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lunes, 23 de julio de 2012

Pensamiento único


(8-07-2012)
            Daniel Bell,  sociólogo americano, profesor universitario encuadrado en un grupo de intelectuales de izquierda, publicó en 1960 "El fin de la ideología". Aseguraba que en Occidente había triunfado el capitalismo que acabaría atrapando con su mano de hierro  los sistemas políticos y económicos e imponiendo el pensamiento único: aceptaría la implantación de la democracia partidista, la teórica igualdad ante la ley para la ciudadanía; a cambio exigiría que aceptáramos las desigualdades económicas y la economía de mercado.
            No estaba escrito, pero hemos comprobado que faltaba una apostilla. En caso de conflicto entre la democracia – las constituciones que establecen derechos y deberes- y los mercados, la primacía la tendrían los mercados. Lo estamos comprobando.
            Y en cuanto a la muerte de las ideologías, parece confirmada. Cuando la insoportable e injusta situación económica atenaza a las capas de seres humanos más desfavorecidas de la sociedad, cuando la corrupción y la ambición irresponsable ha hundido el sistema financiero de muchos países, cuando la corrupción política y judicial alcanza cotas hasta ahora desconocidas, la izquierda sociológica ha invocado a Keynes, un pensador capitalista.
            La derecha política y económica- lo cual parece redundante-, la muñidora de la crisis en beneficio de sus intereses, ha reído a mandíbula batiente. Ellos tenían el libro de historia económica abierta por los albores del siglo XIX. Ahí nos llevan. David Ricardo los guía. ¡Y nosotros, que los creíamos iletrados! Sí, han establecido que “el salario ha de ser el estrictamente necesario que permita al obrero subsistir y reproducirse”. Cualquier otra concesión, por ejemplo en derechos o en servicios públicos, es un gasto superfluo. Cuando la oferta de mano de obra es mayor que la demanda hay que aprovechar la circunstancia. Ahí nos querían y ahí nos tienen ya.
            Y si quedan residuos ideológicos en las leyes que han surgido en tiempos en que la izquierda dominó los parlamentos, los gobiernos cómplices, la derecha europea los va borrando sin descanso. Se cierra el círculo del crimen. Se genera, enarbolando el miedo, la necesaria conciencia de esclavos voluntarios. Las bodegas modernas de los barcos esclavistas, las oficinas del paro, rebosan de candidatos resignados.
            Si ellos han vuelto al siglo XIX, quizá nosotros deberíamos seguir su estela; quizá deberíamos desempolvar a Carlos Marx de los estantes y empezar por nacionalizar la banca. Barklays, manipulando los intereses y provocando daños cuantiosos a sus clientes con el beneplácito o el asesoramiento del Banco de Inglaterra, el regulador que debe velar por la integridad y la legalidad del sistema en nombre  de los ciudadanos, sería una justificación extraordinaria, por citar la más próxima. La lista de los crímenes bancarios –casi siempre, impunes- alcanza para llenar la biblioteca de Alejandría.

El último bastión


(5-07-2012)
El 23 de febrero de 1981, en plena sesión de investidura como Jefe de Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, el Parlamento español fue tomado por las armas. El gobierno en pleno y todos los representantes electos del pueblo se convirtieron en rehenes de un sector del franquismo incapaz de asumir que la soberanía reside en la nación y no en generales corruptos y embrutecidos por el ejercicio del poder dictatorial.
Aquel día supimos de la existencia de los Secretarios de Estado. Con prontitud se organizó un gobierno provisional integrado por todas las personas que ostentaban dicho cargo con la intención manifiesta de mantener la legalidad vigente y defender la organización política que el pueblo había elegido. Fue estimulante saber que la democracia, demasiado joven todavía, había desarrollado recursos suficientes para afrontar una situación de extraordinaria gravedad. Desconozco hasta qué punto la resistencia civil de los Secretarios de Estado colaboró en el desmontaje de la intentona fascista reverdecida en los patios cuarteleros, pero considero que el "gobierno Laína" - el más corto de la historia de España, porque sólo ejerció catorce horas-  fue determinante en el mantenimiento del actual ordenamiento constitucional.
Hoy viene a cuento hacer memoria de aquellos acontecimientos. La Organización Profesional de Inspectores de Hacienda se niega a aplicar las recomendaciones del ministro Montoro para dulcificar las condiciones de a amnistía fiscal que han solicitado los delincuentes defraudadores. Aplicarán la Ley.
Ahora también estamos soportando un golpe de estado, lento, permanente, urdido con descarnada habilidad de cirujano. Si no se puede devaluar la moneda, devaluamos los derechos, devaluamos el Estado, devaluamos la Constitución, devaluamos la Ley. Un capitalismo insaciable, irracional y delictivo campa a sus anchas por España y por Europa, con el beneplácito de gobiernos cómplices.
Y el último bastión defensivo es la propia sociedad civil. En demasiadas ocasiones en los últimos meses el último bastión, aunque no sea su función específica, lo representan los funcionarios públicos, perseguidos, laminados, desprestigiados y empobrecidos.
Conocemos la ley. La aplicamos. Llegado el caso, obligamos a los demás a observar su cumplimiento. Incluso, a los ministros que la desprecian.
Hoy los Inspectores de Hacienda se han negado a conculcar un principio fundamental de la democracia, la igualdad efectiva ante la ley.
Buscaré en la alacena una botella de cava olvidada de la última nochevieja. Sé que hay una por ahí. La meteré en el congelador el tiempo necesario y brindaré por ellos, en silencio, con un brillo de esperanza en la mirada. Porque este país vale bastante más que todos sus gobiernos. Porque la sociedad civil encontrará la manera de recuperar para nuestros hijos lo que nos están arrebatando. Porque sólo tienen el poder que queramos otorgarles.

