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lunes, 23 de julio de 2012

El rastro de un perro en una plaza


18-07-2012
            Primero, apenas desembarcaron con la algarabía de su mayoría absoluta, fue necesario tranquilizar a la caverna  episcopal y adelantó el programa ideológico con el que quería reconvertir Educación para la Ciudadanía en un instrumento, ahora sí, burdamente manipulador.
            Luego, los recortes que defendió la señora Cospedal como el resultado del programa del Partido Popular en su búsqueda de la excelencia educativa. Lo tildamos de cinismo, por utilizar palabras educadas. Wert se lució en aquellos días con su desprecio a los rectores y con las  intervenciones soberbias de un tipo sin sentido de Estado, que concibe el gobierno como el ejercicio del poder contra la parte de los ciudadanos que no comparte su opinión.
            Lo mandarían callar, porque no se ha hecho notar durante un tiempo excesivo para un tipo como él, necesitado de manifestar su exuberancia con relativa asiduidad. Ejerce uno durante un tiempo de tertuliano y luego, acostumbrado al brillo de los focos de los estudios, no se soporta el silencio y el que debiera ser trabajo reposado y reflexivo de los despachos ministeriales.
            Quizá es que no tocaba. Bastante había con el rescate “suave” y las “suavísimas” medidas que la Europa rica y el FMI nos estaban cocinando.
            Después de la ampliación del horario del personal docente, después de la ampliación de las ratios, después de la supresión de muchas becas o el encarecimiento de su consecución, después de atentar contra los programas de atención a la diversidad, y casi contra cada una de las medidas inclusivas de la Enseñanza Pública, ya era hora de que tomara cuerpo alguna medida encaminada a la excelencia que tanto han predicado.
            “Inventa algo, ministro”- le dirían.  “Lo que se te ocurra”. Y el ministro Wert, lúcido, brillante, tan ocurrente como acostumbra, sacó de su chistera la solución perfecta. “Lo tengo” “Recuperamos las reválidas”. Tres por si hubiera dudas. Al terminar Primaria, al terminar Secundaria y al terminar Bachillerato. Lo justifica de una manera incontestable: al saberse objeto de esos exámenes, todos se esforzarán más y lograremos la excelencia de una manera natural. ¡Y sin necesidad de gastar un solo euro, lo que ya el colmo de la eficacia!
            Pues bien, ministro, lumbrera no suficientemente reconocida, ya puestos podíamos hacer una reválida trimestral. Al final, todos físicos de la NASA o ministros de Educación.
            ¡Habrase visto desfachatez!
            El objetivo es otro. Buena parte del alumnado no tendrá segundas oportunidades; estará obligada a la eficacia desde la más tierna infancia o quedará condenada a la indefensión de los no capacitados para el mundo laboral competitivo y feroz que se avecina. Destinados a “reponedores” - con “mini jobs” por supuesto- en los supermercados alemanes, porque la señora Merkel, la que agita estas medidas envenenadas, sí exportará sus excedentes a los países pobres del miserable sur. Y este gobierno colabora de la forma más servil que se haya conocido en democracia.
            Deben considerar el Ministerio de Educación algo así como una plaza de pueblo. Cuando está solitaria llega un perro sin collar, olfatea los rincones y va dejando su rastro por las patas de los bancos de forja, en los troncos de los escasos árboles, en los soportes de las papeleras que el Ayuntamiento colocó en tiempos de bonanza. Luego el perro se marcha. Quizá en algún rincón de su cerebro late la idea de que ha cumplido con un imperativo ineludible, borrar el rastro de otros perros que pasaron por allí, apropiarse la plaza durante el tiempo que perdure la huella de su paso. Pero en la plaza no ha cambiado nada. Tan sólo, la orina. De un perro.
            “¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena…?”
            Quizá los ciudadanos que claman ahora en las calles y en las plazas sepan distinguir, cuando llegue la hora de elegir un nuevo parlamento, el color de las papeletas de los destructores del Estado y de nuestra depauperada dignidad como nación y las dejen a un lado, en la papelera, donde deben estar. 

