipe – para evitar su hostilidad- de las decisiones que marcarán su vida durante muchos años.
            Hoy la prensa, especialmente la más afín al partido que gobierna, trae en portada ese simulacro del amor imposible entre la canciller y el presidente. Pretenden convertirlo en una manifestación del éxito de las políticas del Partido Popular, bendecido por la mano que gobierna - mal- Europa.      
            Pura apariencia. La Europa del euro corre riesgos evidentes. Está amenazada por sus propias disensiones, pero, especialmente, por el empecinamiento alemán en su visión sesgada, e interesada, de la crisis.
            Lo sabe Merkel. Sabe que dos de cada tres europeos la están señalando con el dedo como causante del deterioro progresivo del proyecto europeo mediante la prolongación artificial de la crisis  para mejorar las posiciones de dominio de su país. Y uno de los objetivos de este viaje es mejorar su imagen. Sus asesores le han señalado España como un lugar inmejorable. Nadie habría de recibirla con más amabilidad que Rajoy, en su momento más bajo de credibilidad de toda la legislatura, y atacado ya de forma manifiesta por el ala más radical, que es tanto como decir la más  irracional, de su propio partido. Ha bastado la excarcelación, regulada por ley, de un preso en fase terminal para que el sector montaraz de la derecha patria empiece a ajustarle las cuentas a Rajoy. Es una excusa tan válida como cualquier otra. El equilibrio artificial que produjo la mayoría absoluta del 20N no da ya mucho más de sí.
            El hombre agradece  esta botella de oxígeno prestada por el enemigo. En circunstancias así se besaría con el diablo. Más o menos lo que acaba de hacer.
            La diplomacia tiene sus reglas teñidas de hipocresía necesaria. Estos dos se detestan, pero se besan cariñosamente ante los fotógrafos a la puerta de la Moncloa por mutua conveniencia. Mientras el  foro, los artículos de fondo, nos dan noticias de otros aspectos que configuran una realidad mucho más creíble, sin besos simulados. Una realidad donde brillan las navajas afiladas en la piedra molar de los intereses; son estas navajas, argumento último de los territorios sin ley, las que gobiernan  esta Europa incapaz de superar las fronteras para conformar un territorio común, coherente, fortalecido y ejemplar.
            Draghi amenaza a los mercados con comprar deuda de los Estados más acosados por la prima de riesgo, a condición de que lo soliciten y acepten condiciones. Basta esta advertencia para que los intereses de la deuda española bajen del 6,5% al 4,5%. Un dineral diario.  Pero el Bundesbank se ha lanzado a la arena como un gladiador enfurecido por una herida que le hubieran infligido por la espalda. A pesar del beso de Ángela a Rajoy, Alemania – el Banco Central Alemán y todos los partidos políticos alemanes de una u otra forma-  dice alto y claro que la intervención del BCE interfiere en sus negocios. Su capital especulador pierde un 2% de sus legítimos beneficios.
             Nada ha cambiado. La foto es una representación de conveniencia. Y estos dos se siguen detestando. Cada uno de ellos ha defraudado al otro. Y todos ellos  defraudan a los ciudadanos de esta Europa agonizante, incapaz de ponerle freno al capital que nos destruye de forma acelerada.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

¡Hambre!