La derecha más indigna que hayamos conocido en democracia


(4-07-2012)
Hoy es noticia. Los grandes evasores de capital de este país consideran inaceptable la amnistía fiscal pagando un diez por ciento de las cantidades evadidas. Les parece escasamente ventajoso. Y Hacienda, don Cristóbal Montoro, sin pestañear acepta el chantaje  y la indignidad que nos reporta.
En resumen, los grandes evasores de larga duración podrán lavar su delito por un mísero uno por ciento en la mayoría de los casos, con la garantía añadida de que nadie fiscalizará sus cuentas. No obstante, muchos de ellos deberían estar en la cárcel, si Hacienda y la Justicia actuarán con la debida diligencia.
Cuadrar las cuentas es la justificación moral suficiente para el señor ministro. Lograr por el procedimiento de la amnistía dos mil quinientos millones de euros, lo que tenían previsto. Si cuadrar las cuentas es la justificación moral para cualquier cosa, lo peor no ha llegado todavía. España reconoce oficialmente, desde el propio gobierno, su condición de República Bananera. Son las mafias - en este caso, las del dinero- las que establecen las reglas del juego.
No es que esté en entredicho uno de los principios fundamentales de la democracia, la igualdad efectiva ante la ley. Sencillamente se conculca, se ignora, se violenta desde el propio gobierno de la nación. Un caso más. Y, al parecer, sin consecuencias.
¿Hay una oposición en ese Parlamento? O reacciona ante esta tropelía o es muy posible que una buena parte de la ciudadanía dé la espalda a las urnas en las subsiguientes convocatorias porque llegaremos a la muy plausible conclusión de que los partidos no nos representan, y esta democracia  no será creíble en poco tiempo.
¡Y queda claramente demostrado! ¡Quien pueda permitírselo, a defraudar que son dos días! Resulta infinitamente más ventajoso que cumplir con la ley. Mientras, a los profesores de la Enseñanza Pública de Andalucía -Decreto Ley 1/2012- nos han arrebatado de por vida, y alevosamente, las pagas extraordinarias. Seguramente hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Les habremos creado infinidad de problemas a los bandidos de la Banca. Es justo que paguemos el rescate.

¡Vaya por Dios...!