España es un laboratorio "Ricardiano"


(17-07-2012)
            A medida que avanzamos hacia la ruina definitiva del país  con las medidas del gobierno cabe preguntarse si es por una especie de fidelidad a los principios del liberalismo radical  o si persiguen un objetivo real. Que hay que pagar nuestras deudas parece indudable; el cómo y el quién es lo que nos mantiene al borde de la ruptura social, porque muchos consideramos que las medidas son, además de injustas, ideológicas, inadecuadas e irresponsables.
            La sensación es que la aquiescencia del gobierno , por convencimiento o porque sigue dictados de algún poder oculto que es el que gobierna en realidad, España se está convirtiendo en un laboratorio de experimentación que bordea los comportamientos criminales, porque se trata, en realidad, de  un crimen contra la constitución y contra los ciudadanos. Un experimento “Ricardiano”. Se trata de saber cuál es el límite de resistencia vital de los trabajadores, los parados , los funcionarios. Se trata de saber con qué prestaciones mínimas se puede sobrevivir y ser todavía fuerza de trabajo aprovechable. Hay otro experimento aun más cruel, averiguar cuánto sobrevivirá una persona dependiente sin la ayuda de otros.
            Cuando ese límite esté claro y contrastado,  ya que no se pueden devaluar la moneda, devaluarán los salarios y los servicios de Estado justo hasta ese límite de supervivencia.    
            La devaluación de la moneda común sólo lo consiguió Alemania en los orígenes de esta crisis, para favorecer su exportación. En 2002 Alemania tuvo su particular burbuja tecnológica. Para superarla necesitó la devaluación del euro. Y el BCE inundó de dinero los circuitos financieros. Para Alemania funcionó. Nosotros vivimos el espejismo de la riqueza.
            Fue aquel tiempo en que nuestras Cajas de Ahorro inundaban nuestro correo con “prestamones”, el tiempo en que los directores de nuestras sucursales dejaban de hablarnos si no le aceptábamos un préstamo al consumo que no necesitábamos. Los préstamos hipotecarios solían exceder un 25% los costes reales de las viviendas que comprábamos. El Banco lo ofrecía por propia iniciativa. Y nos sentíamos encantados de haberlos conocido, tan amables, tan dispuestos, ten dadivosos. Aquello incrementó nuestra fragilidad. Cualquier economista sensato lo sabía. Pero sacar al gigante de su crisis bien valía el sacrificio del miserable sur. Nos preparaban para la hecatombe, término griego que significa  textualmente “sacrificio de cien bueyes”. Hemos sido los bueyes sacrificados por la estabilidad de Frau Merkel y su ordenada nación.
            Ahora toca releer a Ricardo. Todo el mundo es consciente, absolutamente todo el mundo, de que lo que vivimos es una crisis financiera con todas sus consecuencias. Pero la derecha ideológica se ha empeñado en hacernos creer que en España esta crisis ha sido causada por el mercado de trabajo, por el exceso de los salarios, de las prestaciones sociales o por  los costes salariales de los funcionarios y los servidores públicos.
            Y en cuestión de devaluación de salarios este gobierno de derechas si tenía un plan. En primer lugar se arbitra por decreto ley la reforma laboral, siguiendo al pie de la letra los dictados de la patronal. Ahora reduce las prestaciones por desempleo. La única alternativa que le quedará a los desempleados será aceptar los salarios de hambre, la esclavitud legalizada que han diseñado para ellos, si es que alguna vez se recupera el mercado de trabajo. Porque hasta ahora la reforma laboral sólo ha facilitado los despidos.
            Y en cuanto a los servidores públicos, la suerte está echada. Primero fue la campaña de desprestigio para que el resto de la ciudadanía se inhibiera en el previsible enfrentamiento; luego, la calculada masacre a la que está sometiendo los salarios públicos, la reducción de puestos de trabajo en los servicios que ha de prestar el Estado; y con ello, el deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos.
            No son el gobierno. Son esbirros de los poderes fácticos e inhumanos que nos han parasitado la mayor parte nuestras vidas. Y, lejos de sacarnos de la crisis, están llevando  al país a la ruina a la velocidad de la luz