            Ya sabéis los que a veces entráis en esta crónica que es una manifestación de mi conciencia torturada por  las indignidades cotidianas que sufre el ser humano y que reflejan los titulares de la prensa. Desayunamos con demasiadas indignidades bailándonos ante los ojos cada día.
          Hoy toca el hambre. La noticia  es que la Unión Europea debate dejar sin fondos a los Bancos de Alimento.
            No creo que haya en el mundo tortura comparable a mirar los ojos de un hijo hambriento y no tener un plato de comida que ofrecerle. No creo que haya una injusticia más palpable al alcance de nuestra conciencia que ver el hambre atenazando, deformando, consumiendo a un ser humano.
          No creo que haya una situación más humillante, más alienante, más inhumana que no tener para comer mientras la abundancia de recursos se exhibe ante tus ojos y lejos de tus manos.
         En 1987 la Unión Europea comenzó a financiarlos, fundamentalmente por la existencia de excedentes agrícolas en Europa. Entonces costó trabajo convencer a Alemania y a Suecia. Se oponían. Cuesta entenderlo, pero es así. ¿Cómo es posible que sociedades cultas, con valores sociales bien definidos, con un extraordinario nivel de vida se opusieran a una propuesta tan solidaria? 
      Sociólogos e historiadores tan reputados como Emmanuel Todd, (La invención de Europa, 1995), cuando explican las disensiones que ya entonces parecían condenar a la actual Unión Europea a la desaparición, recurren a la profunda brecha mental que abrió la Reforma Luterana en el continente. 
        La Reforma  Luterana y, por extensión, la Calvinista llevaban en su seno dos semillas poderosas que justificarán muchas  de las actitudes con las que la Europa del Norte, la más rica y aquella donde el progreso industrial y el protestantismo fueron cogidos de la mano, afronta el conflicto económico y moral de la crisis actual. Las dos ideas nucleares de la Reforma son la predeterminación y la desigualdad entre los hombres. Son dos dogmas del catecismo luterano. Y la primera servirá de justificación para la segunda.
          La predeterminación afirma taxativamente que el destino de cada persona está establecido por Dios y que nada ni nadie puede cambiarlo. Llevado al término que nos preocupa hoy, el hambre y la pobreza de unos seres humanos no es una situación que necesite intervención humana; Dios sabrá por qué ha establecido ese destino a una parte de la humanidad, y no cambiaremos sus designios.
        La cuestión de la desigualdad entre los hombres, ya que Dios les ha establecido destinos diferentes, nos lleva a la distribución de la riqueza. El éxito económico, la riqueza de unos es voluntad de Dios, premia con ello a los que cumplen con sus obligaciones morales. La pobreza de los otros es, también, voluntad divina y señal de que los pobres no son, precisamente, seguidores de los mandamientos del Señor.
       Parece simple, burdo, incluso increíble, pero en el alma de la Europa rica se retuercen estos convencimientos cuando valoran la crisis actual. Hay, desde luego, por encima de todo, intereses económicos. Pero encuentran justificación moral a sus posturas insolidarias en esos principios religiosos que subyacen en su conciencia colectiva.
       Hoy, 120 millones de ciudadanos de la Unión Europea bordean el umbral de la pobreza y deben recurrir a los Bancos de Alimento para poder poner un plato de comida sobre sus mesas. La derecha patria los criminaliza desde los medios afines; vagos, acomodaticios, que viven en la gloria a costa de las subvenciones del Estado. Ninguno de los 28 Reales Decreto Ley con los que el PP  desvirtúa la Constitución del 78 ha levantado en el partido el más mínimo revuelo. La prolongación del subsidio de 400 € a los parados de larga duración y sin ingresos, cuya percepción  precisa infinidad de certificaciones y requisitos, ha divido al partido de forma visible.
      Esos 120 millones de ciudadanos de la Unión – una cuarta parte de la población de la región con mayor producción de riqueza de la tierra, 15 billones de euros- no han elegido esa opción. Son el desecho humano que va dejando al margen de la vida el sistema económico dominante, inhumano, irracional y equivocado.
      No obstante, media Europa, Alemania, Suecia, Inglaterra, Holanda, Finlandia y Dinamarca, de mayoría protestante, y los menos afectados por la crisis, proponen  dejar de aportar fondos para los Bancos de Alimento. Apostaría una mano a que la mayor parte de los ciudadanos de esos países no creen en Dios; pero apostaría la otra a que, como excusa, no encontrarían otra mejor.
        Esos ciudadanos europeos a los que el sistema ha condenado a la humillación de no tener alimentos suficientes para su sostén, no son consecuencia del capitalismo irracional, sino de la voluntad de Dios. Tendrá sus razones. Hoy dormirán hambrientos y, probablemente, mañana acabarán en el infierno. La pobreza es la lacra con la que Dios señala a los pecadores.
      Y si es voluntad de Dios, Él proveerá.
      Estoy cada día más convencido de  que nos costará demasiado una Europa común, humanitaria y racional. Y de las religiones, como justificación de aberraciones incontables, hablaremos otro día. Sólo hay que mirar alrededor.
                                                                                                                              

martes, 4 de septiembre de 2012

Grecia en el corazón y en el espejo


"Soy una víctima de Europa"