(4-07-2012)
Camina ya hacia el siglo con paso desconfiado, porque sabe que la muerte debe rondar sus pasos  emboscada detrás de cada año cumplido.
No fue nunca a la escuela, pero no es iletrado. En las noches de invierno de las dehesas extremeñas él entretenía a los gañanes analfabetos leyéndoles imposibles historias de  interminables novelones por entregas a la luz de un carburo.
Desde que tuvo algún uso de razón, en medio de la indefensa infancia, trabajó para comer.
Apenas cumplió los diecisiete se fue voluntario para sustituir a un hermano mayor, caído en combate mientras defendía a la República de la sublevación fascista. Fue herido, hecho prisionero, depurado en campos de concentración, castigado a servicios extraordinarios a la patria durante cinco interminables años en los Regulares de África, y luego entregado en carne viva a la España del hambre y la autarquía.
Sobrevivió, fundó familia, aceptó la esclavitud de la dehesa, la defensa del coto de los amos, el jergón de paja, el pan de quince días, y crió a sus hijos con entrega ejemplar y sacrificio. Mientras redescubrió las leyes de Mendel y logró que sus cabras de paridera trajeran trillizos en cada uno de sus partos; que sus gallinas, todas, pusieran huevos de dos yemas; que los melones de su huerto tuvieran, sin excepción, la dulzura del almíbar; que sus injertos produjeran frutas desconocidas , jugosas, dulcísimas, de extraños coloridos.
El día de san Miguel de cada año, día de renovar contrato con el amo, tembloroso y con la camisa limpia, reñía, sin  convencimiento alguno, su pan y su sueldo miserable  con el terrateniente que lo consideraba, más que persona, pertenencia. No había ni sindicato ni convenio que le ofreciera protección. Y en consecuencia lo explotaron de sol a sol según los usos de la época en la que le tocó vivir. Le recordaban su pasado en el ejército rojo y la generosidad del vencedor que le ofrecía un salario. Y él se volvía al cortijo, silencioso, cabizbajo, de nuevo derrotado en esa otra  guerra interminable que solía ser la vida para el pobre.
Se jubiló en su día. Se le vio feliz con los primeros gobiernos socialistas. Sacó a la luz su militancia olvidada y herrumbrosa por el óxido del miedo. La democracia que defendió en su día había llegado, por fin. No negaré que su vejez consciente ha sido más dichosa que su vida útil. Luego perdió a su esposa, el oído, la vista, la memoria, las ganas de palique. Se fue encerrando poco a poco en algún huerto perdido en su interior donde cultiva injertos de recuerdos entremezclados que, a veces, producen  frutos que confunden la razón de su familia.
En un momento de lucidez me preguntó quién había ganado las últimas elecciones generales. “La derecha” – le dije. Guardó silencio un largo rato, la mejilla apoyada en la mano viejísima, pero aun poderosa. Pensé que habría perdido el interés en la conversación. Luego musitó  ¡“Vaya por dios”!
Todo un discurso.
Presentía que él, con su pensión miserable que no alcanza los seiscientos euros mensuales, acabaría prestando dinero al gobierno de derechas para enjugar la locura de Bankia, por ejemplo.
Porque está sucediendo. Cada vez que acude a la farmacia.
Lamentaría, si lo supiera, no haber ido a votar. Los viejos  imposibilitados no deberían faltar nunca a su cita con el colegio electoral, porque nosotros no hemos aprendido a defenderlos. O hemos olvidado esa obligación humanitaria.

Orgullo íntimo, inevitable, quizá justificado


(3-07-2012)
Es tiempo de despedidas en los Centros Públicos de Enseñanza, ... ¡Despedidas! Ley de vida, y cada una tiene su discurso.
Uno de los más emocionantes que he escuchado fue muy breve." Gracias - vino a decirnos a todos los presentes, compañeros y compañeras de claustro, - por este curso inolvidable. He encontrado un centro abierto, receptivo, donde se ha respetado mi independencia, y a la vez se me ha ofrecido un proyecto colectivo adaptable, flexible, racional al que no me ha costado incorporarme".
¿Y cómo podría ser de otra manera? En este oficio, que muchos ni entienden ni valoran, la rigidez formal, el exceso de normativa que pretende regular cada paso que damos, empobrece, lesiona, coarta el proceso creativo cotidiano, y eso es un tesoro individual que generosamente el profesorado aporta al rendimiento colectivo. Un centro no se diseña en el Boletín del Estado, aunque es uno de los objetivos imposibles más perseguidos por los responsables políticos. O no han estado nunca en ninguno, o hace ya tanto tiempo que huyeron de las aulas que han olvidado el espíritu fundamental que flota entre sus muros. La virtud verdadera de un Centro público es encauzar el agua nutricia de las capacidades, innumerables, de su profesorado. Y si no lo consigue, todo lo demás es letra muerta.
Mil veces reflexiono sobre este oficio. Mil veces me siento orgulloso de ejercerlo. Mil veces dudo sobre la legitimidad de dicho orgullo. ¡Hoy no! Hoy una sonrisa plena me ha ocupado la cara leyendo la prensa con el primer café de la mañana. Metroscopia ha elaborado una encuesta sobre una amplia muestra de  personas en España. La pregunta es simple.
"¿Aprueba o desaprueba la forma en que las siguientes instituciones, grupos sociales o figuras públicas están desempeñando sus funciones?"
En puestos de medalla: Oro: la medicina pública, según el 93% de los encuestados. La ciencia española logra la plata en opinión del 90% de los encuestados; y el bronce, según el 88% de las personas encuestadas, los profesores de la enseñanza pública. ¡Toma ya!
El último lugar, con el 9% de los encuestados, los partidos políticos. A poca distancia, los bancos, el Parlamento, los obispos...
En democracia, el pueblo es dios. Oídlo.
Lo que queda de democracia, fundamentalmente la vinculación del ciudadano con los servicios del Estado, lo estamos defendiendo desde la función pública. No los partidos.
Os toca mover ficha, idiotas.
No es la economía. ¡Es la política entendida como vertebración de las aspiraciones de la ciudadanía! Sin nosotros no tenéis sentido ni justificación.