Y ahora orinan sobre nuestros cadáveres


(15-07-2012)
Son indecentes y cobardes. Les falta valentía y les sobra desfachatez y desvergüenza. España no merece más afrentas de un gobierno como éste.
¡Ni ante el Parlamento fue sincero este presidente lamentable!
Las medidas verdaderas, en inglés,  con nocturnidad y alevosía, como captó el diario El País, en la Web del Ministerio de Economía The  Spanish Economy.
Sólo sienten la necesidad de ser sinceros ante el amo europeo que los sujeta por el collar, con su plena complacencia.
En el Parlamento  disparaban sobre los funcionarios; en el BOE orinan sobre nuestros cadáveres.
Amontonan  contra los funcionarios disposiciones injustificables, injustas, seguramente inconstitucionales y uno diría que diseñadas por una persona sádica y frustrada porque no consiguió acceder a la función pública después de muchos intentos ; nos esquilman en el nombre de la necesidad; nos insultan y nos criminalizan. Una baja médica de entre uno y veintiún días nos penalizará, además de con las inconveniencias de la pérdida de salud, con una pérdida de salario que oscilará de un cincuenta por ciento a una cuarta parte , según la duración. La enfermedad es un delito, si eres una persona dedicada a la función pública.
¿Qué mente criminal puede diseñar semejante atentado contra los servidores públicos? ¿Qué mente irracional podría pensar que semejante  arbitrariedad calmará por fin a los mercados? ¡Qué extraordinaria excusa la  crisis para desmontar los servicios públicos como primer paso para su privatización!
¿Hay alguien ahí? ¿Hay una oposición que merezca ese nombre o es sólo un juego de rol y de simulaciones? ¿Hay ahí un tribunal constitucional  que pueda actuar de oficio ante el atropello a los principios constitucionales o son becarios temerosos de perder el favor de sus patronos?
No nos defenderá nadie. Atacar a los funcionarios no tiene coste político. Defenderlos no da réditos electorales. Tendremos que asumir con entereza una guerra contra estos desalmados hasta las últimas consecuencias. Ellos la han comenzado. O ellos, o nosotros. Nosotros somos fundamentales y ellos son una plaga sobre este país indefenso.
Ya lo dijo el poeta. ¡Hasta enterrarlos en la mar...!

¿Que se jodan...? ¡¡Hijadefabra!!


 Andrea Fabra  no sólo aplaude los recortes. ¡Que se jodan los parados a los que Rajoy recorta prestaciones!  ¡Que se jodan!  Por vagos.  Por inútiles. Podrían aprender de papi al que le ha tocado la Lotería nueve veces en los últimos diez años. Eso sí que es iniciativa. Así se hace fortuna honestamente y no engolfados en el retiro dorado del paro.
            Confirmó lo que ya sospechábamos. Las medidas del PP están diseñadas con la - ahora ya sí- confesa intención de joder. Andrea Fabra  tradujo el discurso del presidente al lenguaje coloquial. Y lo entendimos. En su versión Rajoy nos dijo: "Hoy he venido con ganas de joder a los parados, a los funcionarios, a las personas que cuidan dependientes... Hoy me sale de la mayoría absoluta meteros un IVA del calibre 21 por donde mejor os quepa." ¡Gracias, mujer, por ayudarnos a comprender con claridad!
            Sí, ella es de casta de bandidos notables. Y soberbios. Caballeros y damas que aprendieron el arte de saquear las arcas públicas en las más que conocidas zahúrdas de   Gürtel o Brugal.
            Papi está imputado en cinco delitos por tráfico de influencia, cohecho y fraude fiscal. O sea, un barón levantino del PP en estado puro. En libertad bajo fianza de  4.200.000 €. ¡Que se joda!
            Mami está imputada por delitos similares. En libertad bajo fianza de 800.000 €. ¡Que se joda!
            Papi dilapidó los fondos de las arcas públicas de Castellón construyendo un aeropuerto inútil con el sueño megalómano de que sirviera de hospedaje a una estatua faraónica que deje a la posteridad el recuerdo de un cacique del siglo XXI. Y a ese aeropuerto inútil no llegan aviones. ¡Que se jodan los aviones!
            ¡Que se joda Castellón, que ha de pagar 56 millones de € en los próximos años por su participación en el proyecto!
            ¡Que se joda el aeropuerto, que se ha quedado con  25 metros de una estatua de papi inacabada! Total, ¿qué utilidad podría darle la Diputación a los 300.000 €- quizá 500.000- que se han dilapidado?
            Andrea, el ojito derecho de papá,  estaba predestinada a seguir la saga familiar en la presidencia de la Diputación de Castellón, que deben considerar hereditaria. Quizá tenía ya el boceto de su estatua, junto a la de papi.  Cuando Hacienda y la justicia consideraron que Andrea Fabra debía ser investigada por su más que posible vinculación con los delitos familiares, el amiguito Camps le garantizó un retiro como aforada hasta que amaine la tormenta. Primero la refugió en el Senado; luego, la colocó como número dos en las listas de candidatos al Parlamento del PP.
            ¡Que se joda la Diputación de Castellón! Se ha quedado sin una presidenta de larga trayectoria familiar.
            ¡Que se joda el PP! Estos vástagos de los viejos caciques no siempre resultan controlables. En ocasiones se les ven las vergüenzas, los resabios franquistas. Les rebosa la soberbia ante los débiles. Ante los jefes necesitan manifestar la adhesión de forma llamativa, porque saben que no tienen otros méritos que el apellido familiar. Por eso rugen y confunden el Parlamento con un congreso del partido.
            Y a veces, como esta apasionada "quesejodedora", arrastran como un fardo pesado la previsible complicidad en la trama oscura de las fortunas que se labran en la trastienda del poder, en la corrupción, en el fraude al pueblo soberano, en los créditos millonarios y ventajosos que les conceden las Cajas arruinadas del PP .  ¡Que se joda el pueblo!
            ¡¡¡ Hijadefabra !!!