       Hoy vuelve a ser un día aciago para Grecia. Los buitres sobrevuelan el cuerpo, todavía vivo, del país más lacerado de la Unión Europea. Expertos de la Troika – buen nombre para cualquier monstruo que habite las pesadillas infantiles-  le establecerán las medidas imprescindibles para el segundo rescate, un préstamo de 11.000 millones de euros para hacer frente a las obligaciones generadas por el primero. Son bien simples. Si Grecia quiere recibir el préstamo que le permita hacer frente a su deuda y permanecer en el euro, su gobierno debe establecer medidas legales que permitan abaratar los costes de despido y prolongar la semana laboral de cinco a seis días, al tiempo que se abaratan los costes de contratación.
            Todo un diseño criminal. Permite que tus empresas despidan a sus trabajadores para luego volverlos a contratar por menos precio y aumentando en un día su horario de trabajo semanal. Así la crisis será más llevadera.
            La Troika- Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI- tiene un mandato categórico: mantener intactos los beneficios del capital europeo, evitar la devaluación de los ahorros alemanes, aún a costa de sacrificar a una nación entera. ¡Socios ejemplares!
            Traigo a Grecia a esta crónica de la indignidad cotidiana por un doble motivo.
            De una parte, porque Europa es consciente de que Grecia no podrá nunca hacer frente a sus obligaciones con esta política económica; porque la hipocresía alemana está teñida de cinismo; porque desde el comienzo de la crisis, el capital griego, casi un billón de euros, - el capital griego, como cualquier otro, no tiene banderas-  ha huido del país, dejándolo indefenso y sin recursos, y ha buscado refugio, en su mayor parte, en la banca alemana a la que produce beneficios. Y porque Europa calcula hace ya tiempo si no sería mejor abandonar a Grecia en las cunetas de la ruina, en el limbo marginal de los países imposibles.
          El capital ha vuelto a casa. Al redil de donde salió como excedente para colonizar los países más pobres de la Unión. Atrás ha quedado el lastre putrefacto de la corrupción, las burbujas artificiales para acelerar su beneficio, y la miseria, como legado último. Ahora, el capital griego es uno de los instrumentos de la tortura de su propio país. Europa estruja una ubre que ya no tiene leche. Le sacarán, incluso, la sangre. No permitirán que regenere tejido saludable, futuro, esperanzas para ese pueblo esquilmado. Maldita sea esta Europa enferma, irracional y autodestructiva. Maldita sea la clase política que no nos representa, porque guarda silencio ante semejante desatino. Destruyen el futuro. Lo sabemos.
            Y de otra parte, la traigo a esta crónica de la indignidad,  porque cuando miro a Grecia, como si mirase en un espejo, me devuelve nuestra imagen indefectiblemente. En esa dirección nos lleva este gobierno.
            ¿Aún creéis que no? A veces conviene escuchar los ladridos periféricos de los perros del poder. Nos anuncian lo que la prudencia política mantiene en secreto por conveniencia hasta el último segundo.
            Escuchad lo que, el viernes 13 de julio,  un colaborador habitual, con una redacción primaria y sentimientos similares, escribía en las páginas de El Mundo, la hoja parroquial del “Tea Party” hispano que es la gran aportación al pensamiento político español del ínclito José María Aznar.