¿Habrá algún límite moral para este gobierno...?


(2-07-2012)
Ha trascendido - casi nada escapa al control de los medios- que una propuesta de expediente de regulación de empleo , ERE según las siglas al uso, presentada por el PSOE ante el Ministerio de Trabajo , ha sido remitido con todo lujo de detalles desde el correo de la ministra Fátima Báñez , al menos,  a un medio de comunicación afín  al PP.
Este procedimiento está cuidadosamente regulado por las disposiciones legales. Sólo se puede dar cuenta de los detalles a las partes interesadas, porque en el documento aparecen datos personales de las personas afectadas y porque la difusión pública puede dar lugar a indefensión legal en infinidad de aspectos.
No parece importarle mucho las disposiciones legales a la ministra. Una buena mayoría absoluta debe dar mucho juego en cuestiones morales cuando se trata de incumplimiento de la ley por parte de quien debiera ser su defensora más fiel. ¿Qué más da...? Se trata del principal partido de la oposición. ¡Todo vale para laminarlo, si es posible!
No tienen hábitos de gobierno. Es evidente. No tienen preparación técnica suficiente. Es también evidente. No tienen respeto por la ciudadanía. Quien no haya descubierto todavía esto necesita, al menos, un perro lazarillo porque está ciego. Tampoco tienen respeto a las leyes. ¿Dónde estará el límite moral para esta gente...?
No saben vivir en democracia.
Sólo espero que esta actuación no quede impune una vez más. La inmoralidad que se asume sin rubor es un vestido andrajoso sobre la dignidad de los pueblos.

El nombre adecuado era Mercado Común


(24-06-2012)
Hubo un tiempo en que las cosas iban bien. El capitalismo era jauja. Cayó el muro de Berlín y el estado del bienestar, apoyado en las democracias estables, se encomendaba a la cornucopia de la abundancia. ¡Jauja! La Europa del norte, rica y práctica,  decidió llevar a cabo un segundo ciclo de colonialismo sin salir del continente. Fuera fronteras. Libre circulación para nuestros excedentes industriales y nuestro dinero. El sur indefenso tocó a rebato de alegría. Por fin somos Europa. Y el capital europeo nos llenó las costas de campos de golf, de segundas residencias y de hoteles. Trabajamos para su beneficio con salarios más bajos que la media europea, les dimos facilidades en forma de exenciones tributarias como muestra de nuestro sincero agradecimiento, declaramos este país un inmenso solar para facilitar las cosas, aceptamos la moneda única y entregamos una porción importante de nuestra soberanía.¡ Jauja! Puede que creyéramos que era posible atar al perro con longanizas. Éramos Europa. En su conjunto el mayor productor de riqueza de la tierra. En su conjunto , el mejor lugar del mundo para vivir. En su conjunto, el conglomerado de naciones donde mayor grado de respeto a los derechos humanos se produce. En su conjunto, la zona de la tierra donde las desigualdades económicas se han venido paliando con mayor grado de igualdad efectiva ante la ley. Pero Unión Europea es solo un nombre, un concepto que habrá que redefinir para que a nadie engañe.
Porque luego, ya lo sabéis, llegó la crisis. Y de pronto cobraron su vigencia las fronteras. Se supone que hay un convencimiento de que la salida es colectiva o no será. Pero parece que la Europa rica ha programado una salida selectiva. Dejemos que el miserable sur se hunda irremediablemente. Luego los eficaces, los saludables, los ordenados europeos del norte arreglaremos nuestra casa, cuando hayamos desahuciado a los mendigos del portal. Ya les dimos sus años de bonanza. Que hubieran aprovechado su oportunidad. Eran pobres, quisieron vivir como si fueran ricos, pero sabrán vivir de nuevo como pobres. Toda su vida fueron pobres. Recuperarán los hábitos de la pobreza fácilmente. Y aprenderán la lección.
Las metrópolis, como siempre, abandonan sus colonias cuando los beneficios brillan por su ausencia. Una vez más lo han hecho. Y aun quieren darnos lecciones morales.