Esta vez el crimen fue en el Parlamento


(12-07-2012)
"El crimen fue en Granada", escribió el maestro Machado en su elegía a Federico García Lorca, asesinado un julio ya lejano. Ayer, once de julio se ha consumado un crimen semejante, con luz y taquígrafos, en el Parlamento, el inviolable reducto, se supone, de la democracia española. No se nos vio caminar entre fusiles, pero el veneno ideológico que destilan las decisiones del gobierno debilita al estado, empozoña la convivencia, empobrece a los más débiles, desvirtúa la Constitución del 78, destruye cada avance social que habíamos conseguido con el esfuerzo colectivo.
He oído cada palabra del discurso, cada mentira cuidadosamente- esta vez sí- enhebrada por el presidente menos digno de confianza que haya tenido nunca la democracia española, cada disculpa meliflua y falsa, mientras la bancada de la gaviota aplaudía con indominable regocijo cada disparo contra la sociedad indefensa . Sus cómplices han saqueado el estado hasta dejarlo exhausto. Ahora ellos saquean directamente a los más débiles.
He esperado inútilmente alguna referencia  a la persecución del fraude, a la economía sumergida, a ese tercio invisible de nuestro producto interior bruto; alguna alusión a  esos canallas que han provocado la ruina que sufrimos con la connivencia de todos los gobiernos. Entre 65.000 y 90.000 millones anuales que Hacienda no recauda. Seríamos un país ejemplar, con las cuentas en orden, sin necesidad de recurrir a los usureros que nos están arrastrando a la miseria.
Esperé inútilmente una alusión a las Sicavs, a las grandes fortunas, a los paraísos fiscales, a las tasas sobre transferencias bancarias, a la responsabilidad económica con sus propios bienes de quienes han saqueado las instituciones financieras...
No fue posible. De nuevo el blanco preferido de la derecha, el objetivo predilecto en su empeño de desmontar el Estado, fue la función pública. Luego, ya, privatizará  cualquier servicio público. Su cómplice, el capitalismo español , tan clientelar, tan miserable, espera ansiosamente su ocasión.
A un lado de los funcionarios, ante el pelotón de fusilamiento, los parados, desprestigiados por alusiones viscosas, envenenadas, de diseño. Están parados porque quieren. Abundan los empleos, florecen en las esquinas, pero este pueblo acomodado en el lujo del paro merece una lección. Quitémosle la protección. Así no tendrá otro remedio que aceptar los salarios de hambre que la reforma laboral ha diseñado; la indignidad de una esclavitud enmascarada.
Y al otro lado, codo con codo ante las balas criminales, cayendo acribillados, quienes se ocupan de la atención de las personas dependientes. Rajoy y sus cómplices reducirán sus salarios miserables en un 15%. ¡Maldito quien diseña semejante indignidad! Los desalmados que aplaudían merecen cumplir esa exigente función durante el resto de su vida. Y con ese salario. Aprenderían a valorarla.
También esperé en vano la reacción del jefe de la oposición. Sólo escuché palabras calculadas, discurso vacuo, sin vigor, sin pasión, sin compromiso. Ofreció de nuevo un gran pacto. ¿Con quienes diseñan el desmantelamiento del Estado? ¿Con quienes se ceban sobre los más desfavorecidos? ¿Con quienes esquilman a los funcionarios, a los parados, a los de empleo peor remunerado? ¿Con quienes premian a los defraudadores y suben los impuestos indirectos de forma irracional en el peor momento de la economía? ¿Qué pacto pudiera no ser un pacto criminal?
Rubalcaba es prisionero de guerra,  rehén amordazado. Y él sabrá por qué. No cabe duda, es el peor gobierno y es la peor oposición que se recuerdan. Honroso empate. Mientras, España rescatada se va a pique.
Fuera del Parlamento, mientras nos fusilaban y la bancada popular aplaudía con embeleso cada disparo, el nuevo orden masacraba a los mineros de la marcha negra.