            Señalaba este iletrado montaraz, pero con derecho a predicar desde ese púlpito, las virtudes de un estado moderno al que Rajoy, con valentía, debería darle forma definitivamente. Como advertencia, quede constancia que la redacción de sus propuestas es mía, porque su expresión es burda y maloliente, y me gusta cuidar las palabras que aparecen en mi blog. Pero el contenido refleja con exactitud sus recomendaciones a Rajoy.
            Un estado moderno suprimiría al 40% de los funcionarios que suponen una carga económica con funciones exclusivamente burocráticas.
            Un estado moderno sustituiría a todos los médicos y profesores por personal contratado por empresas privadas que prestarían esos servicios a menor coste.
            Un estado moderno suprimiría 15 autonomías. No especifica cuáles, entre las 17, estarían justificadas, aunque es de suponer que se referirá al País Vasco y Cataluña para evitar la deriva nacionalista.
            Un estado moderno suprimiría de por vida la paga extra a los funcionarios, porque nadie merece nada “extra” por realizar su trabajo.
            Un estado moderno debería establecer leyes que permitieran a una empresa despedir sin trabas de ningún tipo y sin obligaciones económicas a cualquier trabajador.
            Un estado moderno no permitiría que el seguro de desempleo protegiera a quien perdiera su trabajo más de dos meses “para parar el golpe”, porque un estado moderno no puede permitirse  alimentar holgazanes con la subvención del desempleo, permitiéndoles una buena vida a costa del estado.
            Un estado moderno eliminaría las vacaciones pagadas de las disposiciones que regulan los derechos de los trabajadores. Y si alguien tuviera “la ocurrencia” de querer vacaciones, que las costee de su bolsillo.
            Como colofón, le resulta una manifestación de la “cínica moral de la clase obrera” el hecho de que ningún trabajador de este país decida renunciar a sus vacaciones o a sus días de descanso semanal “para arrimar el hombro” y sacar a las empresas de su situación difícil, trabajando gratis.
            Quizá yo esté hoy algo saturado y, como consecuencia, atenazado por una falta de lucidez atribuible al síndrome postvacacional con el que llevo luchando más de una semana – me invade bastante tiempo antes de incorporarme al trabajo y me fastidia la última semana de vacaciones-, pero el estado “moderno” que este individuo propugna lo superaron las revoluciones obreras de la segunda revolución industrial, si no  recuerdo mal. Quizá él, en el único año en que estuvo matriculado en la universidad, no tuvo tiempo de profundizar en la historia política, social y económica de los siglos posteriores. ¡Quién sabe dónde habrá fundado su concepto de modernidad! La derecha servil a la que se le encomienda labores de avanzadilla lee poco. No lo necesita. Se coge el programa del "Tea Party", se fusila, se cargan las tintas en aspectos locales y ya tienes un artículo estupendo.
            Lo que parece indudable es que la Troika, cuando le toque su visita de cortesía al presidente Rajoy, ya tiene una hoja de ruta diseñada. El Mundo, que tiene conexiones con los planes ocultos del gobierno, nos la ha hecho saber con cierta antelación.
            Grecia, en el  corazón. Y en el espejo, cada vez que nos miramos en uno.

Agradezco a Marcos, casi un adolescente todavía,
incansable perseguidor de indignidades en la red
y que, en su inexperta juventud, aun sueña con revoluciones improbables,
que me pusiera tras la pista de este artículo de Salvador Sostres.
Yo no leería El Mundo ni por prescripción facultativa.
             

lunes, 3 de septiembre de 2012

Europa no será posible


         Quizá cien veces habré repetido en mis clases la frase “somos afortunados; hemos nacido en Europa que es el mejor lugar del mundo para vivir”.
            Puede que yo anduviera equivocado en mi apreciación del mundo actual, pero os diré por qué mantuve este convencimiento durante muchos años. Europa era la referencia para el resto del mundo. Al menos, para el mundo que reflexiona y se plantea la vida como algo más que enriquecerse o sobrevivir.  Europa mantuvo un sistema económico basado en el libre mercado – el capitalismo, que produce bienes y servicios de forma permanente y a gran ritmo, y eso nos dio un nivel de vida extraordinario- , pero logró hacerlo compatible con el estado del bienestar, lo que en sentido amplio podríamos resumir como leyes orientadas a conseguir la igualdad efectiva ante la ley y servicios públicos orientados a facilitar ese objetivo y a garantizar una calidad de vida razonable al ser humano por encima de su extracción social o su riqueza. Mucho más, sin lugar a dudas, pero baste con eso.
            Fue posible por una conjunción de factores, entre los cuales hay que citar el trabajo conjunto  de los partidos socialdemócratas europeos y los partidos demócrata- cristianos. Tenían diferencias abismales, pero compartían el humanismo. Bastó con eso. El ser humano como referencia de los programas políticos. Fueron buenos tiempos.
            Al tiempo que las grandes ideologías políticas fueron perdiendo su vigor, aparecieron ideologías minoritarias, pero aglutinadoras de buena parte de la sensibilidad europea, la preocupación medioambiental, la solución pacífica de los conflictos internacionales…Eso nos hizo mejores.
            Hoy el estado del bienestar es historia, arqueología política. El ser humano ha cedido su preeminencia en los programas políticos. Nadie gobierna ya para nosotros. Los programas políticos se elaboran para calmar a los mercados, para aflojar la presión de los especuladores sobre nuestras carencias. La izquierda no es ahora la referencia para la multitud de los agraviados; la derecha es sólo el brazo ejecutor de las políticas que el capital impone a las naciones. Los partidos son ya, en buena medida, refugio de gente sin oficio, sin vocación, sin compromiso, sin valor. La crisis no es sólo de disfunción del euro y de diseño defectuoso de la Unión Europea. Es, ante todo, una crisis de valores.  
            Europa fue posible teniendo al hombre en el centro de su atención. Sin el ser humano como referencia no es nada. Porque en el humanismo levantó los fundamentos de su magisterio y su grandeza, a pesar de su historial de horrores.
            Ahora es solo un continente que envejece y que, una vez más, se complace en destruirse a sí mismo, como si alguien hubiese escrito en el guión de nuestra historia, que estamos abocados a la ruina. Deberíamos ser el modelo para el resto del mundo; el mismo mundo que hoy nos grita que debemos aceptar que hemos perdido toda importancia a sus ojos; el mismo mundo que ahora considera que Europa es uno de los  problemas graves del siglo XXI. El integrismo merkeliano extiende la crisis por Europa a ritmo desenfrenado y el oleaje amenaza a los demás países de la tierra.
            La canciller del Bundesbank debería asumir que no se gobierna para los mercados; se gobierna para los seres humanos. A los mercados, sencillamente, se les regula.
            Sin lugar a dudas Alemania multiplica la crisis, extiende la miseria como una mancha de aceite y está destruyendo el embrión de Europa. No es solo culpa suya. Hay más países en la Unión. El parlamento Europeo debiera tener alguna utilidad. De otra manera, ¡a casa! Podríamos darle utilidad social a esos recursos. Y que Merkel nos gobierne por email. 
       El déficit que necesitamos controlar es el de una clase política incapaz de defender un proyecto europeo, posible e ilusionante. Mentalmente, Europa está en manos de políticos avejentados, prisioneros de los intereses del capital, empeñados en elaborar a duras penas un discurso moral para justificar la ruina creciente, desprestigiados ante la ciudadanía porque han dilapidado el potencial europeo para ser la referencia del mundo por su organización social y ciudadana. La ciudadanía europea no se merece dirigentes así. 
      Objetivamente, nunca el mundo ha tenido más posibilidades de mejorar las condiciones de vida de todos los seres humanos sin excepción, y , sin embargo, retrocedemos hacia la prehistoria, porque dejamos que decidan , no la razón y el sentido común, sino los intereses de una minoría sin conciencia de su propia naturaleza humana.