Si yo fuera de izquierdas


(11-07-2012)
            Si yo fuera de izquierdas, del partido de izquierdas que es alternativa de gobierno – cada vez menos- en España, y si fuera consciente de las razones que dieron lugar al nacimiento de los partidos de izquierda en Europa, estaría sinceramente preocupado. Antepondría a cualquier otra cuestión un profundo análisis de las razones por las que, difuminados en la oposición, sin tener arte ni parte en la demolición del estado que está llevando a cabo el Partido Popular, se ha perdido un diez por ciento de intención de voto en apenas  seis meses. Bastante más que el partido del gobierno, el diseñador de las mayores indignidades contra los ciudadanos que se han llevado a cabo en democracia.
            Si yo fuera de izquierdas, del partido de izquierdas sin cuyo concurso no habría sido posible el mayor grado de calidad de vida, de servicios, de igualdad efectiva ante la ley que haya conocido este país en su ya larga historia, me estaría preguntando, con angustia justificada, cómo es posible recuperar la confianza ciudadana. La angustia tendría dos padres; de una parte, las consecuencias para el propio partido, que corre el riesgo de  convertirse en un partido testimonial, sin capacidad transformadora; de otra, las consecuencias para la propia sociedad.
            Si yo fuera de izquierdas y se me permitiera hacer propuestas, propondría como punto de partida responder a una pregunta.
            ¿Qué debe ser un partido político de izquierdas del siglo XXI?
            Y propondría una línea de trabajo. Un partido con aspiraciones de poder debe cuidar especialmente la comunicación permanente y receptiva con los ciudadanos. Y el compromiso honesto de convertir las preocupaciones y las propuestas de los ciudadanos en el núcleo de su propio programa. Los partidos creen tener una visión de la realidad más objetiva, tendiendo a considerar a la ciudadanía como tutelados con escasas luces. ¡Menuda falacia! Eso creen los asesores-publicitarios. Y la democracia, en su manifestación  actual, pierde adeptos cada día. Hay que oírlos: ¡No nos representan! Si no es una forma de vertebrar las esperanzas de las personas, un partido no es nada.  O la democracia es participativa o no lo es. En la derecha, la integración, la fidelidad de voto, responde a otros parámetros  más irracionales. La democracia para el votante de derechas es sólo un medio, pero para el votante de izquierdas es un fin en si misma.
            Si yo fuera de izquierdas y se me permitiera hacer propuestas, propondría que un partido de izquierdas necesitado de recuperar credibilidad, persiguiera cualquier manifestación de corrupción en su seno con contundencia y prontitud, sin permitir ninguna “especie” protegida, por muy alto que sea su escalafón. Ninguna persona que haya incumplido la obligación de ser honrada en la gestión de los recursos públicos merece protección alguna. Contundencia y prontitud podrían bastar, por ahora.
            Si yo fuera de izquierdas y se me permitiera hacer propuestas, cambiaría la línea de oposición mañana mismo. No cabe el más mínimo pacto con el partido que gobierna, porque no gobierna en realidad. Secunda los dictados de la derecha económica europea, desprecia la constitución, ataca de forma programada a las capas económicamente más débiles y está desmontando la España solidaria que nos dimos. Ninguna pretendida unidad española frente a la crisis cambiará la situación. No hay ninguna razón que justifique la agresividad del capitalismo especulativo que se ceba en nuestra deuda, salvo la desmedida ambición de garantizarse intereses elevadísimos durante muchos años. La respuesta debe darla el BCE y ello no será posible mientras la derecha europea lo controle. La derecha  no ha sido nunca europeísta en el sentido amplio. Y muchos menos, solidaria. Fue partidaria de la supresión de las fronteras por razones económicas. Ahora las considera necesarias.
            Porque si la oposición no cambia, la ciudadanía podría pensar, como afirma el Partido Popular, que las medidas que se aplican son las únicas posibles. ¡Sabemos que no! Y si Rubalcaba es rehén de su pasado reciente, de las medidas del gobierno Zapatero que tan costosa factura han provocado, si arrastra mala conciencia porque se siente coautor de la letra de esa canción de la legislatura, cuyo título es “la herencia recibida”, debe marcharse a casa, declararse amortizado, dar paso a quienes entienden que el futuro está reclamando valentía, compromiso, y recuperar los ideales de la izquierda que hemos ido abandonando en este apresurado viaje  de retorno al siglo XIX.
            Si yo fuera de izquierdas me sentiría avergonzado por el congreso del Partido Socialista en Andalucía. Quizá propusiera que sus actas fueran destruidas. Mientras la España de los más necesitados sufre ataques a diario, mientras crece la desesperanza entre los que carecen de trabajo y de futuro, mientras se desmontan a conciencia los servicios públicos, mientras se premia a los delincuentes fiscales con una amnistía vergonzante, mientras se suben indiscriminadamente los impuestos indirectos para financiar el bandidaje de la banca, de este Congreso sólo trasciende la lucha cainita para capturar o retener algún retal miserable del antiguo poder,  la seguridad de una nómina política, el patronazgo suficiente para garantizarse la fidelidad clientelar de los decuriones sin oficio.
            ¿Algún rastro de que una vez esto fue un partido de izquierdas?  Discursos de encargo con palabras vacías de contenido, gastadas por el uso abusivo, sin pasión, sin convencimiento, sin credibilidad.
            Y mientras el pueblo, confuso, contempla entre sus manos  la fuerza inútil de su voto, incapaz de comprender por qué habrá perdido su capacidad transformadora. Y un día, quién sabe, puede que la confusión se torne cólera y que cualquier visionario oportunista convierta la fuerza transformadora de ese voto en fuerza destructiva. La desesperación produce frutos sorprendentes.