           

domingo, 2 de septiembre de 2012

Papel mojado


        Me refiero a la Constitución Española de 1978. Está siendo derogada por decreto ley. Una vieja aspiración de la derecha, sólo que hasta ahora las circunstancias no eran propiciatorias. Ahora, sí. Ahora el decreto ley tiene la bendición del Banco Central Europeo –aunque no acabamos de ver los beneficios de tenerlos satisfecho- y del Fondo Monetario Internacional. Pero, sobre todo, tiene el trasfondo de la crisis, la  excusa perfecta para desmontar el sistema legal, golpe a golpe, al amparo de las circunstancias extraordinarias.
            Y ahora le ha llegado la hora a la vertebración política de la España de las Autonomías.
          En resumen,  el sistema financiero español en su conjunto está en deuda con el gobierno del PP que ha gestionado el rescate a la Banca obligándose a figurar como avalista. No es moco de pavo, desde luego. En justa reciprocidad – “do ut des” –  ha de pagar el favor negando crédito a cualquier Comunidad que lo precise. Ni un euro para las Comunidades. ¡Que recurran al Fondo de Liquidez Autonómico!  ¡Que recurran al rescate del Estado! La consecuencia inmediata, establecida en el Real Decreto que regula el FLA, es que, de hecho, el presupuesto de dicha Comunidad lo ejecutarán los enviados de Montoro, los hombrecillos de negro del Ministerio de Hacienda.
            Y  yo tengo la certeza de que no en todas partes utilizarán los grilletes del Decreto con igual intensidad. El descarado partidismo del PP en su ejercicio de gobierno no tiene parangón. Si, como todos los datos indican, Andalucía ha de recurrir a ese Fondo de Liquidez, no dejarán escapar la oportunidad de instrumentalizar la situación para modificar definitivamente el mapa político en su favor. Las consecuencias para los ciudadanos no pesan en sus decisiones. Lo están demostrando cada día. Así que nuestra crisis será considerablemente más agresiva en cuanto Griñán solicite la ayuda del Estado.
            ¿Autonomía…? ¿De qué autonomía dispone un gobierno que no está autorizado a ejecutar su presupuesto? En términos políticos, ¿para qué sirve un gobierno que no está autorizado a decidir en qué, ni cuándo, ni cómo gasta el presupuesto del que dispone?
            Quedará convertido en una estructura inútil. En el fondo es el objetivo del Partido Popular. Su mensaje ha sido siempre que el estado de las Autonomías, como las prestaciones sociales, como la atención sanitaria universal, como el acceso a la enseñanza gratuita, como un mercado de trabajo regulado por leyes equilibradoras son aspiraciones insostenibles. De calar su mensaje entre la gente – los gobiernos autonómicos nos han llevado a la crisis, son los culpables del paro, del IVA y de los recortes- mañana nos tendrán en la calle con pancartas solicitando la supresión de los gobiernos autonómicos.
            El asunto es que ésta es la España que nos dimos  cuando aprobamos, en referéndum nacional, la Constitución de 1978. Y la que refrendamos en las diferentes consultas populares al respecto en cada Comunidad.  Esa, y no otra.
            Si hemos de modificar su diseño, nadie ha sido consultado al respecto todavía. Seguramente habrá que corregir bastantes disfunciones. Quizá ha llegado la hora de arreglar desajustes, porque los hay. Son innumerables. Pero nadie ha autorizado a esta derecha hipócrita y dañina a convertir en papel mojado la Constitución. Y sin embargo lo están haciendo. En nombre de “las circunstancias de urgente necesidad” 
            Mienten.
            Siguen con el programa oculto. Nos han mentido para conseguir el poder y nos siguen mintiendo en su ejercicio. No les queda ni un gramo de legitimidad democrática. El país no les importa más que un gato muerto.
            Mientras tanto, la oposición dormita en sus escaños. Y nuestra voz, desesperada, se esparce por la red sin consecuencias. Y los profesionales más capaces, los que hemos sacado de la universidad en las últimas camadas, otean el horizonte, buscando algún país que los acoja. Y el paro crece cada día. Y los servicios públicos se diluyen como preparación de la privatización que se avecina...
         ¡Menos mal! Iniesta ha sido elegido mejor futbolista de Europa ¡Que alivio!