El IVA que Rajoy no subiría


(10-07-2012)
Se ha perpetrado. Y el ministro Montoro nos castiga, además, con un discurso admonitorio. No descansan en su afán de hacernos creer que somos los ciudadanos de a pie los causantes de la crisis.
Nos explica el ministro de Hacienda que hay que subir el IVA por dos razones de grandísimo peso. La primera, porque mucha gente tiene por costumbre no pagarlo. ¿Qué esperaría Montoro? Su gobierno ha establecido por decreto premios cuantiosos para los defraudadores, barra libre, beneficios fiscales, opacidad absoluta para quienes practican el bandidaje contra los servicios del estado, que son los derechos de todos. Si no estuviera claro que entraría en conflicto con su voluntad de amnistiar al delincuente fiscal, quizá convendría recordarle que el Estado tiene instrumentos para perseguir a los defraudadores. Y que es precisamente eso lo que andamos reclamando.
La segunda razón, porque el IVA en España es más bajo que en muchos países europeos. Puede ser cierto, pero ¿es ahora el momento oportuno para atentar contra la escasa capacidad de consumo interior que nos va quedando...? ¿Es esta una medida de gobierno...?
¡No! ¡Desde luego que no! Cumple con los requisitos de Europa para el rescate financiero. Y todos van en la misma dirección. Impuestos indirectos, recortes en los servicios del Estado, recortes en la protección de los desempleados, recortes en sanidad, esquilmación de los funcionarios públicos... Pronto, recortes en las pensiones, porque es una de las pocas promesas de Rajoy  que aun no ha traicionado.
¿Alguien duda de que se lleva a cabo ante nuestros ojos un calculado golpe de estado? ¿Alguien duda de que caminamos hacia el pasado a la velocidad de la luz?
Y otras preguntas  que no esperan respuestas ¿Hay una oposición en ese Parlamento...? ¿Aun cree Rubalcaba que hay que calmar a los mercados? ¿Piensa Rubalcaba que alguien podría calmar la orgía desenfrenada de los tiburones cuando atacan a un banco de sardinas? ¿Alguien tendrá alguna vez la valentía de expresar con entereza que no es obligación de los estados calmar al capitalismo, sino regular sus desafueros? ¿Alguien tendrá la valentía de plantear - para perderla, desde luego- la moción de censura que anda pidiendo a gritos el gobierno de Rajoy?
Perderla es obligado, pero es necesario decirle a la nación que hay otras formas de afrontar la crisis. Hay que desalojar a ese partido del gobierno en cuanto sea posible, o no dejará ni el recuerdo de la España que hemos construido poco a poco desde la transición. No gobiernan, desmontan con denuedo la España que nos dimos, con un convencimiento envenenado, la igualdad efectiva ante la ley es una teoría inútil y costosa, por tanto inaplicable.